Columnas

El villano del R&B quiere gustar a todo el mundo

Así es como The Weeknd planea convertirse en la mayor estrella del planeta

A finales de julio, Tom Cruise acudió al programa de Jimmy Fallon para promocionar Mision Imposible 5. Tras la pertinente entrevista, el presentador y el actor se embarcaron en una desternillante batalla de playbacks en la que ambos imitaron canciones conocidas. Cruise empezó con Can’t Feel My Face de The Weeknd, la cual presentó como “la canción del verano”.

El último single de Abel Tesfaye lleva semanas en el número 1 del Hot 100 de Billboard y ha sido, en efecto, el gran hit del verano. También ha sido el espaldarazo definitivo de The Weeknd hacia el olimpo mainstream. Un camino que empezó en noviembre del pasado año con su dueto con Ariana Grande, siguió con su aportación a la banda sonora de 50 Sombras de Grey y ha culminado en Beauty Behind The Madness, un disco que redefine las ambiciones del que un día fue el mayor misterio del R&B.

El villano sale de la cueva

Hace cuatro años, imaginar que Tom Cruise imitaría una canción de The Weeknd hubiese sido impensable.

Cuando Tesfaye empezó a subir su música a YouTube a finales de 2010 escogió ser un enigma. Nadie sabía su nombre, todas sus fotos eran oscuras y no daba entrevistas. Sus canciones describían vívidas escenas sobre su vida sexual y sus excesos con las drogas, pero nadie sabía quién era en realidad. Era una suerte de villano del R&B, que intoxicaba a sus fans con hedonismo nihilista sin salir de una cueva remota.

En realidad era un joven canadiense de ascendencia etíope que había nacido en Scarborough, un suburbio de Toronto. Se había ido de casa a los 17 años y, para cuando empezó a compartir su música, era técnicamente un vagabundo que dormía en colchones que le prestaban sus amigos y sobrevivía a base de paquetes de Ramen que robaba en el supermercado. Pero esto lo hemos sabido con el paso del tiempo.

Al principio, Tesfaye vendía una idea, no una personalidad. Y durante un tiempo le funcionó. Acumuló una legión de fans devotos, fichó por Universal y, cuando su trilogía de mixtapes gratuitas — House Of Balloons, Thursday y Echoes Of Silence— apareció editada de forma oficial, fue disco de platino. Pero por mucho que fuera capaz de vender discos físicos, en el mundo real —léase mainstream— seguía siendo una sombra.

Hoy seguimos sin saber exactamente quién es. “El Joker es mi villano favorito de todos los tiempos: no conoces su pasado, no te dice quién es, solo sabes qué planes tiene”, decía Tesfaye recientemente a Pitchfork. Unos planes que han cambiado. Si en House Of Balloons cantaba que “la misión era Cali”, con su nuevo Beauty Behind The Madness , el objetivo es el mundo entero. Pero ha entendido que, para ello, tendrá que ponerse una capa de héroe.

Una máscara demasiado pequeña

Hace dos años, The Weeknd publicó su primer disco oficial en una multinacional. Se llamó Kiss Land y supuso una gran decepción. Era como una versión opulenta de sus mixtapes, plagado del mismo tipo de canciones gaseosas de estructuras desdibujadas. Sin embargo, la magia se había esfumado. El disco solo vendió 268.000 copias y ninguno de sus singles despuntó en la radio. El fracaso le dejó hundido.

Tesfaye empezó a temer que iba a quedarse encasillado como artista de culto, reverenciado por los connoiseurs pero destinado a permanecer en la semi-oscuridad. Y, por mucho que su inicial propensión a la reclusión pudiera haber hecho pensar lo contrario, él siempre había pensado a lo grande. Al fin y al cabo, el estribillo de una de las canciones de su primera mixtape rezaba eso de “All that money, the money is the motive” (Todo ese dinero, el dinero es el motivo).

Tal y como relata Jon Caramanica en el perfil que recientemente le ha dedicado en el New York Times, Tesfaye acudió a Wendy Goldstein, jefe de A&R en Republic en busca de ayuda. Lo primero que hizo Goldstein fue convencerle de que su estilo debía ser más flexible. Lo segundo, conseguirle un dueto con Ariana Grande.

Love Me Harder fue su puerta de entrada al estrellato pop. La canción se coló en el top 10 del Billboard Hot 100 y Tesfaye acabó interpretándola junto a Grande en los American Music Awards. Además de darle una repercusión desconocida hasta el momento, esa canción le dio la oportunidad de trabajar con el productor sueco Max Martin, un rey midas del pop masivo que ha jugado un papel clave en las carreras de artistas como Britney Spears, Katy Perry o Taylor Swift.

Cuando el equipo de Martin le mandó las letras que tenía que cantar, Tesfaye las encontró insulsas. Las desechó y reescribió su verso por su cuenta. A Martin le gustaron los cambios, y decidió mantenerlos. Tesfaye acababa de descubrir que también era capaz de escribir material apto para la radiofórmula. Lo siguiente que hizo fue pedirle a Goldstein que se hiciera con los servicios de Martin para su siguiente disco.

La capa de héroe

Can't Feel My Face, un irresistible caramelo pop que canaliza al Michael Jackson de la era Thriller para las nuevas generaciones, ha sido el primer fruto de la unión de The Weeknd y Martin. Es toda una declaración de intenciones: Tesfaye no solo está dispuesto dulcificar su sonido, sino también su imaginario. La cocaína y el sexo siguen ahí, pero ya no como referencias directas, sino de forma velada, con un lenguaje apto para toda la familia.

Pero, en Beauty Behind The Madness, Can't Feel My Face, es la excepción y no la norma. Más allá de In the Night —otra reapropiación de Michael Jackson (en este caso, en clave Off The Wall) cocinada a medias con Martin y que, probablemente, será su próximo hit— y de Earned It —su pomposa aportación a la banda sonora de 50 Sombras de Grey los elementos que conforman el disco son los mismos que siempre. Están las producciones de R&B iconoclasta, están las letras decadentes y están sus inconfundibles inflexiones vocales.

Ahora bien, el hecho de que los ingrediente sean los mismos no significa que estén cocinados con las mismas recetas. Tras el fracaso de Kiss Land, Tesfaye entendió que era un error encerrarse en su alergia a las convenciones pop. En Beauty Behind The Madness los estribillos son menos laberínticos, los arreglos menos herméticos y las estructuras menos gaseosas. Todo suena brillante y extático, y hay colaboraciones estelares de Kanye West, Ed Sheeran y Lana del Rey. El resultado es un envoltorio que embellece su sonido original sin llegar a a pervertir su esencia.

En sus momentos más inspirados, su nueva inclinación pop es difícil de reprochar. Al menos desde la perspectiva estrictamente sonora. El problema es que resulta mucho más complicado mantener la credibilidad de su personaje utilizando un lenguaje tan universal. Ahora que se ha quitado la máscara, ¿podremos seguir creyéndonos que Tesfaye es un tipo torturado, paranoico y reclusivo, adicto a las drogas y con una relación malsana, a menudo rayando en la misoginia, con las mujeres? Ahora que hace música de laboratorio, ¿podremos seguir sintiendo que sus letras surgen del alma? Podrá, en definitiva, ¿seguir manteniendo el encanto del villano ahora que lleva capa de héroe?

Probablemente, el mayor reto al que se enfrenta Tesfaye es el de mantener el equilibrio entre la oscuridad y la popularidad. Quiere ser una megaestrella pero no está dispuesto a sacrificar su persona. Una idea que, en el mundo actual, resulta subversiva. Si consigue que el mundo entero se rinda a su carisma sin que sepan quién es realmente, podrá decir que, al fin, ha emulado a su admirado Joker.

¿Se puede ser héroe y villano al mismo tiempo?

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar