Entrevistas

El Hijo: “A mí no me compensaba estar en un sello”

Abel Hernández habla sobre su nueva aventura musical, “Los Movimientos”, un disco registrado en plan Juan Palomo gracias a la altruista ayuda del crowdfunding

“Los Movimientos” supone un cambio drástico en la manera de funcionar de Abel Hernández, el responsable de El Hijo: se ha separado de Acuarela, ha buscado la financiación por crowdfunding y ha vestido sus canciones de nuevas telas. Hablamos con él para saber más.

Fotografías de Javier de Amescua y David Fernández Huerta

Abel Hernández, quien desde los últimos años se pasea por los escenarios como El Hijo, ha vuelto recientemente con un nuevo álbum bajo el brazo, Los Movimientos, que hace pocas semanas te estrenamos en exclusiva en PlayGround. Desligado de la protección de Acuarela, el artista ha decidido para la ocasión recurrir al crowdfunding y autoeditarse en tiempos de crisis. Le ha echado muchas, muchas agallas. Con el disco aún fresco en nuestros oídos hemos decidido interrogarle acerca de esta decisión, ese cariz más pop y folkie en menor medida que tienen sus últimas composiciones y los retos que se le presentan al que fuera miembro de los aún recordados Migala.

Después de una larga relación con Acuarela, esta vez has decidido no contar con el respaldo del sello y autoeditar tu tercer disco. ¿Qué motivos te han llevado a tomar ese camino?

Sí, decidí salir de Acuarela pero también decidí no ir a otro sello. Los motivos son básicamente ganas de sentirme empezando de nuevo y recuperar cierta ilusión en todos los aspectos de hacer música públicamente, creo, y de tomar las riendas de mi música al máximo, no dejar que otros tomaran ciertas decisiones. También darme cuenta de que, aunque el sello te quitaba mucho trabajo y trabajo importante, a mí no me compensaba estar en uno. Ni eso, ni la financiación que me podía aportar. Al mismo tiempo, sentía cierto cansancio de tener que depender de los tiempos y presupuestos de otros, regatear cada euro y cada fecha. O sea, elegí poder elegir de verdad y ser más responsable de cara a la gente con lo que ponía encima de la pila de discos que se publican cada semana.

¿Has empezado a notar algún cambio al dar este paso? ¿Hay algún aspecto del ir completamente por libre que te haya sorprendido, alguno que te haya incomodado? ¿Crees que deberías haber dado el paso antes?

Es un cambio importante y muy positivo para mí y para la música de El Hijo, sin duda. Hasta el punto de que me parece que el resultado musical de “Los Movimientos” también está de alguna forma relacionado con cómo se ha gestionado su grabación y demás. Me ha sorprendido que no sea tan complicado como se pinta. Sí que hay que ocuparse de cosas que no son muy divertidas, pero también es interesante ver cómo funciona todo por dentro. Estoy comprobando, además, que es más fácil y directo el contacto con el exterior si no tienes quién te represente demasiado.

"“Madrileña” fue un juego íntimo, casero, un disco muy de caprichos. “Los Movimientos” es una apuesta más grande y expansiva"

¿Habías tomado la decisión antes de empezar “Los Movimientos” (es decir, al acabar “Madrileña”), o es algo que surgió sobre la marcha?

La interminable (para mí) espera de casi nueve meses que tardó en salir “Madrileña” desde que lo entregué al sello, coincidió con que empezó a formarse la banda que me acompaña desde entonces y con la que he grabado el disco. En cierto momento una serie de ideas fueron ganando sitio en mi cabeza y todo se retroalimentó, como te digo. La necesidad de intentar hacer algo por mí mismo apoyado en la banda que me acompañaba ayudó a tomar la decisión de cómo gestionarlo y al revés.

Recurriste a Verkami para que tus fans pudieran financiar la grabación del álbum. ¿Por qué escogiste esta plataforma y qué lectura extraes de la experiencia?

Escogí Verkami porque me dio la impresión de funcionar muy bien, me gustaba la idea de empresa familiar y vocacional que había detrás y porque en su día me pareció la más vinculada a proyectos musicales, sobre todo por la buena experiencia de algunos colegas músicos (el caso de Jero Romero, por ejemplo). Ha estado muy bien trabajar con ellos. Hay otras plataformas que también funcionan de maravilla, como ha demostrado recientemente Fundación Robo en Goteo, sin ir más lejos.

En el anuncio de Verkami indicaste que realizarías un directo privado para apenas 60 personas. ¿Cuándo será y cómo?

Bueno, no es exactamente así. La cosa es que una de las contrapartidas o recompensa que se ofrecían a los mecenas consistía en que, a cambio de una ayuda a la financiación ya considerable (1.000 €), además de varios discos y otras cosas, El Hijo tocaría en una sala de la localidad que eligieran a puerta cerrada y para ese particular y las 60 personas que quisiera invitar. O sea, un concierto privado en sala. Pero nadie se animó a pillar esa recompensa, así que el concierto no se ha hecho ni se hará.

"El disco mira hacia el presente y al futuro que al pasado, e intenta desprenderse del estereotipo de cantautor acústico"

Para este disco, a diferencia de “Madrileña”, en el que contabas con la ayuda de Refree en las labores de producción, has decidido trabajar más por tu cuenta. ¿Te resultó difícil llevar el control del disco completo o se te hizo algo grande?

Refree ha estado vinculado a El Hijo desde “La Piel Del Oso” hasta “Madrileña”, de 2005 a 2010. Tanto en disco, dirigiendo en buena parte la producción de casi todos los discos y canciones, como tocando conmigo en directo. Le estoy infinitamente agradecido. Fue complicado pensar en estar sin Raül, pero para mí (y creo que él lo veía igual) era necesario dar ese paso y al acabar “Madrileña” me sentí listo para darlo.

¿Consideras “Los Movimientos” como una versión mejorada del cambio sonoro que ya se hacía palpable en “Madrileña”, o un paso hacia otro final de camino que aún no hemos escuchado todavía? ¿Proceso completo, o proceso en marcha?

Considero que tienen en común cierto ánimo de probar cosas, sonoridades y posibilidades de la canción, pero no se parecen mucho en cuanto a intención y resultado sonoro. “Madrileña” fue un juego íntimo, casero, un disco muy de caprichos. “Los Movimientos” es una apuesta más grande y expansiva. Creo que “Los Movimientos” recoge muy bien el momento del año pasado y actual, con los cambios de los que hablamos a todos los niveles y mis gustos, mis puntos de arranque en la música. Es un disco diferente a los otros de El Hijo en muchas cosas. Por ejemplo, las letras se pusieron lo último de todo y las estructuras estuvieron abiertas hasta el final. Hubo mucho trabajo de banda, antes y durante la grabación, y el proceso de mezcla (muy elaborado) fue muy importante en el resultado. También es distinto en algo más simple pero quizá fundamental: en cuanto al sonido. Mira más hacia el presente y al futuro que al pasado, e intenta desprenderse del estereotipo de cantautor acústico.

Aquí empieza un camino que no sé a dónde me va a llevar. Lo rítmico y lo puramente sonoro puede que tengan el mismo grado de importancia que otros aspectos más de la canción.

¿Cómo han variado los temas de la idea que tenías de ellos en la cabeza respecto al resultado final? ¿Suenan fieles a lo que pretendías?

No tenía demasiada idea de los temas. En algún caso aislado, sí, como en “Tempestad”. Pero en general lo que tenía en la cabeza eran posibilidades sonoras, la de tocar en grupo con los músicos que me acompañan (Xose Luis Saqués, Javier Monserrat y David T. Ginzo) y algunas otras. Los coros, cierta electrónica, cierta imprevisibilidad, los efectos… Pero, como te digo, el disco se ha hecho muy en proceso y durante bastante tiempo.

"Cuando escribo dejo salir esa cosa íntima. Y aunque intento reflejar o hablar de algo concreto suelo acabar diciendo otras cosas"

Cuéntanos en qué te has inspirado para estas últimas letras. Aparte de tu ciudad, que siempre tiene un grandísimo protagonismo, ¿qué otras cosas afloran tu creatividad? ¿En qué medida tu estado personal ha dirigido los textos finales?

Mi estado personal suele ser lo que dirige los textos, aunque a veces sí intento contar una cosa que se me ha ocurrido o jugar con ciertos elementos que me interesan. En “Madrileña” probé a buscar más, en plan voy a hacer algo con este juego de palabras o con este tipo de canción. Aquí hay algo de eso, pero menos. Cuando escribo dejo salir esa cosa íntima. Y aunque intento reflejar o hablar de algo concreto suelo acabar diciendo otras cosas. Me temo que no tengo mucho control sobre ello. Muchas cosas salen inconscientemente. No sé. Creo que el disco vuelve a tratar de temas amorosos en general y desde un punto de vista intimista. Y luego hay algunas canciones que observan un poco en plan investigación lo que nos rodea en la ciudad. La gente, los personajes y las cosas de la política común, la necesidad de cambio, de movimiento y de fuga. La cara B en parte habla de varias formas de fuga. Fugas por tierra, por aire y por bar.

Además de la ciudad, las fuerzas y formas y los estados y sorpresas de la naturaleza supongo que están muy presentes. De repente me interesan las mareas o las cosas astrales o, yo que sé, las piedras que son viejas y se van a quedar ahí… Todo en su faceta más misteriosa y normalmente para evocar otra cosa, como símbolo o manera de explicar algo difícil de decir con palabras. Además, me pasa que las cosas de la naturaleza suelen designarse con palabras bonitas, de las que mejor suenan en castellano.

"Entiendo que haya gente que no acabe de asimilar el cambio. En todo caso, las canciones siguen siendo canciones"

Tras varios discos en castellano, ¿volver al inglés está descartado en tus próximos trabajos, o es algo a lo que aún no has renunciado? Desde la perspectiva actual, ¿te arrepientes de no haber apostado más por el castellano cuando estabas en Migala?

En principio está descartado. Supongo que la única posibilidad de que volviera a escribir en inglés sería sentir que lo controlo más o menos y cantar para gente que sólo entendiera ese idioma, o que lo entendiera mucho mejor que el castellano. Vamos, si me fuera a un país anglosajón, después de un tiempo de empaparme de ese lugar y su lengua quizá lo haría. Pero en las circunstancias actuales, completamente descartado, sí.

Me arrepiento un poco y me pregunto cómo habrían sido algunas cosas de haber cantado en castellano en aquella otra época, pero la perspectiva actual no tiene mucho que ver con la que tenía entonces. Para mí era natural entonces. Escribía y cantaba en mi inglés particular y no me planteaba la otra opción. Ahora veo que, en mi caso, era una careta y una muleta, una forma de simplificar el trabajo, de que fuera más fácil decir ciertas cosas. Con la lengua de uno supongo que también se buscan subterfugios para no expresar algunas cosas a las bravas, pero es muy distinto, hay que cuidarlo mucho más para que funcione como sentido y como sonido. Aparte, sin duda tenía mucho de mimetismo hacia las cosas que me interesaban del mundo anglosajón. Es como si el hecho de que te fijaras en esa clase de referentes, al hacerlo en su lengua, resultara más creíble. También creo que había una reacción contra cierta evolución muy chunga del llamado pop español durante los 80. Esa manera tan mala en que evolucionaron muchos de los logros de los últimos 70 y primeros 80.

Nosotros estamos más que encantados con este giro más pop de tus últimas creaciones pero, ¿entiendes que algunos echen algo de menos el sonido más intimista, triste y lento de tus inicios como El Hijo?

Me alegro. Claro, entiendo que haya gente que no acabe de asimilar el cambio. En todo caso, las canciones siguen siendo canciones. De hecho cualquier día de estos podrá escucharse en streaming y comprarse una edición de “Los Movimientos” exclusiva para plataformas digitales que incluye las canciones en su mezcla desnuda, acústica, en plan guitarra, voz y poco más. Excepto los coros, claro.

Durante un tiempo llevaste a cabo el proyecto Emak Bakia con Coque Yturriaga, donde la dirección era más electrónica. Ahora, la electrónica juega un papel testimonial en El Hijo (algo que no sucedía en Migala). ¿Has tenido algún tipo de conflicto, o desencanto, con esta herramienta, o es que todavía no has sabido cómo integrarla en El Hijo?

Sí, es verdad. Aunque a veces lo electrónico, como ambiente y ruido, ha tenido presencia en la producción (como en “Un Ayer” del primer EP, “Bosques Son” del primer álbum o el single con Ornamento y Delito), El Hijo ha estado algo anclado en ciertos aspectos de producción de la canción de autor, pasando por varias fases o búsquedas distintas pero siempre partiendo mucho de la base de lo que yo llevaba escrito a partir de cantar encima de arpegios de guitarra. O sea, de una base folkie, digamos.

Ahora que me he distanciado algo de ese esquema (por lo menos de que sea omnipresente) creo que estoy empezando a saber cómo integrarla. De hecho no descarto para nada esa clase de herramientas en un futuro inmediato, incluso que predominen. Me interesa mucho en este momento.

¿Te consta si El Hijo ha tenido descendencia (no biológica, sino inspiración para nuevos artistas)?

No, que yo conozca.

¿Qué planes tienes para los próximos meses? ¿Seguirás con tu productividad constante o te tomarás tiempo para girar extensamente y volver a componer sin prisas?

Pues espero tocar mucho en directo, sobre todo en formato banda. Estamos trabajando mucho en poder hacer buenos conciertos que dejen una impresión fuerte. También está en marcha una edición de remezclas de “Stockhausen” a cargo de varios amigos, que supongo que saldrá en digital antes de que acabe el año. Seguramente junto a varias remezclas de otras canciones de “Los Movimientos” y quizá alguna sorpresa adicional. Ya para la primavera que viene saldrá un single muy especial que ya está casi terminado.

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