Columnas

"Se reían de nosotras porque agarrábamos el fusil como si fuera una muñeca"

Un viaje por las mujeres que combatieron en la II Guerra Mundial con Svetlana Alexiévich

1.

Uno de los motivos primeros por los que alguien elige la profesión de cronista es la posibilidad de dar voz a quienes no la tienen, de ayudar a ordenar el trastero de la conciencia a quienes han pasado buena parte de sus vidas ocultando su identidad auténtica, ya sea a causa del miedo o de la incomprensión. Descubrir que aquello que una vez consideramos una fobia personal fue, en verdad, una sensación compartida por muchos, es altamente liberador, y tal es el don que comparten algunas de las crónicas más memorables de la historia. Svetlana Alexiévich, la escritora bielorrusa que recientemente obtenía el Premio Nobel de Literatura, hizo esto mismo en La guerra no tiene rostro de mujer, una crónica genial que ahora llega traducida a las librerías.

Svetlana Alexiévich entrevistó a cientos de mujeres rusas para que confesaran por primera vez sus sentimientos sobre la II Guerra Mundial

2.  

La guerra no tiene rostro de mujer parte del siguiente presupuesto: “ Todo lo que sabemos de la guerra, lo sabemos por la ‘voz masculina’. Todos somos prisioneros de las percepciones y sensaciones ‘masculinas’. De las palabras ‘masculinas’. Las mujeres mientras tanto guardan silencio. Y si de pronto se ponen a recordar, no relatan la guerra ‘femenina’, sino la ‘masculina’. Se adaptan al canon”.

De manera que Alexiévich se propuso arreglar este desaguisado mediante cientos de entrevistas con mujeres que habían vivido la II Guerra Mundial desde la Unión Soviética, en lo que supone el corazón de este libro. A partir de ahí, la cronista cuenta una experiencia nacional traumática desde el punto de vista de ellas.

Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015

De acuerdo.

La idea —hablar de la II Guerra Mundial, pero con mujeres— suena tan obvia que:

a. cuesta creer que no se le ocurriera a nadie hasta 1983, año en que la periodista publicó este libro, casi cuatro décadas después del fin del conflicto, y

b. nos dice mucho de la forma en que hombres y mujeres se han relacionado a lo largo de la historia.

CONGRATULATIONS!Svetlana Alexievich is awarded the 2015 #NobelPrize in Literature “for her polyphonic writings, a monument to suffering and courage in our time”.

Posted by Nobel Prize on Jueves, 8 de octubre de 2015

O como explica en el libro la propia Alexiévich sobre el proceso de escritura:  

“Ellas lloran, mucho. Gritan. Y cuando me voy se tienen que tomar las pastillas para el corazón. Llaman a urgencias. Y, sin embargo, continúan pidiéndome: ‘Ven. Ven, por favor. Llevamos tanto tiempo calladas. Cuarenta años con la boca cerrada…”.

3.

De todos los testimonios que recoge Alexiévich, este es uno de los más sobrecogedores:

“Pasé tres años en la guerra. Y durante esos tres años no me sentí mujer. Mi organismo quedó muerto. No tuve menstruaciones, casi no sentía los deseos de una mujer. Yo era guapa… Cuando mi marido me propuso matrimonio… Fue en Berlín, al lado del Reichstag… Me dijo: ‘La guerra se ha acabado. Estamos vivos. Hemos tenido suerte. Cásate conmigo’. Sentí ganas de llorar. De gritar. ¡De darle una bofetada! ¿Matrimonio? ¿En ese momento? Entre el hollín negro y los ladrillos quemados… Mírame… ¡Mira cómo estoy! Primero, haz que me sienta como una mujer: regálame flores, cortéjame, dime palabras bonitas. ¡Lo necesito! ¡Lo estoy esperando tanto!… Por poco le pego. […] Y sin darme cuenta de que lo estaba haciendo… yo ya le decía: ‘Sí, me casaré contigo’”.

Recapitulando: la guerra había obligado a una mujer a ser un hombre, hasta llegar a detener las particularidades fisiológicas que la convertían en mujer. Luego, cuando el conflicto acabó, “su hombre” la forzó otra vez a ser mujer, así sin más, de la noche a la mañana.

Ella aceptó las dos metamorfosis sin rechistar, pero nunca nadie le había preguntado cómo se sentía.

4.

Estas son algunas otras historias que recoge Alexiévich:

—A finales de 1941, la piloto Antonina Grigórievna perdió a su marido cerca de Moscú. Entonces Antonina tenía una hija pequeña, si bien ella reclamaba justicia y como tal pidió ir al frente: “Yo quería a mi hija, pero la llevé a casa de unos familiares y solicité que me enviasen al frente… La última noche… La pasé de rodillas, delante de su cuna…”

Combatientes soviéticas en la II Guerra Mundial

—En otra ocasión, María Ivánovna Morózova tuvo por primera vez, delante de sus ojos, a la que sería su primera víctima. María solo tenía que apretar el percutor de su arma, pero entonces tuvo un pensamiento: “Es una persona; es un enemigo, pero es un ser humano”. No obstante, disparó. La responsable de su organización, cuyo padre había muerto a manos de los fascistas, se esforzó en disipar cualquier duda moral de María: “No debes compadecerlos, debes odiarlos”.

—En palabras textuales de una entrevistada: “Íbamos en los vagones de mercancías… Los soldados se burlaban de cómo sujetábamos los fusiles. No lo hacíamos de la manera en que se suele sostener un arma, sino… Ya no soy capaz de reproducirlo… Igual que cogíamos a nuestras muñecas…”

5.

¿Verdad que todas estas voces suenan increíblemente bien, con una musicalidad encantadora, como personajes perfectamente guionizados para un drama teatral? En una conferencia pronunciada en 2013, Alexiévich dijo que con frecuencia le preguntan si la gente corriente habla de forma tan bella como en las entrevistas que ella transcribe.

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Esta fue su contestación:

“La gente siempre habla de manera hermosa cuando está enamorada o cerca de la muerte. Nosotros, el pueblo del socialismo, no somos como los demás. Tenemos nuestras propias ideas sobre los héroes y los mártires. Una relación especial con la muerte”.

Alexiévich apunta a esa esquina maravillosa donde el periodismo y la literatura se funden, donde testimonios auténticos forjados por una realidad política brutal enuncian verdades descomunales de la condición humana.

“Escribo la historiografía de los sentimientos —dice Alexiévich—… La historia del alma… No se trata de la historia de la guerra o del Estado, ni de la vida de los héroes, sino la del pequeño hombre expulsado de una existencia trivial hasta las profundidades épicas de un enorme acontecimiento. La Gran Historia.”

Y qué historia.

6.

Ah, una última cosa. Cuando a Alexiévich le concedieron el Nobel, la periodista Sophie Pinkham recordaba en New Republic que, bajo la perspectiva de la bielorrusa, está en la naturaleza de las mujeres oponerse a la guerra. A fin de cuentas, ellas procuran vida, y en consecuencia están menos dispuestas a destruirla.

A la vista de los tiempos que corren, no es una mala enseñanza para muchos de nosotros.

Está en la naturaleza de las mujeres oponerse a la guerra. A fin de cuentas, ellas procuran vida, y en consecuencia están menos dispuestas a destruirla

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