Entrevistas

“Hoy en día nadie acepta que no puede tener hijos”

Charlamos con Nancy Konvalinka, antropóloga especialista en parentesco

Las aventuras más impensables se llevan a cabo en busca de un hijo. En la actualidad, pasada la treintena, muchas personas que no se definen precisamente por ser amantes del riesgo se transforman en auténticos Indiana Jones de la descendencia: son capaces de mucho con tal de acunar a su bebé. 

Por ejemplo invertir todos sus ahorros, recorrer medio mundo enfrentándose a culturas totalmente ajenas, saltarse la ley, someterse a intervenciones médicas que pueden fracasar o terminar en éxito múltiple. Incluso recurrir al material genético y vientres de terceros.

Superar obstáculos físicos y de salud se percibe como algo positivo, una forma de éxito. Pero, ¿hemos perdido la capacidad de aceptar que no podemos tener hijos?, ¿hasta qué punto los avances científicos, además de la industria que gira alrededor de la reproducción, empuja a que lo intentemos hasta el infinito y más allá? ¿Acaso se puede apaciguar el deseo de ser padres?

"Al principio se estudiaban los sistemas de parentesco de todos los pueblos no occidentales, lo que antes se conocía como puebos exóticos. Los antropólogos se desplazaban hasta lugares lejanos para estudiar otras formas de vida, pero ahora lo interesante, para mí, es lo que ocurre en nuestra propia casa".

Nancy Konvalinka es antropóloga especialista en parentesco y profesora en la UNED. Cuenta que su disciplina está viviendo un boom gracias a los cambios que se están produciendo en las familias occidentales:

"Lo que se permite y lo que no se permite nos dice mucho sobre cómo entendemos el parentesco, qué consideramos una familia. Esos límites tienen muchas repercusiones en términos de herencia, de nacionalidad e incluso de ciudadanía. Uno es español porque es hijo de españoles".

Hasta hace relativamente poco, una persona que no podía tener hijos por infertilidad, por edad o por sus preferencias sexuales, tenía que aguantarse: "Con todos los avances científicos, resulta muy complicado establecer si se deben utilizar todos los medios al alcance de uno para cumplir un deseo. Ahí está la cuestión".

Hay dos grandes posiciones al respecto, y tantos matices como individuos:

"Una parte de la sociedad piensa que hay límites. Por el simple hecho de que la ciencia ofrezca la posibilidad de hacer algo, no significa que todo el mundo deba tener esa opción".

La última frontera es la implantación temporal de úteros, que podría permitir que los hombres gestaran

Pero la opinión mayoritaria es otra. "Si estamos deseando tener hijos, sobre todo en un país con una natalidad tan baja como España, ¿por qué no vamos a poder hacerlo? Ese es el conflicto entre la legislación actual y las prácticas de las personas. Cuando deseas hacer algo que no está permitido en tu país, puedes llegar a tomar la decisión de ir adonde se pueda".

En el caso de las técnicas legales de reproducción asistida, los límites que ponen las personas suelen darse por problemas de salud o por falta de dinero para costear fecundaciones in vitro o tratamientos de fertilidad.

En el caso de las adopciones, las dificultades burocráticas son tantas que muchos padres abandonan en el camino.

"En el caso de la gestación subrogada —conocida popularmente como "vientres de alquiler"—, el 99% de las parejas heterosexuales opta por ella como último recurso, después de años de peregrinaje por todas las técnicas de reproducción asistida y/o adopción".

Aunque hay asociaciones de padres que reclaman que se regule la gestación subrogada, esta sigue siendo ilegal en España y en casi toda Europa, a excepción de países como Gran Bretaña, Países Bajos o Bélgica, donde estaba reservada a nacionales y donde las leyes son muy estrictas.

En este sentido, la discusión es si se debe impedir el turismo reproductivo: "¿Se puede, por otra parte, en un mundo globalizado?", se pregunta Konvalinka.  

"Lo que las familias quieren es tener sus propios hijos. En el caso de una pareja heterosexual, eso significa juntar el esperma del hombre y el óvulo de la mujer. Si no se puede con alguna, con lo que se pueda. Y si no se puede con ninguna, si no hay manera, es cuando se recurre a la adopción o a la gestación subrogada".

La última frontera es la implantación temporal de úteros, que en un futuro podría permitir que los hombres gestaran.

"Ya es posible implantar el vientre de una mujer fallecida, o que ya no necesite su vientre, a otra mujer que no tenga útero, o que lo tenga dañado, para permitirle gestar. Cuando se tiene a la criatura, se quita el vientre y se acabó. Si se llega a eso, en muchos casos se podría resolver el problema de la infertilidad".

En la actualidad, es posible oír hablar tanto de antinatalismo y de derechos reproductivos. Estos, según Konvalinka, son un "concepto folk", una idea que la sociedad genera sobre cómo entiende el mundo. La OMS recoge el término, pero no se refiere al derecho jurídico de tener hijos o hijas aunque poularmente se empiece a utilizar así.

"Las personas entienden que deben tener la posibilidad de tener hijos y formar una familia, y que deben poder utilizar los medios necesarios para lograr este fin. La cuestión a explorar aquí sería: ¿qué medios y hasta qué extremos?".

Los discursos para superarse a uno mismo chocan con la idea desfasada de aceptar la realidad, de vivir a gusto con el hecho de no tener descendencia

La idea de derechos reproductivos se suma a la presión social que siempre ha existido para formar una familia. Pero ese mismo eje puede interpretarse desde una perspectiva de consumo capitalista, como un simple eje de oferta y demanda: por un lado hay un deseo irrefrenable, y por el otro una industria ofertando múltiples servicios y costosas posibilidades.

"Estamos en un mundo donde si no puedes hacer algo, en general, la gente siente la necesidad de superar eso. Si alguien pierde la movilidad de las piernas, ¿tenemos que concienciar a esa persona de que va a quedarse así toda la vida o debemos animarle a que persiga los avances médicos que quizá podrían permitirle moverse?".

Querer es poder, sueños, retos, no hay nada imposible. Los discursos aspiracionales para superarse a uno mismo chocan con la idea desfasada de aceptar la realidad, de vivir a gusto con el hecho de no tener descendencia. Se trata, al fin y al cabo, de neutralizar el deseo y los objetivos en una sociedad que los potencia en todos los ámbitos de la vida.

Nancy Konvalinka.

"Hay muchas formas de ser humano, y esta es una manera de hacer las cosas hoy en día. No es así en todo el mundo ni ha sido así siempre, pero el simple hecho de decirle a alguien que no puede no se acepta nada bien. Antes, la cantidad de limitaciones hacían que la gente lo aceptara con más facilidad".

Sin embargo, Konvalinka no cree que una opción sea más natural que otra: "Lo natural no es un hecho, sino un concepto culturalmente construido. Los investigadores no podemos decir que algo es mejor o peor, porque no hay nada completamente natural ni artificial en sí mismo, solo circunstancias y contextos. Hoy en día, sobre todo para las mujeres, sigue siendo muy difícil gestionar el hecho de no poder tener hijos".

En general, cuenta la antropóloga, las innovaciones científicas persiguen reproducir lo que se considera una familia natural: "No creo que se llegue a una situación de que haya una clase de mujeres gestando hijos para otra clase de mujeres. Sería ciencia ficción. Los casos de mujeres que desean que otras gesten a sus hijos sin razones médicas son marginales".

De forma mayoritaria utilizamos la técnica para mantener lo que entendemos por familia, pero al mismo tiempo los modelos tradicionales han dejado de ser exclusivos gracias, también, a la técnica: las familias monoparentales y homoparentales forman parte del presente, y en un futuro podríamos llegar a ver padres aún más mayores gracias a la criogenización, o gestantes masculinos.

"No entiendo la antropología como una manera de predecir el futuro, pero una familia actual ya incluye ambas prácticas: seguir modelos tradicionales o implementar modelos novedosos".

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