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La juventud está sobrevalorada; el amor ya no importa

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El escritor Tao Lin publica 'Sexo tras unos dias sin vernos' (Alpha Decay), una selección de todos sus relatos llenos de locura, juventud, amor y enfermedad

Luna Miguel

21 Abril 2015 06:00

—Imagen de Hana Haley

Lo que voy a decir en las próximas líneas no os va a gustar.

De hecho, lo más probable es que el título de este artículo ya os haya generado dudas, y también que sólo hayáis entrado aquí para cercioraros de que nada de esto va con vosotros.

Ya os lo he dicho, estoy segura de que no os va a gustar, entre otras cosas porque aquello de lo que voy a hablaros es tan polémico y despierta tantos desacuerdos que, en realidad, parece no importarle a nadie.

Me refiero a la literatura, en general, y al nuevo libro de Tao Lin, en particular.

Me refiero a que la editorial española Alpha Decay acaba de reunir y traducir a nuestro idioma todos los relatos de este escritor tan odiado y amado en cada punto del planeta tierra.

Para quienes no lo conozcan, podríamos decir que Tao Lin es un hijo de inmigrantes taiwaneses que ha conseguido llevar su común apellido familiar a las listas de los personajes más influyentes de nuestro tiempo.


Porque a un escritor joven siempre hay que odiarlo



También podríamos añadir que Tao Lin es un autor que empezó a publicar muy joven y que en seguida se hizo famoso por escribir cosas que pocos entendían, pero que unos cuantos comenzaron a reivindicar.

El nuevo Coupland, dirían. El nuevo Beckett, asegurarían algunos. ¡El nuevo Bret Easton Ellis!

Pronto Lin comenzó a valerse por sí mismo, y a dejar atrás aquellas comparaciones que no sirven sino para que los lectores y críticos cejijuntos te odien un poquito más si cabe —porque a un autor joven siempre hay que odiarlo, especialmente si éste, de pronto, se lleva todo el protagonismo—.


No sé si es el autor más importante de mi generación



Pero los que conocen a Tao Lin ya saben todas estas cosas, y no necesitan que yo vuelva a explicar otra vez quién es esa persona que revolucionó las letras y que se convirtió en referente de un montón de millennials deseosos de ser poetas. De ser escritores malditos.  

De ser quienes mejor explicaran ese sentimiento que recorría a toda una generación destruida por la comida basura, por el sueño americano roto en mil pedazos, por el efecto de los ansiolíticos y de las pastillas de colores.

No hace falta que lo repita, pero no nos vendría mal recordarlo.

Como tampoco nos vendría mal dejar de lado los prejuicios y las etiquetas —no más Alt Lit, no más asuntos generacionales, no más fanatismos y reivindicaciones exaltadas por mi parte, os lo juro—.

Porque al final, lo que ha construido y destruido los cimientos de la figura de Tao Lin en tantas ocasiones es la poca rigurosidad con la que su obra se ha leído

Como si ninguno de nosotros, jamás, hubiéramos entendido al autor.

Como si ninguno de los que habéis aguantado hasta la palabra cuatrocientos de este artículo hubiera logrado apreciar aquello que el yanqui de orígenes taiwaneses tuvo que decirnos.


Tao Lin es el autor del miedo



Sexo tras unos días sin vernos, su antología de relatos completos, es una buena manera de darse cuenta de nuestro error.

Del error que llevamos tantos años cometiendo.

De la profunda equivocación a la que todos nos sometimos cuando nos atrevimos a juzgar la obra de Tao Lin sin ni siquiera habernos acercado a estos cuentos.

En este puñado de páginas, de hecho, reside la verdadera esencia del autor. En este puñado de páginas que hablan de obsesiones sexuales, de frustraciones literarias, de cánceres, de relaciones familiares fallidas, de relaciones sentimentales sin sentido, de animales que hablan, de humanos que son animales, de miedos, miedos que son los del autor, y que son los míos, y que son los vuestros.

Tao Lin es el autor del miedo.

Tao Lin da miedo.

Pero las suyas no son historias de terror llenas de monstruos inventados. Aquí los monstruos tienen nuestra propia cara, esa que conocemos tan bien porque acostumbramos a examinarla con tranquilidad frente a nuestro espejo.

Os lo dije.

Os advertí que nada de lo que dijese aquí os gustaría porque lo que he hecho es traeros la verdad, y la verdad, como dice el propio Lin en algún momento de este volumen, es muy jodida.

No sé si Tao Lin será el autor más importante de mi generación. Tampoco sé si sus novelas son buenísimas, si sus poemas son profundos, si sus tuits son esenciales.

Lo que sí sé es que su manera de describir al ser humano moderno —su apatía, su ironía, su tristeza— es aquello que me lleva a confiar en las mentes literarias de mi tiempo.

Porque el amor no le importa a nadie, es hora también de enterrar el odio.


Porque la juventud está sobrevalorada, es hora de leerla con otros ojos



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