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La vida en seis segundos: razones y contrapartidas del éxito de Vine

La nueva aplicación estrella en las redes sociales es un generador de vídeos en miniatura, mezcla de gif animado e Instagram, adoptado por las celebrities y un público cada vez más amplio. ¿Cuál es su futuro?

Con poco más de cuatro meses de vida, Vine se ha convertido en la enésima revolución en el campo de las redes sociales. Una aplicación para crear y compartir vídeos de seis segundos que amenaza con mirarle a los ojos a Instagram. ¿Verdadera revolución o extravagancia con fecha de caducidad? Analizamos las claves de su fulgurante irrupción.

Desde de la aparición de Instagram, ninguna aplicación social había levantado tanto revuelo como Vine. La historia es la misma que la de otros tantos servicios tecnológicos: se lanza con discreción y, en poco tiempo, recibe una avalancha de atención que la convierte en la gran revolución del momento. Creada por Dom Hofmann y Rus Yusupov en verano de 2012, la aplicación llamó la atención de Twitter, quién compró la compañía en octubre de ese mismo año. En enero de 2013 se puso en el mercado como descarga gratuita y cuatro meses después se encaramó en el número 1 de aplicaciones más descargadas en Apple Store. Por el camino, ha barrido a la competencia y se ha confirmado como la aplicación de video más exitosa de la historia. A falta de saber cuál es su verdadero recorrido a largo plazo, no hay duda de que estamos ante una de las grandes hitos tecnológicos del año. Pero, ¿a qué viene tanto revuelo?

Vine es, esencialmente, una aplicación para compartir vídeos. Pero su repercusión implica que, evidentemente, es distinta a otras como Viddy, Socialcam o Cinemagram. A diferencia de éstas, más que para que muestres tus dotes de realizador Vine está pensada para convertirte en un creador de gifs animados; los vídeos se reproducen en bucle, el volumen está desactivado por defecto (se activa con un solo click) y pueden durar seis segundos como máximo. Así pues, con Vine difícilmente podrás crear “películas” o profundizar en la narrativa sino que, más bien, sirve para compartir momentos muy específicos. Postales en movimiento como nuevo placebo para el exhibicionismo de unos y la curiosidad de otros. Una vez colgado, el vídeo puede verse directamente tanto en el feed de la aplicación como en el timeline de Twitter. El diseño y estructura de Vine es muy similar al de Instagram. Consta de un feed donde aparecen las últimas actualizaciones de los perfiles a los que sigues, una pestaña para “explorar” y encontrar usuarios y una sección “Popular” en la que se recogen los vídeos más exitosos del momento. Como en Twitter e Instagram, la interacción entre usuarios se articula a partir de “seguidores” y perfiles a los que sigues. Por otro lado, tal y como ocurrió con Instagram en sus inicios, de momento Vine solo está disponible para dispositivos iOS (eso es, iPhone e iPad).

"Las restricciones de su configuración obligan a exprimir la creatividad"

Hasta el momento, las aplicaciones de fotografía habían tenido mucha más aceptación que las de vídeo. Un hecho que, probablemente, se deriva de la cada vez más prominente dictadura de la inmediatez. Pero esto puede cambiar con Vine. La vía para conseguirlo está, paradójicamente, en las limitaciones que impone. No hay botón de “grabar” ni botón de “play”. Simplemente tocas la pantalla cuando quieres grabar y la sueltas cuando quieres dejar de hacerlo. La idea es, en cierto modo, una adaptación del concepto de grabación stop-motion. A diferencia de la mayoría de aplicaciones de vídeo, aquí no tienes opciones de edición, Vine lo hace por ti. O, mejor dicho, tienes que editar sobre la marcha mientras grabas ya que la aplicación recoge los pequeños fragmentos de vídeo grabados y los junta en el mismo orden en que han sido capturados, sin posibilidad de que puedas re-ordenar o recortar el metraje. Tampoco puedes utilizar vídeos de fuentes externas o añadir música o sonidos; lo único que se oye es el sonido ambiente. De la misma manera en Vine no hay filtros ni retoques de ningún tipo. Es la realidad tal y como la percibimos. Aunque a primera vista esta ristra de limitaciones puedan sonar como contraindicaciones en una aplicación de vídeo, lo cierto es que acaban por revelarse como la receta del éxito. Con un funcionamiento de lo más intuitivo, la rapidez y facilidad con la que se pueden lograr vídeos ya editados en cuestión de segundos le da un dinamismo hasta ahora inaudito en esta clase de aplicaciones. Las restricciones de su configuración, por su parte, obligan a exprimir la creatividad. Todo ello está dando como resultado un nuevo lenguaje audiovisual a medio camino entre la abstracción y la narrativa experimental, un código novedoso que va camino de convertirse en una nueva forma de arte.

"Twitter le ha ganado la partida a los periódicos en términos de inmediatez de la información, es más que probable que Vine haga lo mismo con las cadenas de televisión"

Vine no solo es una gran idea, sino que es una idea simple, lo que refuerza su efectividad. Pero toda buena idea tiene que tener una utilidad que la justifique. A primera vista, la tentación es de tildar a Vine de banal. Como en la gran mayoría de redes sociales, especialmente si se observan desde una mirada escéptica, esto tiene una gran parte de verdad. Pero lo cierto es que en sus poco más de tres meses de vida los usuarios ya le han dado usos de lo más interesantes. Uno de los más relevantes ha sido su condición de herramienta para facturar pequeñas cápsulas de micro-periodismo. El pasado 1 de febrero, por ejemplo, las primeras imágenes que llegaron del atentado suicida en la embajada americana de Ancara fueron las que capturó una periodista turca con Vine. Y es que, del mismo modo que Twitter le ha ganado la partida a los periódicos en términos de inmediatez de la información, es más que probable que Vine haga lo mismo con las cadenas de televisión. Si Twitter fue uno de los testimonios más fiables de la Primavera Árabe o Instagram fue la primera plataforma donde pudimos ver el aterrizaje de un avión en el río Hudson, Vine solo tiene que esperar su turno para convertirse en un agente clave de la cadena informativa. Es cierto que se puede alegar que eso no es una novedad; hace tiempo que los ciudadanos se han convertido en periodistas improvisados por gracia de sus teléfonos móviles. Pero estamos hablando de algo ligeramente distinto; en este caso no son imágenes cazadas al vuelo sino de píldoras de información convenientemente estructuradas desde la mirada de un profesional de la información.

Tampoco se ha hecho esperar el aprovechamiento de Vine como herramienta de promoción. Hasta el momento el uso más prominente ha llegado en el campo de la moda, ya sea con firmas que comparten sus colecciones o, como en caso de Marc Jacobs, generando imagen de marca a partir de mostrar los estilismos de sus empleados. Más allá de la moda, marcas como Trident, Dove, Ritz o General Electric también han utilizado la plataforma para experimentar con nuevas formas de publicidad. También ha sido usado por los grandes estudios para promocionar sus películas. Sin ir más lejos, el pasado marzo el director James Mangold utilizó un vídeo de Vine para compartir los primeros fragmentos de “The Wolverine”, la nueva entrega de la serie de superhéroes de Marvel. Una manera brillante de alimentar las expectativas del público que, probablemente, pronto adoptarán las cadenas televisivas o las compañías de videojuegos.

Aún así, es innegable que Vine tiene mucho de divertimento narcisista. Y, como profesionales de la materia que son, muchas celebrities ya se han convertido en las grandes estrellas de la plataforma. Poder ver con los mismos ojos que los famosos es una tentación demasiado grande para nuestras almas curiosas. Si Twitter o Instagram nos habían dado la posibilidad de inmiscuirnos en la vida de nuestros artistas favoritos, ahora lo podemos hacer en movimiento. Gracias a Vine, las travesuras de Tyler, The Creator, las fiestas de A-Trak, el fumeteo infinito de Snoop Dogg, las aventuras de Diplo en el backstage, los encuentros de Flying Lotus con figuras legendarias o la delirante existencia de Riff Raff cobran una nueva dimensión para sus seguidores. Especialmente recomendable es la cuenta de este último, una sucesión de postales disparatadas en las que el rapero muestra sus inclinaciones gastronómicas, presenta sus últimas piezas de joyería o documenta sus encuentros con Miley Cyrus. Fuera de la esfera musical, el actor y director Adam Goldberg (conocido especialmente por su memorable interpretación de Nicky Rubinstein en “Entourage”) se ha convertido en uno de las grandes estrellas creativas de la plataforma con sus sugerentes micro-relatos a medio camino entre el cine experimental y el humor absurdo. Lo cierto es que el humor parece ser una de las grandes bazas de Vine. El cómico Andy Milonakis lo emplea constantemente para compartir toda suerte de gags descacharrantes e incluso Tyra Banks lo ha utilizado para mostrar su vis cómica con imitaciones de Rihanna o Sofia Vergara.

"El mayor inconveniente es el no poder bloquear a nadie, con lo que la sección de comentarios de los vídeos más populares ya se ha convertido en pasto para trolls"

No todo es perfecto en Vine. Muchos de sus problemas, sin embargo, pueden excusarse en su juventud. La herramienta para explorar usuarios no es todo lo eficiente que debería ser y, en muchas ocasiones, omite resultados sin razón aparente. Otro contratiempo en este sentido es el bloqueo de Facebook, que impide que puedas importar a tus contactos de esa red –con los de Twitter sí puedes hacerlo–. En relación a la interacción con los demás usuarios, el mayor inconveniente es el no poder bloquear a nadie, con lo que la sección de comentarios de los vídeos más populares ya se ha convertido en pasto para trolls y en un torrente de spam en el que la gente pide followers indiscriminadamente. Por otro lado, las limitaciones de su funcionamiento pueden resultar frustrantes para algunos usuarios. Especialmente doloroso puede llegar a ser el hecho de que te obligue a postear los vídeos inmediatamente después de crearlos; si cierras la aplicación sin haber compartido el vídeo, lo pierdes para siempre. Esta inflexibilidad y, especialmente, la incapacidad para maquillar la realidad puede ser una de las razones que expliquen las reticencias de ciertos usuarios de la generación Instagram. Al fin y al cabo, es más difícil parecer cool cuando sólo tienes una toma y no puedes usar filtros. Otras de las problemáticas con la que se ha encontrado Vine es la irrupción descontrolada de pornografía. Es evidentemente que cualquier manifestación online es susceptible de contener pornografía, pero el problema es que, en la fase inicial de la aplicación, esta podía emerger inesperadamente en tu feed. Incluso hubo un vídeo pornográfico que fue incluido por error en la sección “Editor's Pick”. Desde entonces parece que el problema se ha subsanado bloqueando la opción de búsqueda con el tag #porn e incrementado de 12 a 17 años la edad mínima para poder descargar la aplicación.

A pesar de sus innegables posibilidades, Vine aún tiene que demostrar que es algo más que una simple herramienta de Twitter. En sus cuatro meses de vida se ha hecho con el liderato absoluto en el ámbito de las aplicaciones de vídeo, pero su reto más importante es el de conseguir desligarse de su dependencia de Twitter para convertirse en una red social de pleno derecho. De momento ha conseguido algo que hasta ahora no había sucedido en el marco de las redes sociales: que los usuarios se interesen por los vídeos tanto como por las fotos. Esto se ha logrado gracias a la combinación de su facilidad de uso y su capacidad de generar una comunidad a su alrededor, algo que no había logrado ninguna de sus predecesoras. A partir de aquí la clave está en que sean los propios usuarios los que, explorando al máximo todas sus posibilidades, conviertan esta ingesta de micro-vídeos en algo necesario en las vidas de la mayoría. En otras palabras, que el contenido que cuelgue el grueso de usuarios comunes logre captar el interés de sus semejantes. Ninguna red social puede vivir únicamente de celebridades o profesionales de la materia (en este caso, fotógrafos, realizadores, diseñadores y semejantes); tiene que arrastrar a una mayoría. Evidentemente, Vine no busca competir con YouTube como contenedor de material audiovisual, sino que busca rellenar otro hueco en el mapa que dibujan nuestro creciente afán de exhibición y el cada vez más pronunciado canibalismo informativo. Su propuesta para lograrlo es inteligente y novedosa pero su recorrido todavía es una incógnita. El punto de partida es excitante pero, como siempre, la palabra final la tendrán los usuarios.

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