Columnas

Una segunda oportunidad para diez discos maravillosos y recientes que vale la pena escuchar

Se nos van quedando títulos en el limbo, pero siempre hay tiempo para recuperarlos en nuestro ‘nuevo catálogo de seres y estares’

El tiempo pasa rápido y eso impide que disfrutemos algunos discos que pasan desapercibidos o los escuchamos con prisas, y que merecen una segunda oportunidad. Aquí hemos rescatado diez, en un nuevo catálogo de seres y estares.

Hemos empezado el año con buen pie. Con paso lento pero seguro. A partir de este mes de marzo es cuando el calendario de lanzamientos comienza a calentarse y coge carrerilla hasta, al menos, llegar al verano. Nos quedan muchos grandes discos por delante, pero no por ello se debe pisar el acelerador más de la cuenta y olvidar a aquellos que se han ido quedando en la cuneta. Entre ellos, debemos al menos mencionar los regresos de nombres importantes –y tan diferentes– como Richard Thompson, Bad Religion o Wooden Wand. Tampoco cabe dejar de lado, por respeto, los nuevos discos de I Am Kloot, Frightened Rabbit, Free Energy o The Mary Onettes; discretos, eso sí, y no tan esperanzadores como hacían esperar sus anteriores trabajos. La vuelta al redil de unos ciertamente adormecidos Section 25, emblema del post-punk de los primeros ochenta, ha sido otro momento a retener de este primer trimestre del año, al igual que los excitantes debuts de gentes como Popstrangers o Fidlar.

En cualquier caso, ninguno de ellos ha logrado alcanzar cotas tan deseadas como las de los diez discos que siguen a continuación. Un buen puñado de músicas merecedoras de una segunda oportunidad y entre las que ustedes podrán encontrar un poco de (casi) todo. Pasen, vean e, inmediatamente después, huyan a buscar aquello que más les llame la atención.

California X: “California X” (Don Giovanni Records)

Quizá sea por la sensación de necesitarlos más que nunca, pero parece que últimamente abundan en exceso los lanzamientos de rock incendiario, discos enfadados que tienen sus máximas en el grunge, el hardcore y la bilis rock de los primeros años noventa. De Yuck a Metz pasando por Japandroids, los nombres de Superchunk, Nirvana o Dinosaur Jr vuelven a estar a la orden del día. Sobre todo el de J Mascis y compañía cuando se habla de California X, un trío proveniente de la misma ciudad que aquellos (Amherst, en Massachussets) y cuyo líder lleva por nombre nada menos que el de otra leyenda de la esfera rock: Lemmy. Pocas pistas más van a necesitar ustedes para adivinar lo que se cuece en el interior de este seminal debut, el más bestia de principios de año junto al de Torres. Riffs incandescentes, distorsión de la buena y una pegajosa ascendencia de pop enmarañado hacen de California X una recia promesa en la que confiar cuando se impone escapar por la tangente de modas, crossovers y tendencias. Abrasadores.

Dawn Richard: “GoldenHeart” (101 Distribution)

Algunos se la tienen jurada por provenir de Danity Kane, el grupo manufacturado en el reality de la MTV “Making the Band”, pero, alejada ya de aquellos focos, Richard está más que preparada para plantar cara a quien se ponga por delante en las cotizadas esferas del nuevo R&B. “GoldenHeart”, primera parte de una trilogía que completarán “BlackHeart” y “RedemptionHeart”, ha sido grabado junto a Druski y lanzado en su propio sello, ratificando un status de independencia que no necesita de invitados de relumbrón y que, al igual que su fabuloso “Armor On” del año pasado, un poco más convencional quizá, se apoya en una coartada conceptual a base de guerreros, dragones, tronos, reinos y otras referencias históricas. Con flashes de electro, dance y dubstep, Richard diseña un apabullante entramado de épica futurista en el que no faltan homenajes a Phil Collins o Debussy, ni canciones como “Gleaux” o “Northern Lights”, las cuales parecen querer evocar con sus percusiones batallas en su máximo apogeo. Juzguen como quieran su pasado pero el futuro de esta chica sólo cabe celebrarlo.

The Embassy: “Sweet Sensation” (International)

Tuvieron sus quince minutos de fama en 2002 con el conseguido “Futile Crimes”, pero desde entonces apenas se les ha prestado atención a The Embassy. ¡Y mira que hemos tenido la cabeza virada hacia Suecia! Su cuarto largo llega después de siete años en silencio y les presenta manejando desde la portada cinco palabras de aúpa. “Proceso”, “identidad”, “relación”, “concepto” y “audiencia”. Conceptos densos y, se intuye, autorreferenciales, que nos hacen imaginarles en sintonía con estetas del calado de Pet Shop Boys y New Order, dos cánones del pop británico a los que, por otro lado, recuerdan en más de un punto. Fredrik Lindson y Torbjörn Håkansson son especialistas en mezclar bajos gomosos con guitarras jangle, el espíritu del techno-pop con el del indie más pizpireto, y en recordarnos en temas tan deliciosos como “It’s Always a New Thing” o “Related Artist” que no han olvidado las sensuales lecciones acometidas por sus colegas nórdicos a lo largo de los últimos años. “Sweet Sensation” refresca como brisa de verano y nos deja con ganas de más.

Hookworms: “Pearl Mystic” (Redeye)

Por ‘hookworms’ se conocen a una especie de gusanos que se infiltran en organismos de otras especies para parasitarlos y acabar con ellos. Están asociados a diversas razas, la humana entre ellas, y aparecen en zonas y condiciones particularmente insalubres. Hookworms es también el asqueroso nombre que ha escogido este misterioso grupo de Leeds tras cuya piel se esconden cinco miembros que sólo dan a conocer las iniciales de sus nombres y apellidos. “Pearl Mystic” es su segundo disco y, buscando la analogía fácil, uno que te perfora hasta las entrañas sin que apenas te des cuenta. Sorprende por su tozuda manera, bastante kraut, de inocularte su embrujo, con un sonido a base de drones y pesada psicodelia que se va desplegando por capas en jams de construcción lenta. Un poco en la línea de Spacemen 3 o los Primal Scream más minerales ( “What We Talk About”), pero sin el componente pop. Apuntando también hacia el legado de bestias tipo Hawkwind o de los más contemporáneos y brumosos Brightblack Morning Light. Y postulándose como el relevo perfecto para el aún humeante “World Music” de Goat.

Javelin: “Hi Beams” (Luaka Bop)

Aunque lo parezca, no es tan fácil ser Hot Chip. Ni tan siquiera como Yeasayer o Toro & Moi. Pueden colar unos efectos de sonido, algún que otro truco de reciclaje baratongo y el darle cancha a la elasticidad del sonido, pero lo que en verdad importa son siempre las canciones. Todo debe estar a su servicio. Es algo que se antoja delicado a la hora de valorar un disco como “Hi Beams”, lo primero que graba Javelin en estudio y con conciencia de grupo. Hasta el momento, Tom Van Buskirk y George Lanford se habían dedicado a airear sus habilidades con los remixes y los milagros del corta y pega. Ahora han decidido que todos sabemos lo buenos oyentes y productores que son, y se han esforzado por atar en corto un discurso musical con pies y cabeza que les muestre como compositores reales. Los elementos con los que juegan son los mismos de siempre: vibraciones saltarinas, psych-funk de saldo, gamas cromáticas copulando sin reparos, un horror vacui tan empalagoso como el de la portada y alguna que otra diana cuando logran conjugar todo eso en su justa medida (sobre todo el principio con “Light Out” y el final con “The Stars”). ¿Que qué sacamos en claro de tal bombástico pastiche? Pues no diremos que un gran disco pero sí que puede hablarse de cachondo pasatiempo.

The Men: “New Moon” (Sacred Bones)

Les conocimos en 2011 gracias a “Leave Home” y el año pasado se marcaron con “Open Your Heart” no sólo un gran acontecimiento rock, sino una fiesta desatadísima que revisaba por todo lo alto lo mejor que dio de sí el rock durante las tres últimas décadas del siglo pasado. “New Moon”, nuevo embiste de los de Brooklyn, les encuentra explorando terrenos ligeramente diferentes: abriendo con pespuntes de folk al piano, tendiendo más a la americana que al hardcore, siempre intentado reescribir con sus desaliñadas guitarras lo que otras escribieran antes y sin importarles lo más mínimo tener que borrar ciertos precedentes con tachones. A partir de “The Brass” y hasta alcanzar la bacanal final con “Supermoon”, el tono creciente del disco es abrumador, siempre guiado por unas canciones de altura que crecen y crecen hasta explotar. The Men ratifican así su estatus de banda de rock rocosa y ejemplar, en un disco que les parecerá torpe y brusco a sus detractores pero definitivo y compacto a aquellos que les admiran. ¿De qué lado estás tú?

Robyn Hitchcock: “Love From London” (Yep Roc Records)

En un año que ha comenzado por todo lo alto en lo que se refiere a regresos soberanos (las tres obras maestras de David Bowie, My Bloody Valentine y Nick Cave no hay manera de sacarlas del reproductor), regresa también, aunque no con tantos años de retraso, el genial Robyn Hitchcock. Uno de esos clásicos como quedan pocos, un nombre que garantiza siempre un nivel compositivo muy por encima de la media y cuya música, cuanto menos, le ayuda a uno a desengrasar los oídos, tan atiborrados como están de tanta y tanta ‘fast music’. “Love From London”, como era de esperar, se compone de un racimo de diez canciones magníficas, atemporales y precisas, deudoras de influencias sólo de las buenas (Fiona Apple mataría por “Harry’s Song”, en “Fix You” resuenan ecos de Tubeway Army, en “Strawberries Dress” de Prefab Sprout y en el principio de la fantástica “Be Still” los de Syd Barrett), salpimentadas con la sagaz ironía del autor de “I Often Dream of Trains” y moldeadas por unos arreglos siempre al dente. Sólo para gourmets.

Shout Out Louds: “Optica” (Merge)

Los ochenta siguen imbatibles como fuente más visitada a la hora de saciar la sed creativa del pop actual. Lo reflejan grandes discos recientes, haciendo suya la herencia más tétrica de aquella década (Girls Names) o la más estilizada (Ducktails). En “Optica”, cuarto largo de los suecos Shout Out Louds, son bandas referenciales como The Cure y New Order las que recorren el espinazo del repertorio cual corriente subterránea. Destacan en la superficie los que fueran ilusionantes primeros singles – “Blue Ice”, “Walking in Your Footsteps”, “Illusions”– y, más adentro, ya en la segunda parte, sorprenden novedades como las trabajadas “Hermila” o “Circles”, además de algún que otro guiño a la Human League. Grabado a lo largo de año y medio junto a Johannes Berglund, productor del inolvidable “Clinging to a Scheme” de Radio Dept., “Optica” es un trabajo que te saluda desde la distancia y te da un abrazo grande al encontrarlo, cariñoso y expansivo. “Destroy” y “Glasgow”, por ejemplo, se van cómodamente hasta los siete minutos, y, en general, pocos de los 55 que dura el disco suenan forzados. Al contrario.

The Spinto Band: “Cool Cocoon” (Redeye)

Pobres Spinto Band. Les olvidamos. Sin quererlo, sin justicia. Fueron el mejor grupo del mundo durante un par de semanas en 2005, aquellas en las que “Oh Mandy” brilló como lo más burbujeante rodaja de pop de la década. Y después, la nada. En “Moonwink” (2008) erraron el tiro y nuestra ilusión, impaciente, comenzó a desvanecerse de tal manera que a la altura de “Shy Pursuit” (2012) ya ni les prestábamos atención. Pero ahora, cuando nadie lo esperaba, los de Delaware regresan con el que es, así, sin miramientos, el mejor disco de su carrera. Un álbum colorido y fresco, comedido en aspiraciones y muy competente en resultados, en el que se dedican a hacer lo mejor que saben sin prestar atención a los demás ni demasiada a sí mismos. Todos los temas de “Cool Cocoon” rayan al mismo nivel de calidad. Un fornido racimo de hits power-pop con los que mirar de frente al sol y confirmar que estamos –después de, ojo, 17 años de carrera– ante la realización absoluta de un grupo que nunca quiso ser más de lo que fue.

Waxahatchee: “Cerulean Salt” (Don Giovanni Records)

En nuestro anterior “Seres y Estares” rescatábamos del olvido el debut de la joven de Alabama Katie Crutchfield, auténtica perla del folk en voz baja cuyo extremado recogimiento impidió que su autora alcanzase a más público del merecido. “Cerulean Salt”, en cambio, está dispuesto a conquistar dichas audiencias. Grabado en la casa que comparte en Filadelfia con su hermana y unas amigas, y respaldada por los colegas de Swearin’ en ese hit perfectamente inacabado que es “Coast to Coast”, estamos ante un trabajo decisivo para Waxahatchee. Si “American Weekend” era lo-fi en exceso y hasta daba pudor acercársele demasiado, “Cerulean Salt” viene mucho mejor trazado y vestido, aplastantemente seguro de sí mismo. Seco, demoledor y familiar, parece uno de esos discos que siempre ha estado ahí. A tu lado. Se adhiere a la piel sin necesidad de masaje ninguno, y multiplica el sonido del proyecto sin que el corazón de su autora se contraiga ni un instante. Waxahatchee: cerca ya de las más grandes.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar