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“Si no puedes dejar de mirar Facebook, despréndete del móvil”

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Hablamos con Enric Puig Punyet, doctor en filosofía y autor de 'La gran adicción', un alegato contra el internet más capitalista.

María Yuste

21 Septiembre 2016 06:00

Fotos: John Yuyi

¿Alguna vez has sacado el móvil para mirar la hora y has acabado en otra aplicación sin acordarte de tu objetivo primero? ¿Tienes la sensación de navegar todos los días a la deriva en un mar de información insustancial de la que, sin embargo, no puedes apartar la vista?

Si tu respuesta es afirmativa, da igual que solo bebas alcohol en ocasiones especiales o que no soportes el tabaco, es muy probable que tengas una adicción. Adicción a internet.

Nos lo explica Enric Puig Punyet. Enric es doctor en Filosofía e impulsor de Institut Internet, una plataforma de asesoramiento para los problemas personales y sociales que suscita la red. Además, acaba de publicar La gran adicción (Arpa, 2016), un ensayo en el que da voz a diferentes personas que han conseguido vivir desconectadas en pleno siglo XXI sin aislarse del resto mundo. Una experiencia que ha marcado tanto al autor que él mismo ha decidido jubilar su iPhone y pasarse a un motorola preinternet, tal y como certifico durante nuestra entrevista.

María: En el libro recoges testimonios de gente joven que ha decidido vivir completamente desconectada de la red pero ¿no crees que es una actitud que le da la espalda al problema en vez de buscar una solución?

Enric: He conocido casos de semidesconexión. Gente que, incluso trabajando en el mundo digital, ha decidido que se acaba el smartphone cuando se acaba la jornada laboral. Sin embargo, me interesaron más los casos de desconexión completa porque, ante el discurso imperante que nos dice que internet es la gran maravilla del mundo contemporáneo, hace falta que emerja otro que diga justo lo contrario para equilibrar las cosas.

M: Pero, ¿no sigue siendo negar el progreso? Es como decidir vivir sin electricidad a pesar de sus beneficios.

E: No es lo mismo porque, aunque internet sea un avance tecnológico, no es una herramienta neutra. No es cierto eso que se dice de que es buena o mala según cómo se utilice porque es un arma cargada ideológicamente. Se aprovecha de forma parasitaria de muchos de los anhelos y necesidades del ser humano y por eso es adictiva.

Internet es adictivo porque se aprovecha de anhelos y necesidades del ser humano

M: ¿Como por ejemplo?

E: Nos crea la ilusión de que no estamos solos, de que hay 100 personas ahí aplaudiéndonos... Todo lo que yo critico cuando me refiero a "Internet” empieza en el momento en el que la red entra dentro de la órbita neoliberal y empieza a jugar con la mercantilización del individuo, convirtiéndonos en productos.

M: Claro, porque el término “internet” es muy amplio...

E: Con “internet” me refiero a lo que usamos ahora mismo en la red el 95% del tiempo: el internet participativo, todo lo que son herramientas para compartir, las redes sociales... incluso Google y todos sus hijitos.

M: Entonces, ¿internet nació con buenas intenciones pero se pervirtió?

E: Yo creo que nació ya con esa ideología parasitaria detrás. Es algo que está inscrito en cierto modo en su ADN, pero podría haber tomado otro camino.

M: ¿Cuándo fuiste consciente de que era necesario un contradiscurso como el tuyo?

E: En mi entorno más próximo veía a amigos interrumpir su trabajo porque tenían que mirar Facebook. Esa necesidad constante no les permitía concentrarse. Estaban sumidos en una completa dispersión. Hablaban con mucha gente y con nadie a la vez... Así fue como empecé a darme cuenta realmente de la naturaleza adictiva de internet.

M: Sin embargo, la adicción a internet es algo que todavía se está cuestionando si existe realmente como trastorno o si es solo un concepto que se ha puesto de moda.

E: Mira, si a ti te digo que un amigo mío lleva siempre una sustancia en el bolsillo de la que hace cien tomas al día y de la que no puede separarse más de tres metros porque, si lo hace, le entra ansiedad, pensarías que tiene una adicción, ¿no? La diferencia es que, con internet, estamos recibiendo constantemente el mensaje de que es la solución a todos nuestros problemas.


Se nos vende que Internet es la herramienta que todo lo puede y dejamos que pierdan peso las instituciones.


M: Es cierto que uno tiene la sensación constante de que va a pasar algo en cualquier momento, de que cada vez que vibra el teléfono tu vida podría estar a punto de cambiar pero es que a veces pasa... Estando lejos de una gran ciudad, puedes hacer llegar tu trabajo a gente que te ayuda a salir de allí. Gente que, de otra manera, no habrías conocido.

E: O sí... Lo que pasa es que, como se nos está vendiendo que internet es la herramienta que todo lo hace posible, están perdiendo peso las instituciones. Estamos dejando de lado el soporte institucional porque ya tenemos la red... Pero es que eso es como lanzarnos a una jungla sin respaldo. Sin un soporte institucional, a la larga, tendremos que dejar de hablar de calidad porque lo único que importarán serán las cuestiones del mercado. Siempre tendremos que estar regidos por criterios cuantitativos, por el beneficio inmediato...

M: Tal vez hemos dejado de lado las instituciones porque nos estaban fallando.

E: Pero es que ese es un pez que se muerde la cola. Lo que deberíamos estar haciendo es tomar a las instituciones por los cuernos. Con internet nos hemos dado por vencidos demasiado rápido y nos hemos lanzado a explorar esa vía como si fuera la panacea. Es una lástima porque todo lo que hemos tardado tantos años en construir nos lo estamos cargando siguiendo una ilusión.

M: Pero, entonces, gran parte de la culpa es nuestra. Somos nosotros los que le damos el poder a Google, por ejemplo, y los que no estamos siendo conscientes de la responsabilidad que tenemos, en definitiva.

E: Es cierto que, para conseguir un estado de equilibro, es necesaria cierta madurez digital pero, debido a la naturaleza adictiva que tiene internet, es muy complicado de conseguir. Al final, hay una relación de poder entre internet y tú... Creo que es muy positivo que, cuando entras a internet, tengas muy claro de antemano qué es lo que vas a consultar y que lo dejes ahí para no acabar perdiéndote en la vorágine del hiperlink.

M: En cierto modo, el objetivo del ser humano siempre ha sido convertirse en un dios creador. Así que tampoco es de extrañar que, habiendo conseguido crear una realidad alternativa, una realidad virtual, quiera vivir en ella.

E: Yo es que no creo que internet, tal y como lo conocemos hoy, esté para quedarse tanto como nos pensamos. Por dos motivos: primero porque no se ha logrado, ni creo que se vaya a lograr de verdad, establecer una conexión entre el mundo físico y el mundo virtual. Nunca podremos hacer una vida en torno a él porque se olvida del resto del cuerpo y los seres humanos no somos solo cerebros.

Internet parece sostenible solo porque es la agencia de publicidad más poderosa de todos los tiempos


M: ¿Y el segundo?

E: Como sistema, internet no es económicamente sostenible. Parece serlo del mismo modo que lo parece el sistema financiero pero es una burbuja. Esto es también una opinión personal pero, si internet parece sostenible ahora es solo porque es la agencia de publicidad más poderosa de todos los tiempos. Eso no es nada, es aire. Tampoco estoy diciendo que vaya a desaparecer pero sí que lo hará esta importancia que le estamos dando, esta omnipresencia.

M: ¿No es incompatible con el hecho de que a los datos que generamos en internet se les llame el “nuevo oro” con que internet no sea económicamente sostenible? Y, en lo que respecta al cuerpo, se está trabajando en lentillas que puedan enchufar internet directamente a nuestras retinas.

E: Si rastreas de dónde viene el poder de los datos verás que reside en que acaban repercutiendo en la vida real, sino no sirven de nada y, con respecto a lo de las lentillas, es lo mismo, sigue estando presente la barrera del cuerpo. Por mucho que tuviera una lentilla puesta ahora mismo, tú me tienes a mí aquí y yo te tengo aquí, lo demás es solo comunicación cerebral. Es pura conversación. Una especie de relación psicoanalítica.

M: Muchos miembros de mi generación, entre los que me incluyo, creíamos ciegamente que internet era el arma revolucionaría que nos estaba ayudando a cuestionar todo lo preestablecido y a cambiarlo. En su momento, de hecho, se habló largo y tendido del papel que habían tenido las redes sociales en el estallido del 15-M o de la primavera árabe.

Pues yo diría que es precisamente lo contrario porque la primavera árabe no debería haber sido un caso aislado. Internet fue solo un canal de difusión. Sin embargo, deberíamos estar en una época social muy convulsa y creo que, en muchas ocasiones, es culpa de internet que eso no se esté dando. En la red nos quedamos con la conciencia tranquila sin salir a la calle pero, en realidad, solo nos estamos lavando las manos.

Internet está impidiendo otras primaveras árabes

M: Entonces, ¿cuál es el primer paso que hay que dar para salir de nuestra relación tóxica con internet?

E: No se puede hacer una receta que sirva para todo el mundo. Primero uno tiene que hacer un análisis y detectar en qué momentos internet está teniendo poder sobre él. Después tienes que intentar suprimir todos esos usos en los que la red se esté aprovechando de ti de forma parasitaria.

M: Por ejemplo, si hay veces que alguien mira la hora en el móvil y acaba en Facebook sin acordarse siquiera de qué hora era, ¿le aconsejarías quitarse Facebook?

E: No, en ese caso le aconsejaría ya quitarse directamente el Smartphone.

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