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Si no puedo bailar, no es mi revolución: análisis de la dimensión política de Pet Shop Boys

El dúo británico estará actuando en junio en el próximo Sonar presentando ‘Electric’: es el mejor momento, pues, para reivindicar su lado más comprometido, muchas veces oculto por una pantalla de frivolidad

Años 80: Madonna y Michael Jackson eran los reyes indiscutibles del pop en Estados Unidos y en las islas británicas dominaban, muy de lejos, Wham! y Culture Club. Con la irrupción de Pet Shop Boys, el Reino Unido se hizo con una buena parte del pastel del pop, y aunque Pet Shop Boys aún no han logrado hacerse con un público de masas en América, sí lo lograron en Europa, con inteligencia y un fuerte trasfondo crítico.

Cuando se habla de Pet Shop Boys se suele poner el acento en sus himnos adoptados por la comunidad gay y en ese pop aparentemente desenfadado que han dominado desde su primer single y hasta hoy, pero el dúo londinense no es tan frívolo como parece, y en realidad ha aprovechado sus canciones para ejercer el activismo político desde la pista de baile tratando temas que van desde los temas más candentes y polémicos del momento (de las elecciones en Estados Unidos a la guerra en Afganistán) pasando por la preocupación medioambiental. Sin duda, uno de los logros de Neil Tennat y Chris Lowe ha sido el de poner en práctica aquel axioma de que “si no puedo bailar, no es mi revolución”.

El próximo mes de julio Pet Shop Boys editarán, además, su nuevo álbum de estudio: “Electric”, a través de Kobalt Label Services, una nueva distribuidora que da completa libertad creativa a los músicos y que, además de representar la ruptura contractual con Parlophone, su sello de siempre, guarda mucha coherencia con la línea de pensamiento de Lowe y Tennant, acorde con esa forma de hacer las cosas a su manera, al margen de lo que se espera normalmente de los artistas de éxito: cultivan la sobriedad (por mucho que canciones/versiones como “ Go West” estén vinculadas al petardeo y sean la banda sonora de los desfiles del orgullo gay de medio mundo), reivindican a los artistas que les apetece aunque no estén de moda (Liza Minelli, Dusty Springfield) y hacen elecciones estéticas complejas, como cuando pudimos ver a Chris Lowe aburrido y Neil Tennant bostezando en la portada de “Actually”, como si se rieran de todo el tinglado de la promoción y del culto a la personalidad tan frecuente en la industria musical. Son pequeños gestos que pueden pasar desapercibidos (son muchos quienes los asocian a al pop más lúdico y superficial sin querer ir más al fondo de la cuestión), pero que dicen mucho de la forma que tienen Pet Shop Boys de enfrentarse al proceloso mundo de un pop en el que a menudo la imagen esconde un discurso vacuo. Incluso en el escenario dejan de lado los tics de estrella del pop: aunque ponen el acento en una puesta en escena espectacular (sus montajes son un derroche de luz, color y creatividad), ellos no se convierten en los protagonistas de las canciones, sino en su vehículo. Chris Lowe se parapeta tras una gorra y una pose inmóvil, centrada en tocar, mientras Tennant hace gala de sobriedad y deja el resto a los bailarines. Puestos a llevar la contraria, hasta les hemos visto actuar con cubos que ocultaban sus cabezas.

Ese activismo disfrazado de música despreocupada es continuo. Por ejemplo, “I'm With Stupid”, una de las canciones de “Fundamental” (2006), hace referencia a la decisión de Tony Blair y George Bush de invadir Iraq (hasta la cultura pop se encargó de ningunear a Aznar, el tercero en discordia en la reunión de las Azores). Por su parte, en “It's Alright” (1989) se hacían eco de la deforestación y de los titulares políticos de la época, viendo la música la única alternativa posible para un cambio de conciencia ( “Music is our life's foundation”, dice la letra), a la vez que en “Absolutely Fabulous” (1994) cargaban contra los oropeles y la música disco “sin alma”. “West End Girls” (1984), basada en el poema “The Waste Land” [“La Tierra Baldía”] de T.S. Eliot, habla de la falta de oportunidades (“ we've got no future, we've got no past”), a la vez que muestra empatía con los más desfavorecidos –la misma jugada la repitieron al cabo de cuatro singles en “Suburbia”, en 1986–. Más ejemplos: en “Rent” (1987) criticaban las relaciones basadas en el dinero, en “The Man Who Has Everything” incidían en la burla contra la clase alta... Cada canción de Pet Shop Boys tiene su trasfondo social.

Pero sin duda, el gran caballo de batalla del dúo ha sido la homosexualidad. Más allá de canciones celebratorias de lo gay (“Go West”, cover hi-NRG del himno de Village People, como decíamos, es sin duda, la más representativa), en sus letras hay mucha reivindicación y el retrato de uno de los momentos más oscuros de los 80: con el descubrimiento del virus del SIDA y con la información respecto al VIH aún escasa, confusa y rodeada de leyendas negras, buena parte de la sociedad demonizó a la comunidad homosexual, a la que inicialmente se identificó con el virus y estigmatizada durante años por esa razón (aún hay quien conserva esos prejuicios, pese a que hace tiempo que las cifras demuestran una y otra vez la mayor incidencia del virus entre heterosexuales). Ese ‘error’ provocó que salir del armario en los 80 fuera aún más complejo de lo que parecía, y buena prueba de ello la tenemos en el propio Neil Tennant, que no reconoció abiertamente su homosexualidad hasta 1994, pese a que siempre se especuló con ella. Tal vez por eso buena parte de sus canciones hablan de hombres que se niegan a asumir su sexualidad y vivirla abiertamente, como hacen en “A Man Could Get Arrested” o “Can You Forgive Her”. Más dura es “Being Boring” (1990), que empieza como un inocente recuerdo de la adolescencia para terminar convertida en un homenaje al amigo muerto por el camino: el protagonista de esta canción aparece también en “It Couldn't Happen Here” y en “Your Funny Uncle”, como explicaba Neil Tennant en una entrevista para la revista Out en 2009. En un momento en el que hablar de estos temas era tabú –tanto que hacía falta que gente como el actor Rock Hudson, uno de los primeros mártires del sida, o el jugador de baloncesto Magic Johnson admitieran ser seropositivos para ayudar a normalizar la enfermedad–, que Pet Shop Boys hablaran sin tapujos de la enfermedad y de lo gay tenía mérito, máxime porque no lo hacían de forma demagógica o adoctrinadora, sino con canciones pop redondas que llegaron a las listas de éxitos de toda Europa.

Poco se sabe a día de hoy de “Electric”, el próximo trabajo del dúo, pero teniendo en cuenta el panorama sociopolítico, no debería sorprender a nadie que de nuevo recurrieran, como rezaba la letra de “Left To My Own Devices” (1988), a “Che Guevara y Debussy a ritmo de disco”.

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