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"Yo en Iraq no utilizo el término feminismo, sino el de justicia"

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Hablamos con la antropóloga iraquí Ilham Makki Hammadi, que prepara un doctorado sobre islam y derechos de la mujer

Germán Aranda

20 Diciembre 2016 06:00

Por ser mujer, es discriminada cada día en un país dominado por un islam patriarcal. Por partida doble por ser feminista. Por defender un feminismo de la mano del islam, no acaba de cuajar entre las propias activistas. Por ser iraquí, ha sufrido en sus carnes la dictadura de Sadam Hussein, los bombardeos de la desastrosa invasión estadounidense y la deprimente posguerra. Y ahora guarda también un niqab por si llega el Estado Islámico a hacer todavía más daño (en especial a las mujeres).

Pero por más enemigos o contratiempos que se pongan en su camino, la antropóloga iraquí Ilham Makki Hammadi consigue explicar sus experiencias y puntos de vista con una luz en la mirada, una sonrisa en el rostro y una levedad en las formas imposibles de asociar a alguien que ha sufrido tanto. Experta en situaciones de violencia contra las mujeres, prepara un doctorado sobre feminismo e islam.

Hablamos con ella durante su visita a Barcelona de la mano de la Associació Catalana per la Pau y nos cuenta sus vivencias como mujer y su punto de vista sobre la convulsa situación de Iraq. 

Tu trabajas por los derechos de la mujer en un contexto de islam patriarcal, ¿cómo percibe tu entorno o los académicos musulmanes que seas musulmana y feminista?

Bueno, nosotros no hablamos de feminismo. En Iraq no puedes hablar de feminismo ni de feminismo musulmán, ni siquiera en el ámbito académico. Por eso hablamos de derechos humanos de las mujeres y como Iraq ha firmado varias convenciones por esos derechos, esas son nuestras herramientas y nuestro ‘background’. Tenemos buenas leyes en general en Iraq, eso sí. Aunque aún hay carencias. Por ejemplo, la edad mínima para el matrimonio según nuestra ley es de 18 años, pero la legislación dice que si el tutor o padre de la chica acepta, el matrimonio está permitido desde los quince años. Lo principal es luchar contra los abusos, la violencia doméstica, las violaciones y los matrimonios forzosos.

Además de tu doctorado sobre mujeres e islam, eres profesora de secundaria. ¿Cómo trabajas con los jóvenes esa idea de derechos de la mujer o feminismo?

El término feminismo no lo menciono. En un workshop con un clérigo donde todo el mundo era religioso, chíies y suníes, yo no hablaba de feminismo sino de justicia social para hombres y mujeres. Les intentaba hacer ver que si construimos entornos seguros para la mujer, seguro que lo serán para los hombres. Y si el entorno es de amenaza para las mujeres, seguro que un día será duro, se abusará de ella y se dañará todo, incluso a los hombres de ese mismo entorno. Pero con los jóvenes hay que tener cuidado a la hora de hablar de derechos o libertad porque un padre puede llegar a golpear a su hija si le llega a casa con según qué ideas de derechos, si le pregunta por qué no tiene los mismos que un varón. Lo que intento es con ejemplos prácticos hacer que los niños respeten a las niñas. Pero el entorno no es seguro para que les hable de igualdad.

 ¿Qué piensa tu familia de tus ideas?

Mi familia no está de acuerdo. Especialmente mi hermano, que me pregunta: “¿de dónde sacas esas explicaciones sobre el uso del hiyab?”. Mis investigaciones universitarias son mi mayor campo de libertad de expresión, donde sí puedo escribir lo que quiera.

 ¿Cómo fue tu experiencia, como niña, creciendo en Irak?

Mi padre murió cuando yo tenía solo seis años y toda mi vida escuché a mi madre decir que prefería tener a niños. Mi hermano nos decía constantemente, a mí y a mis otras tres hermanas: “has tenido mala suerte”. Viví sufriendo discriminación en todo. Mi madre nunca se preocupó por mis notas en el colegio ni cuando llegué a la universidad. Éramos muy pobres y tenía que trabajar doce horas además de estudiar para ayudar a mi familia. Mi hermano, que nunca trabajó, tendrá el doble de herencia que yo sólo por ser hombre. Y luego he sido víctima de asedio sexual en diversas ocasiones.

A algunas feministas les cuesta aceptar la visión musulmana asociada al empoderamiento.

Creo que hay que aceptar esta nueva perspectiva. Durante todo este año Human Rights Watch ha demostrado que nuestros países no alcanzan sus metas en materia de Derechos Humanos y los hombres siempre aluden a la religión como la razón para ello. Pero yo creo que buscamos lo mismo: justicia social. Y Dios es justo. ¿Por qué no creen en él para practicar justicia?

No obstante, ¿crees que la religión tiene que estar en el estado?

No, no lo creo, muchos excluyen a los cristianos y a los yazidís y no me parece correcto, no creo que haya que darle más poder al islam que a otras religiones.

 ¿Irak ha empeorado desde la invasión de Estados Unidos?

Sin duda, está mucho peor, han destruido nuestro país. Fue la peor decisión de la historia de los Estados Unidos. Echaron a la policía y al ejército local, durante mucho tiempo vivimos sin fuerzas para proteger a la sociedad y eso es muy estúpido. Muchos policías y militares se van a Al Qaeda porque fueron despedidos.

La invasión estadounidense de Iraq ha destrozado nuestras vidas. Es peor que con Saddan Hussein, que ya era terrible.

 ¿La radicalización de parte de los islamistas en Irak viene de ahí?

Sin duda. Cuando las condiciones empeoran y la gente es asesinada, muchos se vuelven radicales. Hace poco conocí a un niño de catorce años que se quería unir a Daesh porque el gobierno iraquí había matado a su padre y decía que tenía que vengarle. Luego está la corrupción del gobierno actual, el desvío de dinero. No hay justicia social alguna ni buenas políticas.

¿Con Saddam Hussein había más esperanza?

No, Saddam era horrible, horrible de veras. Pero el país está peor después. Hay muchos sunís que no tenían nada que ver con Saddam pero simplemente porque él era suní se vengan contra los chíies. Mi madre, que es una persona humilde, sin mucha formación, se puso a llorar cuando vio por primera vez los helicópteros y tanques americanos entrando en Bagdad. Ella y yo sabíamos que la ocupación y la crisis iban a traer problemas. Había quien estaba esperanzado y orgulloso, pero nosotros lo teníamos muy claro y lamentablemente teníamos razón.

¿Cómo fue para ti vivir la guerra?

Cuando llegó 2003 y los bombardeos, mi familia abandonó Bagdad pero mi madre, mis hermanos y yo nos quedamos en casa. No vimos la peor cara de la guerra porque nos quedamos dentro de casa. Creo que fue peor la parte posterior, cuando salimos a la calle en la posguerra y empezamos a ver cómo estaba el país.

¿En Bagdad hay miedo a que el Estado Islámico tome la ciudad? ¿tú tienes miedo?

Sí, están muy cerca. Yo estoy preparando el niqab, acepto que pueden llegar y espero. Si Mosul cayó, Bagdad puede caer también. La policía y el ejército a veces se van corriendo cuando llega el Estado Islámico aunque Daesh no tenga tantos combatientes, es más porque luchan desde un punto en que no les importa ser asesinados. En algunas ciudades, el ejército se ha ido corriendo antes de combatir, tan sólo escuchándoles gritar “Allahu Aqbar”, porque parecían muchos. Luego llegaron y no eran tantos.

Los bombardeos estadounidenses contra el Estado Islámico parece que están más aceptados aunque también puedan morir civiles. ¿A ti qué te parece?

Yo lo veo todo muy raro. En Faluya pasó algo bastante increíble. Los americanos cercaron la ciudad, consiguieron separar a mujeres y al ejército iraquí y una noche, se abrió un camino para que Daesh saliera de Faluya. Estados Unidos lo vio, tenía aviones allí y no atacó. Un familiar mío es del Estado Islámico y cuenta que les perdonaron, les dejaron salir, y después les dejaron entrar en Turquía, donde no les ponen ninguna pega. Turquía está muy implicada, esto es un juego internacional que implica a Estados Unidos, a Turquía y a Rusia, pero no sabemos bien lo que quieren. ¿De dónde sacan los sirios las armas? Todos llegan de Turquía. Ellos no encuentran comida, pero encuentran armas.

Lo que sucede con el Estado Islámico es muy extraño. En Faluya, los Estados Unidos permitieron a los terroristas huír en vez de apresarlos.



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