Entrevistas

Aufgang

Piano.2

Aufgang Derrick May dijo que el techno era como encerrar a George Clinton y Kraftwerk en un ascensor con el único acompañamiento de un secuenciador de ritmos. Posiblemente, los pianistas clásicos –y formados en las mejores escuelas del mundo– Francesco Tristano Schlimé y Rami Khalifé dirían que “Piano.2”, eslogan con el que impulsan la idea detrás de Aufgang, sería como juntar a Derrick May con Luciano Berio en ese mismo ascensor con la única compañía de un piano de cola y un laptop (si es que el piano cabe, claro está). Una vez establecido ese marco de trabajo, las posibilidades estéticas son numerosas y atractivas, como demuestra “Aufgang” (Infiné, 2009), un debut en el que Francesco y Rami –acompañados del tercer vértice de este triángulo, el compositor electrónico Aymeric Westrich, el hombre detrás de los beatboxes y los ordenadores– sitúan la plasticidad luminosa del teclado del piano en un contexto nuevo, recubierto de bleeps y sonidos microscópicos, de beats techno y efectos de sonido heredados de la tradición electroacústica. Y si por un momento esta descripción te ha hecho activar tu sentido arácnido de precaución ante la posibilidad de un discurso pedante sólo para los excéntricos consumidores de alta cultura, no te preocupes: a Aufgang les motiva ser populares. Como ellos mismo dijeron a lo largo de esta extensa charla acaecida en el loft barcelonés en el que reside Francesco Tristano, “el piano es un instrumento ideal para hacer música de baile”. Comenzaron a darse a conocer en el festival Sónar (uno de los temas del álbum se titula precisamente así, "Sónar") y este año vuelven el viernes 18 al Sonar Hall para cerrar el círculo.

El pasado 14 de mayo estuvimos en la más reciente velada del ciclo enfocado a la creación experimental a.a.s.# ideado por nosotras2. En él vimos a Aufgang entregados a la creación e improvisación en directo, una experiencia que queremos compartir con vosotros a través de estos dos clips (uno de ellos del tema arriba mencionado: Sónar) filmados como siempre por el ojo hipersensible de nuestros amigos de Centset Lab.

El embrión de Aufgang se tiene que formar en algún momento. ¿Recordáis cuándo fue exactamente?
F. T.: Éramos estudiantes en la Juilliard School de Nueva York. Conocí a Rami en el año 2000, muy pronto nos hicimos aliados. Cuando acabábamos las horas de estudio, nos juntábamos para grabar sesiones al piano, improvisación total, a saco. Cada grabación tenía por título el lugar en el que habíamos tocado y la fecha, como hacía Keith Jarrett en sus discos. La primera fue…

R. K.: El 1 de diciembre de 2000.

F. T.: Exacto. Esa noche, después de tocar, recuerdo que nos fuimos a Vinyl, el club en el que pinchaba Danny Tennaglia. El sound system era tremendo y el ambiente muy bueno. Como Vinyl no tenía licencia para servir alcohol, podíamos entrar con 19 años, que eran los que teníamos por entonces. ¿Fue ese vuestro primer contacto con la música de baile? F. T.: No, antes ya habíamos empezado a comprar recopilaciones de Detroit techno. Rami me prestó su copia del “Landcruising” de Carl Craig, que él había descubierto a partir de una recomendación de Laurent Garnier. Aquel disco fue una gran inspiración, nos pegó una buena hostia. Entonces empezamos a tocar inspirados por Detroit y por compositores como Ligeti, que es el preferido de Rami. Nos salía música envolvente, minimalista, también se apreciaba la influencia de Steve Reich.

¿Os hacíais llamar Aufgang por entonces?

F. T.: Aún no. Cuando me vine a vivir a Barcelona conocí al dueño de un bar en el que podíamos hacer sesiones de improvisación en vivo, música suave de tipo lounge. Eran fiestas muy buenas, y en una de ellas me invitaron a dar un concierto privado en casa de Beth Galí y Oriol Bohigas [nota: arquitecto, nacido en 1925, responsable entre otros muchos proyectos de las grandes obras que proyectó la ciudad de Barcelona antes de los Juegos Olímpicos de 1992]. Yo había preparado un repertorio de Luciano Berio, y coincidió que Rami estaba en la ciudad por aquel entonces, así que le invité a tocar un intermedio aprovechando que en la casa había dos pianos. Aquella noche se sumó otra coincidencia: Enric Palau, el director del festival Sónar, había venido al concierto acompañado de Jeff Mills, así que Rami y yo tocamos una versión de “The Bells” en su honor. Y esa noche nació Aufgang.

Pero aún no estaba el grupo formado tal como existe ahora, en formato trío. F. T.: Aymeric se sumó más tarde. Después de aquel concierto en el que tocamos “The Bells”, Enric de Sónar se nos acercó y nos propuso hacer algo en el festival de ese año. Era 2005. Nos dio carta blanca, y preparamos un concierto de piano y electrónica; ahí fue donde entró Aymeric. Era un amigo de Rami que vivía en París. Comenzó colaborando con raperos y ahora es uno de los músicos de la banda de directo de Phoenix. El primer disco no se publicó hasta el año pasado, sin embargo. ¿Por qué ha tardado cuatro años en llegar?F. T.: Los tres estábamos involucrados en varios proyectos a la vez. Solemos tener la agenda muy cargada, y también somos muy perfeccionistas, así que nos gusta hacer las cosas bien. También vivíamos en ciudades distintas, y rara vez nos podíamos reunir para tocar juntos. La manera de trabajar hasta ahora ha sido cada uno en su casa, sacando ideas por su cuenta, enviándonos los resultados por correo electrónico.

R. K.: A veces sí que nos podíamos reunir, pero en ocasiones muy contadas. Cuando nos veíamos, íbamos avanzando poco a poco.

F. T.: La base del disco la trabajamos en el piso de Rami en Líbano. Cuando ya tuvimos hecho todo eso, empezamos con la post-producción y el editing del material que habíamos sacado. Podemos decir que la mayoría de pianos del disco se grabaron en 2007, con la excepción de “Sonar”, que es de 2008, y “Submission”, que es nuestra primera pieza, de 2005.

Coincidís en vuestra pasión por el techno de Detroit. ¿En música clásica también? Francesco es un apasionado de Bach y de los compositores del siglo XX, pero no me consta si Rami, como pianista diplomado, comparte los mismos gustos. R. K.: Yo no soy tan experto en Bach como Francesco. Me gustan más los compositores modernos, especialmente los rusos, como Shostakovich y Prokofiev, y también autores como Xenakis y Ligeti, que son muy importantes en este disco. En la segunda pieza hay un homenaje a Ligeti, y en la penúltima a Xenakis. ¿Hay más homenajes en el disco a compositores que os gusten? F. T.: “Barock” empieza con un sample de Purcell, de la ópera “Dido Y Eneas”. En la historia de la música clásica la apropiación fue algo muy común: Bach le robaba ideas a Vivaldi y nunca tuvo por qué declarar nada. Para nosotros es algo divertido, es como hacer un remix, pero “Aufgang” no es un disco de homenajes aparte de los ya dichos. Como mucho hay algún homenaje a Detroit. Si alguien detecta algo más, entonces es una percepción subjetiva de la pieza, un recurso con el que también jugamos, claro. El sampleo y el apropiacionismo es algo aceptado históricamente en música clásica (aunque no ahora), y poca gente se habría escandalizar por ello. Pero a los musicólogos de ahora quizá no les guste lo que hacéis. F. T.: Es posible. Pero los musicólogos no escuchan Aufgang, no hay que preocuparse. No ha salido ninguna reseña de nuestro disco en ninguna revista de música clásica. Sólo en publicaciones especializadas en música popular. En cuanto a lo del apropiacionismo, aprovecho para manifestar mi apoyo al copyleft. De todos modos, si tomas un compás de una partitura que no es tuya, no creo que sea robo: es una puesta en contexto de un gen cultural, de una música que existe en una época concreta y tú recontextualizas en otro momento muy distinto.

¿Qué clase de herramienta es el piano para vosotros? ¿Os limitáis a tocarlo como se ha hecho siempre o lo preparáis con objetos como hacía John Cage? F. T.: No llegamos a los extremos de John Cage. Todo lo que suena en Aufgang se ha hecho con las manos y los pedales. El piano no está tratado, ni modificado, ni se le han introducido objetos en la caja de resonancia para cambiar su sonido. El enfoque no es tanto teórico como cultural: queríamos explicar nuestra historia y expresar la mezcla de culturas en la que vivimos, no hacer un disco experimental. ¿Cuál es la principal diferencia entre tocar Bach o Ligeti y ejecutar una pieza de Aufgang? R. K.: Para nosotros no hay ninguna. Bueno, hay una diferencia de comodidad: Aufgang lo puedes tocar visitiendo tejanos y zapatillas, algo que no puedes hacer cuando sales ahí fuera a tocar música de Chopin… En directo, ¿lleváis un guión o es todo improvisado?F. T.: Algunos temas están escritos por completo. Existe partitura y es lo que tocamos. Otros permiten improvisación. Otros son imposibles de tocar, como “Channel 8”. Es tan complicado a nivel técnico que es casi imposible sacarlo perfecto, así que no la incluimos en el repertorio en directo, no nos atrevemos. La versión que hay en el disco es el fruto de grabar varias tomas y hacer un editing final con el ProTools.

R. K.: En directo queremos mostrar un lenguaje popular. Queremos hablar de tú a tú con la gente, no nos interesa ser intelectuales. El programa en directo se sostiene bien porque hay esta mezcla nuestra de electrónica y piano. El 70% es partitura y el resto improvisación. No podemos improvisar mucho porque Aymeric necesita una estructura estricta para poder trabajar con las máquinas.

Aymeric es esencial, por tanto. Sin él, Aufgang no sería lo que es.F. T.: Es importantísimo. Es un gran compositor de melodías. Si no le tuviéramos, Aufgang sería un proyecto mucho más intelectual. Él nos define tal como somos ahora. ¿La Juilliard School estimula prácticas artísticas como la vuestra o erais los bichos raros de la academia?R. K.: Yo prefiero no decir nada…

F. T.: No, todo lo contrario. La Juilliard es una escuela conservadora. Hay algún que otro programa de jazz, pero llega hasta el jazz de los años 40, nunca pasan de Duke Ellington si es que consiguen llegar a él. Pero la Juilliard sí que tiene una cosa interesante, y es que a los alumnos se les da libertad a la hora de escoger sus propios programas, y puedes tocar música del siglo XX si te apetece. Sólo necesitas la autorización del profesor. Esto en París, por ejemplo, habría sido imposible. Tal como es vuestra música, parece que seáis difíciles de remezclar. ¿Estáis satisfechos con los remixes que os han hecho hasta ahora? F. T.: Nos parece que son muy útiles para divulgar nuestra música en los clubes y en los círculos más estrictamente electrónicos. A mí los remixes me gustan cuando hay talento detrás, cuando es un músico el que reinterpreta tus piezas a su manera, porque entonces es cuando se lleva aún más lejos esa exploración que a nosotros nos interesa. Llamamos a nuestra música “Piano.2” porque es la fusión de piano y electrónica a un nivel que va más allá de la mezcla de esos dos elementos. En julio saldrá un nuevo maxi de Aufgang en el que habrá una remezcla de Sutekh que me gusta mucho porque parte de la misma idea de desintegrar las texturas e ir más allá. Nosotros no somos puristas del piano, no estamos obsesionados con el instrumento: en cinco años podría suceder que Aufgang ya no tuviera piano. Podríamos ser lo mismo pero con sintetizadores, o con clavicordio.

Algunas remezclas que os han hecho, como la de Robert Hood, no respetan el piano. Pero no lo desintegran en algo distinto, simplemente lo evitan… F. T.: Muchos remezcladores no usan las pistas de piano que les pasamos. Es lógico: samplear un piano es muy difícil, porque el sonido del piano es todo attack y decay, golpea con fuerza y luego el sonido se esparce; ese decay es innato en el piano y no te lo encuentras en los instrumentos de cuerda, por ejemplo. Me gusta el remix de Hood y el groove que mantiene, pero el piano que suena es MIDI, no es nuestro, es un sample muy básico porque con el piano original habría sido muy difícil llevar el tema por donde él hubiera querido. John Talabot también nos ha dicho lo mismo, que es muy difícil samplear estas notas. ¿Qué tiene Lang Lang que no tengáis vosotros?F. T.: ¿ Lang Lang? Él tiene un contrato de patrocinio firmado con Nike (risas). Aunque debo decir que nosotros tenemos el apoyo de la marca Puma. No es un gran sponsoring, pero ayuda.

¿Las marcas de ropa deportiva también están entrando en la música clásica?F. T.: Sí, es un fenómeno muy nuevo que muestra la desesperación de los sellos de música clásica y avisa del signo de los tiempos: cada vez hay más marketing en este sector, cada vez hay equipos más grandes trabajando para forjar el éxito de una figura emergente. Todo esto sucede porque la música clásica es un negocio en declive. A los conciertos sólo va gente mayor, y las ventas están descendiendo. No están tan bajas como las del jazz, pero cada vez se venden menos discos.

¿Qué no habéis podido hacer en este disco y os gustaría que formara parte del sonido y la identidad de Aufgang? F. T.: Una idea que tenemos es la de utilizar pianos de cuarto de tono, que son muy raros. Utilizan una escala no cromática en la que se cubren todas las notas que deja fuera un piano convencional, lo que significa que tiene dos series de teclados, cada una con 24 notas. Son pianos que se fabrican por encargo, si pidiéramos uno igual nos lo podrían hacer en el IRCAM de París como un desarrollo en software para usar por medio de un dispositivo MIDI. O sea, sería un teclado virtual hecho con el programa Max/MSP. Si la idea de Piano.2 es piano + electrónica, aquí igual estaríamos entrando en la fase Piano.3: pianos virtuales con más notas de las imaginables, capaces de producir escalas muy locas, o con un parche MIDI mediante el cual poder activar imágenes a medida que tocas. Eso podría ser el futuro de Aufgang. O, por qué no, incorporar una voz. ¿Sabías que Rami tiene una voz maravillosa?

Aufgang estarán presentes en Sónar. Consigue aquí tus entradas.

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