Entrevistas

Apparat

Cosas que hacer en México cuando estás hartísimo del techno

Apparat

Sascha Ring, a quien conocerás mejor como Apparat, anda desesperado por quitarse de encima la etiqueta que le identifica como un famoso productor techno de Berlín.

No va a serle nada fácil.

Berlín es una ciudad reconocida en el mundo entero por su música electrónica, gracias sobre todo a iconos globales como Ellen Allien y Modeselektor, así como a sellos como Shitkatapult. Apparat ha colaborado tanto con Allien como con Modeselektor, y con ello ganándose el loor de las masas. Y sí, además era el co-propietario de Shitkatapult, así que no resulta sorprendente que le esté costanto tanto sacudirse la etiqueta que le identifica dentro del techno: sigue estando considerado como una de las piezas centrales de la escena.

Lo cual es muy divertido, porque Apparat lleva mucho tiempo sin editar nada que pueda identificarse directamente como techno. Su último álbum, “Walls”, era una maniobra angelical y ensoñadora queconservaba una conexión audible con sus orígenes en la música de baile, pero una conexión amable que se expresaba más desde la zona VIP, con un cocktail en las manos, que desde la mismísima pista de baile. El nuevo disco, “The Devil's Walk” ( Mute, 2011), va todavía más lejos: se aparta definitivamente del club, toma un taxi en dirección al aeropuerto, se traga un par de váliums y, después de flotar a través de las nubes, se despierta en una hamaca que se balancea entre dos palmeras, con el mar extendiéndose mansamente por las orillas de una playa desierta en las inmediaciones. Más concretamente, la playa desierta de Sayulita, una pequeña localidad cercana a Puerto Vallarta, en México. Sascha consideró que necesitaba apartarse de todo el jaleo musical que se le estaba agolpando en la cabeza. Básicamente, creyó que tenía que irse lo más lejos posible de Berlín.

En el momento de hablar con él, Sascha está sentado en una oficina atestada de cosas. Es una tarde gris y aún así agradable; no es como estar en México bajo el sol, pero se le ve feliz de poder hablar acerca de la concepción y ejecución de “The Devil’s Walk”. Eso sí: no le hables de la escena techno de Berlín. ¡Ups...!

Eres célebre por ser parte de la escena electrónica de Berlín, pero “The Devil’s Walk” lo compusiste en México. ¿Qué andabas haciendo por allí?

Bueno, como todo el mundo sabe el invierno es un asco en Berlín [risotadas], y esa fue una buena razón para plantearse ir a México. Es un lugar muy agradable en invierno. Pero en realidad, la razón principal estaba en que no quería grabar este álbum en un estudio profesional. No quería que la parte de percusión sonara perfecta, como si fuera una batería de las buenas. Por supuesto, en un estudio también tienes la posibilidad de hacer que todo suene desplazado o lo que quieras, pero si montas una batería en una sala de estar en México, con un techo de hojas de palmera, entonces suena diferente y desplazado... al instante. Y también es una manera más divertida de hacer música: un día puedes montar la batería en un sitio, luego en otra habitación, o incluso fuera, y eso era lo que quería hacer, quería jugar un poco más con el sonido. Luego, otra cosa: estaba en la casa con tres personas más, Josh de Telefon Tel Aviv, que me ayudaba a producir el material, Fredo [Nogueira], que tocaba la guitarra, y Jörg [Wähner], el percusionista, y estaba genial eso de tener a todo el mundo en la casa a todas horas. Siempre que necesitaba un sonido de percusión, sólo tenía que llamar al batería para que viniera y entonces tocaba unos cuantos beats para mí. Era como como un campamento de producción.

Escogí ese lugar porque tengo algunos amigos por allí, que fueron los que me facilitaron el acceso a un kit de percusión, a los amplificadores para guitarra y material así; evidentemente, no quería tener que cargar con todo eso desde Alemania. Elegí México también porque me gusta la cultura, la atmósfera relajada de la gente. Todo parece ser algo más... sencillo, en comparación con la vida en Europa.

El país tiene fama de peligroso últimamente...

Eso es más la parte norte, es decir, la frontera, porque esa es la puerta de entrada para el tráfico de drogas en dirección a Estados Unidos, y ahí es donde está concentrado el problema. En el centro del país y en la costa todo es bastante seguro.

¿Fuiste allí con un concepto de álbum en mente? ¿O fue estando allí cuando te vino la inspiración para el sonido?

Fui allí con algunas ideas en la cabeza. Esa fue la gran diferencia en el proceso de elaboración del álbum, porque empecé con esas ideas que se me ocurrieron en casa, tocando el piano o la guitarra, o cantándole a mi iPhone. Luego se me ocurrió la idea general y todo fue bien. Así que con unas pocas ideas me fui a México y empezamos a producirlas y, por supuesto, en México se me ocurrieron unas cuantas más. No diría que el entorno hizo que cambiara el sonido. Posiblemente, el disco hubiera sonado de una forma muy parecida si se hubiera grabado en un estudio en Berlín.

Exacto, no suena como si hubiera mariachis por ahí en medio, sigue sonando a un disco de Apparat.

Sí, la producción es lo único que suena un poco diferente. Además, es sólo la mitad del disco lo que está hecho allí, la otra mitad la terminé en Berlín cuando regresé. En México estuve dos meses, pero acabar el disco me llevó más tiempo. Hubo que grabar mucho, muchísima percusión y muchas voces: todo eso lo hice en el cubículo que me monté, medio metro cuadrado de espacio para grabar voces, un espacio jodidamente oscuro. Fue muy inspirador.

¿Tenías alguna idea de lo que quería alcanzar con este disco?

En el pasado, la manera que tenía de hacer música siempre implicaba sumar capas y más capas de sonido, siempre más y más, y esta vez lo que quería era conseguir una versión más desnuda de Apparat, una versión muy pura de las canciones que tenía en mente. También quería hacer un disco que sonara orgánico, no hecho por ordenador. Eso significaba que había que grabar muchas tomas completas de la canción, desde el principio hasta el final, con pocos edits y evitando el recurso habitual de hacer muchos loops que se aguantan durante toda la canción y a los que les añades bombos 4x4. Eso era lo que no quería. Quería hacer un disco humano que conservara un atractivo electrónico. Es un atractivo que yo ya no capto cuando escucho mi música, pero hay gente que me dice que todavía sigue sonando electrónico.

¿Es esa la razón por la que querías montar una banda específicamente para este disco?

Sí, pero la banda se configuró un poco más tarde. Por supuesto, ya sabía que esta música la quería tocar con una banda una vez estuviera acabada, para conseguir reproducir el sonido y también porque con una banda la interacción en el escenario es mejor y las actuaciones son más interesantes. Me he tirado años y años y años tocando yo solo, pero luego participé en Moderat y en los shows con Ellen [Allien] y comprobé que todo es distinto si estás con más gente en el escenario. Nos motivamos más los unos a los otros. Pero lo que es la grabación, al menos en la parte de Berlín, la hice toda sólo con una persona. Mi manager, Daniel [Meteo], me puso en contacto con un amigo suyo, Nackt, que ahora está también en mi banda. Básicamente, se dedicó a tocar todos los instrumentos. Así que durante la producción del disco, nosotros fuimos la banda. Yo me sentaba en la mesa de mezclas y él estaba en la pecera del estudio. Trabajábamos juntos en las canciones y, de vez en cuando, le preguntaba “ey, ¿puedes tocar esta melodía de piano que haga du-du-du-du-du?”. Lo grabábamos todo con micros en la habitación: el piano, la percusión, las guitarras, lo que fuera, así que él era como mi sampler humano. Me fue muy útil, salió todo muy bien.

¿Escuchabas mucha música cuando estabas escribiendo el disco?

No mucha, en realidad, porque siempre que hago música intento no escuchar demasiado material ajeno. Aunque no lo quieras, siempre te acaba inflyendo. Escuchas algo que se te queda pegado en la parte trasera de tu cerebro y luego no puedes evitar repetir la línea que has memorizado de manera inconsciente. Así que siempre evito escuchar música en la medida de lo posible.

Eso seguro que no es fácil.

Pues en realidad sí fue fáci, porque normalmente escucho música cuando estoy de viaje, cuando estoy montado en un avión o esperando en un aeropuerto, pero en el tiempo que estuve en México siempre estaba en esa casa con más gente alrededor y en realidad no tuve la oportunidad de escuchar música, casi nada. Por supuesto, antes de grabar sí que escuché muchos discos para hacerme una idea de lo que quería, y una de las influencias importantes para el álbum ha sido Steve Reich, por su idea de repetir patrones e ir modificándolos sobre la marcha, es un método compatible con la música electrónica. Pero él lo hace de manera más inteligente, no se limita a hacer loops.

Hay muchos músicos electrónicos que citan a Steve Reich como influencia por ese motivo, precisamente.

Sí, es lo más seguro.

¿Hubo alguna razón por la que decidiste editar este álbum con Mute Records?

Sí la hubo. Al principio de esta entrevista me decías que se me suele asociar con la escena electrónica de Berlín, y este álbum tiene poco que ver con el sonido electrónico de Berín. Si lo fuera a editar con BPitch Control o con cualquier otro sello berlinés, se identificaría aún más como un disco electrónico, ¡y yo ni siquiera actúo ya en clubs! Por supuesto, sigo conservando a todos mis amigos que son DJs, y conozco a todo el mundo en Berlín, es mi ciudad, quedamos a menudo, pero ya no me siento conectado a la escena, en especial a la escena de baile. Sé que es una locura, pero si leo en algún lugar “Apparat, el productor de música de baile alemán”, me da algo. Es como si nadie se hubiera molestado en escuchar mi música anterior. Es por eso por lo que quise apartarme de Berlín por un tiempo, y pensé que Mute podía ser una buena idea porque, aunque tiene el trasfondo electrónico, siempre ha sido un sello bastante ecléctico. También tengo amigos que conocían bien a Daniel Miller, el fundador de Mute, y fue muy fácil conectar. Ni siquiera fue idea mía. Algunos amigos me decían “¿sabes que Mute vuelve a ser un sello independiente otra vez [después de su relación con EMI]? Parece interesante, deberías enseñarles el álbum”. Y un amigo les llevó el disco y al momento ya estaba firmando el contrato.

Imagino que la opción de Mute era especialmente apropiada, pues es un sello con fama de acercarse a la música electrónica a través de las bandas, más allá de la idea de un tipo en solitario con un laptop o lo que sea. ¿Te aburriste de ese tipo de puesta en escena?

Sí, aunque no diría que estoy aburrido. Quiero decir que el año pasado salí de gira con mi “DJ Kicks” y fue muy divertido, cada actuación fue muy bien. Pero ya no me puedo imaginar haciendo esto durante el próximo año porque, desde el punto de vista artístico, es algo que ya no me recompensa. Hay mucha gente que va a los clubes no por la música, sino porque sus amigos les han convencido de que mola estar ahí. Creo que una parte grande del público que venía a mis shows lo hacía porque les interesaba mi música, y lo agradezco, pero tenía ganas de dar conciertos. Además, es más sano si tienes que tocar a las diez de la noche... no sé, es un poco de todo. No estoy tan conectado como antes con la escena de música de baile, no hay mucho progreso ni mucho movimiento, todo consiste en utilizar ciertas herramientas para conseguir que la gente se lo pase bien. Sólo les estás dando la banda sonora de la fiesta, nada más.

E intentas alejarte de todo eso en la medida de lo posible.

No es que lo esté intentando, ¡es que ya lo he hecho! Estoy intentando convencer a los medios de comunicación y a otra gente de que todo esto ya sucedió hace mucho tiempo. El problema es que, siempre que saco el tema en alguna revista, se interpreta que lo mío con la música de baile se acabó porque odio el techno. Y no es eso, ¿comprendes? Esa es una música que sigo admirando si se utiliza en el contexto adecuado: si estoy en un club, y suena la música correcta en el momento adecuado, es fácil comprender por qué existe y por qué tiene sentido, pero ya no puedo escuchar techno en mi casa o con auriculares cuando estoy en algún lugar que no sea el club. Para mí ya no es lo suficientemente musical. Tiene sentido que exista, pero me gustaría que la gente que hace techno adoptara más riesgos. Hay muchos DJs, muchos clubes... no quiero decir que todos, pero sí hay mucha gente que no arriesga porque no quieren perder ni dinero ni fans ni nada parecido, y por eso a veces suena tan simple.

Supongo que habrá mucha gente que piense “bueno, cuando más amplio sea el público a más gente podré llegar y más actuaciones me saldrán”.

Sí, pero eso empieza de una manera muy subconsciente. Si eres un DJ y estás enfrente de mucha gente en un club, tienes esta... urgencia de ver a todo el mundo levantando los brazos. Siempre quieres una reacción rápida, y esa es la respuesta más fácil que vas a conseguir del público, razón por la cual muchos artistas tiran a menudo por la vía sencilla. Cuando este contexto se me viene a la cabeza, siempre menciono a James Holden. Lo que me gusta de él es que es completamente diferente a todo esto. Pincha de una manera muy musical. Siempre se preocupa de mezclar canciones en la misma tonalidad y propone un viaje real, y además pincha sets muy hipnóticos y raros durante muchas horas. No se preocupa por conseguir ese efecto rápido de “brazos en el aire” a los 20 minutos; eso se lo guarda para el último tema. Además, en medio de ese viaje siempre te va a colar música aventurera que seguramente va a ayudar a educar a la gente. Y eso no es algo que ocurra muy a menudo.

Me gustó mucho su mix “At The Controls”, pero hace bastante tiempo que no ha sacado nueva música.

Bueno, hizo un “DJ Kicks” poco antes de que yo editara el mío, y su sesión era también muy interesante porque proponía un sonido muy distinto. Era una locura, de la primera canción hasta la última parecía como si el mismo arpegio estuviera sonando en cada uno de los discos pero en diferentes variaciones. Era muy interesante. Incluso si no es el estilo que te gusta, cuando le escuchas tienes que reconocer que pincha de una manera muy inteligente y con mucha... pasión.

Cantas mucho en “The Devil’s Walk”. ¿Es algo con lo que estés cómodo, o te tuviste que forzar para cantar?

Sin duda. La razón principal por la que empecé a cantar fue que no encontraba al cantante adecuado. Soy de los que piensan que todo el mundo puede cantar, ¿sabes? Sólo hay que tener unas mínimas nociones y luego, por supuesto, ponerte a practicar para saber cómo quieres que suene lo que haces, y tener una idea. Yo no quiero contar una historia, ni tengo la urgencia de explicar mis sentimientos. Mi disco funciona así: utilizo instrumentos acústicos porque es la manera más rápida de acceder a un sonido. La guitarra, ¡ping! El ordenador, ¡click, click, click, click, click, hummmm, nononono, intenta con esta otra nota, arggghhh, oh, no, no es la correcta! Lo otro es más directo, y llegas más rápidamente a las emociones también. Y la voz es el instrumento más veloz porque hay una conexión directa, una conexión que muchas veces ni siquiera pasa por tu cerebro. ¡Es una locura! Supongo que entiendes lo que quiero decir; no piensas en las cosas, simplemente las haces; sale de dentro de ti, y esa es, a mi parecer, la forma más rápida de llegar a una idea musical. Incluso a una idea de la que ni siquiera eres todavía consciente pero que tienes dentro de ti.

Tienes esos momentos en el estudio en los que te empieza a brotar la inspiración porque escuchas un loop de fondo y te dices “ok, ahora tengo que cantar”. Entonces cantas algo y ni siquiera tienes letras. Entonces lo vuelves a escuchar y dices “ah, sí, aquí hay algo que funciona, algo escondido”. Y entonces escribes una letra y todo cobra sentido, la segunda toma es la que acaba entrando en el disco. Es un momento mágico. Y esa es la belleza de la voz, porque permite hacer cosas así de directas.

¿Hay alguna razón por la que has escogido cantar en inglés?

La razón principal es que si canto en alemán... ¡suena horrible! No sé por qué, pero no funciona. Y tampoco es divertido escribir letras en alemán porque... es decir, es un idioma bonito para la poesía y cosas así, pero no suena demasiado bien.

Hay artistas que saben llevarlo bien. Barbara Morgenstern, por ejemplo.

¡O Rammstein! [risas]. Es verdad. Las letras de Barbara Morgenstern son muy inteligentes, acceden a otra dimensión. No sé. Es que... ¿sabes?, incluso cuando lo estás pensando, ahí en el estudio, con un loop de fondo y empiezo a musitar algo, siempre que ocurre lo hago en inglés. Así que, no sé, no fue una decisión que yo haya tomado, es algo que simplemente ha sucedido.

Antes de empezar a grabar el disco, ¿escribiste alguna letra o fue algo que surgió espontáneamente?

En la mayoría de los casos, ya las tenía escritas. Me dí cuenta de que la mejor situación se producía siempre si tenía una idea e inmediatamente la pasaba por escrito. Abrí una carpeta en mi disco duro en la que había ideas para letras, y así, cuando estaba en el estudio y salía una canción chula, sólo tenía que buscar entre las letras y encontrar la idea correcta. Esta manera de hacer es la fácil; luego está la manera perfecta de hacer, que es la que he mencionado antes, cuando todo sucede de manera mágica y sin que lo esperes. Si te digo la verdad, sólo sucede así en dos de cada diez intentos. Básicamente, quería hacer un álbum de esta manera, pero a ese ritmo me habría llevado diez años completarlo, y tendría que haber tirado a la papelera cerca de 300 canciones.

¿Qué canciones del disco dirías que sucedieron de manera perfecta?

“Ash [/Black Veil]” y “Your House Is My World”, la última de todas. Estas son las canciones que ahora puedo recordar que sucedieron en el estudio. Toqué un loop con una mandolina, luego hice otro loop, los junté los dos y estaba tan metido en mi pequeño mundo que me puse a cantar, y funcionó. De hecho, las dos canciones que están en el disco son segundas tomas. En la primera toma encontré la letra –escribí las palabras en quince minutos, no más, porque son muy breves y abstractas–. Y luego, en la segunda toma ya estaba terminada, porque la versión más emocional es la segunda siempre. Quizá no sea perfecta, pero si te pones a cantar algo durante diez o veinte tomas, la interpretación se vuelve una rutina, y pierde un poco de su magia.

La razón por la que mantuve una carpeta con letras en mi disco duro fue para tener a mano la primera toma de una grabación. Esa es la única razón por la que conservas la primera toma: ¡las letras son una mierda! Así que en el mejor supuesto, por lo menos, te quedas con los sonidos: nunca más se te va a ocurrir la misma idea a la vez, con los mismos condicionantes, el mismo loop o la misma inspiración.

Cuando salga este disco, ¿qué posibilidades hay de que hagas otro disco como Moderat?

Ese disco se va a hacer. De hecho, ya hemos decidido que tenemos que empezar a trabajar muy pronto. Ya va siendo el momento de que nos reunamos y empecemos a ver qué canciones tenemos. Lo bueno de todo esto es que siempre nos quedan canciones que no hemos utilizado en el último álbum y que podemos aprovechar. Así es como hicimos el primer LP de Moderat, a partir del intercambio de ideas. Yo ya no podía escucharme más a mí mismo, y ellos tampoco soportaban su material, siempre había esa reacción del tipo “oh oh oh, quita eso”, pero de repente venía uno de los tres y aportaba una idea que mejoraba la canción otra vez. Creo que podemos volver a hacerlo a partir de temas que nos han sobrado. ¡Es un gran proyecto de reciclaje! Y aún así, la mitad del primer álbum acabó saliendo a partir de canciones nuevas.

Tuve suerte de veros telonear a Radiohead en Poznan, Polonia, de esto hará ya un par de años. ¿Cómo fue que os llamaron?

Buena pregunta. Modeselektor habían estado en contacto con Thom Yorke durante un tiempo. Gernot [Bronsert] le envió el álbum de Moderat y le gustó mucho. Me parece genial que Radiohead siempre escojan teloneros de digestión pesada.

No era una elección muy obvia, pero funcionó muy bien.

Fue un poco difícil tocar a plena luz de día; en principio teníamos que tocar a oscuras, con las pantallas y toda esa parafernalia, y nos costó bastante. Pero supongo que ser telonero, en sí, ya es bastante duro. A todo lo que he dicho sobre Moderat me gustaría añadir una cosa: no es un proyecto de una sola vez. Para los tres, Moderat es desde hace tiempo nuestra segunda banda. Está muy bien eso, porque nos permite enfocar nuestros otros proyectos con mucha más libertad. A mí me ha permitido hacer álbumes muy diferentes como Apparat, porque en todos los álbumes anteriores no dejaba de pensar cosas del tipo “oh, dios mío, esto es una locura, hay demasiados instrumentos, no es lo suficientemente electrónico, bla bla bla”, y en este álbum nunca tuve ningún pensamiento de ese tipo porque siempre que alguien me dice [adopta una voz esnob] “oh, no, no me gusta, a mí sólo me gusta la música electrónica”, entonces le puedo decir que muy bien, que entonces vaya a comprarse el disco de Moderat. Ese es ahora mi lado electrónico. Puedo concentrar todas mis ambiciones electrónicas en Moderat.

¿Y ese nuevo disco saldrá en BPitch Control?

Sí, y también estará conectado con mis amigos y con mi familia, que es algo muy importante para mí. Esa es otra de las razones por las que escogí editar con Mute, porque también es, a su manera, un sello familiar. Daniel siempre está en los conciertos. Yo nunca podría publicar con un sello grande, multinacional, casi anónimo, en el que tú no eres más que un número. No se corresponde con mis orígenes. Yo sigo trabajando con la misma gente que hace años. Mi manager ha estado conmigo desde hace once años. Desde que era un artista muy, muy pequeño. Y lo mismo con todas las demás personas. Creo que es algo necesario, sano y satisfactorio.

Obviamente, ahora tienes una carrera larga a tus espaldas. ¿Cuál dirías que ha sido el momento más duro hasta la fecha?

En verdad, no creo que haya habido momentos duros, ni siquiera al principio. Cuando empecé, hace ya más de diez años, Berlín era una ciudad barata y muy loca. Pagaba unos 110 euros por el alquiler de mi piso. Y hablo de 110 euros al mes. Y la comida era increíblemente barata. Así que empecé a vivir de la música desde muy pronto, ¿sabes? Y funcionó. Y poco a poco fui teniendo cada vez más éxito. Todo este tiempo ha sido una fase de crecimiento constante, y eso es algo que me gusta. No necesito una gran explosión; creo que ir progresando lentamente es algo mucho más saludable. Y tampoco tengo la ambición de tocar en estadios y cosas así. Ayer estuve hablando con uno de los miembros de mi banda y hablábamos sobre el concepto “hacerse rico”, y me dí cuenta de que si ahora tuviera la oportunidad de hacerme increíblemente rico o, por el contrario, mantener este mismo estilo de vida, con la misma gente, y durante toda la vida, preferiría seguir viviendo esta vida en vez de petar a lo bestia.

Y esa es una de las grandes ventajas de Berlín, al menos el Berlín que existía cuando me trasladé aquí hace 13 años. Porque ahora se ha vuelto todo más caro. Berlín se empezó a transformar en una ciudad más cara después del Mundial de fútbol de 2006. Todo el mundo estaba fijando su mirada en Berlín y mucha gente empezó a decir “oh, si no está tan mal después de todo”, y se vino aquí y compró propiedades. Ahora es diferente. Sigue siendo una ciudad mucho más barata que Londres, pero ya no es lo que era. Es que antes era indescriptible, era más barato que... ¡México!

En unos cuantos días voy a ir a Berlín por primera vez. ¿Qué me recomiendas ir a visitar?

El problema está en que en los últimos cinco años apenas he estado en Berlín. No soy la mejor persona para preguntarle a dónde ir. Pero sin duda tienes que pasar la mayor parte de tu tiempo por Kreuzberg. Hay otras zonas interesantes, como Prenzlauerberg, que es donde estaba antes la escena, pero casi todo lo guay está ahora en Kreuzberg. Hay un montón de bares y pequeños clubes. Es evidente que tienes que ir al Berghain, al menos una vez, para ver cómo es, porque sigue siendo un club genial. Hay muchísima libertad en su interior, te da la sensación de que podrías correr desnudo de un lado para otro y a nadie le importaría una mierda. Y eso mola

¿Cuáles dirías que son las influencias no musicales que se perciben en tu arte?

Siempre he tenido fantasías locas de escapar de donde estoy. Siempre que tengo un poco de tiempo libre, me gusta irme lejos: México, Tailandia, donde sea. Ahora me gustaría poder ir a Oriente Medio, no me preguntes por qué. Y siempre me gusta ir por mi cuenta. Me gusta estar en un lugar durante un mes y que parezca que has estado allí un año. No soy el tipo de turista que se va a un lugar y se aloja en pensiones para estudiantes y habla con la gente, yo me relaciono sólo para pedir comida y nada más. Me dedico a ver muchas cosas. Y entonces es cuando aflora la creatividad de verdad y me vienen muchas ideas.

¿Escribes un diario mientras viajas?

Escribo cosas. También grabo ideas. La próxima vez que me vaya de viaje me quiero llevar una guitarra conmigo por primera vez, y un dispositivo para grabar que sea muy sencillo. Pero siempre manteniendo el mismo propósito: estar solo. Escapar de todo y estar completamente solo en medio de algún entorno extraño y exótico. Eso siempre me ha fascinado. Y tengo que aprender a hacerlo bien; una vez fui a un sitio durante una semana y la experiencia fue dura, y a la segunda semana ya decía “oh, dios, quiero volver a casa”. Ahora es más fácil. Otro de mis hobbies es montar en motocicleta. Tengo una moto muy bonita y siempre la utilizo para irme al campo, y es lo que hago cuando voy a otros países, alquilo una moto y me voy a sitios.

Y una vez dicho esto, se subió rápidamente a una Triumph Thunderbird y montó en ella en dirección al horizonte y la caída de sol. Bueno, no, no hizo eso (aunque hubiera estado bien, ¿verdad?). Sascha no es de esos de protagonizan momentos dignos de Hollywood, esos finales felices. La tranquilidad reflexiva y emocional de “The Devil’s Walk” es la prueba fidedigna de su carácter. En el pasado, le puso banda sonora a la fiesta con aplomo, pero este álbum es de aquellos que le dan la razón a Apparat cuando asegura que hay que escucharlo con auriculares. La verdad es que, ya esté en Berlín o en la playa, es un hombre completamente obsesionado con el sonido, y eso sólo puede ser algo bueno para quienes nos gusta escuchar.

Apparat –  “The Devil’s Walk” “The Devil’s Walk”

Crítica: “ Sayulita EP

Crítica: “ DJ Kicks

Crítica: “ Moderat

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