Entrevistas

Chromatics: “Dejamos que la música llore”

Gigante de la música moderna, Johnny Jewel está en su momento de la verdad, acumulando obras maestras como Symmetry, Glass Candy y Chromatics. Hablamos con él para que nos confesara su relación íntima con la música.

Johnny Jewel nos explica detalladamente cuánto el sábado por la noche necesita del domingo por la mañana y, haciendo honor al nombre Chromatics, nos desvela con qué gama de colores pintó su flamante “Kill For Love”.

Si el maquillaje le funciona como escudo, la música es el refugio donde le gusta encerrarse. Un espacio emotivo en el cual Johnny Jewel dice operar guiándose por instintos y donde le gusta moverse casi en silencio, la mayoría de las veces a solas. De alguna forma, la música sirve a la cabeza pensante tras Chromatics como ansiolítico con el cual alejarse del mundanal ruido. Asegura grabar canciones continuamente (aunque luego acabe editando únicamente un 5% de todo lo registrado) y esta temporada parece que estamos de suerte. 2012 es de nuevo el año, el anterior fue 2007, en que toca dar salida a una buena ración de material firmado por Jewel. Por el momento acaba de editar una de las obras maestras del año, un enigmático y cautivador Kill For Love con el que traslada a nuevas alturas el sonido de Italians Do It Better, al que diera forma y fondo, pero asegura tener otros ases guardados en la manga para los próximos meses. Por de pronto, le podremos ver en directo en San Miguel Primavera Sound.

“Kill For Love” es una obra gigante en todos los sentidos. Tanto emocional como logísticamente. A Johnny le llevó varios años dar forma a su hora y media de duración pero el resultado final no podría haber quedado mejor esculpido. Con él parece querer moldear a su antojo conceptos tan vastos e inasibles como el tiempo y el espacio, y las formas que utiliza para ello son altamente seductoras. Al igual que me ocurrió con el reciente Hurry Up, We’re Dreaming de M83, noto que, al escucharlo, me invade en ciertas ocasiones la sensación de estar frente una película antes que frente un disco. Y me viene a la cabeza una idea: si “Kill For Love” fuese una película sería una de los años 70s, alguna levemente erótica y alevosa, de dos rombos. Algo como “Emmanuelle”, pienso sin reflexionar mucho en ello. Cuando llega el momento de charlar con Johnny, me dispongo a cuestionarle sobre esto y sobre algunas cosas más.

Primero de todo quería preguntarte por tu nuevo lugar de residencia, Portland. ¡Estoy completamente enganchado a “Portlandia”!

Oh, aún no he tenido tiempo de verla, pero todo el mundo me ha dicho que es divertidísima.

En la serie parece una ciudad fabulosa. ¿Por qué decidiste mudarte allí?

En 1994 cogí un autobús en Houston para ir al Yoyo A Gogo Festival que se celebraba en Olympia. La mayoría de las giras de los grupos que tocaban nunca pasaban por Texas, así que mi amigo Sean y yo dejamos nuestros curros y nos compramos los billetes. Nos llevó cuatro días llegar hasta allí. El autobús paró quince minutos en Portland para repostar y cuando salí para estirar las piernas algo hizo click en mi cabeza. Es difícil de describir pero me sentí despertar, como si viera allí un lugar donde realmente pudiese concentrarme y trabajar. Creo que fue debido al aire fresco y al río que recorre la ciudad. Por entonces tenía en mente moverme a la Costa Oeste pero era demasiado pobre para pensar en San Francisco o en Seattle, y Portland estaba barato, así que acabé por irme para allá. Dos semanas más tarde conocí a Ida de Glass Candy, y así fue cómo comenzó todo esto. Era enero de 1996.

¿Cómo ha cambiado la escena musical por allí desde entonces?

Antes todo era más indie-rock, tipo Seattle, pero ahora el circuito underground está completamente orientado hacia los DJs, con la electrónica como gran protagonista.

¿Con qué otros músicos contemporáneos te sientes conectado?

No con muchos, la verdad, pero veo que un montón de gente que escucha a Glass Candy, Desire o Chromatics también escucha a Ariel Pink, M83, LCD Soundsystem, Beach House, Lindstr øm, etc. Así que, en ese sentido, veo a las bandas conectadas unas con otras a través de los fans. Cuando escribía menos música y escuchaba más sí que sentía cierta conexión con la idea de escena. Resulta irónico, pero dedicar tu vida a hacer música que la gente luego pueda compartir acaba por separarte de los que te rodean.

"Personalmente, no considero que Chromatics sea una banda para bailar, pero es tan sólo una opinión y no me incomoda que alguien la llame dance o rock"

Yo veo conexiones entre tu sonido y otros actuales como los de The xx y The Weeknd, sobre todo por lo que se refiere a ese hedonismo decadente que defiende Abel Tesfaye. ¿Conoces lo que hace? En Primavera Sound tocáis antes que él.

Adoro a The Weeknd. No conozco todos sus lanzamientos pero me encanta lo que he oído. Conceptualmente, en términos de espacio y atmósfera, diría que trabajamos desde enfoques muy similares. Dejando que la música llore.

No hay duda de que Chromatics suenan muy lánguidos en “Kill for Love”, casi yacentes por momentos, como si se plantease por momentos una antítesis del baile. ¿Te gusta bailar?

Me encanta bailar, pero tengo que estar de humor. En el estudio, mientras estoy a solas escribiendo, bailo un montón. Usamos muchos sonidos electrónicos asociados a la cultura dance y a veces las líneas entre los géneros se difuminan, pero música es música y la amamos a toda ella por igual. Personalmente, no considero que Chromatics sea una banda para bailar, pero es tan sólo una opinión y no me incomoda que alguien la llame dance o rock. Es muy percusiva, comandada siempre por los ritmos. La gente baila en los conciertos.

Bastantes canciones de las nuevas me hacen pensar en la soledad.

La soledad es un obstáculo omnipresente con el que lidio y el cual emerge en el estudio. Crecer en Texas en los 80s era muy deprimente para un chaval que escuchaba a Nico y John Cage. Escribir música siempre fue como escribir un diario para mí. Me refugio en ella mientras la grabo. De alguna forma, me siento más conectado con el mundo durante las grabaciones, aunque el 90% de “Kill For Love” fue hecho a solas, en un estudio sin ventanas y de madrugada, mientras el resto del mundo dormía.

La noche es precisamente otro de los conceptos más presentes en el corazón de Chromatics.

Llegué al mundo en medio de un huracán que asoló Houston a eso de las diez menos cuarto de la noche. La quietud de la noche siempre me ha fascinado y también esa lucha a contrarreloj por ver cuánto se consigue hacer antes de que amanezca.

¿Cuál es tu relación con algo como el tiempo, en términos musicales?

Me gusta que la música respire y que pase a formar parte del entorno. El uso espacial en el sonido es uno de los puntos fuertes del grupo. El componente ‘temporal’ lo conseguimos explorando la repetición y dejando que la música bascule entre varios niveles de consciencia. Para algunos resulta aburrido, para nosotros es divino. El tiempo es la única cosa de la que no tenemos suficiente y en la música se puede fantasear con estirarlo y hacerlo durar más. Se suele decir eso de ‘Madre Tierra, Padre Tiempo’, entendiendo el tiempo como algo masculino y lógico, pero para nosotros es un concepto trágicamente romántico.

Lo primero que llama la atención de “Kill For Love” es su duración. Los diferentes estados emocionales que plantea a lo largo de hora y media llegan a hacerme pensar que estoy viendo una película más que escuchando un disco. ¿Siempre tuviste en la cabeza la idea de hacer algo tan largo?

Sabíamos que iba a ser un disco largo pero no tanto. “Night Drive” salió primero como una demo en CD-R que vendíamos sólo en los conciertos y la cosa explotó, llevándonos de hacer 300 copias a encontrarnos con encargos de 15.000 al día siguiente. Fue un gran salto ante el que simplemente corrimos el riesgo y aquella demo acabó quedando como el lanzamiento oficial porque no quería rehacer un disco del que la gente ya se estaba enamorando. Fue algo muy difícil pero tuve que dejarlo así... Después de aquello me prometí que no haría lo mismo con el siguiente disco, que no lo lanzaría hasta tener la certeza de que estaba terminado, sin importarme cuán largo o corto fuese.

Os llevó cinco años completarlo, como ya te ocurrió con “Night Drive” y “B/E/A/T/B/O/X”. ¿Por qué tanto tiempo?

Editar, mezclar, escribir, ensamblar, masterizar, reescribir o remezclar son cosas que llevan mucho tiempo, y dado que no trabajamos con ordenadores todo ese tiempo se multiplica. Esto, unido a la necesidad de alejarme de la música a veces durante meses, acabó provocando que el disco tardase tantísimo en salir. El objetivo consiste en trasladar al plano de lo real el concepto sin que la idea original de la canción se decolore demasiado. Digamos que lo que nuestros álbumes no tienen de puntuales lo compensan con una fecha de caducidad más duradera.

Tengo entendido que en el tracklist original había 36 temas, que acabaron siendo 17.

Todos los cortes fueron seleccionados para conformar un fresco completo. El disco se equilibra como en un cuadro, con múltiples colores y pinceladas. Las canciones pop son de un rojo profundo y sólo pueden durar tres o cuatro minutos. Es un rojo tan brillante que te atrae al instante aunque en grandes cantidades puede resultar abrumador. Una vez que el rojo te ha captado, los que te hipnotizan y embrujan son los tenues azules de los cortes más abstractos. Entre ambos extremos, existen violetas y lavandas. De cerca parecen momentos diametralmente distintos que desde la distancia se combinan para crear la imagen completa. Los diecisiete temas están secuenciados de manera que dibujen un gran arco.

"Nos llevó nueve meses dar con esta foto borrosa de la guitarra de doce cuerdas, pero resultó ser lo suficientemente rica a la hora de captar la emoción y lo bastante vaga para no llegar a parecer un anuncio publicitario"

Es curioso que digas todo eso porque pienso que la foto de portada captura totalmente el espíritu del disco, con esa guitarra sumergida en tonos rosas y violetas…

Escoger la portada fue muy difícil. Tenía bastante claro que no quería usar un retrato como en los otros discos. Trabajamos en treinta ideas basadas en ilustraciones, como las de “Night Drive” e “In The City”, pero ni siquiera se acercaban al sentimiento del álbum. Necesitábamos algo menos gráfico, más difuso. Nos llevó nueve meses dar con esta foto borrosa de la guitarra de doce cuerdas, pero resultó ser lo suficientemente rica a la hora de captar la emoción y lo bastante vaga para no llegar a parecer un anuncio publicitario. Llegué a estar realmente aterrorizado pensando que no seríamos capaces de resolver el tema de la portada pero, finalmente, ¡ha quedado perfecta!

¿Estás de acuerdo si te digo que en “Kill For Love” sonáis más clásicos que nunca antes?

Absolutamente. El concepto tras Chromatics se destila totalmente en este disco. Hay ideas que antes sólo éramos capaces de insinuar y que aquí se hacen realidad del todo. Ya estamos escribiendo el nuevo trabajo y esta vez espero llevarlo aún más lejos.

Se os nota más virados hacia el rock. Abrir con el cover de Neil Young resulta bastante demostrativo, ¿no crees?

Es un disco más extremo en todos los sentidos y la parte rock es mucho más rock, eso seguro. Chromatics viene del indie-rock, así que era importante la idea de usar la guitarra como símbolo. Es la raíz de donde surge el grupo. Diría que somos un grupo electrónico pero que pensamos como una banda de rock con perspectiva pop. El tema de Neil Young es muy importante para mí a nivel personal y por eso quería que Ruth lo cantase. Fue la primera canción que grabamos tras “Night Drive”, a principios de 2009, y fue pura magia. La coloqué ahí porque, en el mundo computerizado en que vivimos hoy en día, destaca sobremanera. La verdad es que no estaba seguro de si nos iban a crucificar por ello, pero pensé que era la manera ideal de abrir el disco. Me encanta el idealismo que encierra una frase como “rock and roll will never die”.

También podría decirse que ahora sonáis más ominosos y desolados que antes.

Queríamos que el álbum fuese deliberadamente denso y pesado. Tanto en lo musical como en lo climático. “Night Drive” es un título melancólico pero encierra un romanticismo optimista. “Kill For Love”, en cambio, es más fatalista y aborda en mayor medida temas como la pérdida y la desconexión.

“The Eleventh Hour” es uno de los temas que más me intrigan. Si lo hubiera escuchado sin saber de quién era, me hubiera costado adivinar que era vuestro.

Te entiendo. Pasa lo mismo con otros temas nuestros como “Tears Of Pain”, “Killing Spree” o “Shining Violence”. Nos gusta incluir en los álbumes este tipo de momentos en que somos menos visibles como grupo, casi a modo de descanso para el oyente.

¿Hay un tema principal que recorra todo el disco?

El tema principal del disco es la desintegración, las memorias que se funden en sueños o incluso en la nada, el golpe mortal que en última instancia hace que la música vuelva a su estado orgánico base.

Te lo preguntaba porque algunas canciones parecen tener continuidad en otras, como “Running From The Sun” y “Birds Of Paradise”…

“Running From The Sun” cuenta la historia de cómo el sábado por la noche se funde con el domingo por la mañana, y de lo que ambos mundos significan como símbolos. Nuestra sociedad los entiende como contrapuestos pero la verdad es que se necesitan el uno al otro para sobrevivir. El sábado noche es el club. El domino por la mañana la catedral. “Drinking blood from a paper cup” es una referencia a la comunión. El sábado por la noche nos sublevamos y el domingo por la mañana nos arrepentimos. Sin el domingo por la mañana, el sábado no tendría necesidad de ser liberado, y sin el sábado noche el domingo por la mañana no tendría ningún lugar hacia el que mirar cabizbajo. La canción desarrolla esta metáfora a través de la Luna escapando del Sol. Si no fuese por el Sol, nunca veríamos la Luna. Al correr de noche por las calles estamos escapando del Sol con la Luna, y también corriendo de nuevo hacia el Sol según se acerca el amanecer. Por eso, al final se oyen unos pájaros tropicales, porque la noche ha acabado por rendirse ante el amanecer. En esta dualidad reside otra de las claves del disco: nada es sólo blanco o sólo negro. “Birds Of Paradise” sería la hermana de “Running From The Sun” en dicho duelo: ambas se cantan una a la otra desde las dos caras de una misma moneda.

Me encanta como usáis el vocoder en “Running From The Sun”. Lo encuentro tremendamente apropiado.

Usamos uno de los 70s con algunos armónicos modificados en Montreal específicamente para la canción. Era crucial que la dualidad que te decía que las canciones comparten fuese ilustrada con una voz sintética, y cantar con el vocoder confería a la historia un tono psicológicamente más distante que el de una voz normal. En “Birds Of Paradise”, la cálida voz de Ruth narra el lado más emocional de la historia. Siendo grandes fans de Kraftwerk y Whodini, siempre hemos experimentado con procesadores vocales robóticos, como puede verse en “Date With A Vocoder” (2004), en la demo de “Lady” (2006) o en “The Wanderer” (2003). Para este disco, resolvimos que “These Streets Will Never Look The Same” y “Running From The Sun” sonaban infinitamente mejor con voces electrónicas, así que nos dejamos guiar por nuestro instinto.

¿Cuándo tienes pensado editar lo nuevo de Glass Candy y el “After Dark 2”?

Una cosa que he aprendido con “Kill For Love” ha sido no predecir nunca más las fechas de lanzamiento. Cuando conté a Pitchfork que esperaba tener el disco listo para San Valentín, todo el mundo se lo tomó como un comunicado oficial. Yo soy muy perfeccionista, siempre estoy reajustando cosas aquí y allá, y el marcar fechas de lanzamiento no va bien conmigo. Lo que sí puedo asegurarte es que “After Dark 2” lo veo como un disco para verano y espero que lo lancemos por esa época del año. Hemos estado con él los tres últimos años y ya hay un montón de trabajo hecho. Ahora estoy con la post-producción, editándolo todo, viendo la estructura de los temas, fijando ritmos, etc. Contendrá dos temas de los que se quedaron fuera para “Kill For Love”. La cosa está quedando muy vital, muy romántica y divertida. Cuenta con magníficos temas pop de Mirage, Glass Candy, Farah, Desire, Chromatics, Symmetry y Mike Simonetti. Y el nuevo de Glass Candy, que se llama “Body Work”, es una locura, una enorme cantidad de trabajo. Pero va a ser brutal. Ida lo está dando todo. Ni siquiera voy a intentar predecir una fecha para lanzarlo pero es el lanzamiento con que más excitado estoy.

¿Y lo nuevo de Desire?

Como te decía, Desire aparece también en “After Dark 2” con dos o tres temas. El álbum no comenzaremos a rematarlo hasta el invierno de 2013 pero ya está escrito, grabado en cuatro pistas para voces y piano. Las piezas están ahí, sólo necesito resolver en qué dirección quiero enfocar los ritmos. Para cada álbum escojo un instrumento electrónico que marque el tono central y todavía no me he decidido sobre qué tipo de sinte quiero para la parte vocal de este.

Ahora en referencia a Symmetry, ¿fue muy diferente trabajar en “ Themes For An Imaginary Film” comparado con tus otros proyectos?

Nat Walker y yo trabajamos en Symmetry al mismo tiempo que en Desire, Glass Candy y Chromatics. Cuando trabajamos juntos, no componemos los beats pensando en el proyecto al cual van destinados, sino que simplemente escribimos e improvisamos, decidiendo sólo después dónde encaja cada cosa. Lo que acabó convirtiéndose en Symmetry fue un material que no se prestaba tanto a ser cantado como otras cosas con las que estábamos. Durante dos años el proyecto no tuvo ni nombre. No sabíamos cómo llamarlo pero sabíamos que era para ese proyecto en concreto. Como productor, sí que fue refrescante trabajar tomando distancia de las estructuras más pop. Pasamos un montón de noches perdidos en el espacio… Fue maravilloso.

¿Te ayudó Symmetry a la hora de implementar ideas nuevas para “Kill For Love”?

“Themes For An Imaginary Film” fue todo un desafío a la hora de mezclar, de ahí que “Kill For Love” suene un millón de veces mejor que si hubiese sido lanzado previamente. Con Symmetry fui capaz de concentrarme completamente en lo vocal sin preocuparme tanto de las letras, lo que hizo que emergieran un montón de tonos que antes quedaban enmascarados por las cantantes. Al final me vi forzado a maximizar cada rincón de la mezcla en un sentido que no había explorado antes, y eso resultó de gran provecho a la hora de mezclar otros proyectos más pop.

Por último, dime: ¿qué encuentras en la música que no encuentras en ningún otro sitio?

Paz.

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