Entrevistas

Anni B. Sweet: “Enamorarse es muy bonito, pero el corazón es un gran monstruo”

La cantautora malagueña aprovecha su segundo disco, “Oh, Monsters!”, para mostrar todos sus miedos interiores

Anni B Sweet ha vuelto y lo hace con un disco en el que descarga todos sus miedos; un disco de crecimiento no sólo musical, sino personal: las trampas del amor, tomar una dirección en la vida, la soledad… De todo esto nos habla la cantautora malagueña.

La vida de Ana López Rodríguez, más conocida como Anni B. Sweet, cambió radicalmente ahora hace tres años con “Start, Restart, Undo” ( Subterfuge, 2009), justo en ese preciso momento en el que sus canciones salieron de los bares de Madrid y se expandieron hacia miles de personas que la acogieron como una de las nuevas sensaciones femeninas del pop-folk nacional. Con la exitosa resaca de aquel sorprendente debut aún fresca en nuestra memoria, la malagueña ha aprovechado estos últimos meses para psicoanalizarse y plasmar en “Oh, Monsters!”, su nuevo álbum para Subterfuge, aquellos fantasmas que le han acompañado durante su maratoniana gira. Producido por ella misma, Ángel Luján y el Vetusta Morla Guillermo Galván, la artista agranda su sonido y nos hace participes de una mayor paleta sonora que se desvía de las directrices de sus primeras composiciones. Nadie mejor que ella para que nos cuente todo lo que se esconde detrás de estas catorce nuevas canciones.

"Nunca pensé que alguien escucharía mis canciones. En “Start, Restart, Undo” puse toda mi ilusión sin saber lo que iba a pasar. De cara a un segundo disco partes de la idea de que la gente a la que le gustó el primero, ya sólo por curiosidad, escuchará éste."

Con apenas 24 años y las miradas de miles de personas acechándote desde que saltaste a la palestra, supongo que la vida en los últimos años te ha cambiado por completo. ¿Cómo lo llevas?

Cuando haces lo que te gusta sabes cómo llevarlo. Realmente, el cambio más gordo estos años ha sido de estar en la facultad a dedicarme a la música y vivir sola en Madrid, lo cual conlleva nuevas obligaciones. Me quedé en tercero de Arquitectura y, por ahora, no tengo intención de retomar los estudios. Al igual que con la música, es una carrera muy egoísta de esas que no te dejan dormir por la noche.

Con tu segundo álbum en la calle esta misma semana, ¿te quita el sueño la recepción que pueda tener? La sombra del primero es larguísima.

Ese miedo está ahí, pero lo que me tranquiliza es que al final ha salido el disco que realmente quería. Si un tema me pedía un sonido más fronterizo se lo he dado, del mismo modo en que si otro pedía alguna atmósfera que transportara a la gente al lugar donde compuse la canción, también lo he hecho. No sé si el ser honesta con tu trabajo es todo lo que se necesita. Siempre hay una parte misteriosa, donde me pierdo, que hace que un disco llegue al público. Es una cuestión más de magia, no ocurre premeditadamente.

Tras el sorprendente éxito de tu debut, ¿te has obsesionado más de la cuenta durante el proceso de composición de este “¡Oh, Monsters!”?

Ha habido un poco de todo. Nunca pensé que alguien escucharía mis canciones. En “Start, Restart, Undo” puse toda mi ilusión sin saber lo que iba a pasar. De cara a un segundo disco partes de la idea de que la gente a la que le gustó el primero, ya sólo por curiosidad, escuchará éste. Siempre he sido muy exigente, pero ahora lo soy todavía más. Me he vuelto un poco más cuidadosa en ciertos aspectos y detalles respecto a mis primeros temas. No obstante, lo curioso de todo esto es que cuando entras al estudio se te olvida todo y realmente haces lo que te sale de dentro. Los nervios vienen después cuando ya has grabado el disco y te dices ‘a ver, qué he hecho’.

¿Con poco más de 20 años, tantos monstruos se han cruzado en tu vida como para titular el disco de esta forma?

El título viene de las letras, que hablan principalmente de miedos, como por ejemplo el paso del tiempo. Durante estos años he tenido tiempo para estar sola, para pensar más sobre las cosas que me hacen dudar y experimentar nuevos sentimientos que no sabía de dónde venían. No es que me hayan pasado muchas cosas malas, sino más bien que he profundizado más en mí.

La soledad, para muchos, puede ser uno de los mayores monstruos.

No me quejo de vivir sola, más bien al contrario, te permite analizarte mucho más. Al igual que en medio de una gira, cuando estás tirada en el sofá de casa se te pasan mil cosas por la cabeza. En el momento en el que una misma sensación se va repitiendo empiezas a preocuparte y a analizarte obsesivamente. Aquí es donde florecen los miedos.

¿El corazón también entraría dentro del saco de los miedos? Tengo la sensación de que con estas canciones te has ahorrado bastantes sesiones de psicoanálisis.

Es la primera vez que alguien me lo plantea así, pero es cierto. El corazón es un gran monstruo. Enamorarse es muy bonito, aunque esa belleza también inspira mucho daño y tristeza. Pese a todo, el jodío nos gusta a todos.

De momento has cantando siempre en inglés, pero te vas a quitar la espinita con un futuro EP íntegramente castellano. ¿Cuándo saldrá?

El EP no va a tardar mucho, aunque de momento no sé cuándo aparecerá. A lo mejor me decanto por grabarlo en casa en un formato más de demo. No quise meter ninguna de ellas en el segundo disco porque no me veía del todo, estaba aún un poco asustada con el español. También influyó la temática del disco, ya que las letras iban por otro lado. Tenía casi treinta canciones de las que acabé incluyendo catorce en el álbum. El resto están ahí y ya habrá ocasión de editarlas.

Aunque ninguna de esas piezas en español aparezca en “Oh, Monsters!” y estén provisionalmente guardadas en tu casa, ¿podría decirse que ya estás preparada para dar el paso y aparcar el inglés?

Es curioso, me empiezo a sentir cómoda. Hace cosa de un año se me hacía muy extraño, pero ahora cuando empiezo a componer tanto me puede salir una frase en español como en inglés. Me hace mucha ilusión que esté empezando a salir de forma natural. Es algo que estaba esperando. Quería que saliera precisamente así, no de una forma impostada.

Volviendo el disco, en esta ocasión despliegas un sonido mucho más ecléctico. ¿Cómo afrontas las necesidades de cada tema?

El disco ha salido de una forma muy natural. La estructura es más libre y no responde tanto al estribillo-puente del primero, donde se veía más claro. Las letras y las melodías de estas canciones pedían otro tipo de arreglos. Fue una sorpresa para mí acabar haciendo algunos temas fronterizos, otros más de formato banda o incluir pequeños elementos electrónicos. Simplemente me he dejado llevar por lo que pedía el tema cuando lo escuchaba en acústico. Desnudas, se intuía por dónde iban a tirar. Cuando ves que un disco toma diferentes caminos da un poco de vértigo, pero al final todo está ligado. En definitiva soy yo pasando por unas etapas de mi vida.

¿Estas canciones están más pensadas para que se crezcan en directo?

En los conciertos siempre nos gusta darle algo diferente a la gente que viene a vernos. Lo gracioso es que cuando pasa el tiempo las canciones cambian solas. En los ensayos, incluso, nos hemos acabado mirando y diciéndonos que una canción no suena igual que una semana antes. Los temas van tomando otro color dependiendo de lo que estemos escuchando en ese momento.

¿Qué discos son obligados estos días en tu reproductor?

Pues The Shins ahora son mi grupo favorito. Los amo. Después de los ensayos me apetece relajarme y también me pongo mucho lo último de Bon Iver.

El papel de Phil Vinall como productor se ha reducido drásticamente en favor de Ángel Luján y Guillermo Galván, de Vetusta Morla. ¿Ellos dos simpatizaban más con la causa del segundo álbum?

Con Phil tuve muy buen rollo en Méjico cuando le conocí. Me dijo que me ayudaría cuando quisiera y pensé en él de cara a este disco porque tenemos gustos muy parecidos. Pero al final lo que ocurrió es que hablando con Guillermo y Ángel, a los que veo prácticamente cada día porque son buenos amigos, me decanté por ellos por conocerme tan bien. Pese a ello, Phil se encargó de las mezclas y le dio su toque.

El primer disco mantenía un punto más casero en el sonido, cosa que no ocurre en este caso. ¿Te sentiste cómoda desarrollando los temas en un estudio de grabación?

Estoy acostumbrada a cantar en casa cuando me apetece y, de repente, tenerlo que hacer en el estudio fue un gran cambio para mí. La cabeza se pone nerviosa ese día en el que te dicen que hay que registrar las voces. No obstante, lo mejor es que hice bien en escoger a Guillermo y a Ángel, aparte de a mis músicos, porque me sentí en familia y no había necesidad de ponernos prisas.

¿A qué canción de “Oh, Monsters!” le tienes más cariño?

Puede que a “At Home” y “Monsters”. Es extraño, porque a todas les tengo cariño y me acuerdo perfectamente de cuándo las compuse. Pero en el caso de “At Home”, por ejemplo, fue de las que hice en casa trasteando con mi teclado y metiéndole ruiditos antes de regrabarla en estudio. Me hace ilusión que esté en el disco, porque podría decirse que la produje en casa una noche de diversión. En el caso de “Monsters” me gusta mucho porque es muy diferente y tiene un punto fronterizo entre flamenco y Nancy Sinatra.

¿Y alguna que se te resistiera y casi acabara con tu paciencia?

Tampoco llegó a ocurrir algo así, pero quizás “The Closer”. La demo era muy acústica y ahora tiene una batería robusta y guitarras eléctricas. No es que fuera la más difícil, sino la que más cambió.

Personalmente me ha encantado la sutileza electrónica de “Missing A Stranger”. ¿Quién tuvo la idea de explorar ese camino?

Si me pongo a pensar, la canción iba a quedarse con mi voz y la eléctrica, pero de repente empezamos a probar unos timbales y unas atmósferas para que tuviera ese punto misterioso de la letra. Los ruiditos electrónicos realmente están hechos con palitos de madera. Luego le dimos ese efecto, así que nació de una forma más orgánica de lo que puede parecer.

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