Columnas

Cinco razones para amar ‘Portlandia’

Claves de la serie más indie-pop-friendly de la televisión moderna

Portlandia lo tiene todo para convertirse en una serie de culto: estrellas del indie reconvertidas en actores, cameos que nada tienen que envidiar al backstage del festival con más pedigrí y, sobre todo, un humor iconoclasta que no deja títere con cabeza. Hipsters, bandas, DJs, ecologistas y adictos a las redes sociales son sólo algunos de los objetivos de Carrie Brownstein y Fred Armisen, los dos cerebros tras una de las series más apetecibles en muchos años, y que parece que ya llega a su fin: tras concluir la segunda temporada la semana pasada, circulan los rumores sobre su difícil renovación por un año más. Así que estamos ante un documento de culto cuya relevancia no dejará de crecer con el paso del tiempo y que estaremos condenados a consumir, en adelante, en DVD. ¿Aún no conoces esta serie? Pues aquí tienes cinco razones para descubrir y amar “Portlandia”.

1. Carrie Brownstein

¿Quién podía imaginar que la guitarrista y cantante de bandas como Sleater-Kinney y Wild Flag escondía una actriz con gancho y una guionista con sentido del humor? Carrie aprovecha su experiencia para reírse del mundillo musical sin tapujos: festivales de música, pose, grupos con pretensiones arties y demás fauna no se libran de las chanzas de la serie. Ahí está Aimee Mann haciendo de empleada de hogar ante la caída en picado de la venta de discos o esa redacción de Pitchfork que se ve obligada a cerrar cuando por fin dan a un grupo el codiciado 10.

No es lo único: se toma con humor toda la tinta que se ha derramado en torno a sus tendencias sexuales y se traviste de hombre en algunos de los mejores gags, protagonizados por un novio desesperado con su remilgada novia.

2. Fred Armisen

Sin duda, el descubrimiento de quienes no tenemos acceso a Saturday Night Life. El colaborador del popular programa ha encontrado en Brownstein su media naranja humorística. Creció obsesionado con Devo y ha tocado la batería con Trenchmouth y Les Savy Fav. Lo mismo interpreta a la melindrosa novia de Brownstein que a un preocupado padre de familia. Su personaje estrella, sin duda, es Toni: bibliotecaria en una librería feminista (Women And Women First) que emplea lenguaje inclusivo en todo momento y, como su compañera Candice (de nuevo Carrie), se ofende cuando le llaman “cariño” y siente, literalmente, “como si le clavaran penes por todo el cuerpo”. Impagable.

3. “Yo no soy moderno…”

“…es que me hicieron así”, podrían alegar algunos de los personajes de “Portlandia”. Un hipster que se lleva las manos a la cabeza cuando un pijo decide frecuentar su cafetería favorita, amigos que se enzarzan en batallas campales por ver quién ha leído antes el artículo de turno de la publicación más molona, la pareja que parece haber pasado horas navegando por Etsy y Pinterest y decide decorarlo todo con pájaros… Nadie se libra, ni siquiera el departamento de policía, cuya renovación de uniformes cae en las manos de Brownstein y Armisen: consiguen unos looks impagables a lo “Blade Runner”, pero totalmente imposibles de utilizar a la hora de patrullar las calles. Como buenos modernos, beben cócteles, se quejan de que cualquiera pincha y ruedan aburridas películas de arte y ensayo que no aguanta ni Gus Van Sant. En algún momento deberían haber asomado los gags sobre Instagram, porque ni Facebook ni el iPhone se han librado.

4. Cameos

La lista de cameos es larga y no tiene desperdicio: Kyle MacLachlan como alcalde, Steve Buscemi, Joanna Newsom, Aimee Mann, Eddie Vedder, Colin Meloy, Corin Tucker, James Mercer, Miranda July… Raro es el episodio en el que no aparece una celebrity, pero hay que estar ojo avizor porque no suelen hacer de sí mismos.

Entre las excepciones, Eddie Vedder (que protagoniza un divertido gag en el que Carrie decide romper con su novio porque no soporta el tatuaje que lleva del cantante de Pearl Jam) o Colin Meloy, que asiste a un festival tan indie que en el hotel, en vez de recibir los clásicos jabones y champús, es obsequiado con un tocadiscos.

Todos los personajes que acceden a participar en la serie lo hacen también a reírse de sí mismos: ahí está ese Kyle MacLachlan obsesionado con que la ciudad de la que es alcalde se desmarque de Seattle o Joanna Newsom, desesperada porque sus amigos son incapaces de meter su arpa en el maletero del coche sin provocar destrozos.

5. La cultura os hará libres…

O no, porque las referencias de “Portlandia” van de la cultura popular al cine más intelectual: publicaciones como Mother Jones, movimientos sociales, el amor incondicional a los gatos, las tiendas de ropa de segunda mano… Cualquier excusa es buena para reírse de algunos tótems culturales. Ahí están ese cartero obligado a ir de puerta en puerta hasta que logre que alguien vea “Nosferatu”, esa pareja que pierde sus empleos porque se engancha a “Battlestar Galactica” o esos padres obsesionados con la cultura de sus hijos. El sketch en que Brownstein y Armisen se enfrentan a la profesora de la guardería porque exigen que sus hijos escuchen a Kraftwerk en el parvulario además de carcajadas, provoca empatía. Hasta algo tan aparentemente sencillo como la sintonía de apertura se convierte en otra referencia, porque usan “I Feel It All Around” de Washed Out.

“Portlandia” está llena de esos pequeños guiños mordaces (e irónicos, por supuesto) que piden a gritos ser vista… y comentada una y otra vez.

"Portlandia" comenzará a emitirse todos los viernes a partir del 23 de marzo en Canal+1.

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