Entrevistas

La vida de una prostituta guerrera en la Ciudad Condal

Una conversación con Janet, prostituta y activista del Raval barcelonés

*Ilustraciones de Von Brandis

"Echar al anterior alcalde me ha dado más placer que 20 orgasmos juntos", me contaba Janet la noche en que nos conocimos.

La comparación no viene precisamente de boca de Teresa de Calcuta: Janet es puta. Y una de las más guerreras de toda Barcelona.

Recientemente volvíamos a encontrarnos en un desayuno. "A veces pienso en todo el tiempo que he perdido antes de dedicarme a esto", me dice al poco de sentarnos. "El puterío es lo que da dinero".

1. Las monjas

Janet procede de una familia de clase media de Montevideo, Uruguay. Allí estudió en un colegio privado de monjas, mientras sus hermanos varones lo hacían en la escuela pública. "De monja a puta", bromea, mientras la pregunta acerca de cómo llegan a su vida Barcelona y el puterío ya golpea en mi cabeza.

El puterío es lo que da dinero

"Iba a estudiar Filosofía y Letras cuando la economía de mi familia se vino abajo". Entonces comenzó a trabajar. Juntó un poco de dinero y, en 1980, con 20 años, vino a Barcelona de turismo con unas amigas. Aquí encontró trabajo como pinche de cocina y tuvo una hija.

De golpe, toda su vida cambió un día de 1985.

2. El accidente

"Mi hija y el padre de mi hija se mataron en un accidente de coche. Lo pasé muy mal. Hace 30 años y parece que fue ayer", dice Janet con una mirada más esquiva de lo habitual. "Mi familia quería que volviera, pero yo no quería volver sin los cuerpos. En aquel tiempo la repatriación costaba dos millones de pesetas y no podía hacerse antes de dos años".

Todo cambió el día en que mi hija y el padre de mi hija se mataron en un accidente

Necesitaba dinero. Una amiga la llevó a un club. "Yo tenía 25 años años pero aparentaba 15, era como la muñequita del local. Estuve 15 días sin querer acostarme con ningún cliente y el jefe de turno me cambió. La jefa de la mañana me dijo 'vienes a ganar dinero, ¿verdad? De aquí vas a salir puta y con dinero'". 

3. El dinero

Aunque el completo costaba 3.000 pesetas y así constaría en caja, la jefa le dijo a Janet que ella cobraría los servicios a 12.000 para que consiguiera rápido el dinero que necesitaba.

Me dijeron 'de aquí vas a salir puta y con dinero'

Los dos años que tenían que pasar antes de poder repatriar a sus familiares hicieron que Janet fuera desarrollando y dominando su profesión de manera natural. Se encontró ganando medio millón de pesetas al mes trabajando de lunes a viernes

"Siempre he trabajado en barrios obreros, que es donde se gasta la pasta. A la parte alta de la ciudad solo iban los que iban a vacilar", mantiene Janet. Fue pasando del club a los anuncios de contactos en apartamentos y con 40 años acabó en la calle Robadors.

4. La guerra

Robadors es la calle de las putas, pero las putas lo llaman Gaza por el permanente acoso policial que sufren desde hace años. Las chicas han sufrido allí agresiones, insultos y multas por parte de la policía desde que el ayuntamiento aprobase la ordenanza cívica de 2006.

También chantajes. "Aquí ha habido policías secretas que esperaban a las cuatro de la mañana para ir a las chicas africanas y quitarles el dinero del día. Unos 1.000 euros", denuncia Janet.

He visto cómo policías secretas le robaban a algunas chicas todo lo que habían ganado ese día

Como golpe de gracia, el ayuntamiento fue cerrando los pisos donde ellas suben a ejercer. Un auténtico estrangulamiento económico.

Fue en Robadors donde Janet, junto a otras prostitutas, puso en marcha el colectivo político-laboral Putas Indignadas, que defiende visibilización, espacio y condiciones adecuadas para su trabajo.

Se llegó a entrevistar con el entonces alcalde Xavier Trias, que mantenía que la prostitución es la esclavitud del siglo XXI. Como tantos otros, aquel hombre quería salvar a las putas criminalizándolas.

Sin embargo, Janet niega la mayor: ni nadie las tiene que salvar de nada, ni son unas criminales.

"Nos querían echar a los servicios sociales, y eso es para quien no tiene trabajo. Nosotras tenemos trabajo", afirma Janet poco después de saludar a dos policías locales que pasaban cerca de la terraza en la que estamos sentados.

5. La puta

" Nadie elige su trabajo. El trabajo nos viene impuesto por la sociedad. Es una cuestión económica. Mi sexualidad me da rentabilidad, yo soy una empresaria de mi cuerpo", sentencia, y evoca la unión explosiva de tres viejas palabras: todos somos prostitutas.

Para Janet, la clave está en la hipocresía moral. " Si folláramos más, viviríamos mejor. Además, mira: cuando yo voy al banco a ingresar dinero, nadie me pregunta de qué trabajo. Solo una vez un director nuevo me preguntó por un gran movimiento bancario. Le dije 'es que soy puta, pregúntale a Ricardo, el director anterior'. Nunca más me dijo nada".

Janet le ha pagado una carrera universitaria a su sobrino. También los estudios a sus dos hijos, de 20 y 17. El mayor estudia ingeniería biomédica. "En un día he llegado a ganar 1.500 euros", detalla.

6. La guerrera

Treinta años en la prostitución dan para verlas de todos los colores. " Tengo un cliente de 89 años que viene con tres de nosotras cada día. Cualquier día se nos va a morir en el acto". Porque Janet sigue ejerciendo. Ahora, con el insoportable calor del verano barcelonés, trabaja desde casa. Si llama algún cliente, ella acude. En invierno dice que vendrá más a la calle.

Hay poca gente en el barrio del Raval que no conozca a esta uruguaya de 55 años. En los despachos políticos también la conocen. La CUP le ofreció ir en su lista electoral del 24M para visibilizar a su colectivo. Janet lo rechazó, pero su compañera de Putas Indignadas, Paula Ezkerra, sí que figuró en la papeleta electoral.

Mucha gente la conoce también por su cuenta de Twitter, Xena, la guerrera. Janet ha eliminado —no sabemos si conscientemente o no— una palabra del título de aquella serie llamada Xena, la princesa guerrera.

"Yo no tengo ningún problema en agarrar una barra de hierro y salir a la calle como si fuera Xena, la guerrera", recuerdo que me dijo un día mientras me contaba cómo se enfrentó a un proxeneta que estaba maltratando a una de sus compañeras.

Llevamos casi dos horas de conversación y yo tengo más prisa que ella. Tengo que escribir esto que acabas de leer. Ella me dice que solo tiene que tener lista la comida para cuando llegue su hijo a casa.

Me despido de Janet. La puta, la madre, la compañera.

De Xena. La guerrera, sin la palabra princesa de por medio.

Con la cabeza o con el cuerpo, todas y todos somos putas

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