Columnas

Por qué la revolución será “choni” (o no será)

Respuesta a una reseña de “Sociofobia” escrita por Antonio Baños para La Marea

El temor a lo choni, lo cani, lo chav, es una lacra que desde hace años viene amortiguando las perspectivas de respuesta social. Owen Jones lo denunció en Chavs y César Rendueles volvía a alertar del fenómeno recientemente en Sociofobia… Pero la actitud paternalista sigue ahí. Víctor Lenore intenta desenmarañar el enredo.

El artículo al que intento responder suena extraño desde el titular: “ ¿A quién emancipamos?”. Se supone que la liberación política debe ser algo colectivo, construido desde abajo, más bien con lemas del tipo “¿cómo nos emancipamos?” Al principio, supuse que era algún recurso irónico, pero en cada nueva lectura del texto queda más claro el tono condescendiente de la argumentación. La actitud redentora es evidente en la formulación de esta pregunta del texto: “¿cómo se repolitiza a un cani?” Resulta temerario apropiarse la tarea de educar a los demás cuando nadie te lo ha pedido (si falta la complicidad, los intentos solo pueden acabar sonando a sermón o a bronca). Tampoco es aceptable que el autor suelte en el texto su análisis político sin especificar que no tiene mucho que ver con el contenido del libro que reseña. En este caso hablamos de Sociofobia, de César Rendueles, uno de los ensayos más comentados de 2013.

Pitbulls y poligoneros

"Los poligoneros del centro comercial tienen el mismo derecho que tú a intervenir en la vida pública"

Baños asume la posición de militante veterano, versado en la historia proletaria, que siente la obligación de “emancipar” y “repolitizar” a las víctimas del consumismo. “Muchos crecimos dentro de la sólida cultura obrera. Entre los mártires de Chicago, la huelga de la Canadiense y la aversión al crédito bancario”, explica. Me temo que esa mirada desde arriba, tan frecuente entre la izquierda, ha hecho más por alejar a los jóvenes de la militancia que por animarles a incorporarse. En cualquier caso, estamos ante una postura muy distinta de la que propone “Sociofobia”. Basta un pasaje de la página 36 para confirmarlo: “La democracia radical (...) tiene algo de locura, si uno se para a pensarlo. Significa que el majadero ese del Porsche Cayenne, la tía que suelta a un par de pitbulls en un parque lleno de niños o los poligoneros del centro comercial tienen el mismo derecho a intervenir en la vida pública que tú. La izquierda histórica supo procesar esa idea escandalosa para que resultara factible y deseable para la mayoría”. Para afrontar la situación actual, Rendueles propone “políticas antielitistas ambiciosas” y se resigna a dar por muertos los programas clásicos del socialismo, comunismo y anarquismo. “No porque sus reivindicaciones carezcan hoy de sentido o hayan sido realizadas. Más bien al contrario. Lo que ocurre es que la igualdad y la libertad son asuntos demasiado urgentes e importantes como para dejarlos en manos de proyectos en los que muy poca gente se reconoce”. La conclusión que yo saco es esta: menos presumir de lo cultos o militantes que somos y más buscar estrategias comunes para detener el rodillo que nos hace trabajar cincuenta horas a la semana por menos de mil euros al mes (quién todavía tiene curro).

Sin trabajo, sin casa, sin miedo

"Si hablamos de revolución, los que somos cuarentones en 2013 tenemos poco que enseñar a los que vienen detrás"

En Espejismos Digitales, el blog de Rendueles, se ha tratado con detalle este conflicto. Por ejemplo, en el post titulado “Sólo un ni-ni puede salvarnos”. Cito un pasaje: “T odos entendemos que en una sociedad altamente tecnificada sería razonable dejar de tratar el trabajo como si fuera un bien escaso e idear mecanismos para repartirlo y así disponer de más tiempo libre. Pero los que aún nos aferramos a trabajos precarios estamos poco dispuestos a asumir los costes y los riesgos de la transición a un sistema más sensato, pues nos podría deparar perjuicios importantes en el corto plazo. Somos capaces de imaginar esa reorganización social y apreciar sus ventajas, pero para impulsarla tendríamos que convertirnos en héroes dispuestos a inmolarnos en el altar de la racionalidad política. En cambio, si toda tu familia lleva diez años en el paro y en tu ciudad hay un 70% de desempleo juvenil, es más fácil que la destrucción del mercado laboral tal y como lo conocemos te parezca una plan factible y moderado”. Si hablamos de revolución, los que somos cuarentones en 2013 tenemos poco que enseñar a los que vienen detrás (más bien nada). En vez de menospreciarlos, suena más sensato hacer un esfuerzo por conocerlos y articular luchas conjuntas.

Aprender de los migrantes

En un pasaje especialmente triste, encontramos a Baños pasando lista, con gesto crispado: “Todos hemos notado en las protestas y huelgas la ausencia significativa de canis y de nuevos inmigrantes. Y vemos cómo frente a la play y a las Nike, ni Marx ni Galeano tienen nada que hacer”. Tengo claro que aquí se reproducen los peores tópicos contra la clase trabajadora que nos venden “Callejeros”, “APM” y “Princesas de Barrio” (o caricaturas chuscas tipo el Neng de Castefa de Buenafuente). ¿Tan extraña es la idea de que la mayoría de “canis” y migrantes están demasiado exprimidos laboralmente para militar? ¿O que algunos tengan que soportar la creciente carga de cuidados que ha dejado de cubrir el Estado? ¿Puede ser que las manifestaciones del centro de Barcelona les pillen un poco lejos? Dejando aparte la opinión, es un hecho que los “canis” y nuevos migrantes se incorporaron al mercado de trabajo cuando el denso tejido sindical de los años setenta ya había sido disuelto por las agresiones neoliberales. Culparles de esta situación no parece justificado. Si hablamos de los migrantes latinos, es probable que tengamos más que aprender de los procesos en marcha en América Del Sur que lo que podemos aportarles políticamente.

Revolución dubstep

"Ahí están, políticamente perspicaces, indignados y dispuestos a hacer oír sus voces largamente ignoradas"

En el epílogo a la edición española de “Chavs”, el empático Owen Jones prevenía contra los peligros de caricaturizar a los “chavs”, “canis” y similares: “El periodista de la BBC Paul Manson bautizó las manifestaciones de noviembre de 2010 en Londres como la revolución dubstep. En general, no eran estudiantes universitarios los que hacían sonar esa música, sino adolescentes de clase trabajadora. Antes se les menospreciaba como, en el mejor de los casos, una masa apática con pocos intereses aparte de “Factor X” y los Iphones; y en el peor, como una amenaza social que debía contenerse. Pero ahí están, políticamente perspicaces, indignados y dispuestos a hacer oír sus voces largamente ignoradas”. Viendo las cifras de respaldo social al 15M, con un 78% el pasado mayo, es evidente que lo que algunos llaman “chonis” simpatiza con el cambio social. Viendo acciones de la PAH, el SAT, Democracia Real Ya, las CUP o Juventud Sin Futuro también podemos notar la presencia de jóvenes de clase trabajadora susceptible de este tipo es estigmatizaciones. Quienes se quejaban en 2010 de una juventud ignorante, consumista y despolitizada, que solo atendía a Cristiano Ronaldo y la depilación láser, tuvieron que tragarse sus palabras el 15 de mayo de 2011. Termino con otra frase de Rendueles: “Si nos quedan ganas de encontrar la salida vamos a necesitar la ayuda (mutua) de casi cuatro millones de parados de larga duración, varios millones de trabajadores migrantes pobres, algo así como un millón de viudas depauperadas, cientos de miles de familias desahuciadas, un gigantesco ejército de teleoperadores, reponedores, camareros, ni-nis… Vaya, a mí me sale un montón de gente”. Mirar por encima del hombro al grueso de estos colectivos y soltarles una charla paternal no parece el mejor comienzo para organizarnos.

Posdata: A pesar de que me chirría el tono, y no estoy de acuerdo con los argumentos, tengo claro que la pieza de Baños transmite preocupación por lo que importa: ¿qué hacemos para salir de esta distopía política? También quiero mencionar que compro La Marea todos los meses y he aprendido muchas cosas leyendo sus entrevistas, reportajes y reseñas. Por eso me he animado a contestar al artículo.

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