Entrevistas

Jens Lekman: “Tengo muchos amigos que están realmente cabreados conmigo por no estar en una canción; en cambio los que salen no se enfadan”

Hablamos con el trovador sueco sobre cuestiones diversas: la amistad y el amor, Paul Simon, los guisantes y su nuevo disco, “I Know What Love Isn’t”

Hablamos con el trovador sueco coincidiendo con el lanzamiento de “I Know What Love Isn’t”, la muy esperada continuación del celebrado “Night Falls Over Kortedela”. ¿Sobre qué? Sobre libros, padres... y guisantes congelados.

“Me encantan los cuentos”, me cuenta Jens Lekman a mitad de nuestra entrevista, “son como canciones pop”. De un modo parecido, las canciones pop de Lekman se desarrollan como cuentos: una atractiva proposición, la interrogación de una idea, una revelación mordaz. A diferencia de una obra de ficción, sin embargo, las palabras de Lekman están arraigadas en la realidad. Aquí Lekman empieza con un recuerdo, tomándolo para determinar el motivo de su prominencia, antes de revelar su significado en su núcleo; rasgando sus recuerdos, como costras de heridas media olvidadas. En una pista en el corazón de “I Know What Love Isn’t” ( Secretly Canadian, 2012; que se edita la semana que viene), por ejemplo, se rastrea, a través de incendios y cumpleaños, la memoria de quedarse estirado en el suelo, acunando una bolsa de guisante, a la conclusión de que “no se puede superar un corazón roto / sólo aprendes a cargar con él con elegancia”.

La naturaleza investigativa de Jens Lekman se hace cada vez más aparente conforme avanza nuestra conversación; y en un punto, un pequeño comentario mío demuestra su curiosidad por analizar las cosas. Nuestros roles se invierten con habilidad y me encuentro en la inusual posición de contestar al entrevistado. Afortunadamente, esto es sólo un comentario y rápidamente caemos en el tópico: la obra de un trovador sueco.

Ya han pasado cinco años desde que lanzaste tu último álbum, “Night Falls Over Kortedala”. ¿Fue una decisión consciente dejar un espacio tan grande?

En cierto modo, diría que sí. No planeé dejar cinco años –eso simplemente ocurrió–, pero sí que planeé no lanzar nada hasta que tuviese algo lo suficiente bueno como para lanzarlo. Este álbum me tomó mucho tiempo porque en el pasado simplemente escribía las canciones y las juntaba, pero este disco me decía que quería ser un álbum. Para empezar, de algún modo trabajaba contra ello. Pero cuando empecé a trabajar en él, todo empezó a funcionar.

¿Sentiste alguna presión añadida por la gran acogida por parte de la crítica que obtuvo “Night Falls”?

Sí, la tuve, pero al mismo tiempo siempre he sentido como si viviese en mi propio pequeño mundo. Siempre me sorprende que alguien me reconozca por la calle y cosas así.

¿Eso te pasa a menudo?

No, nunca pasa en Suecia. Pasó alguna vez cuando vivía en Melbourne por algún motivo. De hecho, sólo me siento como una estrella pop en sitios como Indonesia, donde te tratan como una estrella pop.

"Me encantan los cuentos. Me encanta de veras el concepto de los cuentos; son como canciones pop"

Me he fijado en que te refieres a “I Know What Love Isn’t” como tu debut. ¿Por qué?

Bueno, eso tiene su historia. Cuando pienso en ello, los primeros discos que lancé eran casi como recopilatorios de lo que fuera que estuviese haciendo en los últimos años. El último disco, “Night Falls”, lo montaron por mis amigos como una suerte de concurso de Eurovisión en miniatura. Me llamaban y me decían “OK, canción número uno, ocho puntos; canción número dos, tres puntos”, y así. Incluso empezaron a confeccionar el tracklist por mí. No podía ver la conexión entre las canciones de ninguna manera. En este disco me di cuenta de que era algo que tenía que hacer por mi cuenta.

Así que, ¿ves que este disco tenga una línea narrativa?

Sí, pero quizá no tanto. Quiero decir, no entendía el hilo narrativo cuando lo estaba haciendo hasta los últimos días de la producción.

Hablabas antes sobre vivir en Australia y tengo entendido que también has pasado mucho tiempo en Estados Unidos. ¿Crees que el cambio de residencia tuvo un efecto significativo en tu producción musical?

Sólo desde una perspectiva muy práctica y logística. No fue una situación muy buena para mí a la hora de escribir y grabar el hecho de vivir en Melbourne; tenía que buscar ocasiones para grabar. Por ejemplo, tenía un amigo que tenía una casa grande y a veces él y su novio hacían viajes largos y podía utilizar la casa. Estaba en las afueras de la ciudad, me sentaba solo y podía componer y grabar. Por eso me mudé de nuevo a Suecia al cabo de un tiempo, porque necesitaba un lugar en el que poder trabajar.

Ahora que hablas de Suecia, el concepto “hogar” aparece diversas veces en el álbum. ¿Es algo en lo que piensas en términos de geografía?

Creo que a lo largo de estas últimas semanas –en las que he estado haciendo estas entrevistas y la gente me ha preguntado sobre ello– me he dado cuenta de que aún vivo en una maleta. Por lo menos así ha sido en los últimos diez años. Casi siento como si esa maleta fuese mi casa. La única cosa que echo de menos, la única cosa de la que soy feliz de tener ahora mismo, es una estantería para libros. Simplemente me encanta la idea de tener esta estantería de libros y entonces, de vez en cuando, cuando recuerdas algo realmente inteligente que leíste una vez en un libro, puedes ir a la estantería y coger ese libro y encontrar esa cosa y decir: ‘ah, sí!’. ¿Sabes? Así que echaba de menos el concepto de la estantería para libros –una estantería real y física– cuando estaba fuera.

¿Tomas inspiración de los libros?

Sí, más que de la música, diría. Los libros, las noticias, películas… todo lo que no sea música. Siento que el concepto de inspirarse en la música cuando haces música es bastante extraño: si empiezas a hacer música sobre música o para música. Me encantan los cuentos. Me encanta de veras el concepto de los cuentos; son como canciones pop.

Te iba a preguntar más tarde que escogieses tres discos que te llevarías a una isla desierta, pero quizá sería más apropiado preguntarte qué tres libros te llevarías.

Sí. ¿Qué he leído recientemente? Leí un libro titulado “Me Acuerdo” (Sexto Piso, 2009) de Joe Brainard. Ese es uno de los mejores libros que leído en años. Me encanta ese libro. Y me llevaría la obra completa de Amy Hempel porque me encantan sus cuentos [nota: “Cuentos Completos” está disponible vía Seix Barral, 2009]. ¡Por algún motivo amo los cuentos de mujeres de mediana edad amargadas! ¿Qué más me llevaría? Creo que necesito mi estantería de libros para recordar qué he leído. Te olvidas de lo que has leído, por lo que he empezado a hacer listas de lo que leído y visto. Probablemente me llevaría algo de Grace Paley también. Me encantan sus cuentos también [nota: existe una edición de los “Cuentos Completos” en Anagrama, 2005]. ¡Así que ahí tienes! Ahí están mis tres.

Volviendo a “I Know What Love Isn’t”; aunque los asuntos de las canciones se centren en los desengaños amorosos, su entrega a veces se siente bastante alentadora. ¿Fue algo consciente?

Me enorgullece que digas eso. Algunas personas piensas que es cínico o muy triste. Creo que era intencionalmente esperanzador. Creo que debería haber una suerte de conclusión esperanzadora al final de ello. Eso es algo en lo que trabajé con el tracklist también. Me di cuenta de que quería construir algo que se convirtiese en esperanzador. Pero ahora que saco el tema me acuerdo de que termina con una canción triste, así que quizá fallé en ese sentido. Pero veo esa canción como un sujetalibros, junto a la primera, en una estantería. ¡Hablo de estantes para libros todo el rato! Esas canciones son como… Lo importante es lo que hay en medio de esas canciones.

"Si llegas a conocerme y sabes lo que hago, deberías estar al tanto de que hay un riesgo de que termines en una canción"

Imagino que en ese sentido puede equipararse a una relación. La parte importante es la parte del medio; aunque termine mal, no significa que ya no tenga ningún valor.

¡Eso es lo mejor que he oído en semanas! ¿Puedo citarte? Esto es lo interesante. Solía odiar hacer entrevistas, pero ahora entiendo qué es lo que he hecho a través de hablar sobre las cosas. Así que sí: bien visto.

¿Son tus letras principalmente autobiográficas?

Sí, pero los personajes a veces los construyo a partir de amigos míos o gente que he conocido. A veces son combinaciones y fragmentos, como lo son los escenarios y los sucesos, creo.

¿Sientes alguna vez la necesidad de distanciar las letras de la realidad, por ejemplo, cambiar nombres?

Sí, siempre hago eso. Bueno, no siempre, pero cambio muchos nombres. Siempre pregunto a las personas si aceptan estar en la canción. Aunque pienso que si llegas a conocerme y sabes lo que hago, entonces deberías estar al tanto de que hay un riesgo –o una posibilidad, dependiendo de cómo lo mires– de que termines en una canción. Tengo muchos amigos que están realmente cabreados conmigo por no estar en una canción; más que al contrario. No tengo a nadie que esté cabreado por estar en una canción porque lo pido educadamente. Pero sí, tengo muchos amigos que están enfadados conmigo por no estar en una canción.

¿Por qué cantas en inglés?

Probablemente porque siento que los idiomas tienen ciertos sabores asociados a ellos... Para mí, el sueco me sabe a manzana, por alguna razón que no he sabido explicarme. He probado a cantar en sueco diversas veces, pero siento como que la tradición sueca me atrapa y me lleva en una determinada dirección. Me hace cantar sobre el corto verano sueco, el frío invierno, las calles y todas estas cosas que son, de alguno modo, suecas. Imagino que, para mí, cantar en inglés es una manera de neutralizar el sabor.

"Fue bastante complicado encontrar un “nuevo sonido”, no quería re-inventarme ni nada de eso porque sentía que ya tenía todo lo quería usar"

Ese distanciamiento parece que también te permite sacar mucho partido a la sonoridad de las palabras, así como a su significado.

Sí, eso creo. Amo la manera en que suenan las palabras. También cuando se ponen sobre el papel. “Erica America”, por ejemplo. Me encanta el modo en que suena y como se ve cuando lo pones por escrito.

Hablas bastante en términos visuales; primero Suecia y ahora la imagen de una palabra escrita. Además de sus propiedades narrativas, a menudo tus letras se focalizan en imágenes. ¿Puedes explicar tu proceso para escribir letras?

Sí, ahora mi proceso es distinto que antes. Solía escribir más a partir de una idea a donde quería llegar o donde debería acabar la canción. Básicamente, tenía la historia antes de empezar a escribirla. Con este disco tuve la idea de empezar a escribir con imágenes y simplemente ver donde me llevaban. Intenté no escribir sobre corazones rotos a propósito. Simplemente quería verbalizar esas imágenes pero, claro, estas imágenes me acababan llevando a la ruptura de todos modos. Cuando hice mi último disco en 2007, “Night Falls Over Kortedala”, escuchaba mucho el “Graceland” de Paul Simon. Me encanta la manera en cada uno de las primeras frases es tan... Fui al concierto del 25 aniversario hace unas semanas. Llevé a mi padre porque era su cumpleaños. Me di cuenta de que en una de las canciones empieza cantando “Fat Charlie, the Archangel, looms into the room”. Me giré hacia mi padre y le dije “¡esa es la mejor primera frase que he escuchado nunca!”. Se giró y me dijo “¿quién es Fat Charlie?” y le dije “¡exacto! ¡Esto es lo que deberías estarte preguntando! Esto es lo que estás intentando averiguar. ¿Quién es Fat Charlie? ¿Sabes...?”

Es un acercamiento bastante literario a las letras.

Sí, yo también lo diría. Creo que en el nuevo disco muchas canciones empezaron con una imagen. Como la imagen de mi mismo abrazando una bolsa de guisantes estirado en suelo. Y pensando por qué estaba haciendo eso. “Oh, sí, porque había una ola de calor en Melbourne en esa época... oh sí, fue cuando pasó lo de los incendios, los incendios del Sábado Negro... ah sí, y era mi cumpleaños”, y voy haciendo, ¿sabes?

¿Empiezas con las letras y luego construyes la música alrededor?

Ahora sí. Antes solía empezar con samples y montar collages y luego ponía letras encima. Pero últimamente empiezo con las letras, luego las melodías y luego construyo el resto alrededor de eso.

En términos de producción y ejecución, “I Know What Love Isn’t” parece un giro bastante significativo en relación a tus lanzamientos previos. Aunque la instrumentación sigue siendo exuberante, suena más desnuda; más fluida, sin tantos samples. ¿Fue esa una decisión consciente? ¿Puedes explicar un poco el proceso de grabación del álbum?

Sí, no pensé en eso desde el principio, pero me propuse el reto de usar samples sólo al final del proceso en vez de al principio. Eso fue una gran diferencia para mí porque tenía que empezar con la letra y la melodía. Creo que estaba escuchando el “Simple Pleasure” de Tindersticks y dándome cuenta de cómo pasaron de la exuberancia orquestal de “Curtains” a la atmósfera soulful y descarnada de “Simple Pleasure”. Esto es lo que, de algún modo, buscaba hacer, una transición similar. Fue bastante complicado encontrar un “nuevo sonido”, porque ya tenía todos los colores que quería usar. No quería re-inventarme ni nada de eso porque sentía que ya tenía todo lo quería usar. Así que lo más fácil, o la manera más natural que encontré para evolucionar musicalmente, fue despojarme de elementos en vez de añadir más.

Cambiando un poco de tema, hablemos del lanzamiento físico del álbum, que incluye un poster y un 7” de edición limitada. ¿Cómo ves los lanzamientos físicos en la era digital?

Creo que son más importantes que nunca. Pero ya me sentía de este modo cuando hacía CDRs.

Sí, hacías CDRs en vez de ofrecer descargas.

Sí, en esa época le daba mucha importancia al envoltorio; los hacía a mano, uno a uno. Quería que cada copia fuese como si la hubiese entregado en mano yo mismo, así que hacía portadas muy elaboradas hechas a mano. Había una que tenía un insecto atrapado en la cera de una vela. Tenía otro –el 7” “Leaves”– con una hoja de arce real. Me encantaba hacer este tipo de cosas y sigo pensando que la idea de una copia física es muy importante para mí.

Así pues, ¿te involucras mucho en el artwork? ¿Es un componente principal para ti?

Lo es y siempre es un proceso muy doloroso tener que lidiar con la realidad de cómo se hacen los discos. Fui a una escuela de arte cuando era más joven, pero aún no siento que piense como un diseñador. Creo que mi mente es más como la de un artista o un pintor. No tengo demasiada idea sobre el packaging. Pero sí, me involucro mucho en ello.

Pronto empiezas la gira. ¿Qué podemos esperar de tus actuaciones en directo? En el pasado han sido extremadamente diversas: desde tú solo con una guitarra o un reproductor de CD a tú acompañado de un coro, un cuarteto de cuerda o una banda solo de chicas.

Simplemente una banda muy buena y sólida. Somos cinco, incluyéndome a mi; un grupo de músicos muy jóvenes y muy hambrientos que encontré aquí en Gotemburgo. Hemos estado ensayando cada día durante las últimas dos semanas y cada semana aparecen habiéndose aprendido cinco nuevas canciones que no les dije que se aprendieran. Eso es lo que me encanta de ellos, tienen un montón de ganas de salir de gira y tocar música. De algún modo también es un reflejo de mi acercamiento al álbum. En el pasado solía tener dos o tres intérpretes de cuerda, una sección de vientos y todo eso. Después de un tiempo se volvió ridículo. Tenía a toda esa gente detrás y luego solo aparecían en dos canciones. ¡Me estaba arruinando por llevarme a demasiada gente de gira! Luego, el año pasado, mientras estaba de gira únicamente con un batería, me di cuenta de que cuando actúas con una banda al completo, es como si el público viese una película o algo así. Mientras que si tocas de un modo más despojado, o simplemente con solo un batería, la comunicación es más directa. Puedes darte cuenta de muchas cosas. No tienes que estar mirando a todo el mundo en la banda en plan “sabes, creo que deberíamos alargar esta parte de la canción”, simplemente te giras hacía el batería o quién sea que te acompaña y es como “yeah”; con una mirada saben exactamente en qué dirección va la cosa. Creo que cada vez que salgo de gira veo el DVD “Take Me To The Plaza” de Jonathan Richman. ¿Lo has visto?

Sí, me encanta Jonathan Richman, mi padre es muy fan.

¿Tu padre? Guau, tu padre tiene buen gusto musical. ¿Te lo puso él?

Sí, es una historia divertida, de hecho. Cuando tenía 17 años, tenía un nuevo novio al que le gustaba fumar. Mi padre se sentó conmigo y me puso “I'm Straight” y luego me dio una chapa de Modern Lovers y una cinta.

Guau, eso es alucinante. ¿Percibiste eso como una buena lección o fue una buena manera de abordar el tema?

Bueno, ¡creo que estaba bromeando! Creía que era divertido. Pensé que era guay y era una buena cinta, solía ponerla mucho.

Sí, es buena. Pues siempre veo ese DVD porque para mí es algo así como la esencia de lo que debería ser un concierto de música. Siempre lo veo para recordarme a mí mismo como debería ser.

Para acabar, antes hablabas de comunicación directa. Tu web ofrece la posibilidad de comunicarte directamente con los fans. ¿Como de importante es eso para ti?

Es una decisión muy egoísta. Lo hago por mi propio bien. Si me levanto por la mañana y no tengo ningún email me pongo triste porque, de algún modo, son como mi familia. Suena a cliché pero realmente lo siento así.

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