Entrevistas

El Apocalipsis está aquí: una conversación con Àlex Pastor sobre “Los Últimos Días”

Hablamos con el co-director de la cinta de culto “Infectados (Carriers)” sobre su nueva película a medias con su hermano David, que trata sobre el fin del mundo

En 2009 los hermanos Pastor dieron la campanada dentro de los círculos del cine fantástico con su película de zombies, “Infectados”. Ahora regresan con “Los Últimos Días”, un relato sobre el tedio, la enfermedad y el fin de los tiempos ambientado en Barcelona. Hablamos con Álex Pastor.

Tras debutar en largo con la estimulante “Infectados (Carriers)” (2009), película de contagio producida en Estados Unidos, los hermanos Àlex y David Pastor ruedan y ambientan en casa su segunda y ambiciosa película: “Los Últimos Días”, un ejercicio de ciencia-ficción situado en una Barcelona post-apocalíptica. Con un reparto encabezado por Quim Gutiérrez y José Coronado, el nuevo filme de los barceloneses imagina un mundo en ruinas, víctima de una extraña epidemia de agorafobia (o algo de síntomas son similares), para seguir explorando el cine fantástico y, al mismo tiempo, reflexionar sobre la desilusión, la apatía, el pesimismo y otros males contemporáneos. Hablamos con Àlex.

Vuestra película se enmarca en el resurgir, muy en sintonía con los tiempos, del cine post-apocalíptico estos últimos años. ¿Por qué os aferrasteis a ese subgénero?

No fue el resultado de un plan. Cuando haces una película no te planteas lo que se lleva porque pueden pasar años entre que concibes una historia y tu película se estrena. Escribir, desarrollar, levantar y estrenar una película lleva mucho tiempo, con lo que lo que es tendencia cuando arrancas un proyecto no suele serlo cuando lo acabas. Eso sí, es verdad que es más probable que le hagan caso a tu propuesta si coincide con alguna moda; el éxito de “Crepúsculo” (2008), por ejemplo, provocó que se hiciera más caso a las películas de vampiros. Pero no es algo en lo que pienses desde el principio.

"Al final, uno escribe sobre lo que le angustia, le agobia y no le deja dormir por las noches"

¿Ha sido difícil levantar en España una película de las dimensiones de “Los Últimos Días”, en la que lleváis el Apocalipsis a Barcelona?

Fácil no ha sido, aún menos en un momento como éste. La prueba está en que la película empieza con minuto y medio de logos. Ésa es la realidad del cine español, del europeo en general: cuanto más ambiciosa es la película, más compañeros de viaje necesitas. Pero el guión tuvo buena recepción y gustó lo suficiente para que se metiera gente muy diversa en el proyecto. Eso nos dio ánimos y nos confirmó la necesidad de rodar un teaser para demostrar que éramos capaces de llevar a la pantalla lo que estaba en página, que por un lado la película podía tener un buen nivel técnico, un look potente, y que sabíamos cómo expresar mediante el diseño de imagen y sonido algo tan subjetivo e interno como la agorafobia.

En vuestra película se aprecia el intento de utilizar la fantasía monumental para hablar de males sociales y dramas personales comunes.

La única y verdadera intención era hablar de lo que nos interesaba y preocupaba. Al final, uno escribe sobre lo que le angustia, le agobia y no le deja dormir por las noches. El cine es una válvula de escape a todo eso. La literatura, la música, las películas… Te permiten expresar esas cosas y te dan la oportunidad de conectar con otras personas y descubrir que no somos tan distintos, que no estamos solos en esas sensaciones tan difíciles de expresar con palabras. Ver todo eso reflejado en pantalla es darte cuenta de que hay más gente como tú, de que te entienden.

¿Es difícil encontrar la simetría entre espectáculo y psicología y emoción?

Cuando quieres hacer una película que juegue en dos ligas, que sea un entretenimiento y a la vez cuente algo más profundo, es difícil encontrar el equilibrio. Es complicado, pero era lo que pretendíamos porque ése es también el tipo de cine que nos interesa como espectadores. No hacemos las películas sólo para nosotros, pero tampoco nos obsesionamos con lo que le pueda gustar a la mayoría porque, aferrándome a William Goldman, “nadie sabe nada”. Tenemos gustos variados, pero en general las películas que nos gusta escribir y dirigir son las que conjugan ambas cosas, el cine que es a la vez visceral y capaz de emocionar.

"Somos continuadores del trabajo de otros, algo que a veces cuesta aceptar·

¿Reconocéis referencias cinematográficas, literarias y televisivas en vuestra película?

Hemos visto mucho cine, con lo que es evidente que hemos heredado cosas de otros directores. Pero las referencias en nuestras películas no son conscientes, no son deliberadas. De hecho, muchas veces te das cuenta de los guiños a otros filmes a posteriori. Hace poco, por ejemplo, alguien me preguntó si la escena del muñeco en el ordenador del personaje de Quim era un homenaje a “Parque Jurásico” (1993)… Y la verdad es que cuando la pensamos lo que teníamos en la cabeza era “South Park” [risas]. Uno siempre tiene ganas de explorar nuevos territorios, de dar su prisma personal a ciertas historias mediante mecanismos como la hibridación de géneros, pero hay que aceptar que es difícil hacer una película innovadora y es pretencioso creer que harás algo totalmente nuevo. Somos continuadores del trabajo de otros, algo que a veces cuesta aceptar. Y lo realmente importante es contar una historia de la forma más honesta posible.

“Los Últimos Días” me parece una película más accesible que vuestra ópera prima. ¿Era uno de vuestros objetivos?

No, no había una voluntad deliberada de hacer algo mainstream o más accesible. De hecho, ya en guión era una película marciana porque planteaba un conflicto en el que no había malos, en el que la amenaza no tenía forma. “Los Últimos Días” va sobre una enfermedad de carácter psicológico y anímico, y eso era tan difícil de articular como de vender. Levantar un mundo verosímil a partir de una epidemia de agorafobia no era reto fácil, y convencer a un productor de que era posible hacerlo, tampoco. De hecho, si la hemos hecho aquí es porque hay una visión mucho más amplia de lo comercial. Una película como esta, levantada a partir de una dolencia de carácter interno que ni siquiera se explica a qué se debe, no se podría haber hecho en Estados Unidos. Y, de poder hacerse, no tendría un final como el que tiene. La habrían cortado antes.

Ya desde el inicio del proyecto, ¿qué tenía “Los Últimos Días” que la distanciara de otras películas apocalípticas?

Queríamos evitar hacer otra película apocalíptica que hablara de cómo un mundo idílico se iba a la mierda por culpa de un cataclismo indeterminado. De alguna manera, el objetivo era proponer lo contrario. Queríamos presentar a los personajes sumidos en rutinas aburridas y llenos de dolencias que tienen que ver con cómo vivimos, con nuestro sedentarismo, con lo mal que comemos y lo poco que dormimos. Y que, al enfrentarlos a un posible fin del mundo, se sintieran más vivos que nunca y todo fuera más emocionante.

En “Los Últimos Días” introducís una variable apenas perceptible en “Infectados (Carriers)”: el humor.

Probablemente sea porque, al ambientar la historia en Barcelona, queríamos que fuera cercana para el espectador y le transmitiera cierta sensación de naturalidad, y eso a veces viene en forma de humor. Además, incluso en los momentos más oscuros uno puede reírse, aunque simplemente sea por no llorar.

De cara a futuros proyectos, ¿seguiréis trabajando juntos?

Sí, de momento la experiencia de escribir y dirigir a medias está siendo buena. Es positivo tener un aliado como tu hermano, con quien compartes sensibilidad y estilo. Y en momentos de duda siempre es bueno contrastar opiniones para tomar las decisiones más difíciles o arriesgadas.

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