Entrevistas

Enterrando (de una vez por todas) al Destripador de Yorkshire

David Peace nos lo cuenta todo sobre el cierre de su “Red Riding Quartet”

David Peace ama a James Ellroy. De hecho, empezó a escribir novela negra después de leer “Jazz Blanco”. Pero no hay ninguna novela de Ellroy encima de su escritorio, el que comparte con un montón de bolígrafos y una taza de café. Es martes por la mañana. Afuera llueve. Estamos en Tokio. Él lo está, al menos. En la séptima planta de un edificio del centro. Vamos a hablar de “1983”, la cuarta y última entrega de su “Red Riding Quartet”, el cuarteto de novelas sobre los bajos fondos del condado de Yorkshire (la sucia Leeds) centrado en la figura del temido Destripador de Yorkshire, el tipo que se dedicó a secuestrar (violar, torturar y matar) a un puñado de niñas a finales de los 70s y principios de los 80s, convertida en serie de televisión que emitió hace un tiempo Canal + –y que ahora ha recuperado AXN– y que ha publicado en libro, y en traducción al castellano, Alba Editorial.

David Peace tenía diez años cuando el llamado Destripador de Yorkshire empezó a subir a niñas a su furgoneta blanca. Y estaba convencido de que podía resolver el misterio. Iba a los escenarios del crimen libreta en mano y reunía todo tipo de artículos sobre el asunto. Años después, cuando decidió que podía convertirse en escritor (y, por qué no, convertirse en lo mejor que le había pasado a la novela negra en sentido estrictamente literario desde Chandler, desde su adorado Ellroy, y yendo incluso más allá: Peace es una bestia de la obra criminal pluscuamperfecta, sus frases realmente cortan como cuchillos), pensó que podía empezar tratando de explicarse por qué aquel tipo, un tipo del montón que no hacía más que poner un ladrillo sobre otro, había podido hacer todo aquello (secuestrar, violar, torturar y matar niñas), y por qué había ocurrido allí (en Leeds y su área metropolitana) en aquel preciso instante (thatcheriano). Se puso manos a la obra y consiguió armar una historia 'dickensiana', en tanto que total (parte de lo local, abarca lo universal), ultratrágica (en el sentido más profundo, demoledor y real de la palabra) y atmosférica (la historia no sólo te sacude desde la primera línea, sino que te coloca justo ahí, en la sala de prensa, entre el resto de los periodistas, y te hace sentir que algo va mal, que algo va muy mal). Porque Peace no se ha ganado en vano el apelativo de next big thing en lo que autor de novela negra, negrísima, se refiere. Peace es realmente the next big thing. Hay que leer a Peace. Y luego hay que entender a Peace. Aquí, lo que nos contó desde su torre de marfil en Tokio.

“Creo que la primera vez que pensé en escribir sobre el Destripador de Yorkshire tenía 10 años. Por esa misma época yo estaba obsesionado con Sherlock Holmes. Y creía que podía atrapar al Destripador”.

¿Cuándo decidiste escribir sobre el Destripador de Yorkshire?

Creo que la primera vez que pensé en escribir sobre el Destripador de Yorkshire tenía 10 años. Fue justo después del asesinato de Jayne MacDonald en Leeds, en 1977. No era su primer asesinato, pero sí era la primera vez que no mataba a una prostituta. Y el que más conmocionó a la comunidad. Por esa misma época yo estaba obsesionado con Sherlock Holmes. Y creía que podía atrapar al Destripador. Así que empecé a guardar recortes de periódico y todo tipo de cosas sobre los asesinatos. Visité los escenarios del crimen y las comisarías. Era la primera vez que escribía sobre algo. Y también era la primera vez que escribía sobre el caso. Luego lo volví a intentar en Manchester, en la universidad, pero no me salió nada. No fue hasta que no llegué a Tokio en 1994 que conseguí la distancia y la perspectiva necesarias para empezar de nuevo. Y entonces, funcionó.

¿Tuviste claro desde el principio que sería un cuarteto? ¿Pensaste en un tema concreto para cada uno de los libros?

No estaba pensando en un cuarteto cuando empecé. Pero cuando iba por la mitad del primero, “1974”, me di cuenta de que quería continuar, de que quería escribir sobre esa época y ese lugar, el Yorkshire de los 70s, con más detalle, y, en concreto, por supuesto, quería escribir sobre el Destripador de Yorkshire. Lo escribí porque quería entender por qué pasó todo aquello. Y en concreto por qué pasó allí y por qué pasó en ese momento. Ya sabíamos quién había cometido los crímenes, así que la pregunta no era quién sino por qué. Si la sociedad de la época era culpable, también, en algún sentido, o debía responsabilizarse, en parte, de esos crímenes. Espero que mi aproximación a la realidad política, económica y social de la época en Yorkshire ayude a entender por qué ocurrió lo que ocurrió. Respecto a la brutalidad y el horror que reflejo, solo quería que quedara constancia de ellos. Y quería también recordar a las víctimas.

¿Están los personajes basados en los personajes reales o son ellos mismos? ¿Tuviste que investigar mucho antes de empezar a escribir?

Los protagonistas siempre fueron las víctimas, para mí. Y cuando digo víctimas no me refiero únicamente a las víctimas del Destripador, sino también las personas que intentaron resolver el misterio, que escribieron sobre ello, que vivían en esa zona en esa época. Y sí, antes de empezar a escribir leí un montón de ensayos sobre el caso y los periódicos de la época.

“El punk me ha influido muchísimo, a nivel político y de estilo, tanto en mi literatura como en mi vida. En mi día a día uso la música para que me transporte a otras épocas y otros lugares. Cuando estaba escribiendo “1980”, sólo escuchaba discos de Throbbing Gristle, Joy Division, Cabaret Voltaire, Crass y The Fall”

Tenemos entendido que decidiste dedicarte a la novela negra después de leer “Jazz Blanco” de James Ellroy. ¿Qué viste en ese libro que no habías visto en otros?

En realidad había intentado escribir novela negra antes. En cualquier caso, para mí, “Jazz Blanco” me dejó claro el gran potencial literario que tenía el género negro en tanto que documento histórico y social de una época. Ese potencial fue mi inspiración.

¿De dónde viene tu estilo? Ese punto de vista múltiple, las frases como cuchillos, las interferencias de los pensamientos de los personajes… Coloca al lector en el centro de la acción, como una especie de ‘voyeur’ de lo macabro.

Es una pregunta de difícil respuesta. Con cada uno de los libros el estilo se ha ido desarrollando. Pero nació del deseo de hacer los libros tan reales y viscerales como me fuera posible. Quería colocar al lector en el centro de la acción, a nivel emocional, sí, pero también a nivel intelectual. Para que pudiera experimentar por sí mismo esa época.

La repetición de las frases y de algunos párrafos hace que el ritmo de la narración tenga algo de poético, casi de canción, como en una especie de estribillo macabro. ¿Era esa la intención?

Escribo a mano. Luego leo lo que he escrito en voz alta y trabajo en cada frase hasta que consigo que el ritmo tenga algo del ritmo de una plegaria. Porque el ritmo que quiero es el ritmo de las plegarias.

Estamos enterados de que estuviste en bandas cuando eras un chaval. ¿En qué sentido ha influido la música en tu trabajo?

El punk me ha influido muchísimo, a nivel político y de estilo, tanto en mi literatura como en mi vida. En mi día a día uso la música para que me transporte a otras épocas y otros lugares. Por ejemplo, cuando estaba escribiendo “1980”, sólo escuchaba discos de Throbbing Gristle, Joy Division, Cabaret Voltaire, Crass y The Fall.

Y ya que hablamos de música, ¿cuáles son tus bandas favoritas? ¿Y cuál crees que es la mejor canción de todos los tiempos? ¿Y tus tres escritores preferidos?

Respecto a las bandas, hay un montón, pero sirven las que he nombrado antes más los Sex Pistols y el resto de bandas punk de la época. Y Shostakovich. Estoy obsesionado. En concreto, con su Octava Sonata, y sus 24 Preludios y Fugas. Respeto a los escritores, son Akutagawa, T. S. Eliot y Paul Celan.

Volviendo a “1983”, ¿es la policía de Yorkshire tan corrupta como la pintas?

No, claro que no todos los policías son corruptos y mucho menos en el grado en el que parecen serlo en mis libros. Pero sí, en el Yorkshire de los 70s había muchísima corrupción policial y muchos policías corruptos. Pero la sociedad entera era corrupta. Y lo sigue siendo. Porque el capitalismo es corrupción.

Leeds tiene el aspecto de una Gotham City aún más sucia en tus novelas.

Leeds en los 70s, y Ossett y Manchester, y todo el norte de Inglaterra estaba en crisis. Crisis económica. Depresión social. Y luego estaban todos esos espacios vacíos de la época de los bombardeos, las fábricas abandonadas, los edificios derruidos… Daba un poco de miedo. Cuando era niño me asustaban. Y así es como lo recuerdo todo, y como era y como sigue siendo en muchos sitios.

John Piggott, el abogado, es un personaje interesantísimo en el sentido de que representa el espíritu ‘estamos-condenados-a-perderlo-todo’ de la novela. ¿Dirías que es así?

Sí, pero al menos él intenta cambiarlo. Intenta hacer algo bueno. Y sólo con eso se redime en cierto sentido de la culpa. Porque es lo único a lo que podemos aspirar, a hacer algún bien, en esos casos, aunque fracasemos en el intento. Lo importante es que lo intentemos.

“Thatcher, supuso realmente el fin del mundo; el mundo del estado del bienestar y de la idea de que vivimos en una sociedad, que no somos meros individuos, que tenemos responsabilidades, respecto a los demás, respecto a la comunidad. Todo eso se acabó con Thatcher y su Apocalipsis. Y lo peor es que aún seguimos viviendo en ese pequeño mundo de mierda egoísta que creó."

Todas esas interferencias radiofónicas de la novela nos recuerdan a los titulares de prensa de la trilogía “USA” de John Dos Passos. ¿Tiene algo que ver? ¿Y qué hay del sentimiento de fin del mundo que presagia la reelección de Margaret Thatcher?

Dos Passos me influenció más en la novela que sigue a “1983”, “GB84”. El uso de esas interferencias de informativos radiofónicos estaba tratando de reproducir la manera en que conocemos este tipo de cosas. La manera en que estas noticias irrumpen en nuestra vida. Y respecto a Thatcher, realmente fue el fin del mundo, o, en realidad, el fin de un mundo; el mundo del estado del bienestar y de la idea de que vivimos en una sociedad, que no somos meros individuos, que tenemos responsabilidades, respecto a los demás, respecto a la comunidad. Todo eso se acabó con Thatcher y su Apocalipsis. Y lo peor es que aún seguimos viviendo en ese pequeño mundo de mierda egoísta que creó.

¿Dónde estabas cuando ocurrió el desastre de Fukushima? ¿Has escrito algo sobre ello o crees que acabarás haciéndolo algún día?

No estaba allí cuando ocurrió. Estaba en Ossett. Pero sí he escrito ya algo sobre ello. Un cuento que formará parte de una antología que se publica con motivo del primer año del desastre, para ayudar a recaudar dinero para quienes aún sufren sus consecuencias. Aunque en realidad el relato no trata sobre ese terremoto, sino sobre uno que ocurrió en Great Kanto en 1923. No tengo claro si alguna vez escribiré directamente de lo que pasó. Lo dudo.

Hemos leído que ya estás trabajando en una nueva trilogía basada en crímenes de guerra durante la ocupación norteamericana de Japón en 1945. ¿Ha sido muy distinto tratar de meterse en la piel de quienes vivieron una época y un lugar que no has vivido?

He publicado ya las dos primeras entregas ( “Tokyo Year Zero” y “Occupied City”) y estoy trabajando en la tercera ( “The Exorcists”). La verdad es que son los primeros libros sobre un lugar y un tiempo que no he experimentado personalmente. Y casi todos los narradores son japoneses. Así que está siendo un reto.

Una vez dijiste que una novela es la forma perfecta para examinar lo que ha pasado en el mundo real. ¿Qué pasó entre 1974 y 1983 en Yorkshire?

Pasaron el Destripador de Yorkshire y la Dama de Hierro; Peter Sutcliffe y Margaret Thatcher. Un mundo murió y otro, más egoísta, codicioso, nació.

Suponemos que a estas alturas ya conocemos a James Ellroy. ¿Qué fue lo primero que le dijiste cuando lo viste?

Lo entrevisté para The Guardian en Londres en 2009. Mr. Ellroy fue en todo momento muy educado y muy amable, y no se mostró muy reservado respecto a su vida privada. Aunque sí fue reacio a hablar de sus métodos de escritura. Pero supongo que a muchos escritores, entre los que me cuento, nos cuesta bastante. Supongo que es más fácil hablar de tus divorcios que de tus novelas.

Y, por último, ¿todavía tocas? ¿Has pensado alguna vez en montar una banda como la que tenías cuando eras un chaval? Por cierto, ¿cuál era el nombre de esa banda?

No, ya no toco. La verdad es que sólo me metí en una banda para poder escribir letras de canciones. La banda se llamaba The Paunchy Cowboys. Me lo pasaba en grande. La echo de menos a menudo.

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