Columnas

“Ser una princesa en una torre”, un relato de Ana Carrete

Un retrato de los miedos, angustias y confusiones de la nueva generación a través de los ojos de una de las voces más innovadoras de la actual literatura norteamericana

A medio camino entre el relato y la poesía, Ana Carrete se ha convertido en una de las voces más singulares de la joven literatura norteamericana. Compagina sus versos con la edición de New Wave Vomit, la revista que está apostando por las últimas expresiones de la literatura experimental, y aquí nos ofrece una de sus últimas piezas, exclusiva para el ciclo Ficción Rara coordinado por Luna Miguel para PlayGround.

[ Ana Carrete (1985) es autora de varios cuadernos de poesía, así como del alucinante libro de poemas “Baby Babe” (Civil Coping Mechanism, 2012). Durante mucho tiempo ha dirigido la famosa revista digital New Wave Vomit, que ha recogido poemas de los más jóvenes autores del panorama literario estadounidense. Su estilo, como se puede comprobar en la pieza experimental que viene a continuación, está a medio camino entre la ficción y la poesía. La traducción es de Zulema Couso].

Esta es una serie de sucesos y pensamientos que pueden haber ocurrido durante las últimas cuatro semanas.

Me llamaron mis padres y me dijeron que mi abuela estaba muy enferma en el hospital.

Me llamaron mis padres la semana siguiente y me dijeron diez minutos antes de que les diera clase de español a estadounidenses que mi abuela había muerto.

Conduje desde San Diego a Tijuana y unas dos horas esperé en medio del tráfico.

La espera para cruzar la frontera fue una mierda porque la policía buscaba al asesino de un agente y por supuesto pensaron que huiría del país y conduciría hasta México.

Me quedé sentada en mi coche, enfadada, llorando, odiando la música y hablando con mi novio.

Odié cada canción y me sentí identificada con cada canción.

Todas las canciones me recordaban a mi abuela.

Una canción dijo algo como “quiero ser tu hombre” y pensé en ser el hombre de mi abuela durante unos minutos.

Pensé en ser su hombre porque su hombre real (mi abuelo) la engañaba y tenía otra familia.

La vi dentro de su ataúd y quise que abriera los ojos.

Creo que he heredado sus manos bonitas y huesudas.

Heredar:

Derivar (un atributo, característica o predisposición) genéticamente de uno de los progenitores o ancestros: Ha heredado la belleza de su abuela.

Seguí mirándola.

Tuve que hablar con miembros de mi familia que no me gustan.

No preparé mucho mi clase.

No he preparado mucho mi clase.

No he podido preparar mucho mi clase.

Odié mi vida.

Personas a las que nunca veo me dieron cosas durante el funeral.

Personas a las que nunca veo y que detesto con todas mis fuerzas me dieron un pañuelo y un caramelo.

Personas a las que nunca veo y que no me caen ni bien ni mal me dieron un paquete de pañuelos.

Lloré y abracé a personas a las que nunca veo y puede que nunca vuelva a ver.

Lloré y abracé a personas a las que quiero y me sentí querida.

Me sentí demasiado sensible.

Me siento demasiado sensible.

Creo que eso es bueno.

Tuve pensamientos narcisistas y me sentí fatal.

Mi novio fue muy bueno conmigo.

Bebí alcohol y me sentí bien y mal al mismo tiempo porque mi abuelo era alcohólico.

Tengo miedo de convertirme en una alcohólica.

Bebí de todas formas.

He estado comiendo cosas asquerosas.

He estado comiendo una vez al día (la mayoría de días).

He eructado chow mein y me he sentido como una vaca.

He llevado tacones y me he resbalado con mi propio vómito en baños públicos.

Una noche fui a cenar a un sitio bueno.

Comí gambas con la familia de mi madrina.

Mi prima acunaba a su bebé y el bebé lloraba mientras me miraba fijamente.

El bebé movió las manos como si quisiera tocarme y lloraba e intentaba hablar.

Quería entender al bebé que lloraba pero no podía y eso me puso muy triste.

Sentía que el bebé quería decirme algo importante.

El bebé era precioso.

Mi novio me envió libros de poesía preciosos.

Me dieron ganas de llorar.

Quería abrazarle.

Puede que llorara.

Vimos la película de Expediente X.

Fui a recitales de poesía.

Leí poesía.

Escuché poesía.

Bebí.

Conduje borracha.

Mientras conducía por un puente, me imaginé que hacía un mal movimiento, perdía el control y moría.

Tuve un pensamiento ebrio, repulsivo, ridículo y retorcido: “Me siento atractiva y no quiero morir ahora”.

Me sentí como una gilipollas.

Tuve un pensamiento escalofriante: “Quiero morir y visitar a mi abuela”.

Tuve un pensamiento: “No quiero morir sola pero eso puede ocurrir porque soy estúpida”.

No paro de odiar y no odiar y odiar y no odiar mi vida y estoy cansada.

Anoche, sobre las 21h, iba andando para encontrarme con una de mis amigas y un tío me dijo “me encantan tus piernas”.

Iba hablando por teléfono, ignoré su comentario y seguí andando.

Se puso a seguirme.

Se puso a hablar conmigo y yo lo ignoré y seguí hablando por teléfono.

Me dijo que dejara de fingir que no lo escuchaba.

Le dije que estaba ocupada y que dejara de hablarme.

Siguió caminando a mi lado y me tocó la cintura.

Le dije que no me tocara.

Aceleré el paso.

Me dijo que no pretendía nada malo.

Le dije que estaba ocupada y seguí andando.

Me preguntó qué hacía.

Le dije que estaba ocupada.

Por fin vi a mi amiga y le dije que le estaba ignorando.

Ella le dijo que estaba claro que yo no quería hablar con él.

Él pidió un cigarro y ella le dijo que no fumaba.

Por fin desapareció.

No quiero sentirme como una princesa en una torre.

No quiero ser una princesa en una torre.

Quiero que mi pelo sea más largo que mi pequeño cuerpo pero no quiero trenzarlo y no quiero que nadie utilice mi pelo como una cuerda.

No quiero ser una mujer en una torre.

No quiero tener miedo de caminar.

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