Entrevistas

Fuck Buttons

Alérgicos a las etiquetas

Fuck ButtonsPorque queremos que se sepa, porque creemos que aporta información valiosa (por aquello de completar el qué se dijo con el cómo y el cuándo se dijo), hemos de empezar aclarando que nuestro acoso a Fuck Buttons venía orquestado desde lejos. También que nos costó “dios y ayuda” conseguir que nuestras preguntas llegaran a tener respuesta cuando ya (casi) las dábamos por perdidas. Porque perdidas en un limbo de correos no atendidos estuvieron durante las semanas previas a la publicación de un álbum, Tarot Sport (ATP, 09), que ha acabado encaramándose a lo más alto de nuestra lista de favoritos del año.

Lo cierto es que corrían los primeros días de septiembre cuando el anuncio de su entonces aún futura presencia dentro del marco de la pasada edición del festival Experimentaclub ( “Sí, estuvimos tocando en Experimentaclub y fue genial. Además tuvimos la oportunidad de conocer a gente fantástica como Charles Hayward y Zombie Zombie. ¡Fueron unos días muy divertidos!”) nos convenció de la imperiosa necesidad de entrevistar a Fuck Buttons. A propuesta de su manager, se acordó recurrir al email como vía “más rápida” y “mejor” para la realización de una entrevista que se prometía coser y cantar... y acabó convertida en una interminable espera por culpa de los rigores de una gira extenuante que ha llevado a los chicos de Fuck Buttons a vivir a salto de mata -de ciudad en ciudad, de motel en motel, de club en club sin apenas descanso, sin tiempo libre para casi nada- durante buena parte de los últimos meses. Las buenas intenciones expresadas de cara durante el Experimentaclub (allí estuvieron con ellos algunos miembros de esta redacción) tardaron aún más de un mes en materializarse, de manera parcial (al final sólo Hung se tomó la molestia de responder) y un tanto esquiva.

Que cada cual saque sus propias conclusiones, mientras disculpa (o no) el desajuste temporal que lastra una entrevista que llega a ver la luz ahora, con Fuck Buttons bien instalados -y por partida doble- en lo más alto de nuestras listas de notables, aunque fuera concebida a más de un mes vista de la publicación de “Tarot Sport”, un disco que entonces aún era una promesa maravillosa, el augurio de algo grande que exigía ser diseccionado con mayor calma.

A finales del 2004 hay que remontarse para encontrar los orígenes de Fuck Buttons. Andrew Hung y Benjamin John Power cruzaron caminos por primera vez en Worcester, pequeña localidad de apenas 100.000 habitantes situada en las West Midlands inglesas, al suroeste de Birmingham, aunque no fue hasta tiempo después, con ambos ya instalados en Bristol por razón de sus estudios en arte (“ Siempre he pensado que lo que hace de Bristol una ciudad próspera y pujante a nivel creativo es el hecho de ser una ciudad en cierta medida aislada e insular, que no cuenta con ninguna de esas autopistas que unen Londres con el norte de Inglaterra”), que un corto realizado por Andy (el detonante: colaborar codo con codo en la creación de una banda sonora para ese film) acabó desencadenando su conexión musical.Teniendo en cuenta sus respectivas trayectorias previas (Power curtido en la escena punk-hardcore inglesa, también en el noise, mientras Hung venía de experimentar con las posibilidades de la electrónica de dormitorio a la sombra de sellos como Warp, Merck o Leaf), el maridaje entre los mundos sónicos del uno y del otro parecía harto improbable. Ni esa supuesta discordia estética, ni las reacciones encontradas que sus más ruidosos y abrasivos primeros conciertos despertaron en su supuesto público parecieron importar en el seno de Fuck Buttons. Ellos siguieron a lo suyo, cada vez más ajenos a escenas y etiquetas ( “Como tú bien dices, no estamos -y nunca lo hemos estado- interesados en etiquetar nuestra música de ninguna manera. No es muy inspirador eso de intentar encajar en un cajón determinado”), descubriendo las posibilidades del drone controlado como vía para la evocación paisajista y la excitación aural, abriendo compuertas a la melodía y al ritmo, haciendo del ruido domado y la repetición un arte menor que en manos de Fuck Buttons se ve sometido a un constante proceso de revisión y redefinición.Viniendo de escenas tradicionalmente restringidas a una órbita de aceptación minoritaria, y considerando la apuesta por el riesgo medido que suponía “Street Horrrsing”, uno se pregunta si la ola de aclamación popular generada por aquel primer disco fue fácil de digerir en el seno de Fuck Buttons.

“En primer lugar, para nosotros ya es difícil discernir si lo que pasó puede o no ser considerado aclamación popular; esto es algo que hacemos porque disfrutamos, y el hecho de que haya otras personas que también puedan llegar a disfrutar de lo que hacemos es algo meramente periférico para nosotros (tan áspero como suena)”.

Ya lo ven, Andrew y Ben conciben Fuck Buttons como vehículo para la exploración de tintes solipsistas, y si alguien piensa que el creciente interés mediático o la necesidad de enfrentarse a audiencias cada vez más amplias ha afectado de alguna manera al equilibrio interno, a la estructura física o al concepto estético de la banda, se equivoca.

“A pesar de que es cierto que el operativo de la banda ha crecido y ha cambiado, ni puedo ni quiero entenderlo como el resultado de ningún tipo de aclamación, porque eso sólo iría en detrimento de aquello que disfrutamos haciendo”.

¿No son siempre mayores audiencias y mayor atención sinónimos de mayor presión? “No, la presión no es algo que usemos a la hora de hacer nuestra música. Tendemos a hacer la música con la que disfrutamos, y en cierto modo podríamos decir que no nos importa lo que esté pasando a nuestro alrededor. En ningún momento hemos buscado hacer un disco que pudiera resultarle atractivo a una audiencia mayor”.Percibiéndose tan cercanos en el tiempo (dieciocho meses que parecen menos), y habiendo sido el primero tan bien recibido por la mayoría (también tan ampliamente despreciado por cierta facción de la crítica que vio en lo suyo más forma que fondo, una versión mansa, tibia y algo efectista – como si de una adaptación para “todos los públicos” se tratara- de una escena noise que salvo contadas excepciones -piensa en Wolf Eyes era Sub Pop- nunca ha llegado a recibir el abrazo del público indie), cuesta sustraerse al impulso de buscar diferencias entre “Street Horrrsing” (ATP Recordings, 2008) y “Tarot Sport”. Sobre todo porque aquel primero ha acabado envejeciendo mal, encogiendo hasta el punto de costarnos ahora acabar de entender el porqué del revuelo grande que despertó aquel disco hace poco más de un año, más aún a la vista del nuevo carisma que irradian canciones como “Surf Solar” , “Olympians” o “Flight Of The Feathered Serpent”. Con la perspectiva que otorga el tiempo, uno se pregunta qué parte de culpa en el éxito de aquel primer disco deberíamos atribuirle a la maquinaria promocional de la familia ATP.

“La principal herramienta promocional de ATP es el boca a oreja. La gente que acude a los ATP no se encuentra con una organización entregada a hacer bandera de un género, con especificaciones o elitismos, sino con calidad. Es un festival preocupado por lo que ofrece, por lo que produce como sello, y esa preocupación refleja nuestra propia actitud hacia lo que ofrecemos. Así que ser sinónimos de ese ethos es algo fantástico para nosotros”. Otrora alumnos aventajados de la psicodelia noise extática y tribal, Fuck Buttons han regresado reconvertidos en profetas del nuevo trance cyberdélico de espíritu vertical en “Tarot Sport”. La evolución se deja sentir desde el mismo momento en que llega el bombo a propulsar a “Surf Solar” hacia terrenos de evocación cósmica. Esa evolución hacia terrenos más estructurados y más rítmicos (incluso bailables en según qué casos), menos ásperos y discordantes, ¿es fruto de una búsqueda consciente, de un plan pre-diseñado, o todo es resultado de un proceso mucho más natural y espontáneo en el que aún hay lugar para lo estocástico, para el instinto, para el accidente y el error?

“Justamente eso segundo. En nuestro caso, la música no es nada fatigosa, no es algo que surja de manera forzada, todo es más espontáneo. Se podría decir que nos acabamos tropezando con estas canciones. Todo proviene de lo que vamos encontrándonos durante largas jam sessions”.Dejando a un lado esa génesis supuestamente espontánea de la música de Fuck Buttons, cuesta no pensar en Andrew Weatherhall como artífice o catalizador del cambio. Su mano se deja notar en cada rincón de “Tarot Sport”, algo que Hung no niega, aunque parezca incómodo con la idea de concederle al productor más méritos de los que a su juicio le corresponden.

“La visión de 'Tarot Sport' ha permanecido intacta desde el mismo momento en el que comenzamos a escribir las canciones hasta el momento de dar por completado el proceso de grabación (y su posterior presentación). Andrew estuvo allí para filtrar y detectar una serie de posibilidades de embellecimiento que han acabado ayudando a hacer más pronunciada aquella visión”.

¿Por qué Weatherhall en particular? ¿Tuvo algo que ver el brillante remix que hizo de su “Sweet Love For Planet Earth”?

“Sí, podríamos decir que nos decicimos por él a raíz de eso. Nos pareció que lo que hizo con “Sweet Love For Planet Earth” mostraba una gran sensibilidad hacia el material de partida a la vez que lo empujaba en dirección a un destino pertinente”.No hay más que insistir para ablandar la coraza, para encontrarse con epítetos como “brillante” o “inspirador” referidos al trabajo de Weatherhall, productor de muchas caras bregado en mil y un frentes que ha sabido reenfocar la música de Fuck Buttons en una dirección pertinente, una en la que el ruido a presión se ve pulido y moldeado, sedimentado en capas de texturas fulgentes, siempre propulsado hacia adelante por obra y gracia de una maquinaria rítmica más sólida y decidida que parece perseguir el más glorioso de los efectos hipnóticos ( “La repetición tiene esa cualidad, el ser capar de producir estados hipnóticos. Basta dejar un elemento en bucle durante mucho tiempo para empezar a percibir sonidos que ni siquiera sabías que estaban ahí en un primer momento”), invocar al puro trance. A la vista de esa nueva complejidad, de esa mayor sofisticación, uno se pregunta si Fuck Buttons se reconocen ahora más interesados en exprimir las posibilidades del estudio de grabación que en un pasado cercano en el que sus grabaciones podrían haber sido interpretadas como mera “excusa documental” para justificar sus constantes giras.

“Lo cierto es que no somos de esos grupos que prioricen lo uno sobre lo otro; somos muy afortunados en el sentido de que disfrutamos enormemente de ambos procesos”. Puede que no establezcan prioridades, pero la relación de fuerzas entre esos dos ámbitos ha quedado notoriamente alterada a raíz de “Tarot Sport”, una colección de canciones que nos devuelven el brillo de unos Fuck Buttons redimensionados, agrandados respecto de aquel álbum de debut curioso que ya en su día les llevó a ser blanco de todo tipo de parabienes y halagos. Ahora puede que haya gente que prefiera a Fuck Buttons en disco. Antes eso simplemente no pasaba. Si en “Street Horrrsing” las canciones parecían estar siempre construidas a partir de un “nivel cero”, siempre añadiendo elementos y capas de sonido sobre esa superficie básica, siempre construyendo por la vía aditiva y no siempre de manera sutil, en “Tarot Sport” vemos a una banda preocupada en trabajar a la vez por encima y por debajo de ese umbral de referencia, dedicada a construir entramados gravitacionales más complejos y profundos, capaces de requerir la atención del oyente desde múltiples niveles a un mismo tiempo.

“Creo que esa observación es muy astuta por tu parte. Pienso que el primer disco poseía una característica de singularidad que no tiene este segundo, y sí, “Tarot Sport” se presenta más como un asalto múltiple”.

Un asalto múltiple en el que llama la atención la presencia de guitarras más fácilmente reconocibles, la ausencia de rítmicas tribales o de gritos extáticos, la supresión o alteración de algunos de los rasgos definitorios del sonido de Fuck Buttons (tal y como lo conocíamos a raíz de su primer disco) en definitiva. ¿Maniobras de evasión encaminadas a ensanchar el marco estético en el que se venía moviendo la banda?

“A decir verdad yo no creo que haya unos parámetros claros que definan nuestra estética; ni siquiera tenemos una instrumentación constante. Diría que no es la estética la que define nuestra música, sino nosotros y nuestras reacciones ante la estética”.

¿Ese “nosotros” podría llegar a crecer en el futuro? ¿Se han planteado Fuck Buttons la posibilidad de incorporar a nuevos músicos en directo en aras de ser más capaces de reproducir en toda su gloria algunos de los arreglos que suenan en “Tarot Sport”?

“Al contrario, el hecho de contar con más músicos sobre el escenario implicaría un mayor compromiso y mayores restricciones para todos. De momento nos vamos apañando bien como hasta ahora, siendo sólo los dos, aunque... nunca digas nunca en relación al futuro”.

Fuck Buttons pertenecen a esa rara especie de bandas capaces de tocar con total naturalidad en entornos muy diferentes, desde pequeñas salas underground vinculadas a los circuitos del rock o el noise, a clubs eminentemente electrónicos, pasando por festivales dedicados a las músicas experimentales como el Experimentaclub. A la hora de plantear un concierto, ¿varía el enfoque de Fuck Buttons dependiendo del tipo de espacio (y el tipo de público habitual de esos espacios) en el que van a actuar?

“Pienso que acabas de dar con un punto interesante, y creo que la razón por la que nuestra música es capaz de encajar en muchos espacios diferentes es porque está concebida en muchos espacios distintos. Solemos componer las canciones en nuestras casas, y una vez que las damos por terminadas nos dedicamos a tocarlas en directo, lo que a menudo acaba alterando esas canciones y obligándonos a volver sobre la música para cambiarla de nuevo y así sucesivamente. Con mucha frecuencia, las canciones en su forma final suenan de un modo completamente diferente a como fueron tocadas por primera vez.

Hablando de cambios, de desplazamientos y transformaciones... una última pregunta: Si el planeta Tierra estuviera a punto de ser destruido y se os ofreciese la posibilidad de realizar un viaje en el espacio-tiempo que os permitiera seguir existiendo en algún lugar y tiempo pasado, ¿a dónde y cuándo elegirían viajar Fuck Buttons?

“Summer of Love, dude”.

Nos quedamos con ganas de saber si el amigo Hung se refería a este o a este otro Verano del Amor. Se aceptan apuestas.

Luis M. Rguez

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