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"Todo sería más fácil si los de Recursos Humanos fueran psicópatas"

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Entrevistamos a César Rendueles sobre trabajo, ansiedad, psicopatía, hijos y capitalismo

Ignacio Pato

28 Septiembre 2015 06:00

Imagen de cabecera de Olaf Blecker

¿Nervios? ¿Te cuesta concentrarte? ¿Discutes a menudo con gente a la que quieres? ¿Te sientes como si te hubieras pasado la noche en un ascensor después de haberte cenado una tortilla de anfetaminas?

Algunos lo llaman ansiedad, pero no hagas caso: lo más seguro es que sufras de capitalismo.


VER TAMBIÉN: "Aversión, ansiedad y alienación: estos son los problemas de la generación precaria"


Tras el intenso debate sobre acción política y redes sociales que generó su anterior ensayo, Sociofobia, César Rendueles se propuso desguazar la historia del capitalismo. Como resultado de esa tarea surge Capitalismo canalla (Seix Barral), un relato contado a través de anécdotas personales entre la épica y el patetismo cotidiano, y con ayuda de Defoe, Steinbeck, Dostoievski, Shelley, Kipling, Conrad o Kerouac.


En profesiones creativas, se supone que vas a dejar que el trabajo colonice tu vida personal y acudas entusiasmado a un infierno de reuniones afterwork o inauguraciones



En Capitalismo canalla le das un repaso al mundo laboral y planteas lo demencial que resulta que pasemos 8 horas —mínimo— al día despojados de nuestra individualidad, cuando en la Antigüedad se trabajaba a la vez que se era madre, padre, hermano o hija… En el libro citas a tu amiga Henar, que, preguntada en una entrevista de trabajo si tenía pensado tener hijos, contestó que 'sí, todo un ejército, y los entrenaré para exterminar a capullos como tú'.

Normalmente, cuando en una entrevista de trabajo te preguntan por tu vida personal es para asegurarse de que va a quedar aparcada cada mañana junto a la máquina de fichar. Porque los empresarios saben que las madres y los padres no tenemos un interruptor para dejar de preocuparnos por nuestros hijos durante el horario laboral. La cosa es aún peor en las llamadas profesiones creativas, donde se supone que vas a dejar que el trabajo colonice tu vida personal y acudas entusiasmado a un infierno de reuniones afterwork o inauguraciones.

En ocasiones, las empresas parecen estar dirigidas por personas con la misma empatía que un trozo de cartón. ¿Qué diferencia hay entre los departamentos de Recursos Humanos y una Internacional Invisible de Psicópatas?

Las cosas serían mucho más fáciles si los directores de Recursos Humanos fueran psicópatas. La verdad es que, en general, las doctrinas gerenciales actuales son más bien amables y tienen un grueso barniz antiautoritario. Elogian la cooperación y el trabajo en equipo y nos venden la precarización como una oportunidad para reinventarnos continuamente y vivir muchas vidas.



Las cosas serían mucho más fácil si los directores de recursos humanos fueran psicópatas



Una ventana de oportunidad, pero para tirarte por ella.

Resulta que esas metamorfosis consisten en pasar de reponedor a teleoperador y luego emigrar para trabajar de camarero en Suecia. Y la versión empresarial del trabajo en equipo es un horror distópico. Ya sabes, esas reuniones en las que nadie se atreve a hacer ninguna crítica o a decir claramente que eso es una jodida pérdida de tiempo por temor a parecer poco proactivo.

A la puerta del trabajo dejamos aparcada nuestra vida. Dices que ya no nos azotan en nuestros trabajos, que la jornada laboral se infiltra en nuestra alma. ¿De qué manera?

Te pondré un ejemplo. Según algunos estudios, casi el 60% de los estadounidenses han padecido insomnio en la última semana. Si fuera una enfermedad, sería una auténtica pandemia. Lo que pasa en realidad es que el insomnio es nuestra condición natural. Así es como dormimos los seres humanos, con despertares más o menos prolongados a lo largo de la noche... lo que seguramente fue muy útil hace miles de años para evitar que nos devoraran todos los bichos de la Sabana.

La mayor parte de las sociedades se han adaptado a esta realidad. En muchas tribus de cazadores-recolectores, cuando alguien no puede dormir despierta a los demás para charlar un rato, y durante el día la gente se va echando siestas cuando le entra el sueño. El capitalismo, en cambio, nos exige que nos desmayemos cada día a la misma hora y permanezcamos en coma hasta la mañana siguiente.



La versión empresarial del trabajo en equipo es un horror distópico




Vale, nos metemos de lleno en la ansiedad. ¿Cómo de normal es que sintamos ansiedad por el hecho de que nuestras vidas giren alrededor del trabajo?

El mercado de trabajo está diseñado para generar indefensión y la indefensión genera ansiedad. El mercado de trabajo se basa en la capacidad de negociación desigual que tienen los empresarios y los trabajadores. En general, es más fácil para un empresario reemplazar a un trabajador que para un trabajador encontrar otro empleador que le ofrezca mejores condiciones.

Firmamos contratos de trabajo voluntariamente, nadie nos obliga, pero lo cierto es que tenemos pocas alternativas. La solución es incrementar nuestro poder de negociación uniéndonos a otros que están en nuestra misma situación. Mucha gente deprimida o con trastornos de ansiedad relacionados con el trabajo mejora cuando se une a sus compañeros para participar en huelgas o reivindicaciones colectivas.

Ya, pero después de estar en una oficina de 9 a 19 no quedan mucha energía ni ganas para, por ejemplo, ir a una asamblea de barrio…

Una democracia basada en la heroicidad es muy frágil, desde luego. Ese es uno de los peligros de la democracia directa. No tiene mucho sentido que el resultado de la deliberación sea el que decida quien tiene energía, tiempo, ganas o libertad para aguantar hasta el final de asambleas infinitas que sumamos a jornadas de trabajo imposibles.

Tan importante como la posibilidad de intervenir políticamente es que existan instituciones mediadoras abiertas que permitan distintos niveles de implicación y representación. De asociaciones de vecinos a cooperativas, pasando por grupos de consumo, clubes deportivos, sindicatos, asociaciones de padres y madres…



El capitalismo nos exige que nos desmayemos cada día a la misma hora y permanezcamos en coma hasta la mañana siguiente



¿Es la autoayuda individual el fascismo del siglo XXI?

El fascismo del siglo XXI es el fascismo del siglo XXI: es ISIS, Amanecer Dorado o el sionismo militarista. No me gusta abusar de las metáforas autoritarias. Lo que sí me parece extremadamente nocivo es la ideología del pensamiento positivo, esos majaderos que te aseguran que querer es poder y que está en tu mano superar individualmente problemas estructurales como el paro de larga duración, la pobreza o la desigualdad.

El pasaje que dedicas a los luditas y Frankenstein es particularmente llamativo. Parece como si las redes sociales hoy nos ayudasen a ser un Frankenstein fuerte en apariencia pero cuya paupérrima interacción social revirtiese en capacidad (auto)destructiva.

Internet no incide más que la situación laboral y el nivel de desarrollo de las instituciones públicas o informales que nos pueden ayudar en esas tareas comunes. En el caso de España, más bien su sangrante ausencia. Conozco a hijos únicos con jornadas laborales imposibles y dos padres dependientes que la única ayuda que reciben es un collar con un botón para avisar a emergencias si tienen un accidente. Y para colmo, el cacharro funciona como el culo.



Me parece extremadamente nociva la ideología del pensamiento positivo, esos majaderos que te aseguran que querer es poder




Si cuidarnos sin someternos es una de las claves de la emancipación, ¿cómo se lleva a cabo ese reto en una sociedad en la que cada vez tiene más peso la identidad individual, esa especie de unicidad que a la vez está sirviendo de empoderamiento a colectivos sometidos?

Es una cuestión compleja. Tengo la impresión, aunque puedo estar equivocado, de que en esos colectivos se está cuestionando cada vez más la centralidad política que se dio hace algunos años a la deconstrucción de la identidad personal como un elemento emancipador. Por supuesto, respeto que alguna gente quiera vivir su identidad como una especie de work-in-progress, pero dudo que esa sea una experiencia intuitiva o generalizable.

Me gustaría relacionarme con mi hija de una manera diferente a como lo hacían los padres en el pasado y, desde luego, eso implica preguntas acerca de mi identidad y la suya. Pero resulta difícil plantearlas si ni siquiera puedo pensar que es una niña sino que tengo que limitarme a reconocerla como una identidad performativa en devenir. Sé que estoy haciendo una caricatura, pero es porque el pensamiento postmoderno sobre la identidad a menudo ha caído en la autoparodia.


Querido capitalismo, no es por ti, es por mí. Es broma: es por ti





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