Entrevistas

"A mí no me pueden matar, yo ya estoy muerto"

Segunda y última parte de nuestra conversación con Jhon Jairo Velásquez Vásquez. Popeye nos habla de la guerra contra el Estado, la presunta implicación de Gabriel García Márquez y los hermanos Castro en el narcotráfico, su proceso de resocialización tras 23 años de cárcel y el miedo a la muerte.

Esta es la segunda y última parte de nuestra conversación con Popeye. Puedes leer la primera aquí

4. GARCÍA MÁRQUEZ, NARCOSUBMARINOS Y GUERRA CONTRA EL ESTADO

Usted mantiene que García Márquez y los hermanos Castro en Cuba tenían relaciones con el cártel de Medellín.

Se lo voy a decir bien claro. El Nobel de Literatura Gabriel García Márquez era un enlace entre los hermanos Castro y Pablo Emilio Escobar Gaviria. Yo llevé al aeropuerto de México DF, alrededor de 1986, una carta de un buen grosor de Pablo Escobar que le entregué allí mismo a García Márquez. Era una carta para Fidel y Raúl Castro.

¿Qué ponía en la carta y qué papel jugaba Cuba en el narcotráfico?

Pablo Escobar era un hombre de izquierdas. Tras la persecución desatada después del asesinato del ministro Lara Bonilla en el 84, Escobar se refugió en Panamá y Nicaragua, donde fue recibido por el sandinista Daniel Ortega. Escobar quiso organizar la ruta a través de Cuba. Fidel y Raúl pidieron que la cocaína llegase desde México y con aviones mexicanos. Este tráfico se interrumpió cuando los norteamericanos descubrieron que la cocaína estaba entrando en Miami por la isla de Cayo Hueso desde Cuba. Yo mismo estuve allí recibiendo la cocaína. Los cubanos pensaron que les iban a invadir y se echaron atrás. La carta que yo entregué a García Márquez era para tratar de reestablecer el tráfico de Cuba a Miami.

O sea, para convencer a los Castro.

Pablo Escobar era un visionario del mal. Un genio del crimen. Estaba buscando que los rusos le prestasen a Cuba un submarino para meter toneladas de cocaína en Miami.

Una empresa a la altura de la ofensiva contra el Estado que el cártel emprendió en los 80.

Nosotros empezamos a matar en 1984 hasta que se desmontó el cártel en 1993. El cártel de Medellín se enfentó a los cuatro poderes del Estado, contando la prensa. La escalada criminal comenzó con el asesinato de Rodrigo Lara Bonilla en abril de 1984. El cártel de Medellín financió la toma del Palacio de Justicia, que era donde estaban los expedientes de Los Extraditables. Ejecutó a Luis Carlos Galán en agosto de 1989. Ejecutó al director del diario El Espectador, voló el periódico y forzó su desaparición. Secuestró a Andrés Pastrana, posteriormente presidente de Colombia. Secuestró a la hija del expresidente de la república, Diana Turbay, que murió en el operativo de rescate. El cártel mató a 540 policías en las calles de Medellín, puso 250 bombas en todo el país y dinamitó un avión en pleno vuelo.

¿Y desde dentro? ¿Hasta dónde llegó Escobar en el poder judicial?

Él era un depredador de la justicia. El juez que le abría un proceso, era juez que se moría. Pablo Escobar nunca tuvo un juez comprado, siempre les dio bala.

¿Y en la política?

Quería colocar a un hombre suyo en la presidencia de la república: Alberto Santofimio Botero, que hoy está preso como autor intelectual de la muerte de Galán. Santofimio era un político reconocidísimo, fue ministro de Justicia y presidente de la Cámara de Representantes. Él quería llegar a la presidencia en una escalera de ataúdes. Escobar estaba muy metido dentro del poder del Estado.

En su libro, el hijo de Escobar insinúa que, acorralado, su padre se suicidó.

Hizo una llamada de 22 minutos a su hijo con el celular. Una locura. Lo ubicaron y lo mataron. Yo estuve preso con el hermano del coronel que le disparó. Con todo el respeto al hijo del Patrón, fue ejecutado por el Bloque de Búsqueda de la policía nacional y la DEA.

5. EXTRADICIÓN A LA INVERSA

En 1991 se redactó una nueva Constitución que eliminaba la extradición. Tras eso, usted se entregó a la justicia.

El hecho más importante de aquella guerra fue coger al Estado de la República de Colombia y arrodillarlo frente a la mafia. Les obligamos a reformar la Constitución y a tumbar el artículo 35 que permitía la extradición de colombianos a EEUU. Entonces nosotros nos sometimos a la justicia. Con extradición no nos entregábamos. La paz hay que hacerla con el Estado, no con gobiernos traicioneros que van por la alcantarilla, que es el error que está cometiendo ahora mismo las FARC.

Ha estado preso 23 años. Evitaron la extradición pero no que el gobierno Pastrana firmase con EEUU el Plan Colombia que incluía financiación, asesoría e incluso presencia norteamericana en su país. También en las cárceles, una especie de extradición a la inversa.

Cuando la mafia mandaba en Colombia, nosotros mandábamos en las cárceles. Había anarquía, homicidios, droga, mujeres. A raíz de los enfrentamientos de La Modelo, que me pillaron dentro y fueron una orgía de sangre, el gobierno recurrió al Plan Colombia en 2002. Se construyeron nuevas cárceles con los norteamericanos, que incluso enviaron funcionarios. Era muy triste ver a un norteamericano vigilándole a uno. Me acuerdo de uno, Guillermito. Este miserable, vestido de camuflaje, venía a reírse de mí por la muerte de Pablo Escobar.

¿Por qué se decidió a colaborar con la justicia?

Cuando vi que el Estado retomó el control dentro de las cárceles, pensé ‘esto es serio’. A mí me iban a matar dentro porque yo tenía todos los secretos del cártel. Un día en el patio me intentaron matar y poco después llamé a la Fiscalía General de la Nación. Hoy soy su testigo estrella.

¿Cómo fue cambiando dentro de la cárcel?

Tomé la decisión de resocializarme e inicié tratamiento psicológico. Estaba lleno de antivalores. Descubrí que podía escribir. Hice 14 diplomados, hice deporte. Yo no tomo ni pastillas para dormir ni fumo cigarrillos, y nada más un poquito de café con leche en el desayuno.

6. YOUTUBER SIN MIEDO A LA MUERTE

Salió de la cárcel en agosto de 2014. Y no se escondió demasiado, al poco creó una página de Facebook y un canal de YouTube personales.

Mire, yo descubrí que mi historia le interesaba a muchas personas en el mundo. Descubrí las redes sociales y una salida para llevar el pan a mi mesa sin sangre. Me he convertido en un youtuber y me llega apoyo de muchos sitios del mundo. Estoy recibiendo amor para alejarme del crimen.

Ha escrito dos libros, el último, Sobreviviendo a Pablo Escobar (Dipon/Cangrejo Azul), publicado hace solo unos meses. Supongo que su promoción tiene también que ver en esa visibilidad.

Me tengo que vender y cuidar a los medios. Ahora soy un guerrero de YouTube, he cambiado las armas por el teclado del computador. Quiero mucha más fama para que los jóvenes me escuchen. Estamos explorando y teniendo contactos en Bogotá, México y Hollywood para hacer una serie y una película.

Netflix estrenó este verano la serie ‘Narcos’, ¿qué le ha parecido?

Muy buena. Está muy bien el Pablo Escobar portugués porque ese es un mercado muy grande aquí en América. El dinero que le metieron a la producción es una berraquera. Mis respetos con Netflix.

¿Cómo reacciona la gente cuando se lo encuentra en la calle?

Me reconocen los taxistas, cuando llego a un centro comercial la gente se toma fotos conmigo, soy una persona admirada. Pero no me admiran por asesino. Ellos mismos me lo dicen: ‘lo admiramos porque se ha resocializado, porque ha sobrevivido a Pablo Escobar y a la cárcel, porque ha colaborado con la justicia’. Yo no me voy a meter en otra guerra, yo no estoy loco.

Supongo que algunos que le reconocen tienen menos años de edad que usted de cárcel. Usted tiene un hijo al que le ocurre eso.

Se llama Mateo y lo concebí en prisión. Vive en Nueva York y tiene una vida intachable. Mi hijo sabe que su padre es un asesino. Porque yo puedo ser exbandido, pero no exasesino.

¿De qué se arrepiente?

Cuando yo estaba en la guerra yo era un ser frío que incluso maté a mi propia mujer. Yo me arrepiento de mis crímenes dentro del cártel de Medellín. No me arrepiento de haber sido un hombre de Pablo Escobar. Él era un asesino, un terrorista, un narcotraficante, hasta un ladrón. Pero era mi amigo.

¿Cómo ve a Colombia?

Hay dos Colombias, la de la televisión y la real. Colombia es un gran país construido sobre un cementerio. Si me pongo a enumerar las guerras que ha habido acá, nos amanece.

¿Le gustaría irse?

No. En esta tierra, en Medellín, estaré debajo o encima, pero de aquí no me voy.

¿Se cuida?

Estoy lleno de enemigos, pero eso me gusta. Cuando uno tiene muchos enemigos se cuida más.

¿No le tiene miedo a la muerte?

No. El día que me toque la muerte la voy a mirar a los ojos. A mí no me pueden matar.

¿Por qué dice eso?

Porque yo ya estoy muerto.

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Puedes leer la primera parte de nuestra conversación con Popeye aquí.

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