Entrevistas

Downliners Sekt

El equilibrio inestable

Downliners Sekt

Por Luis M. Rguez

Si a estas alturas nos diera por hacer recuento de las más interesantes sorpresas que nos deparó la temporada 2010 en materia electrónica, habría que citar sin falta a Downliners Sekt. En el espacio de un año y a lo largo de dos discos entendidos como partes de una misma trilogía, este dúo sin cara con base de operaciones en Barcelona ha ido delineando las coordenadas de un universo sonoro que les sitúa a la cabeza de la más aventurera bass music global. Lejos quedan sus primeros trabajos, más apegados a la electrónica de dormitorio de genoma IDM, al post-rock paisajista o a las rítmicas de aquello que luego se conoció como dubstep. “Hello Lonely, Hold The Nation” significó un gran paso adelante para el que ya no hay marcha atrás. Las referencias sobre las que se asienta el proyecto de Downliner Sekt son múltiples (entre los pliegues de su bass music lenta, texturada y crepitante uno puede ver rastros de post-dubstep de ascendiente “burialista”, del future garage más fracturado y más soulful, del modern urban dub de ~scape, el dub digital de Rhythm & Sound o el techno acuoso y granulado de los primeros Porter Ricks, entre otras muchas cosas), pero el resultado de sus exploraciones en materia de ritmo y textura es altamente personal, extraño y adictivo.

En vísperas de la públicación de la tercera parte de su trilogía ( Meet The Decline , en la calle vía Disboot en cuestión de pocos días), y de su paso por los festivales L.E.V . y Sónar, Downliners Sekt han liberado unos minutos de su tiempo para responder a nuestras preguntas. Ellos mismos nos cuentan su historia.

Aunque tengáis una presencia amplia en la red y vosotros mismos os ocupéis de difundir vuestra música y de explicar vuestra visión con detalle a través de vuestra propia web, existe poca información al respecto de Downliners Sekt como entidad con rasgos físicos. ¿A qué responde ese deseo de mantener el anonimato? ¿Qué queréis ocultar o qué queréis potenciar con ese enigma que rodea al proyecto?

Toda esta desinformación viene del principio de nuestra historia como grupo. Eran días en los que había más gente involucrada y era un tanto complicado incluir todos los matices y banderas en un par de líneas redactadas para una nota de prensa. Optamos por guardar un cierto misterio porque siempre hemos pensado que este tipo de información es prescindible, ya que tiende a crear ciertos juicios apriorísticos que pueden llegar a influenciar la percepción de la música por parte del oyente. De todos modos, este anonimato no es algo a lo que nos queramos agarrar a toda costa. Igual para acabar con ciertos malentendidos un poco absurdos que se están creando, cualquier día de estos lo aclaramos todo.

¿Cómo y dónde os conocéis y cuándo y por qué empezáis a hacer música juntos?

Todo empieza simultáneamente en Londres y Barcelona hace ya más de diez años, en un momento en el que la posibilidad de hacer música con un ordenador y tener un “home studio” digno es por primera vez factible desde un punto de vista económico. Al mismo tiempo, internet emerge como la herramienta perfecta tanto para el aprendizaje y el desarrollo técnico, como para poder comunicar y acceder a todo tipo de materiales. Todos teníamos un origen común; veníamos de pequeñas ciudades periféricas, de las mismas escenas musicales. Al encontrarnos separados de nuestros entornos y relocalizados viviendo en nuevas ciudades, surge esa necesidad de explorar nuevos caminos, sonidos que van ligados a esos nuevos decorados a los que acabamos de llegar.

Y a día de hoy, ¿dónde existe Downliners Sekt en el plano físico?

A día de hoy, y desde hace un par de años, estamos más o menos basados en Barcelona. En cualquier caso, nada es muy definitivo.

En vuestra biografía se hace referencia a la gestación del grupo como fusión de vuestros respectivos proyectos individuales. Habláis de crecer lentamente, al margen de presiones y presupuestos, de escenas y de géneros. También mencionáis varias malas experiencias con la industria discográfica. Da la sensación de que, desde muy pronto, hayáis venido viendo en la industria del disco un enemigo a vuestra libertad y a vuestras posibilidades de desarrollo. ¿Es así?

Hemos pasado mucho tiempo involucrados, juntos o por separado, y de manera total o tangencial, en multitud de proyectos distintos. Tenemos experiencias con majors y con sellos independientes de distintas envergaduras y en distintos países. Fuimos educados musicalmente en una época en la que había un modelo único, y la llegada de Downliners Sekt a ese mundo se produjo exactamente en el preciso momento en el que el antiguo modelo de negocio explotó y pasó a mejor vida. Nuestro primer disco se completó en 2004. Justo al entregarlo al sello, éste se declaraba en suspensión de pagos y nos dejaba tirados con un montón de deudas que habíamos acumulado durante la producción y la grabación. Lo que sacamos en claro es que la industria musical que conocíamos había desaparecido de un día para otro, dejándonos en un limbo en el que aún creemos estar. Entrábamos en un periodo de tiempo en el que nadie ve muy claro qué modelo de negocio se ha de seguir, una época en la que conviven y malviven distintas fórmulas a cada cual peor para el artista.

Y dado el panorama, mejor recurrir al hazlo tú mismo.

Nos dimos cuenta de que no necesitábamos ayuda externa ni intermediarios para hacer llegar nuestra música a la gente. Conseguimos transformar todo lo que nos pasó en algo positivo y casi creímos ver frente a nosotros un futuro mejor para nuestro tipo de propuestas. Con el tiempo te das cuenta de que nada ha cambiado mucho en realidad, y si ya antes era muy difícil poder vivir de esto, ahora es prácticamente imposible.

En el pasado hemos sostenido discursos un poco más radicales acerca de la industria musical y nos hemos interesado mucho acerca de la situación y evolución de toda la historia, pero la verdad es que han ido pasando los años y nos hemos ido distanciando del debate. Casi que ya nos da igual cómo se compre, venda o distribuya la música. También lo que pasa es que, de un tiempo a esta parte, han ido surgiendo nuevos sellos, aparecidos ya después del “apocalipsis”, que ya no nacen tan viciados y aplican otro tipo de ética mas acordes con los tiempos que corren. Este tipo de nuevas estructuras son las que nos han devuelto un poco la fe perdida. Al final, a nosotros, hacer canciones y llegar a la gente es lo que nos mueve y lo que nos motiva y esto es lo que vamos a intentar seguir haciendo mientras se pueda.

En vuestro caso, la libre distribución de vuestra obra se ha probado una buena vía para daros a conocer, ¿cierto? En este mismo sentido, ¿no creéis que la sobreabundancia de música gratuita con fines promocionales en la red empieza a ser un problema?

Sí, en nuestro caso en un principio nos funcionó, pero ahora la opción “free download” como manera de darse a conocer y conseguir bolos ya no funciona; simplemente porque todo el mundo lo hace. Citando un artículo reciente de Stefan Goldmann, da la sensación de que, actualmente, en el mundo hay varios millones de artistas intentando llegar a un público de doscientas personas.

Estamos un poco cansados de hablar de esto. Se ha debatido largo y tendido sobre el tema en todos lados, la cuestión sigue de actualidad y se sigue sin tener una clara idea de cómo va acabar asentándose todo. No podemos esperar a que se aclare la situación, no somos políticos ni economistas, nosotros somos músicos y necesitamos producir música, se distribuya como se distribuya, se pague o se descargue, se regale o se robe. La industria sigue en ese purgatorio en el que entró hará unos siete u ocho años; una transición de un viejo modelo hacia uno o varios modelos aún en génesis y experimentación. Nadie sabe a ciencia cierta si una propuesta como la nuestra va a poder volver a ganar un mínimo de dinero creando y distribuyendo música.

De momento, todos vuestros discos se pueden conseguir de forma gratuita a través de vuestra web.

Actualmente seguimos regalando nuestros archivos digitales un poco por inercia, porque siempre lo habíamos hecho y porque Disboot, que es el sello que ha editado en vinilo nuestros últimos trabajos, nunca ha estado en contra de esta idea, al considerar que vinilo y mp3 son cosas completamente distintas y compatibles. Si en el futuro firmamos con otro sello que no vea con buenos ojos esta política que hemos venido aplicando, no tendríamos problema en dejar de regalar los mp3 siempre que el hecho de publicar en ese otro eventual sello nos proporcionara otras ventajas a cambio. No somos talibanes en este sentido y entendemos perfectamente las diferentes maneras de funcionar que puede escoger cada editor. Si para acceder a estructuras más potentes tuviéramos que modificar esta manera de funcionar, lo haríamos.

¿Cómo surge vuestra relación con Disboot? Desde fuera se diría que la edición física de vuestra trilogía ha ayudado a que se os haga más caso o se os tome aún más en serio en según que ámbitos o canales.

La edición física ha ayudado clarísimamente en eso que comentas. Nosotros habíamos publicado ya un primer vinilo en 2004 como antesala a “Statement Of Purpose”, y tras “The Saltire Wave” queríamos volver a publicar algo en este formato. Disboot es el sello de una de las primeras personas que en la época de nuestras primeras demos ya hablaban de montar una estructura para editar nuestro material. Para nosotros es muy importante conocer la ética y el background de la gente con la que vamos a colaborar.

¿Entendéis que a estas alturas se siga haciendo distinción, tanto en los medios como en el propio mercado, entre lo que existe en formato físico y lo que no?

Es normal y necesaria esta distinción que se hace entre lo físico y el lanzamiento en mp3. Es un filtro que convierte en finito y contable una superproduccion casi infinita. El daño colateral de esta frontera que crea la edición física es que, entre la marea de “net releases”, hay obviamente alguna perla que se queda ahí sin descubrir o que logra mucha menos repercusión de la que se merecería. Sinceramente, está muy bien que todo el mundo haga sus discos con sus ordenadores y los publiquen ellos mismos en internet, pero hay muchísima mediocridad por ahí suelta. Es normal que este exceso de producción tire para atrás a la crítica e incluso al público en general. Hay que ser un auténtico explorador para encontrar la joya entre tanta medianía. La edición física, al menos teóricamente, otorga un cierto certificado de calidad a la obra y reduce de forma drástica el número de referencias a controlar.

A nivel más personal, lo que está claro es que ver tus discos aparecer como “single of the week” en Boomkat, o que un amigo te envíe una foto de tu 12” tomada en una tienda de discos en Tokio, o simplemente recibir un test pressing y poner la aguja por primera vez en unos surcos que llevan tu música grabada son sensaciones que nunca podrán ser igualadas por miles y miles de downloads que puedan tener tus canciones. Es algo muy bonito y por mucho que internet y los mp3 hayan sido claves en nuestra trayectoria, lo saboreamos y apreciamos de una manera especial.

El vuestro es un caso de desarrollo bastante atípico. Después de explorar las posibilidades de la electrónica de genoma IDM y las rítmicas del dubstep (o el proto-dubstep), vuestro segundo trabajo estaba más escorado hacia una suerte de rock instrumental de tendencias paisajistas. ¿Cómo se van produciendo esos cambios en el seno de la banda?

Quizás lo que ocurre al analizar toda nuestra producción en conjunto es que hay un disco que muy a primera vista pueda parecer que no tiene mucho que ver con los otros. Este disco es “The Saltire Wave”, una obra que se diferencia del resto por la gran presencia de instrumentos clásicos del rock. Simplemente ocurrió que, tras mucho tiempo viviendo todos en diferentes ciudades, y tras la sobredosis de ordenadores, internet y samples que fue nuestro primer disco y las correspondientes ramificaciones en forma de versiones, remezclas y colaboraciones que se pueden escuchar en “Still Engine”, tuvimos la posibilidad de alquilar durante casi un año un estudio/sala de ensayo en París. Nos apeteció aprovechar el material que había por allí desperdigado, material que pertenecía a funcionarios de la música que alquilaban locales colindantes y que se ganaban muy bien la vida completando encargos para publicidad y cosas por el estilo. Cuando ellos volvían a casa por la noche solíamos entrar en sus estudios a robarles sus lujosos amplis e instrumentos por unas horas. Siempre hemos funcionado un poco de esta manera, usando lo que tenemos a nuestro alrededor. “The Saltire Wave” es un disco que nos apetecía mucho hacer en ese momento y es un tipo de sonido que nos hubiese encantado seguir explorando, igual que nos encantaría hacer un día un álbum de folk psicodélico o de hip hop, o incluso de garage punk, por poner algún ejemplo. De hecho, si pudiéramos dedicar el cien por cien de nuestro tiempo a producir música, probablemente nuestro desarrollo sería aun más atípico.

En vuestra música hay rasgos de tantas estéticas distintas, que el conjunto se resiste a una catalogación única. ¿Os incomoda cuando la gente se refiere a vuestra música usando etiquetas limitativas como post-rock o dubstep?

Un poco sí que nos incomoda. En el caso del dubstep, nos hubiera encantado que se nos etiquetara como artistas dubstep en 2004 cuando algunos de nuestros temas eran dubstep puro y duro ( “Benz” o “Rewrite Your Memory” de nuestro primer disco, por ejemplo). Nos hubiese encantado, ya que por aquel entonces la etiqueta no existía y poca gente hacía este tipo de música. A nosotros, en 2004, la gente nos miraba con cara rara y no nos conocía ni dios, pero los temas ahí están para probar que no íbamos para nada desencaminados en nuestros propósitos. En todo caso ahora no hacemos dubstep y esta etiqueta nos parece muy reduccionista. Lo mismo pasa con la etiqueta “post-rock” que se ha utilizado mucho para describir “The Saltire Wave”. Entendemos que una escucha ligera puede hacer pensar en los clásicos de este estilo, pero creemos que en él se esconden muchísimos más matices.

¿Los distintos enfoques de cada capítulo de vuestra obra, los pasos a dar a nivel de estilo, responden a un plan meditado, o Dowliners Sekt funciona de una manera más espontánea e intuitiva?

Siempre hemos hecho lo que nos ha venido en gana, o como decíamos, lo que nos han permitido hacer las circunstancias del momento. Lo que está claro es que la maquina nunca reposa. Ya sea individualmente o en grupo, siempre se desarrollan nuevos caminos, por curiosidad, por el placer de experimentar y por el aburrimiento que te provocan las fórmulas y repeticiones en las que todo el mundo parece caer. Sí que es verdad que la repercusión que están teniendo nuestras publicaciones recientes nos hace ser un poco mas reflexivos a la hora de calcular los pasos a dar, y quizás no nos estemos desmarcando tanto como seguramente hubiéramos hecho si durante esta trilogía de 12”s no hubiésemos salido un poco del más profundo de los undergrounds.

A la hora de calcular esos pasos, ¿hay una voz cantante, existe algo parecido a la figura de un líder en Downliners Sekt, o las decisiones se toman siempre de manera compartida?

No, no hay ningún tipo de líder. Actualmente, al haberse reducido la formación a dos únicas personas que además viven en la misma ciudad, podemos trabajar mucho tiempo juntos en el estudio, al contrario de lo que hicimos durante muchas épocas en el pasado, en las que vivíamos todos desperdigados en diferentes continentes e internet era nuestro único canal de comunicación. De todas formas hay mucho trabajo de pre-producción que hacemos un poco cada uno por su lado, de manera individual. Un trabajo de búsqueda de texturas, sonidos, primeras ideas, pequeños loops que son los que luego facilitan la producción y el desarrollo de los temas cuando nos juntamos.

Para Downliners Sekt es importante mantener el control total de su obra. Vosotros mismos os encargáis de grabar, mezclar, masterizar y elegir la mejor manera de distribuir vuestra música. ¿Alguna vez habéis pensado en poner vuestro trabajo en manos de alguna persona externa?

En esta última serie de vinilos hemos tenido que recurrir a un mastering externo al grupo. La fabricación de vinilo requiere una técnica de retoque final que nosotros no controlamos. Es el único proceso en el que dejamos intervenir a agentes externos, y aún así los procesos de mastering han sido siempre presenciales y muy guiados por nuestras directrices. Tenemos un sonido muy peculiar y no siempre es fácil que la persona que va a hacer los últimos retoques entienda perfectamente qué queremos conseguir.

Si pudieseis elegir de cara a futuros lanzamientos, ¿dónde o con quién os gustaría masterizar vuestro material y por qué?

Nos hubiese encantado haber tenido la posibilidad de probar distintos estudios e ingenieros de mastering, para poder tener más opciones a la hora de escoger. A nivel presupuestario no nos lo hemos podido permitir, pero hubiese sido genial volver a The Exchange en Londres o Dubplates & Mastering en Berlín. Los primeros por sus míticos tratamientos en los singles clásicos del hardstep drum’n’bass de finales de los 90, y los segundos por todos los discos de Basic Channel, Rhythm & Sound, Burial Mix, etc.

Vamos con la trilogía. ¿Cómo y cuándo (en qué espacio de tiempo) surge la música contenida en los tres EPs? ¿Todo el material estaba ya completado previamente a la salida de “Hello Lonely, Hold The Nation”, o se ha ido completando en estos últimos meses?

Esta trilogía es más o menos fruto de un trabajo de dos años. Tras “The Saltire Wave” hubo un periodo de un año de total distanciamiento en el que el grupo casi dejó de existir. Aunque parezca una tontería, hubo también que gestionar un cambio de herramientas. Pasamos del PC al Mac, y eso nos obligó a regenerar completamente el banco de sonidos que veníamos utilizando desde los inicios. Ahí empezó un trabajo muy grande de abrir ventanas para que circulara el aire, una búsqueda de nuevas maneras de trabajar, mucho sampling, mucha experimentación con formatos nuevos, nuevos efectos, nuevos controladores que cambiaron un poco nuestra manera de trabajar y secuenciar. “Hello Lonely, Hold The Nation” fue el primer fruto de esta época, y luego los siguientes EPs han sido compuestos durante los meses siguientes, siempre usando esa nueva base de sonidos y texturas y esa nueva metodología de trabajo.

¿Por qué editar la cosa en tres partes y no en formato álbum?

Fue un poco por la necesidad que teníamos nosotros de sacar algo rápidamente tras tanto tiempo de silencio. Por la manera que tenemos de trabajar, nos era imposible completar un álbum en poco tiempo, por lo que optamos por esta fórmula de ir sacando canciones de cuatro en cuatro. A Disboot, por temas presupuestarios, también les encajaba la idea. Al final esta táctica se ha revelado como un gran acierto a nivel promocional, ya que hemos ido consiguiendo un aumento paulatino de atención de público y crítica a medida que la trilogía iba avanzando. En el fondo hemos tenido tres veces mas exposición de la que hubiésemos tenido con un solo release. El formato álbum sigue siendo nuestro preferido, pero estamos empezando a pensar que para una propuesta como la nuestra, tan independiente y con tan poco apoyo externo, preparar un álbum y estar más de un año sin sacar nada nuevo es casi como desaparecer para tener luego que volver a empezar de nuevo. Con el constante flujo de producciones que salen día tras día, las nuevas propuestas reciben una atención por parte de la prensa y público cada vez menos duradera. La onda expansiva del impacto mediático es cada vez mas corta. El grupo del momento es solamente el grupo del momento de hoy; mañana habrá otro que cogerá esa plaza.

¿Hay intención de reeditar las tres partes recopiladas en formato álbum? ¿Un nuevo envoltorio que reúna los tres vinilos en forma de set, quizás?

Quizás... Esto la verdad es que sería más una pregunta para Disboot, pero tampoco le vemos mucho interés a este tipo de cosas. Vemos esta trilogía más como tres distintas historias que han ocurrido durante un año y no tanto como un álbum, aunque sí es verdad que la sonoridad global es suficientemente compacta para que pudiera funcionar como tal.

Si tuvierais que describir en un par de líneas los rasgos de personalidad de cada una de las partes, ¿cómo los describirías?

Hace poco nos alegramos al leer la reseña que hacen en la página del Sónar acerca de nuestro sonido por un detalle: son de los pocos que han detectado la huella de la serie de singles “Burial Mix” de Rhythm & Sound. A nivel textural, “Hello Lonely, Hold The Nation” es una evolución de ese sonido, aunque la cara B quizás tire mas hacia un sonido UK y haga de enlace con el segundo episodio, “We Make Hits, Not The Public”, que es un poco nuestra visión, o casi mejor decir, nuestro recuerdo del dancefloor. Una visión un tanto enfocada a las horas frontera, al momento en que las luces ya se van encendiendo y toca desfilar para casa y ya no todo es tan bonito como era unas horas antes. Es un EP totalmente crepuscular, que arrastra una gran carga de fatiga inducida.

Finalmente “Meet The Decline” es casi casi un EP de blues, de bossanova, de tristeza, extrema melancolía, desengaño y vértigo. Tiene un toque más desnudo y más intimista. Hay temas que suenan casi inacabados. La verdad es que tenemos dudas sobre cómo va a a ser acogido. Creemos que es el más inaccesible de los tres a primera vista, aunque luego suele suceder que tú tienes una visión y el público te sorprende con otra totalmente diferente.

Editasteis los discos según fue surgiendo el material. Pero ahora, vistos de manera retrospectiva, ¿estáis satisfechos con el orden y las dinámicas que generan las tres partes de la trilogía consideradas en su conjunto?

Hemos ido haciendo un poco lo que nos apetecía o lo que nos ha salido en cada momento. Durante este último año también nos han tocado vivir situaciones personales realmente muy duras, y, evidentemente, esto ha influido una barbaridad en cada paso que hemos ido tomando. Nuestra música es muy emocional y lo que vivimos creemos que se refleja en lo que producimos. En este sentido, “Meet The Decline”, que está a punto de ver la luz, puede llegar a descolocar si lo que se espera de él es una clara continuación de “We Make Hits, Not The Public”.

¿Qué importancia le dais a las voces? ¿De dónde salen los materiales vocales que usáis en vuestros temas?

Hay un poco de todo. Algunas voces vienen de a capellas directamente sampleadas y otras voces son propias. A todas les aplicamos el mismo tipo de tratamiento. “We Make Hits, Not The Public”, por ejemplo, es un EP que viene muy marcado por el trabajo que realizamos para el mix exclusivo que nos propuso Mary Anne Hobbs en su programa para la BBC Radio 1. Sucedió que al haber ella apoyado mucho nuestro “Negative Green”, eso nos llevó a desarrollar versiones y variaciones sobre ese mismo tema y a usar más voces sampleadas. En “Meet The Decline” el enfoque es muy distinto; las voces son más un hilo conductor y han sido escritas más como en una canción clásica. Hay más una voluntad de hacer canciones que de hacer “tracks”, por decirlo de alguna manera.

¿Y los instrumentos acústicos? Aunque cada vez tendáis más hacia un entorno de creación digital, ¿consideráis importante vuestro pasado en bandas no electrónicas como un elemento a favor a la hora de dotar a vuestro trabajo electrónico de una dimensión más orgánica?

Nuestro pasado (o presente) como instrumentistas es un aspecto que creemos que nos diferencia de muchos otros productores de música electrónica. Aun trabajando con ordenadores, en nuestro caso siempre existe la voluntad de nunca dejar que el ordenador sea el que decida tu sonido o que el secuenciador sea el que decida tu secuencia rítmica. Esto es una norma no escrita que vigilamos cumplir de manera obsesiva. Esa organicidad de la que hablas es evidente en temas en los que se han usado instrumentos como guitarras acústicas o ciertas voces o percusiones, pero también creemos que se llega a percibir en los temas estrictamente electrónicos, precisamente por ese control sobre la máquina y el trabajo de pre-producción y selección del material a samplear y a utilizar.

Aunque no creo que os consideréis un proyecto enraizado en Barcelona (o no sólo), me gustaría preguntaros por vuestra relación con la ciudad y su escena.

Nuestra relación con Barcelona es la típica relación de amor y odio que siempre hemos tenido con las ciudades en las que hemos pasado durante estos últimos años. Londres, París, Glasgow, Montreal, en todos lados hay cosas positivas y negativas para tu vida personal y para el desarrollo de un proyecto como el nuestro. Actualmente Barcelona nos ofrece un sello que ha decidido apostar por editar nuestros últimos trabajos, y esto ya es un punto muy a favor. Lamentablemente, la escena es minúscula, los sellos y estructuras son muy pequeños y no tienen más objetivo que el de ir sobreviviendo tratando de perder el mínimo de dinero posible. Tenemos buena relación con los demás artistas de Disboot, en especial con Suckafish P Jones o Ilia Mayer; también con Abel y Niño de Galleta Records. Hace poco conocimos a la gente de Hivern, que nos han propuesto una cosilla que nos apetece mucho hacer. Luego anda por ahí Guillamino, que es un tío único, un amiguete muy sabio con el que quedar y filosofar acerca de esto y de lo otro.

En los próximos meses estaréis presentando vuestra música en L.E.V. y Sónar, posiblemente los dos festivales más importantes de este país en materia de músicas electrónicas y experimentación audiovisual. ¿Qué relación tenéis con estos dos festivales en el plano emocional?

Llevamos relativamente poco tiempo instalados por aquí. En el LEV nunca hemos estado pero el año pasado ya nos llamó mucho la atención su programación. Por ejemplo, apostaron por gente como James Blake o Mount Kimbie antes de que pegaran el despegue vertiginoso que han protagonizado últimamente. Hay muchas ganas de ir, el contacto con los organizadores ha sido excelente y hay un toque como de pequeña familia que se respira en el aire; eso hace que quieras devolver todo este cariño que nos están dando. La relación emocional con el Sónar es otra cosa. Ha sido un largo y duro camino que se va a completar en junio, por fin, cuando nos subamos a su escenario. Un camino que empezó en ese 1997 de descubrimiento de un nuevo mundo y nuevas sensaciones; ese inolvidable año con Daft Punk y la salida del sol en la Mar Bella con Laurent Garnier pinchando “Coloured City”.

¿Cómo vais a enfocar vuestros sets en L.E.V. y Sónar?

En el LEV tocamos en el Jardín Botánico al mediodía, con lo que igual tiramos hacia un terreno un poco más reposado. De todos modos, nuestro set siempre se va regenerando con el tiempo y es bastante flexible. Vamos a ver cómo responde el público. Para el Sónar aún falta, o sea que es posible que para entonces tengamos nuevas cosas que mostrar. Ya veremos.

¿Y después de la trilogía qué? ¿Hay planes de edición a la vista?

Después de la trilogía hay una gran incógnita. No sabemos lo que va a pasar. Hemos llegado al punto más lejano al que podíamos llevar este proyecto por nosotros mismos. Disboot nos ha echado un cable con ciertos aspectos pero básicamente todo lo que veis es fruto del trabajo incansable de la banda en todos los aspectos. El nivel de implicación y la multifuncionalidad que nos hemos visto obligados a desarrollar para poder llevar adelante, dar a conocer y mantener este proyecto, es imposible de compaginar con una vida personal sana y con la, por el momento inevitable, vida laboral fuera del mundo de la música. Para poder seguir a este ritmo, necesitamos imperiosamente una estructura más grande que nos pueda permitir dedicar unos años casi exclusivamente a esto.

A nivel mental también hemos acabado un poco exhaustos tras este último año y medio en el que ademas de la trilogía hemos entregado dos mixes exclusivos con cien por cien de material propio e inédito para Mary Anne Hobbs y Rob Booth’s Electronic Explorations. Muy seguramente, los próximos meses los dedicaremos a trabajar en proyectos que demanden un poco menos de implicación emocional. Algunas mixtapes, algún remix para tratar de divertirse un poco. Luego, ya veremos.

Downliners Sekt actúan el sábado 30 de abril en el festival LEV de Gijón, a las 13.45h., en el Jardín Botánico de la ciudad. Entradas a la venta aquí.

Downliners Sekt - Negative Green

Downliners Sekt - From Under Spinning Lights Su trilogía de maxis en el sello Disboot, a punto de concluirse con “Meet The Decline”, sitúa a Dowliners Sekt a la cabeza de las actuales propuestas electrónicas de vanguardia con pizcas de rock, dubstep e IDM. Antes de su directo en el LEV de Gijón, hablamos con ellos.

Fotografía de Fric Lopez.

Downliners Sekt Hello Lonely, Hold The Nation Crítica: '' Hello Lonely, Hold The Nation''

We Make Hits, Not The Public Crítica: '' We Make Hits, Not The Public''

"Optamos por guardar un cierto misterio porque siempre hemos pensado que este tipo de información es prescindible, ya que tiende a crear ciertos juicios apriorísticos que pueden llegar a influenciar la percepción de la música por parte del oyente"

"Estamos en un periodo de tiempo en el que nadie ve muy claro qué modelo de negocio se ha de seguir, una época en la que conviven y malviven distintas fórmulas a cada cual peor para el artista"

"La industria sigue en ese purgatorio en el que entró hará unos siete u ocho años; una transición de un viejo modelo hacia uno o varios modelos aún en génesis y experimentación. Nadie sabe a ciencia cierta si una propuesta como la nuestra va a poder volver a ganar un mínimo de dinero creando y distribuyendo música"

"Recibir un test pressing y poner la aguja por primera vez en unos surcos que llevan tu música grabada son sensaciones que nunca podrán ser igualadas por miles y miles de downloads que puedan tener tus canciones"

"El formato álbum sigue siendo nuestro preferido, pero estamos empezando a pensar que para una propuesta como la nuestra, tan independiente y con tan poco apoyo externo, preparar un álbum y estar más de un año sin sacar nada nuevo es casi como desaparecer para tener luego que volver a empezar de nuevo"

"'Meet The Decline'' es casi casi un EP de blues, de bossanova, de tristeza, extrema melancolía, desengaño y vértigo"

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