Entrevistas

Lo que aprendí tras una tarde bebiendo champán con una ex modelo

Brindar con Patrícia Soley significa enfrentarse a la verdad más inquietante

Llego tarde y voy vestida de una forma que en mi cabeza tiene sentido. Mi look es una especie de punk-neorural o urban-melasuda que favorecería una chica delgada y sensual que no se preocupa demasiado por las prendas que elige.

No es el caso.

Esta mañana me he vestido con la técnica mental que hace tiempo bauticé como "póster de peluquería effect": no te gusta ese peinado, te gusta cómo le queda a esa modelo. Es decir, te imaginas el look en una persona ideal y queda increíble, así que te lo pones y ya tal.

Llego con retraso a una entrevista y mis pintas me están poniendo más nerviosa de lo habitual. Será porque me espera la ex modelo y premio Anagrama de ensayo Patrícia Soley, cuya voz al teléfono me ha parecido muy distinguida. Hemos quedado en el vestíbulo de un elegante hotel barcelonés, y sólo puedo pensar en que mi jerséy tiene pelusas y mi chaqueta parece de esquiar.

Llego con retraso a una entrevista y mis pintas me están poniendo más nerviosa de lo habitual. Será porque me espera una ex modelo

Me detengo en un cajero automático para poder invitarla a la consumición protocolaria. "Su entidad bancaria ha bloqueado su cuenta. Póngase en contacto con una oficina de su entidad". Dos nuevos complementos se añaden a mi deplorable imagen: mejillas sonrojadas y una fina capa de sudor. Parezco una mujer que corre a sabiendas de que va a perder el tren. Encima tendré que pedirle dinero.

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Empujo la puerta giratoria y me sumerjo en un hilo musical de jazz, grandes jarrones con lirios frescos y un laberinto de sofás blancos. Patrícia y sus largas piernas cruzadas están elegantísimas. Ella sonríe al verme. "Tienes presupuesto de producción, ¿no? Llevo levantada desde las 7 y necesito una copa de champán".

Patrícia Soley-Beltran. Foto de Albert Ruso.

No puedo maquillar mi expresión de estreñimiento y Patrícia lo capta, me adelantará el dinero. Está dispuesta a todo con tal de no arruinar una conversación femenina en un sofá blanco al final de un día de mierda. Está exultante. Brindamos, y mientras una patata chip se hace añicos entre sus dientes deja claro que no va a repetir ninguna de las muchas ideas que escribió en ¡Divinas! Modelos, poder y mentiras, su premiado ensayo sobre el mundo de la moda y un riguroso estudio sobre el cuerpo y la construcción social de la identidad.

Las preguntas que había preparado ya no sirven. Doy un trago y saco el comodín:

¿Por qué quisiste ser modelo?

Tenía un problema de identificación, todo el mundo creía que era un chico y yo quería ser una mujer. Pensé que hacerme modelo era una forma de conseguirlo y de ganar dinero. Aunque pensaba que era un tipo de feminidad reñida con la inteligencia, algo propio de personas superficiales, el dinero me empujó. Necesitaba independizarme desesperadamente.

Pero las contradicciones no terminaron cuando empezaste a trabajar.

Es curioso porque acabé trabajando con el pelo corto. Representaba esa especie de mujer femenina con toques masculinos muy claros, una androginia muy novedosa en aquella época.

Es como si yo me hubiera tomado un tripi y tú no

Cuentas en tu libro que durante una sesión fotográfica un transeúnte te gritó: "¡Travesti!"

¡Es verdad! Qué cosas. Más tarde, cuando realicé una investigación sobre la transexualidad, me di cuenta de que yo era como los trans, no encajaba en ningún lado.

En tu libro desmitificas la profesión de modelo. Hoy algunas algunas modelos de nueva generación también critican sus dinámicas destructivas. Pienso en Cara Delevingne, por ejemplo, que dijo: 'El mundo de la moda me ha hecho odiar mi cuerpo'.

Cara dice cosas inteligentes, pero ella ahora está haciéndose un hueco como actriz. Las modelos suelen hablar cuando se están despidiendo de la industria o planean dedicarse a otra cosa.

Dicen que Instagram está desmitificando el mundo de la moda con sus selfies "al natural". ¿Que opinas?

Las supermodelos siguen existiendo, pero en otro formato. La mitificación persiste, aunque sea a base de imágenes aparentemente naturales o poco estudiadas, del estilo 'este mi rostro al levantarme' o 'sin maquillaje'. Se mitifica a través de la idea de cotidianeidad de mujeres especiales. A ella, con 18 años, la siguen 30 millones de personas y a ti no. Y por su imagen, un look, un montaje. Hemos aprendido a autorrepresentarnos y la de Instagram es una estrategia de marketing que conecta con el narcisismo. 

La mitificación de las modelos sigue existiendo aunque sea a base de imágenes aparentemente naturales o poco estudiadas, del estilo 'este mi rostro al levantarme'

Entonces, ¿nada ha cambiado?

Sí. Es cierto que muchas mujeres ya no están dispuestas a renunciar a ciertas cosas, a su valía profesional. Recuerdo una entrevista que Pablo Motos le hizo a Cara Delevingne en El Hormiguero. Ella, que es muy educada y bisexual, lo miraba como diciendo ¿quién es este troglodita? Motos le preguntaba todo el rato por los chicos, por sus novios, era tan casposo y machista...vi que estaban a años luz de distancia, sus formas de entender la identidad, la sexualidad, el género eran de planetas distintos. Y el presentador vive en el mismo planeta que Bertín Osborne.

Pero ahora las modelos ya no son referentes como en los 90. Las popstars como Beyoncé o Lady Gaga tienen mucha más influencia. Ellas, además de defender estéticas potentes, venden empoderamiento con su cuerpo y sus letras.

Patti Smith ya lo hacía, Marianne Faithful también.

Hablo del pop comercial de masas con el que creció mi generación...

¿Cuál es ese pop?

Spice Girls, Destiny's Child.

Pero Madonna ya rompía en su época. Todo lo que os sorprende yo ya lo he visto.

Madonna me queda lejos. Hablo de los 90-2000 en relación con la actualidad. Feminismo, Black Power, twerking...¿cómo interpretas todo este boom?

Es una reivindicación de la cultura negra, no es hipersexualización. Tanto hombres como mujeres africanos fueron hipersexualizados por parte de las potencias coloniales. Que si tienen penes y culos enormes...Siempre se ha dividido a las blancas finas de las negras hipersexualizadas, de las "bellezas étnicas", por eso cuando ellas bailan así están reapropiándose de su cuerpo. Están diciendo: esto es mío. Nicki Minaj dice: tú, niña delgada y blanca, apártate de la pista. Y repito: Beyoncé es la heredera de Tina Turner.

Veo a chicas de 15 o 16 años con shorts enseñando todo el culo y son bombones. No se dan cuenta del poder sexual que emanan

Entonces, no estás de acuerdo con la afirmación de que las estrellas de la música se hipersexualizan más que nunca para afianzar sus imperios.

La música, las letras, las hacen ellas. Son músicas, y como todos los humanos tienen un cuerpo. Resulta que cuando las mujeres nos ponemos como nos apetece y movemos el culo como nos da la gana se nos critica. Vendo discos porque soy buena música y utilizo mi cuerpo porque no soy un ente abstracto y desencarnado. Punto. Es una demostración de capacidad como cualquier otra, solo que esa demostración integra el cuerpo.

La sensualidad y la fuerza de estas artistas nos atrae, pero si yo me pongo a hacer la tigresa en este hall me temo que no me sentiré muy cómoda. Es decir, quiero ser una tigresa, pero no quiero. ¿Cómo digerimos y aplicamos los códigos liberadores que ahora se emiten desde un pequeño olimpo de la cultura pop?

Veo a chicas de 15 o 16 años con shorts enseñando todo el culo y son bombones. No se dan cuenta del poder sexual que emanan. No son conscientes como yo tampoco lo era a su edad y llevábamos sujetadores como top con cazadoras encima. Era la moda y me gustaba. Para evitar malas interpretaciones, para comprender por qué los hombres no dejan de mirarte, hay que entender las reglas del juego. Probablemente no tienes ni idea del impacto que estás ejerciendo, y hay que empezar por ahí.

¿Como ser una feminista con falda, pincel y pitalabios cuando simbólicamente se asocia lo masculino a la mente y lo femenino al cuerpo?

¿Y dónde es ahí?

Educación y alfabetización visual. Poder comprender cuáles son los códigos que se utilizan en un videoclip y los que se siguen en una oficina por la mañana. Cómo cada prenda puede ser intepretada según la cultura, los mensajes que estás emitiendo… es la socialización de la propia imagen. Es como comprender el backstage de tu look.

Convertirnos en académicas no parece muy práctico...

Es algo de lo que tendrían que participar los centros educativos. En Suecia por ejemplo hay clases en las que se enseña a analizar cómo el Photoshop cambia la imagen de las modelos. Y eso da herramientas muy útiles a las chicas para no imitar modelos que no existen.

Pero… ¿una tiene derecho a ir como quiera?

Esta es una idea que siempre se repite en los jóvenes. Ya valía todo en los 90, y en los 60, y en los 40. Mira las flappers.

El twerking es una reivindicación de la cultura negra, no es hipersexualización

Una parte de la sociedad, y algunos feminismos, siguen criticando la sexualización o exaltación del cuerpo.

La hipersexualización existe, pero también existe la reivindicación de la sexualidad a través de su exaltación.

Los cuerpos libres siguen causando un poco de histeria.

Que esos discursos sigan existiendo en algunos sectores feministas se debe a un conocimiento no integrado. ¿Como ser una feminista con falda, pincel y pitalabios cuando simbólicamente se asocia lo masculino a la mente y lo femenino al cuerpo? Son las mismas feministas que creen que la moda no es un tema de interés porque es superficial, cuando es un tema de interés sociológico clarísimo: indumentaria, cuerpo e identidad.

También hay una censura del cuerpo vinculada a la religión (es pecado) y de moral o de clase. El cuerpo y el sexo como algo decadente.

Es que es difícil de integrar porque también hay una comercialización evidente. Cuando yo era modelo mi trabajo consistía en ejercer mi capacidad de seducción. Poco a poco me di cuenta de que lo hacía para vender un producto, no porque yo fuera divina. Eres divina al servicio de un producto y de unos intereses de los que quizá no eres consciente. A veces me dicen: es que eres muy ambivalente.

¿Y tú qué dices?

¡La realidad es muy compleja!, ¡hay muchos grises! Esas condenas radicales o los extremos, como la gran liberalización o la gran censura… no me sirven. Intento frenar la inmediatez del impacto visual, amortiguarla con la reflexión para saber qué gafas llevo puestas.

¿Qué pasa cuando queremos vestirnos para ser diferentes, para expresar nuestra personalidad, pero todos los referentes que tenemos forman parte de una industria? ¿Se puede construir una identidad al margen del consumo?

Eso es lo que me interesa. Cómo nos apropiamos de las imágenes. Porque las identidades se producen sin parar por interés de la industria.

Me he ido, y según a quién le preguntes te dirá que estoy como una chota. Huyo de los estándares rígidos de definición de identidad

Una frase de tu libro me impactó: la industria de la moda o del culto al cuerpo no es una dictadura en la que el poder lo ostenta una sola fuente y a base de represión, sino un régimen que produce identidades sin parar y las rodea de un halo seductor.

Claro, ¿qué hacemos nosotros con todos esos mensajes? No solamente se trata de indumentaria, sino de lifestyle. ¿Por qué quedamos aquí y no en otro lugar? Las elecciones nos hacen quien somos, que diría Foucault. En cambio, las feministas de la igualdad tienen una visión liberal del poder: aquí estoy yo, aquí está el poder. Lo rechazo y lo combato.

Como si ellas fueran seres que viven al margen de toda esa maquinaria. Pero eso no significa que el poder no exista.

Exacto. Pero yo lo veo de otra forma. Voy a pedir otra copa. ¿Quieres?

Sí.

Yo lo veo como Foucault: ese poder que me oprime está dentro de mí. Me ha hecho quien soy y ha limitado quien puedo ser. Esa paradoja la asumo dentro de mi identidad, y eso cuesta mucho. Es mucho más fácil decir quién es uno, hacerse fuerte, aguantar. Pero a mí eso no me interesa.

¿No te interesa ser fuerte? ¿Tener una identidad propia?

No, ni como persona ni como investigadora. Me he ido, y según a quién le preguntes te dirá que estoy como una chota. Huyo de los estándares rígidos de definición de identidad.

Jajajajajaja ¡Me estás haciendo una pregunta filosófica! ¡jajaajaj!

En tu libro dices que el consumo es en sí mismo un mecanismo de identidad. Al comprar algo, nos rebelamos contra lo viejo y obsoleto. Consumo como rebeldía, como renacimiento. Al mismo tiempo buscamos ser auténticos, pero vivimos rodeados de publicidad y de ideas que nos terminan conformando. Y que además cambian cada temporada. ¿Es posible ser auténtico, fiel a uno mismo, en una sociedad que produce identidades seductoras?

¡Jajajajajaajajaja!

?

¡Jajajajaja! Perdona, es que ¡ajajajajaj! ¡La pregunta me hace mucha gracia! Me estás haciendo una pregunta filosófica. ¡jajaajaj!

Supongo...

¿Recuerdas cuando en mi libro explico que escribí "Autenticidad" en mi espejo antes de dejar mi carerra como modelo?

Sí. Pero dime, ¿es posible ser auténtico?

Quizá no, pero qué mas da si no hay otra alternativa. Si somos seres fantasmales medio hechos medio deshechos, relájate. Nos podemos quejar mucho, yo me quejo mucho de que no llego a fin de mes. ¿Has visto lo que pasa en siria?

Sí.

Comparo. Sitúo mundialmente mi vida: tengo salud, seguridad social, como cada día, duermo bajo un techo, estoy teniendo una conversación con una mujer interesante y bebiendo champán, parece que estemos en el primer mundo, aunque España es el segundo.

Entonces no te preocupa tu propia identidad, es decir, tomas perspectiva y ves que no es importante.

Lo verdaderamente preocupante es la parte más débil de la industria. ¿Quién ha producido esta ropa? ¿Son niños? La discriminación racial y de clase en el sector textil, esto es muy serio.

Me sitúo: mundo privilegiado. Existe una ansiedad por construir una individualidad. Te levantas por la mañana y dices: ¿cómo puedo petarlo? ¿Cómo expresar quien soy? ¿Cómo ser diferente y aceptado al mismo tiempo?

¿Hablas de una necesidad intelectual o también estética? Porque ahora está eso del Smart is the new sexy...

Hablo de una sensación de desasosiego que alimenta el consumismo, sientes como tu identidad se difumina entre tantas imágenes de éxito, modas, referentes que cambian contsantemente...tratas de mantener intacta la bolita de tu personalidad, tu esencia, mientras todo fluye a tu alrededor a gran velocidad.

Es que ese es el error. No hay una bolita.

¿No hay una identidad primaria?

¡No! ¡Esa es la trampa número uno! Cuesta un mucho aceptarlo, es como pensar que te vas a morir. Aceptar que no tienes una identidad es una pre-muerte. ¿Tu piensas en tu muerte?

Sí.

Pero como decía Freud, no te lo acabas de creer.

Lo piensas, pero supongo que en realidad no te lo puedes imaginar.

Exacto. No es que no existas, es que no eres.

Cuesta un mucho aceptar que tu identidad es una construcción, es como pensar que te vas a morir

Eso es lo contrario de lo que intentan vendernos las marcas…

Si tu asumes tu identidad como una construcción dejas de pensar en la bolita. Los márgenes de la bolita, sus contornos, se borran. Yo no soy una bolita, soy una cosa deformada por aquí y por allá, aplastada y estirada.

Eres un chicle.

Sí. Somos porosos, permeables, vulnerables. Y cuando te das cuenta de que esto es así, de que no puedes hacerte una definición clara de tí mismo, te entra mucho tembleque. Se te desmonta el mundo, ¡absolutamente!

¿Cómo se vive así?

Es como si yo me hubiera tomado un tripi y tú no.

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Es como si yo intentara barrer el agua, estructurarla, y tú supieras que la realidad es líquida.

Tripi, tripi, vivo en una realidad líquida a todas horas. Lo que os preocupa, esa ansiedad, es algo propio de la gente joven. 

No existo como yo creía.

Ojo, hay que aceptar eso para cambiarlo, pero no se puede solo. Hay que juntarse y luchar. Aunque reconozco que a veces cansa y que lo único que quiero es seguir bebiendo champán.

¿Vida contemplativa?

Estoy pensando en hacerme nómada, pero esa es otra historia. La vida contemplativa, sobre todo alejada del consumo y en un entorno natural, no está desvinculada de la lucha, mira los hippies. La vida contemplativa tiene su papel porque aporta otro plano de la existencia, el de la alegría y el agradecimiento. 

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