Entrevistas

Caribou

Natación de fondo

Caribou

Pese a tener en su cuenta uno de los discos de la temporada –hablamos de Swim (Thrill Jockey-Merge)–, Dan Snaith es un tipo difícil de entrevistar, y no porque sea esquivo a la hora de responder preguntas (de hecho, desde la primera respuesta se muestra afable e implicado), sino porque, literalmente, es difícil dar con él. Tras varios intentos de llamadas fallidas, consigo tenerlo al otro lado del teléfono. “Swim” plantea tantas preguntas que es inhumano pretender que Snaith nos proporcione todas las respuestas. Al fin y al cabo, como en los buenos libros o las buenas películas, la magia del último álbum de Caribou reside en ese saldo desigual entre las cuestiones que siembra en quien escucha y el escamoteo de respuestas directas.

Sea o no de preguntas y respuestas, hay algo incontestable: “Swim” es un artefacto de destrucción masiva más cercano al arma bacteriológica que a la bomba atómica. Algo que actúa poco a poco, de forma silenciosa, pero con un efecto letal. Ritmos afilados, dance inteligente, melodías orgánicas: un complicado ecosistema acuático que seguro que deslumbra sobre el escenario de Sónar 2010 (que se celebrará en Barcelona y A Coruña del 17 al 19 de junio). Allí, sobre las tablas, puede que obtengamos algunas respuestas más para entender “Swim”. Por ahora, sin embargo, tendremos que fiarnos de su palabra.

El cambio de dirección entre tu anterior álbum, “Andorra” (Domino, 2007), y “Swim” es considerable. Allí jugabas con la psicodelia pop y aquí estás en una liga completamente diferente. ¿Cómo describirías esa evolución?

Creo que han sucedido varias cosas importantes de un disco al siguiente. La primera es que he estado escuchando más música dance, pinchando más y saliendo a clubs con mayor frecuencia. Todo eso influye en la música que compones. Lo otro es que me di cuenta de que estaba demasiado centrado en el pop psicodélico de los 60. Esta vez quería encontrarme a mí mismo y crecer de forma independiente con respecto a esa influencia. Estas dos cosas han sido las que han empujado al disco hacia una nueva dirección.

Es gracioso lo que explicas. A medida que la gente se hace mayor, puede parecer que escucha menos música dance y sale menos de fiesta. Pero a ti te está pasando lo contrario.

¡Sí! Creo que tiene algo que ver con toda una comunidad de amigos que conozco: Four Tet es el ejemplo más obvio. Hay toda una escena muy excitante en Londres en estos momentos [nota: pese a ser canadiense, Snaith reside desde hace tiempo en Londres], y estamos más ilusionados que nunca con el sonido dance.

Pero, aún así, y volviendo al tema de antes, hay que tener en cuenta que “Andorra” fue un éxito creativo, así que habrá quien piense que para qué cambiar la fórmula si ya funcionaba. ¿Por qué correr ese riesgo?

No sabría cómo haber hecho otra cosa. No quería volver a repetir el mismo disco una y otra vez. Me paso el día haciendo música, así que tengo la necesidad de sentirme motivado día tras día. La idea de repetir la fórmula de “Andorra” podría parecer un movimiento seguro, pero me parecía aburrido. Para mí, la música tiene que ser algo nuevo, algo que te permita explorar.

Algo que siempre dices al hablar de “Swim” es que estabas intentando escapar del sonido metálico de la música dance a la que estamos acostumbrados. ¿Qué tiene de malo la música dance a la que estamos acostumbrados?

¡Oh! ¡Nada! Lo que pasa es que hay mucha gente haciendo la misma música dance, aunque hay excepciones, productores que ofrecen algo original. Los hay que tienen ideas muy locas que te golpean como algo excitante. Yo quería conseguir algo que fuera exclusivamente mío.

Puede que “lo tuyo” sea eso que dices que buscabas: una música dance acuática en vez de la habitual música dance metálica. Creo que has salido victorioso en este intento: “Swim” suena a agua. Así que analicémoslo como si estuviéramos en una clase de ciencias: ¿puedes describir esa música dance acuática en un par de puntos esenciales?

La idea básica detrás de esto es el problema de traducir el agua en algo sónico. El primer punto sería que todo se mueve de una forma similar a la de una ola: se desliza de un oído al otro, como algo que se mueve arriba y abajo, algo que fluye. Otro punto sería que el año pasado nadé bastante. Todo el mundo está familiarizado con la forma en la que el sonido viaja debajo del agua y cómo suena en la superficie: cuando estás nadando vas moviendo la cabeza de un lado a otro, ahora tienes un oído fuera del agua y luego dentro y luego fuera de nuevo. Es una sensación similar a ir cambiando entre espacios sónicos diferentes. Encuentro interesante que, siendo tú un licenciado en matemáticas, estemos hablando de música orgánica. Ni rastro del rollo matemático de cierta música electrónica. ¿Es tu música una reacción en contra de las matemáticas o dejas que algo de esa ciencia se filtre en tus canciones?

Para mí, la música es esencialmente emocional: el sonido te afecta en lo emocional y en lo físico. Así que la mía no es música matemática.

Entonces, ¿no te han influido de ninguna forma en absoluto?

Supongo que las matemáticas son una parte importante de mi vida, así que es difícil definir qué está conectado a ellas y qué no. Pero mi música no está conectada a las matemáticas, al menos no de forma consciente.

Antes mencionaste a Four Tet y la verdad es que es una influencia importante en tu disco. De hecho, es fácil reconocer en tu último trabajo algunos de los sonidos más típicos de Hebden. ¿Cuánto ha afectado Four Tet a “Swim”?

Es uno de mis amigos más íntimos y es la persona que me ayudó más intensamente con mi música al principio. Somos el uno para el otro, siempre somos los primeros –además de nuestras personas más próximas– en escuchar nuestras respectivas nuevas canciones. Y también nos interesa la misma música, así que siempre estamos hablando de discos nuevos. Es una especie de camaradería.

No sé si son imaginaciones mías, pero es sorprendente el parecido delirante entre tu tema “Bowls” y el “Our Bells” de Four Tet, que se lanzó con el single de “Love Cry”.

No hay una conexión directa. Cuando conocí a Kieran fue realmente extraño darnos cuenta de lo similares que son nuestros gustos musicales. Ambos amamos los sonidos de las campanillas. Es impresionante cómo hemos acabado influyendo el uno sobre el otro de una forma realmente natural. El otro nombre del que todo el mundo habla al mencionar “Swim” es Arthur Russell. ¿Lo encuentras pertinente?

Amo su música y es una verdadera inspiración. Es un personaje realmente interesante y no sólo en su música, sino por el lugar que buscaba con su música: el punto medio entre el dance, el pop, el folk y la composición clásica. Es algo único.

¿Su influencia es mayor en “Swim” que en tus anteriores trabajos?

No es una influencia directa, sino que tiene algo de coincidencia. Adoro el carácter de su voz porque no es la de un cantante al uso, pero aún así conecta con la gente. No es que Russell haya influido en la forma en la que canto, sino que me ha inspirado a la hora de producir mi voz de una forma que suene natural para mí.

Otro colaborador implicado en “Swim” es Jeremy Greenspan. En ocasiones hay partes de las canciones que suenan a tu versión personal del sonido de Junior Boys.

Jeremy mezcló algunas de las canciones del disco. Lo que me interesaba de él es que es un ingeniero de mezclas y grabación increíblemente preciso. Sabía que entendería lo que yo quería y que sería capaz de hacerlo realidad de una forma mucho más interesante de la que yo nunca sería capaz. Además, adoro su toque en las canciones, así que puede que esa sea la conexión con Junior Boys.

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