Entrevistas

Efterklang: “Necesitamos ponernos desafíos para crear música”

Una larga conversación de café con Casper Clausen, vocalista de la banda, sobre islas desiertas, la Sydney Opera House, la nostalgia y la memoria

Con el lanzamiento de su cuarto álbum, “Piramida”, hablamos con Casper Clausen, vocalista del trío danés Efterklang, para conocer los entresijos de la grabación de un disco con una génesis tan particular y ambiciosa.

A unos 650 kilómetros al norte del continente europeo, casi tocando el Polo Norte, hay una isla llamada Spitsbergen, un asentamiento abandonado que hasta enero de 1998 servía como instalación minera para unos 1.000 rusos. El trío danés Efterklang viajó el pasado verano ahí con tal recolectar sonidos para luego llevarlos al estudio y dar con el que es su nuevo álbum, “Piramida”, que 4AD viene llevando a las tiendas desde el 24 de septiembre. Un proyecto ambicioso, como ya es costumbre en la banda, pero a diferencia de lo que se pueda pensar, el resultado no es ni épico ni enrevesado, es una nueva entrega de pop orquestal de excelente factura y ligera vocación experimentalista.

El lugar, donde consiguieron dar alma musical a objetos atípicos como tanques gigantes de gasolina, pantallas, botellas de cristal o hasta el piano de cola más septentrional, nos ha fascinado tanto que hemos querido hablar con la banda para que nos explicase en profundidad qué es lo que sintieron en un sitio tan desolador y aislado y cómo fue el proceso de grabación. Por supuesto, también aprovechamos para preguntar sobre otros proyectos, como su reciente concierto en la Sydney Opera House, donde estrenaron mundialmente “Piramida”, o el documental que produjeron junto a Vincent Moon, “An Island”. Aprovechando sus vacaciones por España, en las que además de visitar Barcelona también estuvo por Andalucia y Benicàssim (no para el festival), quedamos con Casper Clausen, vocalista del grupo, en un céntrico hotel para tomar un café y entablar una larga conversación sobre música y nostalgia.

La nota de prensa dice que descubristeis Spitsbergen a través de unas fotografías. ¿Pero cómo llegaron a vosotros?

Había un director de cine sueco que nos escribió hace dos años preguntándonos si podía hacer un videoclip de una de las canciones de “Magic Chairs” en un sitio que había descubierto y del que había adjuntado unas fotografías en el correo. En ese momento no tenía mucho sentido hacer un videoclip porque es bastante complicado ir hasta ahí arriba, costaría mucho hacer tal cosa. Pero el lugar resonó en nuestras mentes.

Me asombré la primera vez que descubrí este sitio a través de la nota de prensa. Imagino que mucha gente se va a entusiasmar cuando un lugar tan hechizante. ¿Hay planes para un documental?

De hecho, sí los hay. Un documentalista vino con nosotros, estuvo con nosotros durante todo el viaje con la cámara filmándonos. En este mismo momento está preparando la película. Es, en cierto modo, nuestro primer documental si hablamos de documental real. La última película que hicimos, “An Island”, con Vincent Moon, era más un experimento, un proyecto de arte verdadero. Esto va a ser un poco distinto. Es sobre esta ciudad y sobre cómo la descubrimos. Es muy excitante. Lo estamos ajustando ahora mismo y esperamos que salga para finales de año.

¿Qué visteis ahí, qué sentisteis ahí, qué hicisteis aparte de recolectar sonidos?

Es un sitio especial en el que estar, especialmente para unos chicos de ciudad como nosotros. Estás en la naturaleza pura, ese sitio es completamente abrumador. Es tan alucinante de ver. Y entonces tienes este pequeño pueblo en el medio que fue abandonado hace trece años. Creo que lo que hicimos casi todo el tiempo fue cavilar sobre cómo alguien querría construir una ciudad ahí. No tiene demasiado sentido porque todo es extremadamente duro. Creo que la mejor manera de explicarlo es que no nacían niños en Spitsbergen, tenías que ir a Noruega, y tampoco podías ser enterrado ahí, así que no podías morir ahí, porque cuando pusieses el cadáver bajo tierra el hielo lo empujaría hacia arriba. Así que es realmente un sitio humano poco amigable en el que estar, pero al mismo tiempo extremadamente fascinante. Nos pasamos mucho tiempo andando por ahí, obviamente recolectando sonidos y actuando como niños en casas fantasma. También reflexionamos mucho sobre la vida.

¿Qué elementos de los que encontrasteis en Spitsbergen diríais que fueron los que más os sorprendieron que pudieseis darles un alma musical?

Encontramos para la canción de apertura, “Hollow Mountain”, un tanque lleno de agua que utilizamos para los primeros sonidos del tema. Tenía pinchos y cuando lo golpeabas con un palo tenía un sonido mágico. Al mismo tiempo, tenía un sonido de percusión, pero al estar lleno de agua también tenía un sonido acuático. Eso surgió de forma completamente inesperada. No podíamos planear demasiado lo que hacer. Sólo podíamos utilizar los oídos. Otra cosa chula que encontramos era un viejo y enorme tanque de gasolina de ocho metros de altura. Estos son algunos de los que más recuerdo. Hemos utilizado billones de sonidos, algunos de ellos son sólo sonidos y otros tienen un recuerdo pegado a ellos. Lo más fascinante de todo era trabajar con tu memoria del lugar. Fue un proceso muy interesante.

Vídeo

Teniendo en cuenta que recolectasteis tantos sonidos ahí, ¿estuvisteis más tiempo en el estudio que con otros álbumes?

Nos tomamos mucho tiempo pero “Parades” es el álbum en el que más tiempo estuvimos en el estudio, casi un año y medio. Esta vez era un gran álbum de estudio, así que nos pasamos nueve días ahí arriba y nueve meses en el estudio trabajando con el material.

¿Dirías que trabajar en el estudio fue tan estimulante como el propio viaje?

Bueno, cuando estás en un barco con chaquetones en el mar de camino a una ciudad fantasma en el norte claro que es excitante en un modo diferente a estar sentado en frente de un ordenador y tocando instrumentos. Pero creo que el proceso fue interesante de diferentes modos. Así que ir ahí arriba era para nosotros una manera completamente nueva de empezar un álbum, nunca habíamos hecho esto antes. Nunca habíamos tenido un álbum en el que podíamos echar la vista atrás y decir ‘de acuerdo, aquí no hay música y aquí es donde empezamos’. El proceso de grabación fue diferente porque utilizamos la memoria para volver ahí y buscar las fuentes de los sonidos.

Una vez estábamos en Berlín grabándolo tuvimos la oportunidad de trabajar con todos estos músicos increíbles con los que nunca habíamos colaborado. Earl Harvin, por ejemplo. Soy un gran fan de My Brightest Diamond y me excitó cuando me enteré de que vivía a unos pocos bloques de nuestro estudio, así que le preguntamos si quería tocar. Es un batería extraordinario. También Nils Frahm, un pianista realmente bueno, y Peter Broderick, que ha estado con nosotros durante un tiempo. Así que este proceso era más social en cierto modo y utilizamos nuestros amigos para que escuchasen el material. Pero viene de un lugar muy aislado que ha conseguido salir a la superficie. Eso se puede aplicar a muchas cosas. Líricamente, las palabras del disco no tienen que ver exactamente con el lugar pero vienen de ese pueblo fantasma, esa ciudad abandonada ahí. Al mismo tiempo, estaba atravesando una ruptura amorosa y cobró sentido de un modo extraño porque la ciudad se estableció como una suerte de monumento, una referencia de una relación rota. Una ciudad que está ahí, pero no hay gente ahí. En cambio, puedes visitarla. Tenía unas referencias y unas similitudes con lo que yo estaba atravesando. Eso era exactamente lo que esperábamos, que esta cosa fuese más que una ciudad, un desarrollo en la memoria, ¡si es que tiene algún sentido! [risas]

"Para nosotros es importante que nuestra música sea accesible porque queremos que la gente la escuche, que sea capaz de tener una opinión del disco"

Creo que es interesante que digas que es un álbum social ya que viene de un lugar aislado. ¿Cómo transmitisteis los sentimientos y emociones que vivisteis en Spitsbergen a Nils Frahm o Earl Harvin?

A todos ellos les invitamos al estudio y les tocamos sonidos de la isla, les enseñamos algunas fotos de ahí arriba y hablamos con ellos y les explicamos lo que estuvimos haciendo. Y creo que eso fue suficiente para que ellos se pudiesen involucrar porque cuando estás trabajando con estos increíbles músicos ves que se sienten realmente cómodos con lo que tocan y, en muchos sentidos, lo que les pedíamos es que o bien colaboraran o bien que hiciesen lo que les decíamos. Así que creo que la colaboración surgió más en un sentido musical. Cuando estábamos en el estudio grabando mirábamos el material como si no tuviese nada que ver con Spitsbergen, como si simplemente fuese magia. Siempre teníamos la idea de que no queríamos que necesariamente tuvieses la descripción antes de escuchar la música. En lugar de eso: escuchar la música, que te guste esa música, ver la descripción y que entonces todo cobre sentido porque hay una historia detrás. Lo hicimos mucho con los músicos, tratar de tocarles las canciones y probando si funcionaban sin información. Pero al mismo tiempo se lo explicábamos, claro.

Tendéis a utilizar múltiples capas en vuestro sonido. Y la voz parece ahora tomar la delantera, sonar más clara que antes. ¿Por qué decidisteis apostar por eso?

Esta vez, como decía antes, había un poco más de contenido en las letras. Había más palabras más sentidos, más significado de un modo abstracto. De muchas maneras cobró sentido establecer un cierto enfoque en la música que rodeaba las voces. Y probaba mucho a ver si conseguía cantar lo máximo posible yo mismo porque realmente quería que sonase solemne y solitario, como el propio sitio, es el sentimiento que tienes ahí, te sientes solo como ser humano. Todo esto tiene sentido con nuestra experiencia en la ciudad, tratando de mantenerlo sobrio, sin demasiados instrumentos y con la voz como guía.

Hay esta típica pregunta de escoger qué tres discos te llevarías a una isla desierta. Teniendo en cuenta que Spitsbergen, de hecho, lo es, si volvieses, ¿qué te llevarías?

Veamos…para Spitsbergen. Buena pregunta. [Piensa] Algo tipo Alva Noto encajaría bastante bien con el escenario, Alva Noto y Sakamoto. Ese rollo. Pero no te puedo decir exactamente qué disco.

¿Cómo conseguís encontrar un equilibrio entre la idea de accesibilidad en la música y forzar los límites, siempre tratar de trabajar en algo nuevo?

Uhhh, eso es… para nosotros es importante que cuando entregamos música a la gente sea accesible porque queremos que la gente la escuche, que sea capaz de tener una opinión del disco. Nos gusta la música pop, pero al mismo tiempo hemos conseguido encontrar nuestra manera de hacer las cosas. Normalmente cuando hacemos cosas no es necesariamente composición clásica. Utilizamos experimentos para crear canciones. Si simplemente nos sentásemos cada día en el piano y tratásemos de hacer canciones nos aburriríamos bastante. Lo que nos gusta hacer es, de algún modo, crear estos juegos. “Piramida” es un buen ejemplo. ‘Vayamos lejos, cojamos unos micros y empecemos un álbum’. Dice mucho de cómo trabajamos, necesitamos ponernos desafíos a nosotros mismos para crear música. Eso ha sido así durante mucho tiempo. Y creo, espero, que sea eso por lo que la música sale un poco diferente a otra música. Aún trabajamos duro para conseguir lo mismo, aún queremos hacer música que sea accesible y amigable.

La música está entrando lenta pero concienzudamente en el mundo de los museos. De hecho, vais a promocionar este álbum en el Metropolitan. ¿Cómo ves la música dentro del marco de los museos de un modo regular a medio o largo plazo?

Los museos son unas habitaciones interesantes. Nunca hemos tocado en uno antes. No sé cómo encajará y cómo funcionará. Creo que la sala de un museo es, a veces, difícil de llenar con música. Pero es bonito tener la oportunidad de hacer un concierto como éste. Para mí es bastante extraordinario porque no hay demasiados sitios que hagan cosas como ésta. Tenéis el Guggenheim aquí, que de vez en cuando tiene conciertos. También está bien porque las salas están llenas de inputs. ¡Pero tendré que hablar contigo la próxima vez para explicarte cómo fue! [risas]

¿Cómo conocisteis a Budgie y qué os motivó a trabajar juntos teniendo en cuenta que venís de mundos musicales bastante distintos?

No conocíamos a Budgie realmente. Conocíamos Siouxsie and the Banshees, pero no es que alguna vez nos entusiasmase. Fue un extraño efecto dominó. Le pedimos a Earl Harvin si podía hacer con nosotros este concierto orquestal en Sydney donde estrenábamos el álbum, pero Earl estaba ocupado con Tindersticks y nos presentó a otra persona, el batería de Iggy Pop, que también vive en Berlín. Hablamos con él y estaba muy dispuesto. Pero de repente se puso enfermo, pero conocía a un tipo que accedería y ése era Budgie. Fue todo muy de improviso, ni siquiera sabíamos que vivía en Berlín. Entonces estuvimos tres semanas con él, básicamente para conocerle. Es un ser humano alucinante, un músico y una persona realmente increíble. Fue muy interesante colaborar con él porque nunca habríamos imaginado pedir a Budgie tocar con Efterklang. Antes de conocerle no hubiese sido necesariamente una opción. Pero surgió de la nada y trajo algo completamente nuevo al sonido, un enfoque en la música que nunca habíamos tenido antes. Ha sido maravilloso.

Conforme avanza vuestra carrera habéis tocado con más y más músicos. ¿Os veis tocando como trío aunque eso implique reducir las partes orquestales?

Creo que en este nuevo álbum estamos explorando la idea de condensar sonidos. Cuando fuimos a Spitsbergen queríamos volver y hacer una música en la que pudieses escuchar los sonidos de ese lugar. Eso significa que tuvimos que acortar muchas partes orquestales. Aún así, cuando escuchas “Piramida”, hay partes orquestales, pero tal y como yo lo veo, y, ya sabes, esto puede cambiar, lo que buscábamos era condensar nuestro sonido, cortarlo y dejarlo con menos elementos y tratar de encontrar el núcleo de la música.

Difícilmente me puedo imaginar un proyecto musical más ambicioso que tocar en la Sydney Opera House con decenas de músicos, pero hace años ya tocasteis “Parades” con la Danish National Chamber Orchestra. Así que quizá vosotros sí que podéis imaginar alguno. ¿Algún gran plan a la vista?

[Risas] Quizá hacer la música para el primer ser humano en Marte, algo así. Eso sería aún más grande. No, creo que tienes razón, para un músico estar en la Sydney Opera House es una experiencia extraordinaria. Fue un danés, Jørn Utzon, quien la construyó, así que oímos hablar de ella y de su arquitectura desde que éramos niños, así que simplemente estar ahí… ¡ya puedes imaginarte cómo se sintieron nuestros padres! Ese es el logro del que estamos hablando. Teníamos una orquesta brillante y fue alucinante porque era la primera vez que tocábamos este material. Había bastantes cosas a la vez, en cierto modo fue como un sueño. Pero estoy seguro que en el futuro llegarán muchas más cosas y nuevos, sorprendentes y épicos lugares y cosas que hacer con nuestra música.

"Algunas bandas ven un potencial a la hora de trabajar con orquestas, otras lo encuentran completamente irritante"

No estoy seguro si tocasteis el álbum una vez completa o mientras lo terminabais.

Estábamos muy cerca de completarlo, pero cuando fuimos a Sydney le dimos la música al mezclador, así que había este tipo sentado y mezclando la música mientras nosotros estábamos en Australia y, de hecho, en el concierto tocamos en un orden ligeramente distinto al del álbum porque tuvimos que cambiar algunas cosas al final cuando volvimos. Así que estaba en el proceso, pero ya hacia el final, o digamos que la música estaba ahí pero aún quedaban unos cabos sueltos en cuestión del tracklist.

¿Cómo influenció esta actuación al sonido final del álbum?

Todo este álbum ha sido un viaje extraño. Empezamos en Spitsbergen y volvimos en septiembre y creo que en octubre recibimos la invitación de la Sydney Opera House. Nos preguntaron si queríamos colaborar con ellos y nos dieron carta blanca para hacer el proyecto que quisiésemos. Al principio no tenía mucho sentido porque nos dijimos a nosotros mismos que queríamos tener tiempo para preparar el álbum. Pero luego nos dimos cuenta de que no podíamos rechazar tocar ahí. Así que les preguntamos si podíamos tocar el nuevo álbum con orquesta. Esto significa que en octubre teníamos dos proyectos, el álbum y el álbum con orquesta. Tratamos de combinarlos durante el proceso y eso fue bastante interesante porque nos podíamos permitir hacer cosas con la orquesta que no haríamos en el álbum. La idea era mantener el álbum bastante sobrio, y luego con la orquesta hacerlo grande. A mitad de camino, como en enero o febrero, invitamos a estos arreglistas clásicos para que cogiesen las canciones que aún no habíamos terminado pero que la composición ya estaba lista y tuvimos que grabar muchas cosas. Les dimos esos bocetos y empezaron a ir en una dirección y nosotros empezamos a completar el álbum. Luego nos encontramos al final del camino y nos dieron los arreglos. Eso estuvo muy bien porque recibimos un input completamente distinto. Creo que conseguimos mantener nuestras cabezas frías y seguir con el álbum tal y como habíamos planeado y luego ellos se dedicaron a los arreglos. Lo sentimos como dos cosas diferentes.

"Jugamos mucho con la nostalgia, la memoria y la idea de echar la mirada atrás"

Septiembre ha sido un gran mes para los entusiastas del pop orquestal, con el lanzamiento de vuestro álbum y Grizzly Bear. ¿Qué crees que hace tan atractivo a este género y por qué cada vez más bandas utilizan estos sonidos?

Creo que esta generación de músicos que hay ahora en 2012 tiene muchas herramientas en sus manos. Crecimos haciendo música y pudiendo hacer prácticamente todo lo que queríamos. Hay muchas posibilidades a la hora de hacer música y creo que toda esta idea de explorar hace que éste sea un tiempo en el que la gente tiende a hacer estos proyectos orquestales en los que invitas a muchos instrumentos distintos. Además hay esta simpatía por parte del mundo clásico a la hora de invitar bandas rock. Tienes toda la escena canadiense con Arcade Fire o Godspeed You! Black Emperor, también Sigur Rós, a principios del milenio que empezaron a utilizar esta idea de hacer sonidos épicos en los que combinabas lo rock con lo clásico. En ese campo, en esta tierra que hemos crecido, hay una idea de que no hay barreras. Quieres ese sonido, simplemente vas y lo haces. No hay nada que te retenga. Creo que sería imposible para nosotros tocar en la Sydney Opera House hace veinte años, pero hoy hay un montón de distintos festivales y productores por todo el mundo que están bastante abiertos a hacer colaboraciones porque el mundo clásico ve que tiene sentido colaborar con bandas. Hay algunas bandas que ven un potencial a la hora de trabajar con orquestas, otras lo encuentran completamente irritante.

Hay mucha nostalgia y emociones fluyendo por vuestra música, así que supongo que fue para vosotros una experiencia muy poderosa regresar a la isla donde crecisteis para la película “An Island”. ¿Fue así?

Fue una experiencia fantástica. Todo fue muy rápido cuando estábamos ahí. Teníamos tres días y simplemente fuimos de un sitio a otro, fue como un viaje por los senderos de la memoria, ¡pero con un tipo francés loco! [risas] Creo que Vincent Moon es un tipo alucinante con el que trabajar. Ha llevado incluso lo más normal a un nivel completamente nuevo. Puso muchas ideas sobre la mesa. Fuimos atrás en el tiempo a todos estos sitios y eso fue, por supuesto, una experiencia potente, y además había esta fuerza que nos empujaba a ir aún más lejos de lo que pretendíamos.

Pero jugamos mucho con la nostalgia, la memoria y la idea de echar la mirada atrás. Nos gusta que nuestra música sea reflexiva, quiero que sea un sitio en el que la gente pueda reflexionar sobre las cosas, esa es la atmósfera que queríamos crear. Estamos construyendo una casa en la que la gente pueda entrar y reflexionar un poco sobre algo.

¿Cómo fue todo el proceso creativo? ¿Estaba Vincent Moon al mando de toda la parte de rodaje o fue un esfuerzo colectivo?

Hablamos con él de todas estas localizaciones en la isla. Éramos como guías turísticos. Dijimos, ‘hay este colegio al que queremos ir, este bosque, ir a casa de nuestros padres y hacer una barbacoa con ellos…’. Así que organizamos todas estas cosas y luego le dijimos a Vincent Moon que así es cómo iba a funcionar. Por supuesto nos pasábamos ideas de un lado a otro. Y luego tuvimos la idea de cómo rodarlo. Especialmente en lo que es bueno es en capturar a la gente en el momento exacto, porque nosotros de lo que teníamos miedo es que no nos veíamos a nosotros mismo en una película. Es bueno poniendo a la gente en el límite, hacerles hacer cosas que nunca harían.

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