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El thriller con elegancia en un mundo horrible: “Mátalos Suavemente”

La nueva película de Andrew Dominik, protagonizada por Brad Pitt, domina la cartelera de la semana (muy bien acompañada por Woody Allen y su oda a Roma)

Dos películas opuestas dan brillo a la taquilla de cine de esta semana: “Mátalos Suavemente”, un thriller violento y estilizado con un Brad Pitt superior, y la última comedia turística de Woody Allen, esta vez ambientada en Roma, la ciudad eterna.

Uno

El neozelandés Andrew Dominik rodó en 2007 un western que, por maduro, crepuscular y meditabundo, podría haber sido el cierre de una filmografía extensa y coherente, un contundente testimonio cinematográfico. Pero era sólo una segunda película, para más sorpresa, diametralmente opuesta a su debut, “Chopper” (2000), filme de psycho killer con el que compartía temas –como la criminalidad y la justicia como una utopía– pero del que se alejaba en tono, ritmo e intenciones. Se trataba de “El Asesinato De Jesse James Por El Cobarde Robert Ford” (2007), una atípica reformulación de la historia de los legendarios forajidos, una película de gesto pausado, hipnótica e imbuida de tristeza, que traducía en imágenes de insólita belleza la virulencia emocional de la historia. El nuevo filme del cineasta no es tan perfecto como aquel extraordinario western, y hay grandes diferencias entre ellos; pero se levantan sobre un mismo tema. Cada uno en su época (el Lejano Oeste en uno y el presente en el otro), hablan del egoísmo y la codicia, mutados en complot, negocio y crimen, como el mayor de los males, como las variables que hacen del mundo un lugar horrible.

Si Dominik partía en aquella ocasión de un libro de Ron Hansen, en “Mátalos Suavemente” adapta una novela del estadounidense George V. Higgins, escritor de literatura criminal que apostó por el realismo afilado en sus crónicas y escribía con sobrado conocimiento de causa: fue periodista, fiscal y abogado, y trabajó en Boston durante siete años en la lucha contra el crimen organizado. Autor también de “Los Amigos De Eddie Coyle”, el libro que sirvió de base a la magistral “El Confidente” (1973) de Peter Yates, uno de mis thrillers favoritos de los 70, Higgins regala a Dominik un texto extraordinario. Y éste lo adapta prácticamente al dedillo, apostando por un único cambio importante: la traslación del relato criminal del libro –que arranca con el atraco a una partida de póquer clandestina– del Boston de los años 70 a la actualidad. El movimiento de época no es un simple intento de actualización estética (de hecho, el look de la película es muy setentero). El cineasta arrastra la historia al presente para utilizarla como símil turbio y perverso del engranaje político estadounidense, filtrando en las grietas del relato referencias directas al momento concreto en el que transcurre el filme: la campaña presidencial estadounidense de 2008 que enfrentó a Obama y a McCain. Esa claridad expositiva, esa apuesta por el comentario político directo, puede hacer pasar la película por fácil en ese sentido, incluso por ingenua. Pero no hay nadie más consciente de la obviedad del mensaje que el propio Dominik, que desde el primer momento deja claro que su propuesta consiste en subrayar con afilada comicidad (he aquí la principal diferencia de la película que nos ocupa respecto a “El Asesinato De Jesse James Por El Cobarde Robert Ford”, el humor), voluntad caricaturesca y cierta actitud de estar de vuelta de todo (quizá la única manera de mirar al presente si echarse a llorar) los temas del relato.

Dos

En “Mátalos Suavemente”, rodada y musicada con una clase que puede generar a ratos cierta desconfianza (es Dominik uno de esos cineastas tremendamente autoconscientes de su estilazo), la acción es rotunda pero mínima. Cuando estalla, es violenta y visceral –gestada desde la ignorancia, la locura y el más profundo desdén de los personajes–, pero estalla poco. El verdadero motor de la película es la conversación, tan triste y agresiva como los puntuales brotes de enajenación del filme. El director, también escritor del guión, adapta con fidelidad extrema los diálogos de la extraordinaria novela de Higgins (tanto esta como “Los Amigos De Eddie Coyle” están magníficamente editadas por Libros del Asteroide), todavía más agónicos. “Mátalos Suavemente” es eso, un serie de set pieces basadas en la conversación –y cuarteadas por ocasionales explosiones de violencia–, en las que varias piezas de un inabarcable engranaje mafioso componen, a base de anécdotas rocambolescas y recuerdos alterados, la crónica desencantada de un mundo, el criminal, que, como comentaba antes, funciona como metáfora de un sistema mucho más amplio y se mantiene a flote a base de engullir a sus propios miembros.

Delincuentes de medio pelo, capos mafiosos venidos a menos (quizá sea un poco obvio elegir a Ray Liotta y James Gandolfini para darles vida, pero están tan increíbles que da lo mismo), sicarios atemporales que han reflexionado sobre su condición (el personaje de Brad Pitt es alucinante), despojos humanos a los que nadie echará de menos… Todos hablan largo y tendido –forzando y distorsionando la memoria, yéndose por las nubes a placer– sobre un pasado aterrador que recuerdan mejor que un presente igual de tremendo, y sin entender el futuro a más de un par de días vista. Dominik no es tan bueno como Quentin Tarantino o los hermanos Coen, cineastas a los que “Mátalos Suavemente” remite claramente, a la hora de componer diálogos dilatados, en espiral y levantados sobre una anécdota aparentemente absurda que se nos revela –después de varias vueltas– una observación brillante. Por lo que no todas las conversaciones funcionan igual de bien (son casi calcadas a las de la novela, pero eso no es justificación porque el problema no está en el texto original, sino en su adaptación a un lenguaje cinematográfico). Pero algunas son brillantes y todas, en conjunto, desprenden una tristeza, una amoralidad y una sensación de vacío, de absurdo total, que hacen de “Mátalos Suavemente” un retrato contundente y elegantemente histérico de un presente en carne viva.

Tres

El otro estreno importante de la semana es “A Roma Con Amor”, otra comedia turística europea de Woody Allen. Festín de historias entrecruzadas en la capital italiana, no es un dechado de ingenio y está escrita y ejecutada con pereza. Pero la pereza de Allen no es la pereza de cualquiera, y con el mínimo esfuerzo, dedicándose a repetir las fórmulas de su filmografía, extrae brillos puntuales. Algunas historias de “A Roma Con Amor”, una de sus películas más descuidadas en su puesta en escena, no funcionan, acusan un humor demasiado simplón (pienso en los relatos basados en líos de faldas); pero en otras, sus neurosis urbanas, profesionales y sentimentales están medianamente en forma. No es una buena película de Allen, ni mucho menos, pero, aun en versión ligera, están ahí muchos rasgos infalibles de su filmografía y su presencia como actor en una de las historias –la del cantante de ópera, tan insólitamente ingenua que es imposible no tenerle simpatía– compensa los muchos defectos de la cinta.

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