Entrevistas

Fever Ray

La exhibición de atrocidades

Fever RayAntes de que suene el teléfono estoy inquieto, bastante nervioso. Voy de un lado a otro de la casa, abro los balcones de par en par. Son las nueve de la mañana y me toca hablar, durante un cuarto de hora que seguro me hará corto, con Karin Dreijer Andersson, única componente de Fever Ray, y mitad de The Knife. Autora, además, de uno de los discos del año, una obra desasosegante, personal, única. Suena el teléfono y escucho la agradable voz de la chica de promo del sello. “Karin está al otro lado, ¿te paso?”, me pregunta. Dudo un instante. Un par de minutos después, tras un inquietante silencio telefónico que me conecta con Suecia, escucho a Karin al otro lado. Inglés sencillo, maneras educadísimas, algo tímida.

Reviso las notas de la moleskine. Supongo que la primera pregunta, la más clara, y la que hay que responder cuánto antes es referente a The Knife. A las diferencias entre uno y otro proyecto, a las diferencias a la hora de concebir las canciones, los textos. También supongo que Karin debe estar un poco harta de esta recurrente pregunta. “Para mí son dos proyectos diferentes, a pesar de las similitudes. En Fever Ray yo escribo todo el material y en The Knife escribimos los dos, los hacemos todo juntos. Es cierto que la producción es similar, ya que trabajamos en aspectos parecidos, pero es distinto porque el método de composición, el de grabación, es distinto. Esa es la principal diferencia, y creo que es bastante”.

Está bien. Esa es la principal diferencia pero hay más. Late en “Fever Ray” una especie de sonido orgánico, como salido de (o inspirado por) la naturaleza. A diferencia de los discos de The Knife, en Fever Ray, Karin da más importancia a los instrumentos reales, a las respiraciones, a las percusiones, a la vida, en definitiva. Es un disco, a pesar del horror que contiene, mucho más cálido, más confortable y acogedor que los fríos pasajes electrónicos de The Knife.

Bueno, para mí orgánico, como tú lo quieres decir, es analógico, y aquí hay pocas cosas analógicas. Está mi voz, claro, algunas guitarras, un contrabajo, un piano y palmas. Pero todos los demás efectos, todos esos sonidos de la naturaleza que dices, todo eso es digital, electrónico. En realidad si que hay una intención de hacerlo todo más cálido que en The Knife, pero esos pájaros, esos sonidos son digitales, parecen reales, pero no lo son. Es interesante esa idea, imitar esos animales con equipos digitales”.

Otra de las principales virtudes (quizá la más importante) del disco de la sueca reside en esa rarísima capacidad para crear una música que no tiene tiempo definido ni espacio concreto. Como en ciertas distopías de la literatura fantástica, “Fever Ray” habla de lugares inconcretos que no sabemos bien dónde están. Podrían ser sensibilidades futuras, ciudades del presente o mitos del pasado. Esta podría ser la música del futuro o de una civilización extinta. Karin, adulada, sonríe al otro lado.

Sería genial si he conseguido eso que dices pero…no sé, yo siempre vuelvo a lo que he hecho, a los otros discos y los encuentro viejísimos. Sobre todo en las letras, hablo de cosas que ya no me interesan, o que en ese momento me apasionaban y con el tiempo no me identifico con ellas, hablan tan claramente de una época que ya casi no puedo escucharlas. La verdad es que agradezco mucho lo que dices pero, sinceramente, no sé si es posible hacer música que no pertenezca a ninguna época concreta. ¿Tú crees que es posible?”. Si que lo creo. En canciones como la oscurísima “When I Grow Up”, en “Triangle Walks”, en la genial “Seven” o en “Coconot”. Son canciones desubicadas, que transmiten el estado en que nos sentimos cuando vagamos por una pesadilla. Contribuyen a esa sensación de desconcierto, los estupendos textos, salidos del imaginario onírico de la autora, de sus sueños que transcribe y convierte en letras para canciones de manera casi literal.

Para las letras… yo quería usar piezas pequeñas, cosas que había escrito y que tenía guardadas desde hacía tiempo. La sensación de las letras tiene que ver con ese estado tan curioso, como la vigilia, entre el sueño y el despertar. Justo unos instantes antes de despertar, cuando has estado soñando toda la noche. Todas las historias del disco transcurren en ese instante mágico, inconcreto…”

¿Y cómo consigue mantener viva la creatividad en ese estado? La explicación es, de puro simple, genial. Aquí entra una faceta de nuestro personaje que encuentro fascinante: su faceta de madre devota y comprometida.

“Bueno, ese es un estado constante cuando tienes hijos. Las vigilias son eternas y yo tengo un estudio en casa, así que cuando me despertaba rápidamente escribía algo, o me iba a grabar”.

Decía David Cronenberg hablando de Ballard, o quizá el propio Ballard citándose a sí mismo, que aquellos autores que con más insistencia exploran el terror, aquellos que visitan lo más oscuro del ser humano, lo más abyecto, son las personas más felices, las más normales. En el caso de ambos (el cineasta y el escritor) no puede ser más cierto. Personas familiares, felices, equilibradas, sin apenas puntos oscuros en sus biografías. Karin se apunta a ese grupo. Detrás de sus textos, de su mundo oscuro, se esconde una persona alegre, optimista, feliz, que poco (o nada) tiene que ver con la aburrida, estereotipada y manida imagen del artista torturado que tanto fascina a la crítica musical.

Está bien, yo soy uno de esos ejemplos. Soy una madre feliz. Y escribir todas esas cosas te hace más feliz aún. A ver, hay muchas cosas tristes en la vida, es verdad, pero son cosas de las que hay que hablar, que importan, que me preocupan o que me interesan. Y de las que no tengo miedo a hablar. A veces hablar todo el rato de amor no es tan importante como querer a tus hijos. De hecho, me tomo los textos casi como una responsabilidad con mis hijos. Es importante trabajar con letras como estas, me convierten en mejor madre. No sé, es difícil hacer música y tener hijos”.

Sería difícil hablar con Karin y no preguntarle por sus videoclips. Quizá respondiendo más bien a una curiosidad fetichista, o profesional, quiero saber hasta qué punto ella tiene algo que ver con esas dos (hasta ahora) obras maestras que sirven de apoyo visual para “If I Had A Heart” y “When I Grow Up”.

Creo que lo primero es encontrar al director idóneo. En este caso he tenido la suerte de tener a dos directores muy importantes. Con Andreas (Nilsson director de “If I Had a Heart”) que es amigo cercano. He discutido mucho, hemos hablado mucho del aspecto de los videos; y me encanta el resultado final. Con Martin (de Thurah, director de “When I Grow Up”)bueno, él tenía el concepto del video, era su idea y yo traté de no entrometerme mucho con esa idea. Hay muchos directores de video que también son directores de publicidad y se toman tu video no como algo artístico, sino como algo que hay que vender, como otro de sus anuncios. Y a veces c uesta hacerles entender que no es publicidad, que no es un anuncio, que se trata de arte”.

Eso es. Las cositas claras. Miro el reloj y la cosa se va acabando. La próxima vez que vea a Karin será, probablemente sobre un escenario. Su directo llegará a España en el próximo Sónar. Hasta entonces todo son especulaciones sobre en qué consistirá ese directo: ¿habrá banda o no? ¿Quizá una instalación como los conciertos de The Knife? ¿Cómo será el repertorio? Karin prefiere no desvelar muchos detalles del que, no tengo dudas, será uno de los conciertos del año.

Estamos justo ahora trabajando en ello. Sólo puedo decirte que será un gran show. (Carcajada) Andreas me está ayudando con la escenografía, el vestuario, intentaremos crear algo nuevo. Respecto a la banda, bueno, habrá mayoría de instrumentos digitales, electrónicos. La verdad es que, bueno, lo siento, pero aún no sé muy bien cómo será todo y tampoco te puedo contar mucho”.

Voy a insistir, cuando la voz de la chica del sello nos interrumpe. Hora de terminar. El cuarto de hora previsto se ha convertido en treinta minutos largos. Me despido. Ha sido divertido hablar con Karin. Se me han pasado los nervios de esta mañana. Cuelgo el teléfono, y Suecia sigue con su vida, a mogollón de kilómetros de Madrid. Voy al salón. A pesar de que hace un día estupendo, de que brilla el sol, pongo a Fever Ray a todo volumen. Y de repente sus canciones, tan oscuras, tan terribles e inquietantes, adquieren nuevos matices. Y parecen canciones cálidas sobre una madre preocupada por sus hijos, sobre una mujer feliz y tranquila a la que le gusta pasear por los bosques cercanos a su casa y montar en bicicleta. Y ya sólo por ese momento, merece la pena haber charlado un poco con ella.

Fernando Navarro

* El debut de Fever Ray se publica el próximo 23 de Marzo

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video

cerrar
cerrar