Columnas

Los vinilos de la semana: cinco EPs de baile que marcan la diferencia

Llegamos al final de agosto con cinco nuevos títulos en formato breve repletos de sonidos electrónicos de vanguardia que no debes pasar por alto

Ha pasado otra semana y es el momento de seguir con la sana costumbre de recomendar maxis recientes que merecen entrar en tu colección. Para empezar, aquí van cinco (más el bonus beats de siempre, a modo de postre) editados en los últimos 20 días. Próximamente, más.

En las dos semanas que hemos estados ausentes se han disparado las novedades. Agosto no es un mes especialmente fértil en lanzamientos, pero de entre lo poco que se edita siempre se encuentra un porcentaje alto de joyas. Así pues, retomamos la rutina de ir comentando los EPs más relevantes de la semana con una nueva remesa que trae al frente lo más fresco de los últimos 20 días y con un bonus track con algo más de antigüedad, pero con el mismo nivel de calidad incontestable. A modo de resumen, los nombres clave son: Legowelt, Willie Burns, Leisure Connection, Violetshaped, Black Sites, Karen Gwyer y South London Ordnance. Poca broma.

Leisure Connection: “Jungle Dancing / Wave Riding” [No ‘Label’, RHD-008LEISURE, 12”]

Aaron Coyes no lo parece, con esa laxitud tan neo-hippie que comunica toda su música, pero en realidad es un workaholic de mucho cuidado. Antes de volcarse con su mujer en Peaking Lights, que pasaría como su proyecto principal –al menos sí el más notorio, tras la buena acogida de los dos últimos álbumes y el fichaje por Domino–, dividía su tiempo en varios proyectos, uno de los cuales, Rahdunes, mantuvo una cierta constancia el circuito del cosmic disco a finales de la década pasada. Su socio en aquella aventura era Nate Archer, con quien ahora ha vuelto a juntarse –como esos dos colegas que, una vez pasados los primeros y exigentes años de matrimonio, regresan para tomar unas cervezas y ver los deportes por televisión–, y lo hacen bajo el nombre Leisure Connection. Los dos temas del nuevo 12” de No ‘Label’ –subsello de Rush Hour– mantienen algunos aspectos característicos de Peaking Lights (los bajos líquidos, mercuriales) y otros de Rahdunes, pero con una ambición todavía más viajera. “Jungle Dancing”, verbigracia, recuerda al material más prolijo de LCD Soundsystem o Gavin Russom: es una odisea de steel drum, bajos borboteantes y silbatos de 11 minutos que se enrosca como una sierpe de cascabel en el tobillo. “Wave Riding”, por su parte, se prolonga hasta los 13 manteniendo una cadencia hipnótica de beats de house comatoso, alambicados, que crean esa envidiable sensación de movimiento sin desplazarse, en realidad, del punto de partida.

Karen Gwyer: “Kiki The Wormhole” [Opal Tapes, OPAL029, digital]

Técnicamente es un álbum, técnicamente el segundo de este año tras “Needs Continuum” en No Pain In Pop: la prodigiosa Karen Gwyer ha condensado 35 minutos largos de ideas en solo tres temas, pero su estructura –en dos movimientos conectados y una coda conclusiva– es más bien la de la pieza corta, concisa y al grano que suele encajar en un EP. El formato digital le sirve a Gwyer para extenderse todo lo preciso sin necesidad de ajustarse a las longitudes reducidas de un 12”, y así firma uno de los títulos más redondos del techno en lo que llevamos de año, un techno que sobre todo –y a la espera de escuchar el regreso de Laurel Halo en Hyperdub– se ha escrito en femenino. “Free Food / One Men Striper” no tiene un base rítmica rotunda, pero su desarrollo –tan paciente como intenso– es demoledor, con una suma exagerada de capas ambientales que añaden densidad a la música a la vez que esconden un ritmo electro casi drexciyano y un esbozo de bassline ácida, prólogo generoso de un ejercicio de post-Detroit a la manera cósmica. “You Big”, luego, va alejándose poco a poco de la realidad y adentrándose en el infinito, tanto es así que el momento final, extendido más allá de los 15 minutos, se vuelve místico: “Hippie Fracca” es una coletilla ambiental aparentemente inmóvil, sin desarrollo aparente, pero con modulaciones imperceptibles en su interior que van formando melodías, armonías y finalmente masa sólida, como si fuera una nebulosa de polvo a punto de alumbrar una estrella –similar en la forma al trabajo ambient de Arne Weinberg, y aquí casi a la altura de lo mejor de Global Communication, que ya es decir–.

Black Sites: “Prototype EP” [PAN, PAN 46, 12”]

Este es el segundo maxi (y el segundo en sólo un mes) que explica el firme ascenso de Helena Hauff a la primera división del techno actual. Del primero dimos cuenta a principios de agosto –era “Actio Reactio”, su mixtura newbeat-plastikmaniana en Werk Discs, con sobrecarga de cajas de ritmos atropelladas y trepidantes–, y este segundo bajo el nombre de Black Sites, y que comparte con F·X, el otro DJ residente del club Golden Pudel de Hamburgo, amplía de otro modo el interés de la joven alemana en los orígenes del hardcore. Aunque de entrada pueda parecer que “Prototype” (la cara A) tiene una influencia de Detroit por el uso de ciertos adornos al principio, en el desarrollo de sus nueve largos minutos el track se vuelve más neoyorquino: reseco, estructurado a partir de (casi) imperceptibles crescendos de ruido chatarrero, buscando la disonancia entre bombos que tienden a descuadrarse. No menos caótica es “N313P”, con un beat algo más quebrado –sería ideal para catálogo de Underground Resistance–, efectos láser, forma fugada y momentos que son pura azotaina techno. Si por un disco hay que pagar esta semana, está claro que es este.

Violetshaped: “The Remixes Pt. 2” [Violet Poison, VPN004, 12”]

El primer maxi de remixes de (o mejor dicho, para) Violetshaped se planchó hace un año, y era un disco extraño, porque en él aparecían remezclados temas que NO EXISTÍAN aún: “The Lord Won’t Forget” –al que le echó la zarpa Roly Porter– y “Delusory Parasitosis”, descuajeringado por Vatican Shadow, los pudimos escuchar al cabo de siete meses, cuando finalmente se publicó “LP”, el álbum de este negrísimo proyecto techno ( “The Oven” ya existía de antes). Así que, por una vez, se impone la lógica y “The Remixes Pt. 2” llega después del álbum, cuando ya lo hemos podido sufrir ampliamente, a modo de postre maligno, porque los artistas elegidos esta vez, lejos de abundar en las técnicas del techno industrialoide, se muestran mucho más cómodos en la experimentación sin ataduras, en la vomitona de ruido y el flujo de sonidos incómodos sin esqueleto rítmico. Nada más empezar, 13 minutos de Keith Fullerton Whitman ( “Anesthesia”) que parecen un compendio de toda su carrera: de las técnicas de collage de found sounds y tonos electroacústicos al uso irritante del glitch y otro tipo de detritus digitales, en un manto de texturas, amagos de ritmos y erupciones ruidosas que suena como pasearse por el filo de un volcán. JK Flesh –o sea, Justin K. Broadrick– lo pone algo más fácil al recurrir a sus mantos tenebristas y un break jungle en el centro de “cx310”, recordando los viejos días de Techno Animal, pero tampoco es un momento cómodo. Y cuando podría parecer que llegaba el baile, lo que llegan en verdad son seis minutos de burbujas digitales inestables, irregulares, chirriantes, al estilo Raster-Noton a cargo de Grischa Lichternberger ( “Spectral Nightdrive”), cierre ideal para el típico vinilo del rollo duro (¡y transparente!) para consumidores que demandan categoría.

South London Ordnance: “He Do The Police In Different Voices” [Aery Metals, ALLOYS001, 2x10”]

Tras un año merodeando por sellos como 2nd Drop y Well Rounded Records, en 2013 South London Ordnance ha practicado dos movimientos decisivos en el tablero del underground inglés: el primero, darle un EP a Hotflush, sello que luce mucho y da una proyección extra que en otros sitios ni se huele – “Revolver”, el pasado mes de marzo–, y el segundo, aprovechar el impulso para montárselo por su cuenta. Aery Metals es su propio sello, lo estrena ahora, y lo hace con campanillas, planchando nada menos que un doble 10” con cuatro temas propios y tres remixes con la firma de Factory Floor –que reducen “Modular Splash” a un cosquilleo de cajas rodeadas de efectos de vapor que nunca encuentran un clímax rítmico–, Chris Carter –que le da una mano de pintura negra a “Black Acre”, el tema que en su versión original está en una línea cercana a la de Sampha, esa especie de neo-soul a trompicones envuelto en niebla– y JD Twitch, que le da el bombo y el aliento detroitiano que Factory Floor le habían negado a “Modular Splash” tres caras de vinilo antes. Los temas propios de SLO, en su línea de siempre: un tech-house eficiente, que sabe cuándo debe encontrar la gordura post-garage a la manera inglesa y cuándo darse un enfoque más carnal al estilo Detroit. No llega a ítem de colección, pero sí a objeto de deseo.

Bonus Tracks:

Legowelt & Willie Burns: “Angels Against Dust” [Beyond The Speaker, BTS-001, 12”]

Se planchó en julio, pero no debe caer en el olvido o en el desprecio: esta primera referencia de Beyond The Speaker, un sello de génesis curiosa –lo han fundado tres americanos con nombres no americanos, Gabe Benzur, Jaume Santaeularia y Jeremy Berman, conectados entre sí por el foro de Cybernetic Broadcast Systems, the place to be para cosas italo, electro y cósmicas–, reúne a dos de los productores más en forma del momento. Lo de Legowelt ya no sorprende, y si lo hace es por la impresionante constancia que viene manteniendo a la hora de producir material al más alto nivel desde hace tantos años, una tenacidad a la que pocos podrían plantar cara: “Azurian Sunset” es un ejemplo milimétrico de cómo hacer brillar las cajas de ritmos, saltarinas y barrocas, y sacar de paseo por la galaxia los recursos más clásicos del viejo techno, fórmula que se repite, aquí con más sintes y atmósferas alfombradas, en “Another Dog’s Day”. Y lo de Willie Burns confirma el ascenso de la estrella fugaz –porque nadie ha podido atraparle aún en exclusiva– de The Trilogy Tapes, L.I.E.S. y Crème, con sendos tracks que subliman recursos siempre eficaces -la melodía de campanillas sobre un bombo mecánico en “Frozen Tunnel Shuffle”, el techno que suena a lluvia de meteoritos a lo Emmanuel Top en “Lagrangian Plains”– y hacen que se te vaya, del pelotazo, la cabeza hasta algún remoto rincón de Orión. El plástico es negro, pero el interior es oro (mastering de nuestro Alek Stark, por cierto).

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