Entrevistas

Diplo: “En Brasil y Jamaica me tomaban por el típico blanco, pijo y rico. Pero al final acabé experimentando cosas que no se pueden vivir a través del ordenador”

Cazamos al rey Midas de la electrónica de la última década en su última visita a Barcelona para actuar por partida doble en el Sónar. Hablamos con él de lo comercial y de la balanza electrónica en ultramar

Lo que pensábamos que sería una sucesión de monosílabos asépticos acabó distendiéndose poco a poco; incluso poniéndose divertido hacia el final, cuando el tiempo pactado llegaba a su fin. Diplo ya no es una mina de oro underground que sacrifica diez minutos de su vida para responder dos preguntas más. Pero hay un poso de coherencia que lo mantiene en la tierra. De momento.

La introducción a esta entrevista hubiera sido diferente –no mucho– de no haber aparecido este vídeo hace unos días. Éste no es momento ni el contexto para discutir cuál de las dos partes actúa con menos decoro. Pero el vídeo viene como anillo al dedo para decir que los periodistas que nos encontramos con Major Lazer en un hotel de Barcelona el pasado Sónar nos enfrentamos a una situación similar por parte de los artistas. Al menos, ese fue nuestro caso; también fuimos los últimos en entrevistarles. Diplo estaba entre aséptico y desganado. A Walshy Fire parecía resbalarle todo lo que acontecía a su alrededor. La expresión de Jillionaire hacía que, por momentos, pudieras pensar que se trataba de personal de seguridad y no del artista. Ahora bien, al menos en nuestro caso, lo que se había concertado era una entrevista con Diplo, no con los tres miembros de Major Lazer. Por lo que las preguntas preparadas iban dirigidas específicamente al jefe de Mad Decent, no a los tres miembros del grupo. Imaginad este acto de menosprecio involuntario repetido encuentro tras encuentro, un festival tras otro, en diferentes ciudades y países.

Al fin y al cabo, Major Lazer empezó como un proyecto entre Diplo y Switch al que se sumaron otros artistas, casi todos de origen caribeño, para parir un divertimento bastardo de música de baile y jamaican roots. Tras la marcha de Switch, se unieron Jillionaire y Walshy para aportar nadie sabe bien qué hasta que los ves en directo (horas más tarde, ya en el recinto de la Fira y en pleno festival, nos dimos cuenta de que Walshy apoya y jalea con el micro mientras Jillionaire se encarga de estar detrás de los platos; son la base técnica que sostiene el incontinente espectáculo hortera que ofrece Wesley Pentz sobre el escenario). Y este oscurantismo alrededor de sus deberes dentro del grupo hace que todas las miradas, todo el protagonismo se detenga en Diplo. O sea, lo comido por lo servido. Tratamos de arrancarles toda la información posible sin recibir ladridos, miradas acusatorias o una espantada de vuelta a la habitación del hotel antes de tiempo. Y si rascas con coherencia y con humildad, incluso acabas recibiendo razonamientos coherentes y alguna que otra carcajada. Ante tal panorama, no nos atrevimos a preguntar por Switch y su misteriosa marcha, pero no pudimos resistirnos a preguntar por Skerrit Bwoy, el bailarín convertido en devoto cristiano.

Hace escasos días iba escuchando una radio comercial española, su típica lista de éxitos semanal, y en el número 3 estaba “Watch Out For This (Bumaye)”. Entonces recordé lo “underground” que era tu figura hasta hace unos años. ¿Es “Free The Universe” lo más comercial que has hecho hasta la fecha?

¡No! Mira “Climax” de Usher o “Run The World (Girls)”, son dos singles que han funcionado increíblemente bien. Si te refieres a la intención con la que hago mi música… Mira, al final me da igual si es más guay o menos guay, si suena pop o a R&B o a hip hop. La música tiene que tener gancho, independientemente de eso. Creo que si suena en las radios comerciales al final es positivo porque puedes llegar a más gente.

"Con internet puedes tener acceso a la música pero no a la gente que la vive, que la crea y que la experimenta"

En una entrevista reciente con los directores del Sónar, uno de ellos hablaba de tu paso por el festival como uno de los highlights: pinchaste reggaetón en un momento en el que aquí estaba muy mal visto y eso ayudó a abrir muchas mentes y eliminar prejuicios. ¿Te ha pasado algo similar con otro género, en otra parte?

¿De verdad? Joder, eso es genial. Creo que no me ha pasado algo así con otro género. ¿Por qué estaba mal visto?

El reggaetón llegó con la inmigración latina a España…

Ok. Bueno, no es exactamente igual, pero creo que cuando empecé a exportar el sonido favela funk a Europa o Estados Unidos la mayoría de la gente no estaba familiarizada con esa música. Y a día de hoy es algo extendido y quizás haya ayudado a que algunas personas escuchen música de otros lugares sin esos prejuicios.

Para exportar el sonido de la favela estuviste en Brasil. Para hacer los discos de Major Lazer has estado en Jamaica. En la era de internet, ¿es tan importante estar en el lugar de procedencia de esa música para entenderla?

Para mí es muy importante. Con internet puedes tener acceso a la música pero no a la gente que la vive, que la crea y que la experimenta. Tanto en Brasil como en Jamaica al principio me tomaban por el típico blanco, pijo y rico, que quiere dárselas de outsider. Pero, al final, acabé en experimentando cosas que no se pueden vivir a través de un ordenador y que son determinantes a la hora de entender el alma de un estilo.

Tú que conoces tanto la escena electrónica europea desde hace muchos años, como otras escenas alrededor del mundo ¿Por qué el público estadounidense ha escogido la EDM para explotar la electrónica de manera masiva? ¿Por qué incluso cuando ha habido cosas tan relevantes allí como el nacimiento del house o del techno?

En primer lugar, el techno de Detroit o el house de Chicago son movimientos con muchísimo más alcance en Europa. Aquí hay mayor conocimiento de esos artistas y esa música desde hace décadas. En Estados Unidos eran escenas residuales, música rara de negros. La verdad es que no sé cuál es el motivo de la explosión de la EDM. Internet, la venta digital, esas cosas han ayudado seguro. Pero lo cierto es que la juventud estadounidense lo encuentra novedoso y, por lo tanto, excitante. Y esos son dos elementos básicos para que algo lo pete.

¿Qué te parece que Las Vegas se quiera convertir en la Ibiza al otro lado del Atlántico?

Me encanta. Me va genial, ya tenemos un montón de actuaciones cerradas en diferentes clubs allí. Así que…

Hablando de actuaciones, “Free The Universe” está lleno de colaboraciones y hay infinidad de artistas implicados, sobre todo en el sentido vocal. Sin embargo, por lo que hemos podido ver en algunos vídeos, el formato de directo es bastante simple ¿Por qué habéis elegido ese formato?

Por cuestiones obvias de agenda y de logística. Imagínate que todos los artistas tuvieran que despejar sus agendas para cantar una sola canción en una actuación de Major Lazer. Sería ridículo. El live es como una gran fiesta. Nosotros lo vivimos así y queremos que la gente lo viva también así.

¿Y os supuso el mismo esfuerzo que todos esos artistas pasaran por el estudio para grabar las canciones del disco?

¡Nos costó muchísimo más con el primer disco de Major Lazer! Me salió bastante más caro pagar a todos los artistas de “Guns Don’t Kill People… Lazers Do”. Con los artistas de este disco ha sido todo mucho más natural, más del rollo “eh, pásate por casa, tráete algo escrito y lo grabamos”. Y así fuimos haciendo las canciones. Funcionó con casi todos menos con Rihanna. Quería mucha pasta a cambio.

Otro de tus colaboradores que ha cambiado el rumbo de su vida por completo es Skerrit (Skerrit Bwoy es el bailarín de la cresta rubia que aparecía en los primeros vídeos y directos de Major Lazer, convertido al cristianismo con fervor desde hace unos meses). ¿Sigues en contacto con él? ¿Cómo le va en su nueva y religiosa vida?

[Risas] Oh, Skerrit. Sí, hace mucho que no sé de él, pero imagino que está bien. Mira, si te digo la verdad, no me sorprendió para nada que de la noche a la mañana abrazara la religión de esa manera. Lo has visto bailar ¿verdad? Skerrit es así de intenso en todo lo que hace. Y con la religión no iba a ser menos…

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