Columnas

¿Está preparado el hip hop para superar la homofobia?

Desgranamos los diferentes aspectos que pueden estar acabando con el aberrante e incómodo tabú de la homosexualidad en la escena rap

La declaración de Frank Ocean acerca de su orientación sexual ha puesto el debate sobre la homofobia en el rap encima de la mesa. Sin embargo, otros acontecimientos anteriores comenzaron a plantear tímidamente hasta cuándo el hip hop y otros géneros con parentesco común iban a mantener el tabú de la homosexualidad intacto.

Mientras la sociedad actual avanza en cuestiones de tolerancia sexual e igualdad, todavía quedan ciertos círculos dominados tradicionalmente por figuras masculinas donde los brotes de homofobia son comunes. Y si no lo son de una manera flagrante, han dejado paso a un statu quo en el cual la homosexualidad es tabú, se evita a toda costa y, cuando no queda más remedio que tratar el tema, se hace con embarazo e incomodidad. Algunos de esos círculos, no obstante, comienzan a sacudirse de encima estos estigmas a base de acontecimientos puntuales que precipitan el cambio de mentalidad, de renovación generacional de sus miembros o por puro y consecuente paralelismo con el resto de la sociedad. El rap parece ser una de estas esferas que comienzan a desprenderse del estigma homófobo, con un underground liberado del yugo “don’t ask, don’t tell” y nuevos agentes abiertamente homosexuales. Pero ¿qué hay de los viejos tics anti-gay? ¿Van cayendo conforme las juventudes implantan su propio código moral? ¿Está todo el círculo del hip hop preparado para su flamante nueva tolerancia? Analizamos los factores que podrían indicarnos que, efectivamente, el género vive tiempos de renovación ética.

1. Frank Ocean, el primer ‘outing’

Ahora, Frank Ocean confiesa abiertamente su condición sexual en una carta a través de su Tumblr. Fechada en diciembre de 2011 y escrita en un documento de texto, la misiva narra de manera resumida su primer desengaño amoroso a través de una mezcla de sentimientos y consecuencias vitales (como su mudanza de Nueva Orleans a California). Y, con la naturalidad y la espontaneidad con la que uno explica las cosas en la intimidad, Ocean desvela el género –masculino– de su primer verdadero amor. ¿Qué ha pasado? Lo normal: que no ha habido ni una reacción negativa al respecto. Más bien, todo lo contrario. No han sido pocos los que han querido expresar su apoyo incondicional y su respeto de manera pública; desde sus compañeros de Odd Future –como cabía esperar– hasta el fundador de Def Jam, Russell Simmons, han mostrado su amor, apoyo y admiración por un acto que, visto desde muchos prismas, denota una dosis de valentía importante. Pero que en frío, desde nuestra cotidianeidad, no tiene por qué copar titulares durante varios días seguidos. Creo que hablo en nombre de una inmensa mayoría cuando digo que todos hemos pasado por una situación similar. Un amigo, un familiar, un compañero, uno mismo decide dar el paso y hacer pública –sin necesidad de poner globitos y comprar una tarta– su condición sexual.

El debate no se centra en Frank Ocean, ni en su orientación (se ha declarado abiertamente bisexual) ni en el hecho de hacerla pública. La verdadera pregunta detrás de todo este embrollo es si la comunidad rap, como inquiríamos más arriba, ha dejado de un lado la homofobia que arrastra desde tiempo ha. No son pocos los nombres pertenecientes a la escena que, en los últimos meses y al calor del debate abierto en Estados Unidos sobre la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo, se han manifestado a favor, sin necesidad siquiera de hacer referencia a su propia orientación. Me refiero a Jay-Z apoyando la postura del presidente Obama a favor de este tipo de uniones, o a T.I. y Kendrick Lamar, que con un rotundo “I don’t give a fuck” dejaron claro que cada individuo ha de preocuparse por su propia felicidad de acuerdo con sus principios.

Otro precedente a tener en cuenta llegó en 2011, cuando el rey del meme-rap Lil B decidió titular su álbum “I’m Gay (I’m Happy)”. El Based God, por muy based que vaya, de tonto no tiene un pelo. Con semejante movimiento no sólo se consiguió una valiosísima publicidad para este trabajo, sino que además propició que otros miembros de la comunidad rap fueran preguntados acerca de la posible existencia de un rapero que confesara su homosexualidad. Encendida la mecha de las especulaciones y autopublicitado su enésimo álbum, Lil B acabó inaugurando públicamente un debate que ya tardaba en llegar: ¿en qué momento van a salir hip hop y allegados del armario? Como resultado, los headz del género pudimos calibrar tímidamente el grado de aceptación que podría tener un rapper gay entre sus compañeros de profesión. Y la gran mayoría (DMX, Killer Mike, Talib Kweli, entre otros) dribló el incómodo asunto centrándose en las otras interpretaciones del título, como la etimología primigenia del término “gay”, que significa feliz, o la intencionada controversia como soporte publicitario. Conclusión: el tema era, todavía en 2011, espinoso para los que conforman el núcleo duro de la escena rap.

"La humanización de la estrella del rap alejaba a ‘Ye de su gremio, pero lo conciliaba con un público que abrazó con entusiasmo ver sus miserias reflejadas en las letras de su icono musical"

Si bien el acto de valentía de Frank Ocean no tiene precedentes en la historia del R&B y del hip hop, sí que podemos encontrar un cambio de actitudes retrocediendo algunos años en el tiempo. Si nos remontamos hasta 2008, nos encontramos con Kanye West firmando su disco “808s & Heartbreak”. Sin entrar a valorar cualitativamente el álbum, West marcaba la diferencia con el resto de la escena, desterrando la pose braggadocio que había reinado en el género desde hacía eones. El de Chicago se expuso ante su extensa horda de fans y seguidores –y también ante sus detractores, los que más provecho podrían sacar de este cambio de actitud– como una persona con sensibilidades no sólo artísticas, sino también emocionales, que llora como cualquier ciudadano de a pie el abandono del ser querido, el desengaño amoroso, la pérdida de un familiar. La humanización de la estrella del rap alejaba a ‘Ye de su gremio, pero lo conciliaba con un público que abrazó con entusiasmo ver sus miserias reflejadas en las letras de su icono musical.

Le siguió la estela con resultados inconmensurablemente exitosos Drake. Sin tener que renunciar a la vendible frivolidad de la trinidad mujeres-guapas–alcohol-de-coctelería–bling bling-y-ropa-cara, el canadiense ha conseguido ganarse el respeto a partes iguales de la escisión hip hop y de la división R&B. No hace falta empuñar un arma, amenazar a otra crew, insultar a otros artistas o dedicarte al narcotráfico para ser un hombre. Ni siquiera hacen falta ya estas credenciales para ser una estrella del hip hop.

El creciente éxito que ha vivido el R&B en 2011, con el propio Frank Ocean acompañado de The Weeknd como los grandes triunfadores musicales del año (y sin editar un disco oficial) también tiene mucho que decir en este cambio de mentalidad por parte del público. Son discos que hace 10 ó 15 años hubieran tenido un único objetivo comercial: chichis. Sin embargo, hoy el porcentaje de oyentes, compradores potenciales o fans ya no se divide en género masculino o femenino, por lo que la variable gay o hetero también debería desaparecer de la ecuación que ha usado la maquiavélica mercadotecnia musical en las últimas dos décadas. Al factor de género hay que sumarle la escalada de éxito que el R&B y el rap está teniendo entre el público indie, comunidad en la que los prejuicios sexuales llevan mucho tiempo sin asomar la cabeza. Internet, el fin de los tabús, la libertad de expresión, el amor, la propia música… ¿qué más dará? La cuestión es que, por fin, se empieza a hacer música por personas y para personas.

2. Breve historia de la homofobia ‘urban’

Pero no siempre ha sido así. Situar el momento exacto en el que el rap fue abiertamente homófobo, además de arriesgado y laborioso, carece de sentido si lo que queremos esclarecer (el nivel de aceptación de la sexualidad en la escena rap actual) acontece hoy en día. Sin embargo, podemos enumerar diferentes conflictos con trasfondo homofóbico que ayuden a tener una idea de hasta qué punto la pose, la mentalidad o la lírica fue lejos en la injuria contra la comunidad gay. A finales de los 80s, el gangsta rap se empieza a imponer como estilo y uno los nombres precursores es N.W.A., hasta que el grupo desaparece como tal a principios de los 90s como consecuencia de diferentes disputas. Es en ese momento cuando Eazy-E arremete contra Dr. Dre y su pasado en World Class Wrecking Cru'. El verso “damn it’s a trip how a nigga can go so quick from wearing lipstick to smoking on chronic at picnics” queda como prueba indeleble del uso de la insinuación homosexual como oprobio de altos vuelos. Unos años más tarde de escribir esa frase Eazy-E fallecía. Y el pasado electro de Dr. Dre se desvaneció en la memoria colectiva eclipsado por la totalidad de su carrera.

"Hace diez años y siendo simplemente rumores, el fantasma de la homosexualidad erosionó lo que podía haber sido una carrera de enorme éxito"

En términos muy diferentes, fuera de las fronteras estadounidenses pero con cierta similitud con Frank Ocean en términos estilísticos, podemos pararnos en el caso de Craig David. Emergiendo de la escena de MCs londinenses que brotaron al calor del éxito del 2step a principios de milenio, David fue catapultado a la fama con su álbum de debut “Born To Do It”. La magistral mezcla de R&B con los géneros que copaban la música de baile inglesa le llevó a vender ocho millones de copias en todo el mundo. Un buen motivo para comerse el mundo. Sin embargo, y tal y como él mismo ha confesado años después, la estrella se desvaneció fruto de las inseguridades de un chico cuya sensibilidad artística (y no artística) no casaba con la de sus coetáneos ­–o sea, el resto de MCs londinenses, que por aquella época empezaban a rivalizar entre ellos en peleas al micro, el germen del grime–. En 2008, David concedía una entrevista a un medio gay para acabar con las especulaciones acerca de su homosexualidad. Craig David se declaraba heterosexual y atribuía los constantes rumores a su actitud asustadiza con las mujeres en los principios de su carrera. El chico era inexperto, en fin. A toro pasado y a título personal, la reacción es exacta a la provocada por Frank Ocean: me da igual con quién te metas en la cama, lo que me importa de verdad es tu música. Y, sin embargo, hace diez años y siendo simplemente rumores, el fantasma de la homosexualidad erosionó lo que podía haber sido una carrera de enorme éxito. Algo que no le ocurrirá a Ocean.

3. El rincón lésbico

Llegados a este punto, va siendo hora de hablar de la otra mitad perjudicada en el asunto: las mujeres homosexuales. ¿Gozan las lesbianas de mayor aceptación en la escena? ¿Tiene menor repercusión la salida del armario de una mujer en el rap que de un hombre? La respuesta es afirmativa. Y la historia, paralela. A principios de año, otro miembro formal del colectivo Odd Future hacía pública su homosexualidad (si bien hay que aclarar que nunca había estado oculta). Hablo de Syd The Kyd, pivote del proyecto The Internet y una de las productoras de la crew angelina. El revuelo creado, en comparación con el generado en torno a Frank Ocean, ha sido mucho menor. También la proyección artística de Syd es más discreta. No obstante, en sus declaraciones al L.A. Weekly la productora enumeraba una serie de artistas femeninas que, presuntamente, mantienen su verdadera orientación a escondidas. Y lo hacía de manera tajante. “Está Alicia Keys, que está casada con Swizz Beatz –todos sabemos que esa mierda no es real–. También tienes a Queen Latifah besando a Common en pantalla. Y a Missy Elliott diciendo que no quiere relacionarse con zorras. Tú sabes que a ella le gustan algunas zorras…”. A pesar de la contundencia con la que Syd habló nadie puso el grito en el cielo. ¿Por qué el hecho de ser mujer hace menos escandalosa su condición homosexual? ¿Es tradicionalmente más fácil desenvolverse en un mundo de hombres siendo lesbiana que siendo gay? No me aventuro a dar una explicación. Pero sí que encuentro figuras abiertamente lesbianas en el female rap en los últimos 15 años, desde Queen Pen a Yo Majesty! pasando por la propia Syd The Kid. En el apartado femenino, el camino lleva haciéndose poquito a poco desde hace más de una década.

4. El momento del ‘queer rap’

Se acabó hablar del pasado. Lo que nos atañe es el presente, dirimir si estamos ante el fin del tabú homosexual en el escenario rap. Si seremos capaces tanto el público como la escena artística y la industria de aceptar sin aspavientos a un rapero gay. Ya hemos visto que las mujeres, aunque no en su totalidad, van unos pasos por delante. Todavía nos queda por ver que a día de hoy existe una increíblemente prolífica escena underground de MCs abiertamente homosexuales cuyo éxito viene respaldado por la calidad de su producto y no por su condición sexual. Hablamos de la escena queer rap que Pitchfork bosquejaba hace unas semanas con un artículo en profundidad. Prácticamente todos los nombres relevantes de esta camada de artistas tienen tres factores en común: Nueva York y aledaños como origen geográfico, su veneración por el movimiento ballroom y el apoyo logístico de productores jóvenes, pertenecientes a una generación menos estigmatizada por los tabúes y con ramificaciones en otras escenas –prácticamente todas ellas de clubbing– donde la cuestión del género quedó aparcada hace años. Podríamos ubicar el epicentro de estos productores alrededor de las etiquetas Fade To Mind o Jeffrees (reciente filial de Mad Decent), donde moran artistas de diferente edad, origen, sexo, orientación sexual y musical como MikeQ, Kingdom, Flosstradamus, Brenmar, Nguzunguzu, Baauer o el propio Zebra Katz.

A día de hoy, Mykki Blanco, Zebra Katz, Cakes Da Killa o Le1F forman parte del circuito underground, al igual que lo fue Frank Ocean hace poco más de un año. Pero uno de estos nombres podría ser the next big thing del rap, tal y como han sido Tyler, The Creator o A$AP Rocky. Y sin la necesidad de que su orientación sexual resulte un hándicap en su ascenso hacia el éxito por el simple hecho de que ellos ya están fuera del armario. Tienen ese camino ya andado; ya no tienen que enfrentarse al engorroso trance de hacer público con qué género prefieren relacionarse sentimentalmente. Con esta hipótesis estaríamos en el siguiente paso firme de la definitiva –y también paulatina– superación de los prejuicios homófobos por parte del género. Algo que sólo puede beneficiar, no solo moralmente sino también económicamente, a todos los actores de la película. Si el pop de masas del siglo XXI, esto es, el que cuenta con la aceptación de mayor parte del mercado, es abiertamente gay-friendly –con Madonna y Lady Gaga como iconos capitales–, ¿por qué no pueden serlo el resto de géneros musicales?

"Imaginemos a Method Man, a Timbaland, a Ice Cube, a Lil Wayne haciendo pública su homosexualidad. ¿Se les seguiría apreciando? Rotundamente sí"

Ahora bien, tal y como apuntaba Chuck D en referencia al asunto de Frank Ocean –al cual el miembro de Public Enemy restó relevancia por tratarse Ocean de un cantante y no un rapero–, lo que hubiera sido realmente trascendental para el cambio de mentalidad es la salida del armario de una vieja gloria, de alguien que vivió, experimentó e incluso se lucró de los picos homófobos que ha vivido el rap en las últimas dos décadas. Imaginemos por un momento a Method Man, a Timbaland, a Ice Cube, a Lil Wayne, a Diddy haciendo pública su homosexualidad. ¿Se les seguiría apreciando, respetando y loando como se ha hecho hasta la fecha? Rotundamente sí, más teniendo en cuenta que son artistas que han trascendido barreras generacionales y que, con el paso del tiempo, han ido añadiendo nuevos fans, más jóvenes, educados en otros tiempos, potencialmente más abiertos de mente. Pero superar el tabú de la homosexualidad a nivel colectivo no pasa por que aquél que lo sea haya de promulgarlo a los cuatro vientos. La verdadera aceptación llegará en el momento en el que a todos y cada uno de nosotros nos importe un pito de qué acera seamos.

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