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Cada vez que veo una campaña antidrogas me vuelvo un poco más tonto

La FAD estrena campaña para concienciar de los peligros del alcohol. ¿Alcanzará su objetivo? Probablemente, no

La FAD sigue intentando conectar con la juventud con sus campañas de prevención del consumo de alcohol y drogas. Las estadísticas, sin embargo, revelan la poca efectividad de sus anuncios. Ni el impacto ni la parodia parecen servir. ¿Puede que el problema sea de fondo y no de forma?

En los últimos años, las campañas de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) han puesto el foco en la prevención del consumo de alcohol, especialmente entre jóvenes y adolescentes. Una decisión que se explica por sí misma si atendemos a las estadísticas. Según datos de la última Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundaria, un 35,6% de los estudiantes de entre 14 y 18 años reconocen haberse emborrachado alguna vez en el último mes. En 2006, este porcentaje era del 25,6 %.

La nueva campaña de la FAD, presentada hoy mismo, se aleja del tono nauseabundo de su predecesora (la de los anuncios del “vómito alien”), para centrarse en el humor. En los nuevos anuncios (¿o deberíamos llamarlos gags?) vemos como un joven liga su bicicleta a un camión que instantes después se pone en marcha o a una chica que escoge la cinta transportadora equivocada en el aeropuerto. Todo ello bajo el slogan, “Cada vez que te emborrachas te vuelves un poco más tonto”.

¿Logrará esta nueva estrategia conectar definitivamente con su público objetivo? Probablemente, no.

El problema sigue siendo el tono. Así como la campaña del vómito era demasiado repulsiva como para generar empatía y la directamente anterior (“El tiempo que le dedicas al alcohol, se lo quitas a todo lo demás”) demasiado inocente como para impactar, el humor que utilizan los nuevos anuncios es excesivamente paródico como para que los jóvenes se sientan realmente identificados. Que alguien acabe con el cerebro tan frito como para no darse cuenta de donde deja su bicicleta es algo que la juventud ve como demasiado lejano para ser real.

La estrategia del impacto tampoco parece haber dado mejores resultados. Uno de los anuncios más recordados de la FAD es aquél en el que un gusano se metía en la nariz de un cocaínomano. “Más del 70 por ciento lo recuerda. Es impresionante ese dato”, se jactaba Ignacio Calderón, director general de la FAD, en una entrevista. Si, se recuerda por su impacto visual, pero sirvió de poco. España sigue liderando el consumo mundial de cocaína.

El problema, quizá, no es de forma sino de fondo.

El mensaje de la gran mayoría de estas campañas se ha centrado en los efectos fisiológicos que provocan el alcohol y las drogas en aquellos que las consumen. Consecuencias físicas que la gran mayoría de la juventud ve muy lejanas. Centenares de miles de jóvenes están acostumbrados a beber como animales los fines de semana y luego llevar vidas completamente normales de lunes a viernes. Poner el foco en secuelas que tardarán años en aparecer no parece la mejor arma de concienciación.

Una buena opción podría ser elevar la perspectiva y abordar la problemática desde puntos de vista sociales o económicos. Quizá exponer las miserias humanas derivadas del tráfico mundial de cocaína inviten más a la reflexión que convertir una raya en un gusano. Quizá explicar los infectos productos con los que el camello mezcla el MDMA para aumentar sus beneficios te quite más las ganas de consumirlo que el hecho de que te recuerden que puede provocar depresión (algo que, a fin de cuentas, todo el mundo sabe). Aunque suene paradójico, quizá despersonalizar el mensaje e invitar a una reflexión global puede ser la mejor manera de despertar la conciencia individual.

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