Entrevistas

Alberto González Vázquez: “¡El sexo está sobrevalorado! Bueno, en realidad es el motor de todo”

Es guionista en ‘El Intermedio’, le llaman ‘el Goya de YouTube’ y se ha consolidado como uno de los mejores gamberros del nuevo humor español. Ahora presenta su libro “Humor Cristiano”.

Alberto González Vázquez lleva años subrayando el lado más patético de la realidad con pinceladas de humor que se han esparcido en YouTube y en programas de televisión. Guionista de El Intermedio, ahora presenta su primer libro, titulado “Humor Cristiano”.

¿Sueña El Fary con ovejas eléctricas? ¿Sufre María Teresa de Calcuta en silencio una adicción a la carne humana? ¿Cotizan al alza las heces fecales de Juan Echanove en el mercado de eBay? ¿Es el sexo con animales tema de conversación en un ambiente de trabajo moderno? Si un ladrón entra en una casa y encuentra al propietario haciéndose una paja… ¿Quién ha pillado a quién?

El culpable de sembrar éstas y otras interrogantes descabelladas en la mente del público es Alberto González Vázquez, autor del libro “Humor Cristiano” (Editorial Caramba, 2012) – “elegí ese título porque son dos palabras que juntas pierden todo su significado, es como el rock cristiano, que nadie se lo toma en serio”– y cerebro de algunas de las obras más memorables de los últimos años en YouTube, bajo la marca “Querido Antonio”, a través del certamen de cortos Notodo FilmFest y el portal de comedia Papanatos. También es el creador de las piezas que dan la vuelta a la actualidad en el espacio televisivo “El Intermedio” de laSexta.

El trabajo del prolífico González Vázquez destila una mala leche congénita, una mirada siempre neurótica y a veces tremebunda hacia la realidad que bien podría hacerle pasar como discípulo del romanticismo hispánico más abyecto y radical. Aunque sus amigos prefieran echar mano de la hipérbole socarrona calificándole de “el Goya de YouTube”, él prefiere definirse como “un tipo irascible con tendencia al ensimismamiento”.

Aunque no duda en incluir en su currículum su paso por sonados fracasos del medio televisivo como “Territorio Champiñón” (Antena 3), también menciona su paso por proyectos como “La Hora Chanante” (Paramount Comedy) y “Muchachada Nui” (La 2), la colaboración como productor asociado en la película “Los Cronocrímenes” (2007) de Nacho Vigalondo y sus decenas de artículos para el diario satírico online El Mundo Today.

Ahora se enfrenta al reto de dar la cara en la promoción de su libro, atusándose el flequillo lacio sobre la frente y fumando truja tras truja mientras despacha con precisión y ¿fingida? desgana el personaje que él mismo se ha creado y que responde al nombre común de Alberto González Vázquez.

¿Cómo ha sido el proceso hasta llegar depurar tu propio estilo?

Ha sido un poco caótico, más bien por necesidad. Empecé con una videocámara típica de las que hay por casa, pensaba que tenía algo que contar con 16 ó 17 años y. por supuesto, era absolutamente falso, estaba haciéndole perder el tiempo a mis amigos. No sé si me faltaba disciplina o dotes de mando, pero el trabajo se volvió más solitario. Luego encontré el flash y mi primera pieza fue “En Menudo Jari Se Metió Mi Fary”, la cosa más aberrante e incorrecta del mundo, además duraba muchísimo y jugaba totalmente con la paciencia del espectador. Había una escena en la que El Fary veía una especie de versión comprimida de “Casablanca” con toda la canción de “As Time Goes By” en formato talkie. Luego fui evolucionando y a partir de “Un Día Con Amenábar”, estuve nominado a varios premios de Notodo Filmfest, pero, a pesar de que aquel día fui a la entrega con una bolsa para meterlos todos, no me llevé ninguno. El ganador fue Sánchez Arévalo con “Express”, lo que lanzó su carrera.

Quizá el ser humano sea verdaderamente gracioso justo cuando no pretende serlo…

Bueno, a mí me jode mucho la predisposición de la comedia, cuando tengo que catalogar mis videos nunca pongo comedia o humor, pongo drama. Es como esas películas que te las venden como “toneladas de carcajadas”, creo que son contraproducentes porque nunca van a satisfacer las expectativas que generan.

Decía alguien en un libro sobre la movida madrileña que nada respondía a las expectativas, ni siquiera el sexo…

¡El sexo está sobrevalorado! Bueno, en realidad, es el motor de todo. Me refería a las expresiones artísticas, encontrar algo que te conmueva es como encontrar una aguja en un pajar, pero, bueno, yo creo que si nos tragamos tantas mierdas es porque pensamos que vamos a encontrar esa aguja y, de alguna manera, acaba compensando.

En tu canal de YouTube has colgado una pieza que sincroniza la famosa disculpa de SM Juan Carlos I con un discurso de Hitler en “El Triunfo De La Voluntad” de Leni Riefenstahl. ¿No te lo dejaron emitir en la Sexta?

Al director le atraía la idea, de hecho, le hacía mucha gracia, pero lo consideró y decidió no emitirlo. Es un tema peliagudo, si a mí se me ocurre algo que puede rebasar los límites de la televisión y tengo que dedicarle cuatro horas, no lo hago nunca. Pero en esto tardé cuatro minutos, utilizando una de esas pausas que hacía Hitler para meterse en el bolsillo a la audiencia. En YouTube me han dado el aviso de que pueden quitármelo porque a alguien le ha parecido ofensivo.

El Rey realmente pone cara de pena cuando se disculpa, en cierto sentido, su narrativa y su puesta en escena es más creíble que la de Luis De Guindos, por ejemplo.

Bueno, la parte cómica del video es la lectura de que a veces disculparse puede no ser suficiente. Es irritante la campaña de comentarios positivos al día siguiente. Yo habría esperado algo más adulto tipo ‘he cometido un error y me someto a la Ley de Transparencia para que se sepa a dónde va el dinero del contribuyente’ y ya está. Pero como aquí vale todo… y, coño, es imposible que no te de pena este hombre mayor y asustado, además con una pared detrás de hospital español de toda la vida.

El Intermedio te exige un nivel alto de producción de piezas. ¿Cómo te enfrentas a la presión de ser gracioso?

Bueno, lo primero es que tengo la suerte de desarrollar un trabajo en la tele en el que me reconozco, algo que no le pasa al 99,9% de los guionistas, por desgracia. Luego es cierto que hay días en los que sabes que no vas a hacer la gran pieza, entonces, con el tiempo he llegado a desarrollar microgéneros. El material con el que trabajo son los brutos de agencia y lo que me interesa son los silencios que no salen en el telediario. Por ejemplo, el otro día con Luis De Guindos, podías ver mientras esperaba a contestar una pregunta el agobio que tenía encima. Coño, ahí hay videos, de hecho, hice tres o cuatro, era muy bonito ver cómo titubeaba, el efecto era gracioso.

También juegas con el estereotipo de la imagen pública de determinados personajes, como esa extraña fijación con el niño de “Farmacia De Guardia”…

Lo bueno del estereotipo es que ya está insertado en la cabeza de todos. Si tuviera que explicar, no sé, que el niño de “Farmacia De Guardia” era un actor que salía en una serie sería muy engorroso. Pero coges un nombre propio y, de repente, le pueden pasar cosas. A mi hace gracia o me hacía gracia en su momento que el niño de “Farmacia De Guardia” tuviera una especie de complejo de dios, como de megaestrella o algo así. Tampoco es que le tenga tirria ni nada parecido. Si cualquiera de los personajes que he utilizado llega a ver en algún momento algo de lo que he hecho y tienen dos dedos de frente, no creo que se sientan ofendidos.

¿Cómo llevas la promoción del libro? Las presentaciones, firmar en la Feria del Libro…

Bueno, sí, es raro. No acabo de acostumbrarme. No me siento cómodo hablando en público, se establece una relación de superioridad que no me gusta nada. De hecho, no voy a conciertos nunca ni a mítines, eso de que alguien se suba a un estrado para que le atiendan las masas no lo acabo de entender. Firmando los libros no se qué poner. El otro día un chico quiso hacerse una foto conmigo, lo cual no deja de sorprenderme, y luego vino a que le firmara el libro. Entonces puse…, no me acuerdo de cómo se llamaba, para Luis, que podría destruir mi reputación si colgara esa foto en Internet, pensando que seguro que habría salido fatal, pero después me di cuenta de que este chaval iba a pensar que sólo porque me que vieran con él iba a destruir mi reputación, me parece una metedura de pata acojonante. Fue un acto autodespreciativo que se me fue de las manos totalmente. Desde entonces he decidido poner ‘Para Antonio’ y a tomar por culo. Me encanta haber escrito un libro, pero hablar en público es como ser un poco Hitler.

Tampoco te gusta la música…

Bueno, forma parte de mi discurso decir que no me gusta la música, pero tengo que reconocer que es una boutade. En cierto modo es parte de pose, pero sí, es cierto que me aturde, me acaba aturdiendo. Esto lo sé por esos viajes en coche en lo que he acompañado a alguien, porque claro, la gente quiere escuchar música y bueno, sí, está bien, pero luego te das cuenta, cuando se acaba el disco, que se hace un silencio fantástico. De repente, noto un descanso mental de la hostia, pero, claro, ahora es imposible que se acabe el disco con estos artefactos digitales que contienen miles de horas e incluso días de música. Pero bueno, antes sí escuchaba música, como cualquier chaval. De todas formas, ¿cuánta música se hace ahora? Es incuantificable.

¿Cómo afrontas el exceso de información?

Es que yo ya no sé distinguir nada. Es tal la oferta que casi prefiero pasar de todo, porque todo acaba pareciéndome lo mismo y no tienes la paciencia suficiente para dedicarle a nada el tiempo que se merece. Me puedes pasar el blog más acojonante del mundo, del que, seguramente, me acabaría enamorando, pero si le dedico un sólo un minuto de mi vida no le voy a poder sacar el jugo. En cambio, lo veo ahí descontextualizado y la otra cosa…

"Les grabé un día realizando todo tipo de acciones y jamás se les ocurrió pedirme una sola explicación"

¿Qué tal fue colaboración con el grupo Los Punsetes en el videoclip de “Dinero”?

Llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de hacer un videoclip, me parecía un pequeño desafío, y era un pensamiento que había compartido con Los Punsetes desde antes incluso de que publicaran su primer disco. El año pasado me propusieron hacer “Dinero” y acepté encantado, claro. El problema era que venían de hacer “Tus Amigos” con Luis Cerveró, que me parece un videoclip antológico, lo cual convirtió la tarea en un desafío doble: lo que hiciera tenía que estar a esa altura. Pretender que tu primer videoclip esté a la altura del trabajo de uno de los mejores realizadores de videoclips de Europa es un planteamiento descabellado, por supuesto, pero eso me obligó, al menos, a esforzarme. El grupo me dio libertad absoluta. Les grabé un día en un croma realizando todo tipo de acciones y jamás se les ocurrió pedirme una sola explicación. No tenían ni puta idea de cuál iba a ser el resultado final. Creo que al final el trabajo resultó medianamente digno.

Eres bastante activo en Twitter y Facebook.

Es la manera de estar al día de cosas así llamativas, además te permite fijar la atención en la gente de la que te fías de su criterio. Por otro lado, hay directores de los considerados buenos que luego son muy pobres a la hora de expresarse en Twitter, sin ninguna idea. Eso me escama y me da que pensar, porque, de hecho, es complicado expresarse en un formato tan pequeño, requiere cierto esfuerzo y la gente que no esta dispuesta a hacerlo no me interesa. Yo tengo épocas muy activas, por ejemplo ahora con lo del libro lo estoy usando bastante, a lo mejor me he puesto incluso un poco pesado pero, qué coño, no se saca un libro todos los días, pero, bueno, si les molesta que se jodan.

Si pudieras disponer de tiempo y medios, ¿cuáles serían tus proyectos? ¿Una película?

Me gustaría tener más tiempo, pero si lo tuviera, no se si lo aprovecharía para hacer más cosas o para ir más a restaurantes, no lo sé. A lo mejor está bien no tener tanto tiempo como me gustaría, trabajo en El Intermedio cuatro días pero luego tengo estos fines de semanas largos para hacer mis cosas. Sí me gustaría intentar hacer una película, pero esto no lo puedo hacer los fines de semana, lo he intentado pero necesita más tiempo.

Es casi la hora de comer y Alberto González Vázquez abre las ventanas de su luminoso salón, vecino a la Plaza de España madrileña. Mientras sale expulsada la humareda que hemos creado y nos despedimos, noto por primera vez su extraordinario parecido con Malcolm MacDowell, el actor de “La Naranja Mecánica”. En ese momento, decido pedirle que me firme el libro. PARA JAVIER, ALBERTO. No me esperaba menos.

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