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13 consejos para convertirte en un periodista intelectNO POR FAVOR

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Todos somos gilipollas. Menos ellos

Ignacio Pato

12 Mayo 2016 06:00

Si un alien me pidiese que le explicase qué es un intelectual español, le diría que parecen más jóvenes —aunque tienen al menos 118 años—, que pasan mucho tiempo solos y que los demás, a su lado, debemos ser bastante gilipollas.

Los intelectuales españoles viven entre nosotros desde la Generación del 98 y su perenne lamento "me duele España". También gozan de una indudable porción de tiempo de soledad para atesorar bagaje cultural que después vuelcan en sus columnas. Y, sí, lo saben todo. No como los demás, que estamos siempre a verlas venir. Mirando, bizcos, la zanahoria.

Es un club selecto cuyos nombres y apellidos desgrana Ignacio Sánchez-Cuenca en su reciente ensayo La desfachatez intelectual. Los Arturo Pérez Reverte, Félix de Azúa, Javier Marías, Javier Cercas, Fernando Savater o Antonio Muñoz Molina comparten una serie de características que les hacen únicos frente a la gran masa acrítica.

Aquí van unos cuantos consejos si quieres unirte al club.


1. CREE MUY FUERTE EN LA AUTORIDAD

Lo diremos de dos maneras.

Una: ellos opinan porque para eso se han leído y escrito la hostia de libros. Dos: Tú, que dices picina en vez de piscina, te callas la boca.

Si no, esto sería un sindios. Por algo Antonio Muñoz Molina no viaja sin su libro de Michel de Montaigne.


2. CONFUNDE TUS PREOCUPACIONES CON "LAS DE LA CALLE"

España, desde 1898 y también desde que muchos empezaron a escribir en los 70, ha cambiado. Ellos no tanto.

El columnista medio sigue obsesionado con unos pocos temas que él mantiene que son "de los que habla la calle".

Ahí están el modelo educativo —"los jóvenes no tienen trabajo porque al ir a firmar el contrato no saben ni escribir su nombre"—, el despilfarro administrativo —"cómo no va a haber crisis con lo que hemos gastado en diputaciones y conciertos de Miguel Bosé pagados por los ayuntamientos"—, o la amenaza de desmembración de España por los separatismos vasco o catalán —"acabaremos como los Balcanes"— están en el Top of the Pops de cuestiones a resolver.

En su cabeza, eso sí.

Un ejemplo paradigmático es Savater respondiendo hace solo unos meses a la pregunta de cuál es el principal problema de los españoles. Respuesta: "Sin lugar a dudas, y desde hace tiempo, el nacionalismo catalán".


3. BUSCA LA FRASACA

Los columnistas son la prehistoria de Twitter. Por eso se dice que es la red social más cuñada. Y no porque allí todo el mundo sea simultáneamente el más grande fan de David Bowie y el mayor experto en Daesh, sino porque el escriba intelectual sabe de qué va la vaina: la frasaca.

Javier Cercas por ejemplo es capaz de resumir el proceso independentista de Catalunya en cuatro palabras: "Es la pasta, idiota". Siguiendo el hilo de la palabra, uno llega a uno de esos titulares redondos, cortesía de Javier Marías. "Un país adanista e idiota" es hit.

Otra de Muñoz Molina: "El analfabetismo unánime sigue siendo la gran ambición de la clase dirigente y de la clase política en España". Ahí queda eso.

Félix de Azúa riza el rizo y suele titular sus columnas con una sola palabra: "Inhumanos", "ceguera", "viral" o "Inquisición" son sus últimas cuatro. Es indudable que en cuanto a clickbait están mejor elegidas que "sofá-cama", "atún" o "cepillo".


4. TIRA DE FLOW

Es cierto que a autores que llevan escribiendo años, el estilo, como el valor al soldado, se les presupone. Otra cosa es que, sabedores de ello, los columnistas lo utilicen como fin más que como medio.

Porque saben que al final parte de su encanto es que "el pueblo" abra su artículo y Pérez-Reverte esté ya jurando por el cetro de Ottokar de los libros de Tintín. A las pocas líneas, por cierto, una hostieja clásica en plan casual: "España, donde una ardilla podría cruzar la Península saltando de gilipollas en gilipollas sin tocar el suelo".


5. YO SOY ABSTRACCIÓN, ABSTRACCIÓN, ABSTRACCIÓN

Preocupados por la abstracción desde 1898. De entre todos sus conceptos favoritos parece haber uno que sobresale entre los demás. Exacto: España.

En la mente de un columnista que se precie una cosa está clara: los proyectos independentistas de Catalunya o de Euskadi afecta más a las libertades civiles y concretas que, pongamos, la Ley Mordaza.

Azúa fue capaz de diagnosticar que el PSOE perdió las elecciones de 2011 en la ambigua interrelación de los socialistas con el nacionalismo catalán. Con un 23% de desempleo, tiene mérito tirar por ahí.

Pero quizá el hito en este sentido ha sido el Manifiesto de los Libres e Iguales (sic), de verano de 2014. Opinadores como Azúa, Savater, Jon Juaristi o Mario Vargas Llosa firmaron palabras tan huecas como "el secesionismo catalán se hermana con el populismo antieuropeo y promueve la derrota de la democracia española".


6. QUEMEDAIGUAL

La realidad es un chicle. En dos años, Javier Cercas ha dicho una cosa y su contraria con un nivel de concreción admirable.

Septiembre de 2013: "Los partidarios del derecho a decidir sostienen que precisamente para eso, para saber si existe, es indispensable un referéndum (...); pero, antes de usar ese recurso excepcional e imprevisible, cualquier político honesto y prudente usaría el recurso previsto por la ley: las elecciones. Quiero decir: unas elecciones en las que todos los partidos declaren, clara e inequívocamente, su posición sobre la independencia".

Vale.

Pues cuando Artur Mas hizo eso, Cercas escribió, en septiembre de 2015: "No extrañará que la última ocurrencia de Mas y sus adláteres consista en prometer que van a ir hacia la independencia, tras las elecciones, sin encomendarse a nadie, sin tener mayoría de votos (sólo de escaños) y sin organizar un referéndum sobre la independencia (sólo sobre la constitución del nuevo Estado). A esa barbaridad incalificable llaman nuestros gobernantes catalanes radicalidad democrática".

¿En qué quedamos?

7. TODO MAL

Al intelectual la realidad tampoco le tira por tierra su columna de turno. A Félix de Azúa no le dolieron prendas en afirmar en este artículo titulado "Podemos, un partido de profesores" que "la enseñanza española es la que recoge la más baja calificación en todo el conjunto europeo".

Da igual que el país esté prácticamente en la mitad de la tabla de 65 países, por delante de Suecia o Islandia. Para una columna como Dios manda, todo ha de ser un puto desastre.


8. MUESTRA TUS DEBILIDADES DE HUMANO

6 horas de clases de Lengua gratis en Twitter, también cortesía de Pérez-Reverte. Hablamos como el culo, siendo especialmente deleznable el uso de expresiones como "empoderar". Ok. Pero Charlize Theron que me empodere todo lo que quiera.

Je, je, je.

9. MILITA EN UNA FÉRREA IDEOLOGÍA POLÍTICA: EL YOMISMISMO

A pesar de que es insobornable por ideas falaces, el intelectual tiene unas firmes convicciones políticas: el yomismismo.

Señalando errores a troche y moche, el columnista se convierte por contraste en una figura iluminada y con escasa tendencia a la autocrítica. Cuando se incluye en un plural, en un colectivo que "ha hecho las cosas mal", lo hace siempre guardándose la espalda de que al menos se da cuenta, no como el resto.

"Un individualismo radical es la única salida que concibo para las tribulaciones que se avecinan. Eso es para mí la política en su sentido más honesto: lo que cada cual lleva a cabo desde su responsabilidad, con imaginación e iniciativa, para impedir los atropellos del poder", escribe Azúa en su libro de "artículos políticos".

Sería hasta novedoso si no nos llevase de cabeza al santo grial de la derecha: cada perro que se lama su rabo.


10. LLAMO A LOS COLEGAS Y TE FUNDIMOS, PAYASO

Hay dos maneras de colar el gol gremial. Una es enchufarla por la escuadra.

Algo parecido a Javier Marías cuando, en este artículo, se pone en la voz de Rajoy: "Voy a poner España a mi gusto y al de los míos, en contra de la opinión de los médicos, los profesores (...), los trabajadores, las clases medias (...), los artistas, los científicos (...), los parados, los dependientes, las mujeres y no digamos los intelectuales".

Sí, "las mujeres" como colectivo estilísticamente equiparable a "los artistas". Pero lo que es imperdonable es que no se haga ni puto caso a los que de verdad saben, los intelectuales.

La otra es caer fulminado en el área al sentir un soplo en la oreja. La has cagado. Despídete de ganar el Premio Anagrama de ensayo. Yo, don't fok wit ma niggiz.

11. NO DISCUTAS CON GENTUZA

Para ser un columnista hecho y derecho, grábate esto a fuego: tú la sueltas y ahí queda. Los cuatro listos te entenderán, pero tú no puedes perder el tiempo con el ejército de borregos que vendrá a tratar de conseguir su minuto de gloria.

El debate público, si eres columnista, es más parecido a un ring de boxeo que a un ágora. ¡Gancho al careto! Si muestras debilidad, la masa te hunde.

Ni que decir tiene que toda objeción a lo expuesto en una columna se convierte en un ataque a tu persona y te da la razón de que España es un país cainita. Ladran, luego cabalgamos. Aunque sea en dirección contraria y montado en un caballo llamado ego.


12. CLASISMO DESENCADENADO

Ada Colau debería estar sirviendo en un puesto de pescado. Y qué esperar de un presidente que solo lee el Marca. Cortesía de, una vez más, Azúa.

Y de ahí para abajo. Fernando Savater considera que los parados se cambiarían por un toro de lidia porque este tiene "solo quince minutos malos".


13. PON LOS COJONES SOBRE LA MESA

Grábate esto a fuego: ten una opinión rotunda.

Que nada ni nadie te haga dudar. Pon los cojones sobre la mesa, eleva la voz por encima de los demás y ponte a sentar cátedra.

Si eres mujer, malas noticias. Leer todo esto no te habrá servido de nada porque la de columnista intelectual es una labor de machos.


"Me duele España. De lo imbécil que es"









Púgiles de la opinión, no debilidad

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