Columnas

El rincón del trol (entrega 2)

Nueva dosis de la guía del odio de Eduardo Mas, el personaje más asocial y bilioso de PlayGround: lugares, personas y obras que merecen desprecio y escarnio público

Tómate unos minutos para odiar. Hay que aliviar tensiones. Mercadona: ¿nos venden cáncer? Nunca es tarde para decirle a Ridley Scott que “Prometheus” apesta. Estamos hartos de los gin-tonics de autor. Y que se metan con las gafas. Y de… La Guía del Odio vuelve fuerte.

Hace unas semanas odiamos mucho a Securitas Direct, Iker Casillas, “Shame” y la gente que dice “X no, lo siguiente”. Pero hay mucho más que odiar y despreciar. Hay ahí fuera un universo de repugnancia y urticaria que nos obliga a proyectar un odio muy fuerte. Vamos allá: lo que leas aquí igual te lo puedes ahorrar en psicólogos.

1. Prometheus

Creo que hay unanimidad en el odio ulcerante hacia esta alocada comedia que Ridley Scott se ha dado el gustazo de perpetrar. Sin embargo, creo necesario incluirla en esta guía como lugar de interés odioso especial. Hay spoilers, pero a quién le importa, ¿no? Lo primero es preguntarse a qué tipo de caballo le ha cortado la cabeza Damon Lindelof para trabajar como guionista de esta película. Su currículo es para tirarse por la ventana: “Lost” y “Cowboys & Aliens”. ¿En qué planeta un mentecato de tal catadura es contratado para escribir la precuela de un incunable como Alien?, me pregunto. Ridley, ¿a qué juegas?

La peli en un párrafo: una tripulación de científicos que parecen salidos de una rave se dirige hacia un planeta a buscar una civilización alienígena que resulta ser responsable de nuestra creación como humanos. Total, que llegan, se encuentran un montón de basura letal que mata a unos cuantos, los otros se matan entre sí, encuentran un alienígena muy básico que, al saludarle, le arranca la cabeza de una bofetada a Michael Fassbender y todo sale mal. Ah, y al final un calamar se abraza al alienígena maleducado y resulta que nace la reina de Alien, la que pone los huevos.

Ninguno de estos sucesos tiene ninguna explicación en la película. Al igual que en “Lost”, la mayoría de pistas son McGoofins, al igual que en “Cowboys & Aliens” la explicación de todo parece escrita en un trozo de papel higiénico dos minutos antes de entregar la copia final del guión. Es más, puede que Lindelof entregue todos sus guiones en papel higiénico, como su signature stravaganza. Eres basura Lindelof, no te dejaría escribir ni un pedido en un bar de carretera.

Ridley, lo siento mucho por tu hermano. Ahora bien, por qué no te vas cara a la pared un rato (digamos un par de años), y piensas en lo que has hecho. Ridley, ¿por qué Guy Pierce parece un escroto con las uñas largas? Ridley, ¿por qué una civilización capaz de terraformar, manipular genéticamente a su antojo, creadores de vida y muerte en el universo, pilotan sus naves con una mierda de flautín y dos huevos duros? Ridley, ¿el piloto negro haciendo de negro de Harlem? Ridley, ¿alguien puede morir aplastado por una nave gigantesca que viene rodando? ¿En serio?

Ridley, ¿qué estás haciendo con tu vida?

2. La crisis y el doble rasero

Cara A: La crisis es la merienda de negros de los rácanos, usureros, vagos, arribistas, pícaros, bandoleros y todo un carnaval de villanos que, en tiempo de bonanza, tienen que fingir una humanidad que les debe incomodar y provocar sarpullidos muy dolorosos. Hoy ya han salido del armario: no hay dinero. La mejor excusa para hacer lo que te venga en gana. Empresas y proveedores luchando por cada centímetro de presupuesto como si fuera Omaha Beach, y esta escalera desciende pasando por clientes que regatean precios en las tiendas, rebajas que se actualizan en un parpadeo, pagar por separado la cuenta de una cena o bajarle la paga a tu hijo.

Esta es la guerra más sucia del mundo. Trabaja gratis, es bueno para tu currículum. Dos por uno, ¿no? Cobra esto o habrá alguien con más necesidad que tú que lo haga por la mitad. La calidad no existe, solamente el dinero líquido. Ante este jardín de las delicias, estoy completamente seguro de que hay agentes con una alta resistencia al cambio. Al fin y al cabo, estamos en el salvaje oeste. Aquí gana quien tiene un arma o quien dispara más rápido. Esta es una gran época para terminar de espolear la gran rata de la especulación, ¿de qué si no sabemos cada día a cuánto está la prima de riesgo?

Si conocéis a un broker, ligaos a su novia, manchadle el traje, robadle el taxi, escupid en su café.

"Vaya cheguevaras estamos hechos. Vayámonos a la mierda un rato, ¿no?"

Cara B: Estoy tan cansado de la clase política que nos ha tocado vivir como de la clase activista que hemos tratado de crear. Vaya cheguevaras estamos hechos. El Tweet en la mani, la foto combativa de perfil de Facebook. Vayámonos a la mierda un rato, ¿no? Uno de los monstruos goyescos más alucinantes del panorama actual es encontrarse con un indignado insultando al gobierno anterior y a este, pero celebrando que la renta le ha salido a devolver gracias a un par de trapicheos. Este país convive con la contradicción desde el inicio de los tiempos, por eso uno ya no se sorprende cuando en cualquier tipo de servicio te preguntan si quieres factura o no. Coge esta ganga, amigo. Esta lumi la pago yo. Sin facturas no hay movimiento de dinero, sin movimiento de dinero no hay impuestos, sin impuestos el gobierno no tiene dinero. No lo tiene para lo que le conviene, por supuesto, pero donde había un millón para becas, ahora no hay. Donde había tres para centros culturales, ahora no hay.

Os voy a contar un secreto: el paro no son vacaciones pagadas. La prestación de desempleo es un seguro que paga la empresa que te contrata (además del seguro sanitario) que te garantiza que, en caso de necesidad, tú estás cubierto unos meses con un sueldo que te permita buscarte la vida. Ah, pero las redes sociales vienen llenas de panfletos y fotomontajes hechos a vuelapluma con más de 50.000 “me gusta” o retweets donde siempre se exige y nunca se hace autocrítica. Si aceptas cobrar en negro estás entrando a jugar con unas reglas distintas, lo que no puedes hacer es pagar con dinero del Monopoly las respuestas del Trivial. Esto es así.

3. El affair gin-tonic

Cuenta la leyenda que el gin-tonic era una bebida muy popular entre borrachos de toda la vida en bares con barra de latón y tapas revenidas tras neveras de frío dudoso. Nadie se cree que Larios haya existido alguna vez ni que el maná se pudiera beber en vaso de tubo. El progreso que ha sufrido el gin-tonic ha sido asombroso. Y quiero celebrarlo, por supuesto. No tenemos que beber obligatoriamente Don Simón si queremos disfrutar del vino. Se puede jugar a probar, a encontrar cuál es el tipo de sabor que más te encaja, puedes emborracharte felizmente fingiendo ser un alquimista cualificado.

La tragedia ha llegado cuando, de pronto, esta cultura la ha adoptado hasta el bar chino más cutre de la ribera. Entonces, ¿cómo justificas los 10-15 euros del cubata si el amable asiático tiene la misma ginebra, la misma tónica y la misma copa balón a 4 lereles? Fácil, vamos a lo Sandro Rey: desatemos la mística fuerte. Uno ahora mismo se puede encontrar flotando dentro de su copa cualquier basura en modo aromatizante, cuando digo cualquier basura estoy siendo literal. Adelante, camarero de bar musical, lléname la copa de esas ramas secas, o mejor de anís estrellado, o quizá un poco de cardamomo me iría bien para masticar sí. Ahora sí que aprecio el valor añadido, dónde vas a parar. Mira, tienes a toda la gente hurgándose los dientes, muy sexys todos. Esto es un placer de la organoléptica, no sé cómo había podido beberme un gin-tonic hasta ahora con toda esta liturgia de hacer rodar la tónica en la cucharilla, sin estas frutitas congeladas dentro del hielo, sin estos restos de bolsa de tabaco de liar esparcidos por mi copa y mis dientes. Estoy encantado, Sir Barman. Ahora entiendo lo que es la sofisticación. Toma, ahí van los 15 euros. Nunca había visto a nadie trabajar los líquidos de esta forma.

En serio, paremos esto. Os cuento el secreto: le añaden las basuras según la nota de cata o los ingredientes que el destilador incluye en la etiqueta de la botella. ¿Vosotros habéis tomado alguna copa de un vino con notas de roble lleno de serrín de roble? ¿Uno con sabores metálicos al que han echado un manojo de tuercas? Yo tampoco.

4. Mercadona

"Hay que odiar a Mercadona sobre todas las cosas porque está capitaneada por uno de los mayores cantamañanas de este país"

No sé si muchos de vosotros recordáis (o habéis visto siquiera) la tremenda “Clerks” de Kevin Smith. Para los que no: vedla. Para los que sí que la tengáis en mente, rescatemos una frase: vendedores de cáncer.

Eso es exactamente lo que pienso cada vez que entro en Mercadona a comprar. No es que dude de la marca blanca, no, es que me dan pánico las frutas y verduras brillantes como pelotas de plutonio que te ponen a cuatro chavos. En serio, hay que hacer un ejercicio de contrición, pensar en la supervivencia de la especie. Hay que comprar en Mercadona como si fueras a comprar cocaína a un desconocido: con mucho cuidadito y muy de vez en cuando. Vamos a hablar por ejemplo del milagro de la petrificación instantánea de absolutamente toda la bollería y panadería. Me parece algo digno de un artículo en el Nature o una publicación científica relevante: ¿es que lo amasan y cocinan en el vacío? Cómo es posible que algo pase de un estado esponjoso a hormigón armado ipso facto solamente en contacto con el oxígeno, me pregunto.

¿Y qué me decís de la línea de productos de belleza y de higiene? Confieso que una vez estuve muy tentado de comprar algo para hombres que decía aliviar las ojeras. Porque tengo ojeras siempre y porque era muy barato, aclaro. Luego pensé que no podía permitirme experimentar en una zona tan cercana a los ojos. Tuve verdadero pánico de quedarme bizco o tener dos puñetazos para siempre. Luego me acabo de enterar de que tuvieron que retirar toda su línea de protectores solares, imagino que sería un problema alérgico pero mi pánico crónico empezó a pensar en gente con protuberancias, hermanos gemelos instantáneos creciendo tras las orejas. Me parece que hay que ser muy valiente para usar cualquiera de esos productos, creo que es bailar con la muerte en plan Tektonik.

En realidad, hay que odiar Mercadona porque lo necesitamos, porque tenemos que pasar por el aro y comer sus berberechos saharianos y su zumo de cebolla al que llaman gazpacho. Sin embargo, hay que odiar a Mercadona sobre todas las cosas porque está capitaneada por unos de los mayores cantamañanas de este país. El señor Joan Roig, que padece el síndrome de Prometeo y se empeña en hacernos ver la luz a costa de embotellar napalm como protector solar y ganar billones por ello. Pues váyase al cuerno, señor Roig, en esta casa no queremos más charlatanes ni necesitamos más consejos de negreros con tan escaso gusto en corbatas. Y cuidado que no le denunciemos ante La Haya por su maldita sintonía, compuesta probablemente por ex-agentes de la Stasi.

5. Las gafas, un respeto por favor

Siempre me ha parecido que la laxitud que existe para insultar a alguien con gafas es pasmosa. Quiero decir, que no vemos de verdad, ¿sabéis? Un miope sin gafas es alguien pasándolo mal, cabrones. Estas balas de fogueo, ¿no? Gafotas, cuatro ojos, cegarruto. A mí, que he llevado gafas desde los ocho años si se me ocurría llamarle gorda a alguna o retrasado a otro me daban un par de hostias y me castigaban fuerte. Sin embargo, la gente con gafas somos unos impostores, las llevamos por gusto. Así que dale, inventa términos vejatorios, conviértelas en el atrezzo de la gente odiosa o del villano de la película.

Lo que deberíamos hacer los gafas es contraatacar. Salir a la calle a liarla con los impedimentos físicos ligeros. Eh, qué pasa sorderas; hombre, mira el cojo, ¡qué pasa Barbosa! Mira el tartaja: ¡McHammer, rapéate algo! O mejor aún, creemos términos cabrones e inundemos los media con ellos. Vamos a por los que tienen dificultades para oír, los que deban usar audífonos, llamémosles tapiocas. Que ser tapioca signifique ser un soberbio, generemos la opinión de que no necesitan los aparatos realmente, que van con ellos para hacerse los modernitos indolentes, ¿no? Pues no. Pues claro que no. Solamente nos faltaba que después de aguantar el cuño del término asqueroso de Gafapasta, encima se pongan de moda las gafas. No tenemos salvación posible. Ahora bien, me parece que hay que tener valor para ir por la vida con unas gafas sin graduar, que parecemos tontos con la moda. Es que me imagino las tiendas de Inditex vendiendo muletas en 5 años, ¿por qué no? Prótesis dentales, peluquines, bastones de ciego. No tiene límites la mala leche del universo contra los que llevamos gafas.

Ponte lentillas, ¿no? Opérate, ¿no? Pues no, cretinos. Id vosotros al psiquiatra a discutir por qué os sentís amenazados por la gente que no ve de cerca, de lejos o ambas. A ver por qué tenemos que estar pagando los platos rotos toda la vida nosotros. Vosotros no sabéis lo difícil que era comprar unas gafas decentes en los noventa, no tenéis ni idea. Nadie pensaba en los jóvenes, no había cultura. Adelante, pedidle a cualquiera que conozcáis con muchos años con este problema que os enseñe fotos de sus 12, 13, 14 años… Máxima vejación. A nadie le gustaba que parecieras inteligente, se buscaba lo yanqui, el quarterback español, la animadora nacional. Así que hacedme un favor y tenednos un poco más de respeto. Vosotros que podéis leer los nombres de las calles sin achinar la mirada, ¡yo maldigo vuestros ojos!

6. ¿Quieres bolsa?

Aquí se nos ofrecen dos rutas para odiar, sigan la que más les interese. Quizá escoger las dos es ir por el lado más bestia de la vida.

1. Una compra de 40 euros se extiende ante ti, princesa. Mira, hay cereales, cuatro botellas de agua, tres bandejas de carne, dos bolsas de ensalada, un kilo de tomates, dos cervezas, comida para el gato, arroz basmati, un bote de guisantes y una botella de limpiahogar, ¿tengo pinta de ser un canguro? Claro que quiero bolsa. ¿Cómo que cuántas? Pues no lo sé, haz el tetris tú. Te pasas de 6 a 8 horas viendo pasar productos por la cinta. Pasas los códigos de barras sin mirar, por favor, calcúlalo tú. No creo que haya que ser un estudiante del MIT para saberlo, mujer. Cuento con tu expertise, ¿si te digo que 24 me las vas a dar? El que va a tener que llevar esto a casa soy yo. Dame una bolsa por defecto, al menos. Guárdate tus descuentos en acondicionador, regálame la bolsa o, al menos, ten la misericordia de ahorrarme el cálculo de volúmenes. No soy una vieja rácana con una chupa de Terminator con la capacidad de almacenaje de un maletero pequeño, soy un tipo con cara amigable, ¡llevo gafas! Entonces, hijas de Belcebú (e hijos) haced el favor de hacernos la vida más fácil a todo el mundo. Esto es una amenaza seria, estamos juntando mucha gente, muchas firmas, bandas de vigilantes con palos. Vamos a por vosotros cajeras y cajeros del infierno.

2. No basta con el asedio psicológico de toda índole al que estamos sometidos diariamente. Ahora, si usas una bolsa de plástico estás matando al planeta. Cada vez que usas una, se muere un koala y a una ballena le da un calambre. Por eso, pequeño asesino de la tierra, te voy a castigar pagando de 5 a 20 céntimos por una. Así, malnacido, espero convencerte de soltar el cuchillo con el que estás apuñalando el corazón del Amazonas. No nos importa que el 90% de los productos que encuentras en nuestro establecimiento sean de plástico en parte o en su totalidad. Nosotros no los fabricamos, ¿entiendes? Nosotros solamente somos el mensajero, no tenemos culpa de nada. Así que te lo formulamos de nuevo, ¿quieres una bolsa de plástico asesino para introducir las botellas de agua, el paquete de pasta fresca, los yogures, la botella de limpiador o la bandeja de carne? Pues paga, psicópata. Que con este dinero estamos reforestando bosques de bambú, destruyendo las casas en primera línea de mar, regenerando la capa de ozono, inseminando ballenas y resucitando a los osos cavernarios. No somos supermercados, somos el bien, ¿entiendes?

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar