Columnas

El sexo en Hollywood que nunca te contaron

Las memorias del ex marine, barman y vividor Scotty Bowers, más allá de un simple compendio de chismografía sexual, suponen una historia alternativa del siglo XX cuyo epicentro se sitúa alrededor de la vida alternativa en Hollywood.

Scotty Bowers sabía mejor que nadie que Katherine Hepburn era lesbiana, que Perry Mason necesitaba amor (gay) y que la mayor colección pornográfica del mundo estaba en el Vaticano. Por algo lo llamaban “la madrina mariquita de todo el universo gay de Los Ángeles”.

Scarlett O’Hara es uno de mis modelos a seguir desde los seis años y uno de mis temas favoritos a abordar cuando estoy con feministas: se ponen como locas con el heteropatriarcado y la mujer sumisa y el racismo y les toca un pie que la peli sea del año 49, porque una sólo puede ser mujer emancipada y poderosa bajo los arquetipos del siglo XXI, y porque a veces somos tan políticamente correctos que parece que llevemos un palo de escoba metido en el culo. La predisposición a no entender siempre es un problema, venga de donde venga, y por eso el ritual de desocultamiento que supone la biografía de Scotty Bowers es una lección de vida de las que hace que quieras abrazar al autor. Quieres que sea tu amigo, compartir gintonics y arreglar el mundo. Quieres que te cuente más de sus aventuras en el Pacífico, de sus líos y de cómo vive el mundo ahora un anciano que lo ha vivido prácticamente todo.

“Servicio Completo: La secreta vida sexual de las estrellas de Hollywood” son las memorias de Scotty Bowers, y quiero dejar claro que aunque Scotty sea la portera que nos cuenta con quién folla y deja de follar el star system del Hollywood clásico, éste no es un libro para pajearse: es un libro para dejarse asombrar. Para exclamar, “oh Dios mío: Katherine Hepburn era lesbiana. Oh Dios mío: Scotty arregló encuentros homosexuales para el director del FBI en Washington DC, para el director de la revista Forbes y para Perry Mason. ¡Para Perry Mason!”

Los líos son una parte fundamental de la biografía de Scotty Bowers, sin duda la más vendible, pero también hay una faceta de explorador y persona amable que hacen de esta biografía algo realmente especial. Scotty es un tipo que se ha movido. Ha follado mucho y de manera muy variada y ha conocido a mucha gente famosa. Es un hedonista que ha dedicado su vida a hacer agradable la de los demás, es nuestra Agrado en versión yanqui. Con viajes y con guerras. Con amor y con el glamour de las películas.

Tennessee Williams fue uno de sus mejores amigos y en un arrebato de respeto y amistad redactó las memorias de Scotty hace años, pero Scotty no dejó que se publicaran. En parte porque aún sentía el deber de guardar silencio —hoy podemos decir que casi todos los implicados han muerto, pero entonces hubiera sido una bomba de mierda programada para estallar irremediablemente—. También hay que tener en cuenta que Tennessee Williams, en su manuscrito a golpe de whisky y recuerdos, le describía como “la madrina mariquita de todo el universo gay de Los Ángeles” y Scotty consideró que la realidad era mucho más compleja. Para entendernos, la realidad sin duda está más cerca de “El Erotismo” de George Bataille que de las “50 Sombras de Grey” .

Algunos de los lectores de Servicio Completo verán en Scotty una víctima, primero de la pobreza, luego de los abusos sexuales en la infancia por parte una serie de hombres malvados, entre ellos, algunos curas. También verán en él una victima de los desastres de la guerra y de la prostitución. Dirán que es un depravado lleno de traumas. Dirán que es un homosexual que jamás salió completamente del armario. Dirán lo que quieran, pero Scotty lejos de definirse en ningún momento como víctima de nada, se muestra siempre en paz consigo mismo y con el mundo:

“Al igual que me había ocurrido con Joe Peterson en la granja, no me parecían nada abominables ninguno de los gustos o preferencias del cura. Nunca los cuestioné. Me parecían perfectamente normales. Pensaba que si resultaban agradables y producían placer, ¿por qué no disfrutarlos? Eran lo más lógico. ¿Entienden lo que digo? (…) Al mirar atrás espero haber proporcionado tanto placer como el que se me ha brindado. Empezando por aquella pequeña sesión lejana con mi vecino, el bueno de Joe Peterson, miro todo el pasado con calor, gratitud y afecto. Me divertí. Disfruté. No lamento nada. Ni una sola vez he sentido vergüenza, culpa o remordimiento por lo que hice. Al contrario. Mi vida ha sido fantástica.”.

A su lado los escándalos de Miley Cyrus y la vida de lujos, diversión y regalos de las it-girls quedan a la altura del betún. ¿Erotismo? ¿Provocación? ¿Los misterios de una vida trepidante? Que venga Scotty y nos lo cuente: todos ellos una pandilla de aficionados.

El Chicago de los gangsters y la Guerra del Pacífico

"Scotty disfrutaba de los placeres de la gran ciudad con el dinero que sacaba a cambio de realizar favores sexuales"

Corría el año 1932 y para Scotty lo peor de mudarse de la granja a la gran ciudad era despedirse de los animales y el ganado. La gran ciudad fue el Chicago que siguió a Boardwalk Empire, cuando Al Capone ya no es un crío, en plena Depresión, con sus rollos ilegales, sus cines repletos de películas habladas y sus mujeres hermosas. Scotty escribe: “Fantaseaba en especial sobre Greta Garbo, Katherine Hepburn, Joan Crawford y Mae West. Viendo aquellas mujeres hermosas se me abultaba la entrepierna”.

Ahora que estamos en el rollo del 3D no somos muy capaces de entender lo que supuso el cambio del mudo al hablado en el cine, por aquel entonces sincronizar el sonido con la imagen era una pesadilla para los técnicos que se sentía como un milagro en el público. En ese feliz periodo de adaptación sonora el cine americano vivió un breve momento de libertad que dio como resultado un puñado de películas maravillosas que desprendían sensualidad, independencia y picardía y que ahora encontramos en el género de las películas pre-código.

Scotty Bowers conoció a una de las divas más bellas e inteligentes del cine pre-código, Mae West, y así es como la recuerda: “Mae traspasaba los límites, rodando escenas atrevidas y recitando un diálogo con palabras que el público no había oído nunca en el cine. No tenía miedo de decir palabrotas ni de la desnudez ni de temas que hablasen de gente real en situaciones reales, y de una forma que nunca se había visto fuera de pantalla”.

Scotty llegó a Chicago siendo un chaval y ese fue el cine que consumió, un cine que ha pasado a la historia por estar asociado a lo que Camille Paglia denomina la primera revolución sexual del siglo XX. La dulce luna de miel duró hasta que en 1934 los católicos dijeron basta y se instauró el código Hays para determinar qué se podía ver en pantalla y qué no en las producciones estadounidenses. Para Paglia hubo un cambio radical en el comportamiento sexual especialmente en las mujeres, y eso quedó reflejado en la guerra por los contenidos de Hollywood, cuando se producían películas de un realismo brutal o de un escapismo abrumador. Y en medio de toda esa explosión nuestro amigo Scotty ayudaba económicamente a su familia y disfrutaba de los placeres de la gran ciudad con el dinero que sacaba a cambio de realizar favores sexuales aquí y allí.

A los dieciocho, siendo ya un chaval hecho y derecho, Scotty da por finiquitada su etapa en Chicago y decide alistarse como paracaidista en el cuerpo de marines. Sobre el papel todo parece muy gay, pero en realidad Scotty es bisexual. Un bisexual vestido de uniforme. Su periplo empieza en Hawai. En Gualdalcanal batalla y vive para contarlo. Y aún le quedaron vidas para ir y volver de Iwo Jima.

Hollywood fin de viaje

"No era una red de prostitución. Era prestar un servicio a los que lo solicitaban. Siempre ha habido necesidad de buen sexo, tradicional y de gran calidad"

Tras pasar por la Gran Depresión y la Guerra del Pacífico, Scotty decide que es hora de alejar el mal rollo y reubicarse. Acaba instalándose en Los Ángeles porque era una ciudad a la que ya le había cogido cariño como marine en busca de acción. En 1946 llega por azar a la gasolinera Richfield de Hollywood y encuentra trabajo en el turno de noche. Ahí es donde empieza todo. El boca a boca cumple su función como la dinamita. Empieza dejándose chupar la polla a cambio de 20 dólares, y haciendo que algunos amigos se ganaran otros 20 con lo mismo. Con una ubicación perfecta —cerca de los estudios de Hollywood y del centro neurálgico de la civilización nocturna en Hollywood Boulevard— en pocos meses todo el que busca diversión sabía dónde encontrarla y por quién debía que preguntar.

“Mi tinglado —explica Scotty— no era una red de prostitución. Era simplemente prestar un servicio a los que lo solicitaban, y como ha demostrado la historia documentada, a lo largo de los tiempos siempre ha habido una necesidad de buen sexo, tradicional y de gran calidad”.

Scotty sabe de lo que habla; está colmado de experiencias. Cuenta que Cary Grant era la quintaesencia de la persona suave, que a Bob Hope le gustaban las maduras y que Barbara Peyton fue considerada durante años la prostituta número uno de la ciudad. Conociendo, procurando, observado e incluso participando de las apetencias sexuales de las estrellas de la gran pantalla, Scotty aprendió que “el buen sexo consiste en saber cuando mucho es demasiado y cuando poco es demasiado poco, en esa delgada línea divisoria que hay entre la coherencia y la variedad, entre encontrar lo que esperas y sorprenderte al descubrir lo inesperado”.

También hay que mencionar que Scotty no sólo gestionaba los líos de la gasolinera y de la gente famosa: estaba casado y tenía una hija. Sin muchos dramas, discretamente, cada uno vivía su vida y se querían, con honestidad, a su manera.

Con el tiempo debido a su discreción —recordemos que la liga anti-vicio estaba siempre dispuesta a empapelar cualquier conducta indecente e inmoral— y a su capacidad para llevar determinados invitados —jovencitas y jovencitos hermosos, dispuestos y liberales—, Scotty empezó a combinar la jornada nocturna en la gasolinera con trabajos esporádicos de barman. En estas fiestas llegó a conocer a personajes que transitaban por Los Ángeles ajenos a los estudios de Hollywood como los duques de Windsor o el entomólogo y pionero de la investigación sexual humana Alfred C. Kinsey. Ellos también habían oído hablar de la red de contactos de Scotty y al poco tiempo se sumaron su peculiar sociedad de ilustres amigos del libertinaje. Scotty a su vez se sumó al equipo de investigación del profesor Kinsey.

“Existía un antiguo estigma social contra una franca discusión de la conducta sexual femenina”, explica Scotty. “Kinsey quería derribar las barreras. Quería demostrar que la actividad homosexual femenina era tan corriente como la masculina, y que debería clasificarse como una parte normal del comportamiento sexual humano”. Eran los años cincuenta y Kinsey acababa de publicar su libro El comportamiento sexual de la mujer.

El episodio de la relación entre Scotty y Kinsey es para morirse de amor. Son como un Sherlock Holmes y un profesor Watson de las cochinadas. Kinsey siempre sostuvo que la mayor colección pornográfica del mundo estaba en poder de la Iglesia católica romana en el Vaticano, y que la segunda colección más grande era propiedad del ex rey Faruk de Egipto. Scotty puso a trabajar sus contactos. Por supuesto, él conocía ni más ni menos que a la princesa Faiza Fuad Rauf, hermana de su majestad Faruk I por gracia de Dios rey de Egipto y de Sudán, soberano de Nubia, de Kordofán y de Darfur. Y exiliado.

En los setenta la pornografía salió del armario y empezó a formar parte de la sociedad norteamericana sin miedo a represalias, todo estaba preparado para que llegara la película que lo cambió todo impulsando las producciones de cine para adulto a niveles más altos de trabajo creativo y rentable. Fue en el año 1972 y la película se llamaba Garganta profunda. La banda sonora es un MUST.

Coda final

“A finales de los ochenta las cosas habían cambiado radicalmente en Hollywood —nos dice Scotty—. El sida había desatado una guerra despiadada contra la humanidad, la época alocada y confusa había concluido. Las fiestas de travestis y gang bangs y las veladas de orgías e intercambios de parejas eran algo del pasado”.

El horror coincidió con el inicio de su verdadera vejez y empezó a almacenar recuerdos. Algo que guardar para las memorias de este bisexual poliamoroso de mente aventurera y actitud amable. El resto es actualidad. Si con la gira del libro Scotty ha conseguido el milagro de sacar a algún desdichado o desdichada el palo de escoba del culo, podremos asegurar que romper el pacto de silencio de todos sus amigos habrá merecido la pena. El hombre se podrá ir verdaderamente en paz.

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