Entrevistas

Benjamin Biolay: “La única venganza que concibo hoy es en sentido político, la venganza del pueblo. La gente necesita vengarse”

En pleno 25-S, hablamos de política, de música y de la vida en general con el cantautor francés, cada vez más asentado en su papel de artista total

Tras el soberbio “La Superbe”, Benjamin Biolay vuelve a editar un disco que consolida su aura de compositor total, de camaleón de la canción, yendo más allá del estereotipo de ‘nuevo Gainsbourg’ que se le colgó en sus orígenes. Hablamos con él de música, de política y de la vida.

En 2009, Benjamin Biolay se la jugó al doble o nada. En un momento personal difícil, y ante su primer disco sin el apoyo de una multinacional, se sacó de la manga “La Superbe”, un disco desmesurado en el que dejó definitivamente la etiqueta de “nuevo Gainsbourg” para convertirse en el compositor total que ya anunciaba “À L’Origine” (2005). Aquel disco disparaba en muchas direcciones distintas, y conseguía hacer diana casi siempre: ritmos de hip hop, baladas a corazón abierto, folk de cámara, reggae, rock ochentero… La jugada no le pudo salir mejor, con la crítica entregada y las ventas (disco de oro en Francia) funcionando casi como nunca. Quizás por eso cuenta que ahora está en un momento mucho más feliz de su vida.

El Benjamin Biolay que tenemos delante tres años después no ha cambiado mucho, al menos en apariencia. Eso sí, cada vez tiene más canas y ojeras más profundas, lo que le confiere un aura de bon vivant nocturno que seguramente le haya ayudado en su cada vez más frecuente carrera cinematográfica, con diez películas desde 2004. Está en Madrid para hablar con los medios de “Vengeance” (Naïve, 2012; a la venta a partir del 5 de noviembre), un disco que continúa en la senda libérrima de su predecesor, y para el que amplía la cuota de colaboraciones: Vanessa Paradis (con quien la prensa rosa de su país se empeña en relacionar), el ex Libertine Carl Barat, Julia Stone, Sol Sánchez, Gena Hansen y los raperos Oxmo Puccino y Orelsan. La casualidad quiso que el compositor francés llegase a la ciudad la noche del 25-S, por lo que fue testigo (al menos indirecto) de la campaña “ocupa el congreso”. En la terraza de su hotel, el único sitio donde puede fumar mientras atiende a la prensa, no podemos resistir la tentación de empezar hablando con él, antiguo militante socialista, sobre la situación política actual. “ Por supuesto, estamos muy al tanto de la situación en España, y la de otros países europeos”, cuenta mientras lía un cigarrillo. “ Puede que solo sea una cuestión de tiempo el que nosotros nos encontremos en una situación parecida a la que estáis viviendo ahora”.

"Antes de ser artista fui miembro del partido socialista francés. Siempre me ha interesado la política"

Fuiste muy crítico con Sarkozy y su política. ¿Crees que la situación está mejorando desde que Hollande fue elegido?

Sí, las cosas están empezando a mejorar un poco, pero la situación actual para el nuevo presidente es muy difícil, así que hace falta tiempo. No podemos juzgarle 100 días después de las elecciones, es imposible. Creo que lo está haciendo lo mejor que puede, pero la situación es muy compleja. Es complicado tratar con Alemania, o con los problemas en Siria… Hace falta mucho trabajo, y más tiempo. Pero, al mismo tiempo, estamos viendo que no es una persona agresiva, y que tiene una manera muy honesta de entender la política. Y es muy distinto a Sarkozy, que se pasó todo su mandato diciéndole a los franceses “¿Queréis que acabemos como España?”. Se supone que somos socios, señor Sarkozy, no enemigos, ni tenemos que señalar a nadie.

¿Crees que en un momento como éste los artistas tienen algún tipo de responsabilidad, que deben posicionarse política o socialmente?

Yo hago esto porque, antes de ser artista, fui miembro del partido socialista francés. Es parte de mi vida, siempre me ha interesado la política. Y sé de lo que hablo, pero no pretendo dar consejos a la gente o legitimar a nadie, soy solo un cantante. Pero si eres un cantante y no te interesa la política, o no sabes de lo que hablas, mejor que cierres la puta boca. No es tu papel, no eres un modelo de conducta… Eres solo un artista. Lo mismo puede decirse de los deportistas. Cada vez que hay un problema en Francia, los periodistas llaman a Zinedine Zidane para preguntarle sobre el tema, y siempre dice lo mismo “yo soy simplemente un futbolista”. ¡Y además vive en Madrid!

"Todo el mundo quería que hiciese “La Superbe” parte 2, pero ni quiero ni sería capaz de hacerlo"

“La Superbe” llegó en un momento personal muy complicado, mientras que sobre “Vengeance” has comentado que es un disco más feliz, más optimista. ¿En qué ha cambiado tu vida en estos últimos tres años?

Primero, asuntos privados. Después, por el hecho de que me hago mayor. Estoy en un momento que no es para nada malo. Estoy disfrutando del hecho de envejecer, de ser un poco más sabio… Y de darme cuenta de lo afortunado que soy por publicar discos, tener un público, ser capaz de pagar el alquiler y alimentar a mis hijos. Así que sí, supongo que estoy en un momento feliz.

Después de un disco tan ambicioso, en el que probaste con tantos sonidos e influencias distintas, ¿cuál era tu punto de partida para “Vengueance”?

Simplemente que fuese distinto. El único objetivo claro que tenía con este disco es que fuese distinto. No caer en la trampa de repetirme. Todo el mundo quería que hiciese “La Superbe” parte 2, pero ni quiero ni sería capaz de hacerlo.

¿Cómo es tu proceso de trabajo a la hora de componer? ¿Eres tú quién guía a las canciones, o ellas te guían a ti?

Yo no acabo nunca una canción antes de entrar en el estudio. No es como “aquí va el puente, aquí el estribillo y ya está”, así que sí es verdad que a veces las canciones me llevan en su propia dirección. Es como si me dijesen “vamos, aquí necesito un beat de hip hop, y tú lo sabes”. Es una interacción constante entre el compositor y la canción. Cuando estoy en el proceso de composición tengo muchísimas ideas, pero cuando llego al estudio y actúo como productor, no me importa una mierda lo que me diga el compositor. Es como si me dijese a mi mismo “cállate, sé lo que hago, es mi trabajo”. Si el compositor fuese otra persona y no yo, querría matarme, porque cojo una canción y la cambio, la toco, la destruyo… De la manera en la que trabajo, la canción no está acabada hasta el último momento.

¿Y cómo sabes cuándo una canción está terminada?

Es como si dijeses “voy a correr hasta agotarme, hasta que mis músculos no puedan más, hasta que no me quede oxígeno”. Llega un momento en el que simplemente sabes que ya no puedes más, que has hecho todo lo que podías hacer. No puedes pensar que eres alguien distinto, no eres ni Dios ni Stevie Wonder. Y es parte de un proceso habitual para mí. Cada día después de trabajar en el estudio llego a casa y escucho las canciones que he grabado muchas veces. Entonces dices, esto es demasiado largo, aquí suena demasiado bajo… Y llega un día en el que dices “ok”. Ya no tienes más ideas, está acabado.

"Para mi, el español es la lengua de la revolución. O al menos lo era"

En cada uno de tus discos hay uno o más elementos que le dan una unidad al conjunto. ¿Cuáles son en este caso?

El hilo en este caso sería el bajo. La manera en que uso el bajo en este disco, con flanger, un sonido muy ochentas. Y, por supuesto, las letras.

A ese respecto, en las dos canciones que dan nombre al disco, “Venganza” y “Vengeance”, da la sensación que optas por olvidar, abandonar los deseos de revancha, ¿es así?

Sí, eso mismo. Deja que las cosas pasen. ¿Venganza? Olvídalo. Si dices “perdona, pero no me acuerdo de ti”, eso sí que es vengarse. La única venganza que concibo hoy en día es en sentido político, la venganza del pueblo. La gente necesita vengarse.

¿Eso quiere decir que antes te sentías más enfadado, que has aprendido a dejar ciertas cosas de lado con el tiempo?

No, no. No estaba enfadado en absoluto… La única persona a la que puedo culpar de mis problemas soy yo mismo.

En “Venganza” has elegido el castellano –con la colaboración de Sol Sánchez– como idioma, y comienzas con un sample del Ché Guevara.

Sí, pero lo tuvimos que quitar. Fue imposible conseguir el permiso para utilizarlo. No sabíamos a quien llamar para negociarlo. Llamamos a la televisión cubana, pero nadie nos contestaba. Esa canción es como un manifiesto, un manifiesto sobre el amor, y por eso quería utilizar el español. Para mi, el español es la lengua de la revolución [ríe, con gesto irónico]. O al menos lo era.

"No me importa demasiado que la película sea un éxito, prefiero que la película sea buena"

En los últimos tiempos te has dedicado cada vez más al cine. ¿Te ha ayudado de alguna manera el hecho de actuar en tu carrera como músico?

Sí, me ha ayudado mucho con mis conciertos. Ahora me siento mucho más cómodo que antes en el escenario, soy mucho menos tímido. Desde que trabajo como actor me lo paso mucho mejor con los directos. Me ha ayudado a darme cuenta de que soy como soy, y que eso es suficiente.

Y además no eres el último responsable de todo, eres solo parte de un engranaje. ¿Eso te relaja?

Sí, eso me gusta. El día que se estrena la película, todo el mundo está nervioso menos yo [risas]. No me importa demasiado que la película sea un éxito, prefiero que la película sea buena. Con eso me conformo. Y me gusta tener solo una pequeña parte de la responsabilidad. Además, aprendo mucho estando a las órdenes de otra persona.

¿Qué te ha costado más trabajo conseguir como actor?

Combatir mi timidez. De niño era muy tímido. Con la gente que conocía podía ser muy abierto, pero no con desconocidos. Si tenía que hablar en público, por ejemplo en el colegio, me quedaba petrificado.

No solo has actuado en el cine, también formaste parte de “Pop’pea”, una obra a medio camino entre la ópera y el musical basada en una obra de Monteverdi y en la que coincidiste con Carl Barat, quien canta en “Vengeance”. ¿Cómo resultó esa experiencia.

Estuvo muy bien trabajar con gente como Carl Barat, que es un buen amigo mío, o Marc Almond, que es un hombre maravilloso… El reparto era muy bueno, pero la obra en sí era bastante mala. Y no me gusta actuar en directo, no tengo ninguna intención de hacer teatro. Solo me veo como actor en el cine. No me gusta declamar, gesticular… Lo hice en ese caso, pero no tenía otra opción. Me gusta que una actuación parezca algo natural. Y además tenía que actuar en inglés, lo que lo hacía más difícil. En francés si me olvido de alguna palabra puedo improvisar, buscar una manera de decir lo mismo, pero en ese caso no.

"Cuando mi agente me envía algún guión en el que me ofrecen el papel de un cantante, lo desecho por completo"

Acabas de grabar “A Bout du Conte” con Agnes Jaoui. ¿De qué trata?

Agnes Jaoui es una directora muy famosa en Francia, además de una muy buena escritora de diálogos. Esta película es, de alguna manera, un cuento de hadas moderno, y mi papel es el de un mal tipo, un tío que se porta muy mal con la joven princesa. Es uno de los mejores papeles que he interpretado. Me gustan los papeles que no tienen nada que ver con mi vida real. Cuando mi agente me envía algún guión en el que me ofrecen el papel de un cantante, lo desecho por completo. Si el director me dice “se tú mismo”, pienso “¡mierda!”.

En muchas ocasiones has comentado que no te atrae mucho el pop francés. ¿De dónde te llega la inspiración actualmente? ¿Qué escuchas ahora?

Hip hop americano, algo de rock… Hace poco he escuchado a La Negra, y me gusta, es muy buena. The Black Keys también, es un grupo que me gusta mucho. Y, por supuesto, he escuchado mucho el disco de Jay-Z y Kanye West, “Watch The Throne”. Me parece brillante, muy creativo. Me gusta que no se pongan límites. Dicen “can I have a gunshot??!!!” y de repente suena “tu-tu-tu-tu-tu” (imita a una ametralladora). Añaden lo que sea: sirenas, diálogos… Les importa una mierda lo que la gente piense.

¿Crees que a ti te pasa algo parecido? ¿Te importa lo que piense la gente de tu música?

No, no me gusta decepcionar a la gente. He tenido momentos muy bonitos en la vida cuando gente se me ha acercado y me ha dicho “esta canción ha sido muy importante para mí”, o “cuando nació mi hijo escuchaba mucho esta canción”. A veces, incluso, ha habido gente que me ha dicho que una canción le ha ayudado mucho en un momento difícil. No conozco a esta gente uno a uno, pero me importa mucho no decepcionarles.

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