Entrevistas

Greil Marcus: “The Doors recrearon de manera glamourosa el odio inexplicable y el resentimiento que se viven durante la adolescencia”

El crítico norteamericano publica en castellano, con la editorial Contra, su largo ensayo sobre The Doors, uno de los libros sobre rock más lúcidos del momento

Aprovechamos la reciente edición de “Escuchando a The Doors” (Contra, 2012), un largo ensayo sobre la mítica banda de Jim Morrison, para hablar con el prestigioso crítico Greil Marcus sobre los años sesenta, política, punk y la necesidad de escribir sobre música hoy.

A lo largo de las últimas cuatro décadas, Greil Marcus (1945) ha venido desarrollando uno de los trabajos más encomiables de la crítica musical en Estados Unidos. Él responde a un modelo de escritor que se expresa fundamentalmente a partir del formato del libro, y en su producción encontramos algo más de 20 títulos que giran alrededor de la mitología del pop y el rock en América: tesis sobre Elvis Presley y Bob Dylan, largas conversaciones sobre música, política y contracultura y algunos títulos que ya han pasado a la historia del periodismo con trasfondo histórico como son “Mystery Train: Images Of America In Rock’n’Roll Music” (1975), “Dead Elvis: A Chronicle Of Cultural Obsession” (1991) y, por encima de todos, “Lipstick Traces” (1989) [editado por Anagrama en 1991 bajo el título de “Rastros de Carmín”], una historia alternativa del siglo XX a partir de las ideas de anarquía, ateísmo y situacionismo con la carrera de Sex Pistols como eje articulador.

Su último libro publicado en Estados Unidos es “The Doors: A Lifetime of Listening To Five Mean Years” (2011), que ha sido traducido como “Escuchando a The Doors” en la edición española de la editorial barcelonesa Contra, y que analiza la historia del mítico grupo liderado por Jim Morrison de una manera distinta a la de las múltiples biografías (y hagiografías) disponibles en el mercado: profundizando en sus canciones y situándolas en el contexto de su época, más a un nivel espiritual –los años sesenta como una época brumosa, convulsa y confusa en la historia del siglo XX– que no otra cosa. A lo largo de varias piezas independientes, Marcus se adentra en canciones como “The End”, “Light My Fire” o “Break On Through (To The Other Side)” e intenta penetrar en el misterio de The Doors, sus explosivas y conflictivas sesiones en directo, la tormentosa personalidad de Jim Morrison y los miedos de una época con elementos de la poesía, el ensayo y el trabajo histórico, sin olvidar los preceptos de la mejor crítica rock de los últimos tiempos.

Aprovechando la disponibilidad de Greil Marcus, hemos hablado con él sobre los años de la contracultura, la génesis de su libro, su relación con The Doors y cómo algunos ecos del pasado todavía se perciben en la actualidad y repercuten más de lo que creemos.

En el libro menciona varias veces su amor temprano por The Doors, las muchas veces que los vio en directo y cómo eran de insistentes sus escuchas del primer álbum. Pero le ha llevado más de 40 años escribir un libro sobre ellos. ¿Qué es lo que le ha mantenido apartado tanto tiempo del proyecto?

Simplemente, no había pensado en The Doors hasta hace unos pocos años, cuando empecé a escucharlos con frecuencia en la radio. Las canciones a veces sonaban diferentes a como las recordaba –más grandes, más sutiles, completamente vivas, la mayoría de ella– y empecé a fantasear sobre un libro corto que investigase tan lejos como me fuese posible en las canciones, ver cómo funcionaban, qué ocurría en ellas, cómo aún tenían una vida en el mundo.

Ha escrito libros sobre figuras icónicas: Bob Dylan, Elvis, The Sex Pistols. Todos estos artistas provocaron cambios en la cultura popular y de alguna manera cambiaron el siglo XX. ¿Cuál es transformación crucial que The Doors representan para usted? ¿Cambiaron algo o son, como muchos sospechan, el final de una era?

Fueron parte de una era; a su manera, dibujaron un completo y acabado dibujo de donde estaban y por qué no esperaban durar demasiado.

En el libro habla mucho sobre las interpretaciones en vivo de las canciones, y son menos las veces en las que toma en consideración la versión grabada (la que podría decirse que es la “oficial”) de esas canciones icónicas. ¿Es una manera de decir que los álbumes son la parte menos esencial de The Doors?

No creo que eso sea cierto; una y otra vez me centro en la versión de estudio de una canción, a veces en contrapunto a sus diferentes actuaciones en vivo, a veces mirando a la versión de estudio únicamente.

La manera en la que tocaban en vivo sugiere la idea de que cada canción, cada álbum, incluso cada letra de The Doors era un trabajo en constante proceso de transformación. ¿Es lo que pensaba en la época? ¿Cómo era su percepción interna y su experiencia de esos directos?

No pensaba en ello por entonces. Ese ha sido uno de los grandes atractivos de escuchar a The Doors de nuevo en la actualidad. Lo que dices es completamente cierto, porque era una banda de improvisación, porque a veces confiaban en que su material les llevase a sitios donde nunca habían estado, en el mejor de los casos, cada canción era un campo de posibilidad y sorpresa.

"Que Jim Morrison muriese joven y de manera misteriosa proporciona una mística que hace que la gente lo sienta como un fantasma que te acompaña"

A veces no parece muy satisfecho con las letras de Morrison. Menciona la influencia crucial en su estilo de la gran poesía francesa y americana (Arthur Rimbaud, William Blake), pero nunca afirma que fuese un gran poeta. Ni siquiera lo da a entender. Hay momentos en los que dice que algunos versos eran horribles. ¿Cuál es para usted la importancia actual de Morrison como poeta?

Era un compositor y un artista. Hay momentos de fijeza y perspicacia poética, conseguía efectos muy bien logrados, de un modo en que nadie más podría hacer, en otras palabras, conseguía encontrar su voz equilibrada con unas pocas palabras de una manera particular. Hay momentos de gran poesía que parpadean ahí en medio, pero lo consigue de otra forma.

The Doors es una de las pocas bandas, como Queen, que a pesar de su influencia, especialmente en el rock duro, no parecen tener muchos “continuadores”, en el sentido de que no hay bandas que sigan su camino y su estilo al pie de la letra. Esto les hace muy originales. ¿Tiene una explicación para esta interrupción en el linaje?

Hay muchos tipos de banda que se han influenciado por The Doors, Joy Division por encima de todos, en términos de ethos y el modo en el que ven la vida, pero también The Sisters Of Mercy en términos de sonido y la imponente presencia de un cantante, pero la influencia de una banda no se puede trazar en términos de estilo. Incontable gente (escritores, pintores, incluso pilotos de carreras) se han inspirado por lo que han escuchado en una o varias canciones para hacer lo que hacen. Una banda potente, o un artista potente de cualquier tipo, tiene efectos que nunca se pueden trazar hasta su fuente.

"Si todo ya se hubiese dicho, no hubiese empezado el libro. Casi nada se ha dicho sobre The Doors, nada sobre su música"

Incluso hoy, el ritual de visitar la tumba de Morrison en París se mantiene activo. Y algunos de los visitantes son gente joven que no había nacido cuando Morrison murió. ¿Tiene sentido eso para usted? ¿Hablan The Doors aún a la juventud de hoy en un lenguaje vívido?

Obviamente. Los adolescentes a veces se sienten llenos de un odio inexplicable, de violencia, resentimiento y venganza, y pueden sentirse poseídos por una sensación de distanciamiento. Todo esto se recrea glamourosamente en The Doors. Que Jim Morrison muriese joven y de manera misteriosa proporciona una mística que hace que la gente lo sienta como un fantasma que te acompaña, incluso un ángel de la guarda.

El libro es una colección de recuerdos y conexiones con otras vertientes culturales, políticas y personales. No es exactamente un libro sobre The Doors, sino más bien sobre Greil Marcus tratando de entender a The Doors y ponerlos en contexto. ¿Por qué decidió hacerlo así? ¿No creía en un ensayo convencional o es que ya se había dicho todo lo que se tenía que decir?

Si todo ya se hubiese dicho, no hubiese empezado el libro. Para mí, casi nada se ha dicho sobre The Doors, nada sobre su música.

El libro, de nuevo, es una manera de entender los 60, si es que los 60 han tenido alguna vez un significado real. ¿Qué es lo que ha aprendido de esa década de lo que no estuviese al tanto cuando empezó el libro?

Que aquel tiempo es un misterio persistente que intrigará, o incluso torturará, a quienes hayan sido parte de esa época, y a muchos que, hoy, se sientan hechizados, ensombrecidos u oprimidos por las leyendas de la libertad, el desperdicio, la destrucción y el deseo que son la herencia de los sesenta. No sé lo que he aprendido, si es que he aprendido algo, al escribir sobre ese tiempo en este libro, pero ha sido divertido jugar con ello.

Hay más referencias a Charles Manson que a la guerra de Vietnam en el libro, como si la representación de la locura de los tiempos en Estados Unidos estuviera dentro de las fronteras del país, y no fuera, como si la guerra no fuese un temor real de aquellos años. ¿Le ve sentido a esta argumentación?

Algo sobre lo que otra gente ha escrito muchísimo, hasta el punto de llegar al cliché, es sobre The Doors y Vietnam, quizá por el uso de “The End” en “Apocalypse Now”, una cuestión que yo ni siquiera menciono. Esto es porque, para mí, la canción en la película parecía demasiado obvia, no añadía nada, al menos así lo creo. Charles Manson para mí era como un Vietnam en América, ciertamente, como digo, el Vietnam de Hollywood. Pero mientras hacia entrevistas en programas de radio sobre el libro, escuché a una serie de veteranos del Vietnam que aseguraban estar consumidos por la música de The Doors mientras estaban en Vietnam, o incluso la escuchaban más a menudo cuando volvían, como la única música que tenía sentido con lo que habían visto, hecho y vivido. Muchas personas dijeron que, durante años, la música de The Doors era la única música que podían escuchar, y que tendría que llegar un momento para cada uno de ellos en el que deberían dejar de escucharla, cuando se diesen cuenta de que para dejar atrás la guerra deberían dejar atrás la música también. Y les podría haber llevado 20 o 30 años antes de que pudiesen apagar la radio cuando sonase una canción de The Doors o abandonar una habitación cuando alguien pusiese un disco de The Doors.

¿Hay algún otro artista o banda icónica sobre el que necesitas escribir? ¿Cuál es tu próximo libro?

Mi siguiente libro ‘Listening To’ será sobre Brian Ferry.

Cuando leí “Lipstick Traces” hace más de una década fue mi introducción a los situacionistas y a todo el activismo underground francés que llevó a las revueltas de Mayo del 68. Me chocó la Internationale Lettriste y la ocupación de la catedral de Notre Dame como una manera de minar los fundamentos del Estado y la sociedad. Ha ocurrido este verano que la banda rusa Pussy Riot ha ocupado una catedral en Moscú y, tras un juicio manipulado, han sido condenadas a prisión y trabajos forzados. ¿Cree que se está repitiendo algún patrón?

No es sólo un patrón. Los miembros de Pussy Riot –qué nombre más grande– hacen referencias constantes a Guy Debord; me parece que el suceso de la catedral es una manera muy intencional de rememorar la invasión de Michel Mourre de la catedral de Notre Dame en París en 1950, para ver qué podía pasar, para sentir la excitación que él debió sentir cuando tomó el altar y anunció que Dios había muerto.

¿Cómo has seguido el caso Pussy Riot? ¿Hasta qué punto, poniendo la calidad de su música al margen, importa esta banda?

Su música es maravillosa, puro punk femenino de finales de los 70s, tan cerca como nadie ha estado jamás de Kleenex y Liliput. Ese sonido tenía que ver completamente con la liberación, en tanto que lucha, aventura, juego, grito de patio de juegos, disturbio, o simplemente correr por la calle. Pussy Riot capturan todo eso.

Hubo un momento interesante en el Ceremonia de Apertura de los Juegos Olímpicos de Londres, cuando sonó “Pretty Vacant”, de Sex Pistols, con la Reina de Inglaterra entre el público. ¿Qué crees que representó ese momento?

Significa que Danny Boyle, el director de la ceremonia, adora a los Sex Pistols y sabe que su música no ha perdido nada de su poder.

Algunas de las bandas sobre las que has escrito son muy políticas: Sex Pistols lo fueron, The Doors obviamente lo fueron y también Bob Dylan. Pero ahora tenemos la sensación que las bandas no activan un discurso político hasta que no le ven las orejas al lobo, cuando creen que hay una amenaza seria a la vuelta de la esquina. Por ejemplo, cuando parecía que George W. Bush iba a ganar su segunda elección, muchos rockeros empezaron a hacer política, y más tarde volvieron a callar. ¿No le parece irónico?

Lo siento, pero no le encuentro sentido a esta pregunta.

¿Le interesa el movimiento Occupy? Algunos artistas han mostrado su apoyo a estas movilizaciones ciudadanas. ¿Le parece que, en este caso particular, la música y la sociedad puedan volver a viajar juntas?

El movimiento Occupy fue una moda pasajera. Había mucha gente dedicada y desinteresada involucrada en ello, y mucha gente que quería sentirse moralmente superior, y mucha gente que o bien querían salir a la calle o destruir objetivos fáciles como librerías.

Mucha gente que ha leído el libro se sorprende de que defienda la película de Oliver Stone sobre The Doors, por el hecho de que a casi nadie le gustó en un primer momento. ¿Le han sorprendido estas reacciones de sorpresa?

No, casi todo el mundo la odió cuando salió también.

No habla en el libro sobre el documental de 2010 “When You’re Strange”. ¿Qué opina de él? ¿No lo incluye porque no había tiempo o porque no veía la manera de encajarlo en el libro?

No tenía nada que pensase que tuviese que comentar. No era la historia en la que estaba interesado. El libro de Ben Fong-Torres de The Doors era mucho mejor.

¿Qué habría pasado con The Doors (y Morrison) si no hubiese muerto en París? ¿Alguna vez ha pensado en la posibilidad de una historia paralela?

No. Pero juego con la idea en el último capítulo del libro.

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