Entrevistas

Amiina

Algo pleno, suave y cálido

Amiina

Amiina son el tipo de chicas con las que me puedo identificar. En las fotos, por ejemplo, pueden aparecen tejiendo encantadoras prendas de punto y bebiendo té en taza. En su música siempre suenan campanas, sierras y cajas de música, y su primer disco llevaba como título la palabra islandesa ( “Kurr”) que describe el trino de los pájaros. Descritas por el periódico británico The Guardian como “un extraño y poderoso lugar entre la sofisticación y la inocencia”, Amiina satisfacen todas mis sensibilidades fantasiosas y mantienen al mismo tiempo un ideal de experimentación juguetona. Licenciadas por el Reykjavik College Of Music, durante sus años de formación se encargaron de la sección de cuerda de Sigur Rós. Diez años después –y con dos presencias masculinas en la banda– publican su segundo largo, “Puzzle” ( Amiinamusic, 2010).

Un día, escuchando a Amiina y preguntándome en voz alta qué podría preguntarles, Daisy –mi violinista de ocho años favorita– salió con un “¿cuál es tu color favorito?”. Así que, en un momento de fantasía inducido por Amiina, decidí adueñarme de lo que leí en The Guardian y buscar al mismo tiempo la respuesta a la pregunta de Daisy. Junto a mis preguntas para Maria Huld Markan Sigfusdottir, por tanto, he incluido las sugerencias de Daisy y las de mi padre (un entusiasta y erudito de la música). Dejaré que cada cual especule sobre la autoría de cada una de las cuestiones. ¿Cuál es el color favorito de Amiina?

Amiina no tiene un color favorito, pero el mío es el azul.

¿Nos podrías contar algo sobre el nombre del grupo? Tenemos entendido que añadisteis una “i” porque ya había otro grupo que se llamaba Anima. ¿Pero era ése vuestro nombre, original, en referencia al origen, el principio del alma y de lo femenino?

Sí, el nombre viene de la palabra “anima”. Era el que utilizábamos cuando nos dedicábamos sobre todo a tocar como cuarteto de cuerda. Pero el grupo cambió y nuestra música también, así que decidimos alterar el nombre ligeramente para reflejar el cambio.

Existe una cierta inventiva, cierto juego tanto en los instrumentos que tocáis como en la manera como los tocáis. ¿Cómo empezó todo esto?

Ocurrió de una forma bastante inconsciente. Al principio hacíamos música con cualquier cosa que cayera en nuestras manos, con todo tipo de pequeños instrumentos que después pasaron a formar parte de nuestro sonido. Siempre hemos estado a la caza de nuevos instrumentos y sonidos, y el hecho de no saber cómo tocarlos bien se nota en el resultado.

¿Hasta qué punto vuestras raíces clásicas influyen en vuestro sonido actual?

Probablemente haya una influencia, pero creo que también la puedes encontrar de otras tradiciones musicales. Nuestra educación clásica nos ha influido, sobre todo, en el método de trabajo. Creo que hemos aplicado todo lo que aprendimos mientras tocábamos en el cuarteto clásico a lo que hacemos ahora.

Vuestra colaboración con Lee Hazlewood en el single “Hili (At The Top Of The World)” es una mezcla de sonidos muy distintos. ¿Cómo surgió la colaboración y qué os pareció el resultado final?

Nuestro A&R en el sello era también manager de Lee. La idea de que colaborásemos con él le gustó mucho y se encargó de escribir la letra de la canción que después acabó grabando. Para Hazlewood no fue nada fácil, porque estaba bastante enfermo, y al final resultó ser la última grabación que hizo en su vida. El tema ocupa un lugar muy especial en nuestros corazones por esa razón, y también porque nos encanta como quedó, por supuesto. Añadir batería cambia irremediablemente la forma y el impacto de la música. ¿Qué tal ha funcionado?

Nos encanta tener a Maggi y a Kippi en Amiina. Los dos han aportando algo fresco e inteligente a nuestra música y nos lo estamos pasando muy bien juntos. Llevábamos mucho tiempo tocando las cuatro solas, así que nos ha venido bien que las cosas se moviesen un poco.

Lleváis tocando desde antes que yo naciera. Algunas superestrellas tienen 2.000 discos. ¿Porqué vosotras vais sólo por el segundo?

Han pasado tres años desde que sacamos el último disco, y este “Puzzle” nos ha llevado dos años grabarlo. Durante el año no hemos grabado apenas porque estábamos de gira y casi no teníamos tiempo para meternos en el estudio. Somos uno de esos grupos que necesitan sentir que su música ha alcanzado cierto punto de madurez y que está lista para salir al mundo.

¿Cómo ha afectado a vuestra música la extensa gira en la que os habéis embarcado?

Es difícil encontrar tiempo y energía para escribir música nueva cuando se está de gira, pero también es muy inspirador tocar delante de un público diferente.

Desde un punto de vista estructural, vuestro sonido actual se acerca más a la improvisación: es más orgánico, menos estructurado. ¿Creéis que en el futuro volveréis al didactismo de la partitura clásica o es algo que habéis dejado definitivamente atrás?

Siempre hemos dejado que nuestra música vaya donde quiera. Si, de repente, nos apetece escribirla en papel y tocarla de una manera diferente, seguramente lo haremos. Pero si te soy sincera, no creo que eso suceda en un futuro próximo, excepto en aquellos casos en los que tengamos que escribirla para músicos de sesión, por ejemplo.

¿Por qué cantáis ahora?

No solíamos cantar mucho cuando empezamos a tocar nuestra música. Estábamos acostumbradas a expresarnos musicalmente con nuestros instrumentos, algo bastante diferente y más abstracto que cuando hay voz. Pensamos que sería un gran paso para nosotras empezar a cantar en “Kurr”, y ese paso ha sido mayor ahora con “Puzzle”, ya que hay más letras y cantamos más que antes. En cierto sentido, es más personal. La gente siempre conecta con una voz humana.

Es un cliché decir que todos los músicos islandeses tocan temas similares, como elfos que corretean alegremente por paisajes volcánicos y todo ese rollo. ¿Hasta qué punto vuestro sonido está enraizado en la cultura de vuestro país?

Tienes razón, la mayoría de los músicos islandeses están hartos del tema. Creo que nuestra música refleja todo lo que hemos vivido, oído y visto, y por supuesto eso incluye nuestro entorno. Sin embargo, para nosotras es difícil localizar un sonido “islandés” particular en nuestra música. ¿Qué estáis tejiendo?

La portada de “Kurr”, nuestro primer disco, es una foto de nosotras haciendo punto juntas. Es una prenda gigante, abstracta. Pensamos que describía bastante bien la música que había en el disco y cómo estaba hecha. La tejimos poco a poco hasta que se convirtió en una prenda suave y cálida. Pero dudo que hagamos más punto en nuestro día a día que otras personas.

Y lo próximo, ¿qué será?

Lo próximo será salir de gira con nuestro nuevo disco y, si dios quiere, empezar a escribir material nuevo.

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