Columnas

10 polvos que cambiaron mi vida

Una selección de las mejores escenas de folleteo jamás rodadas en el cine

Hay una historia aún no escrita (del todo) del cine a partir de sus escenas de sexo. Antes de que el porno se hiciera de dominio público, algunas de las descargas eróticas más intensas que recibíamos venían de los polvos furtivos que aparecían en películas de éxito. He aquí el top ten.

La llegada de la segunda parte de “Nynphomaniac” a los cines es el momento adecuado para lanzar una lista de polvos memorables. Polvos en el cine. Una lista subjetiva a rabiar, confeccionada con los greatest hits pajilleros de mi vida. No sé, por alguna razón hay escenas de fornicio que se quedan grabadas en tu cerebro y vuelven una y otra vez a ti, como si nunca pudieras desprenderte de ellas. Aquí va mi álbum particular, mis coitos hollywoodienses favoritos. Ojalá os corráis de gusto.

1. “Monster’s Ball”: Blanco sobre negra

Billy Bob Thorton es un artesano del doggy style. Un trabajador serio, serio, serio, que pone toda la carne en barra en el asador cuando toca follar a lo perrito. No obstante, la responsabilidad que recayó sobre él, ni más ni menos que satisfacer a una valquiria afro como Hale Berry, hizo temer que su pilila blancuzca cedería ante la presión. Los escépticos se equivocaron. Billy mantuvo el tipo y, lejos de amilanarse ante tanta exuberancia, supo dar el do de penacho y ofrecer al patio de burracas una sesión de fornicio que haría palidecer al hermano de Dinio.

“Monster’s Ball” es un film decente, incluso bueno diría yo, pero contiene un polvazo tan antológico que la gente ha olvidado ya el resto de la película. De hecho, alguna vez he tenido la sana intención de volver a verla, pero siempre me he visto empujado a calvar la uña en el fast forward para terminar saboreando una y otra vez el volcánico aquí te pillo aquí te mato protagonizado por tan asimétrica pareja.

Hale está necesitada. Se huele. Billy lo sabe, pero se muestra cauto. Incluso cuando la chica, desesperada ante su pasividad, le pone las domingas delante en las narices, el ex marido de Angelina Jolie ataca con prudencia, sin contagiarse del atolondramiento de su presa. Es un tanteo breve. En cuanto puede, Billy aplica su llave maestra y pone a la mujer mirando para la Meca con el objetivo de lanzar una ráfaga de embestidas doggy style que todavía hoy causa sensación. Por fin veíamos a Hale Berry en modo perra cachonda, follando con ganas, aunque nunca habríamos dicho que el encargado de darle candela por delante y por detrás sería el tirillas de Billy Bob. Pese a las limitaciones de espacio y superpoblación de ácaros del mugriento sofá, el coito es celestial y me deja muy tranquilo ante futuras eventualidades con diosas de ébano: los blancos SÍ la saben meter.

2. “Excalibur”: La armadura me la pone dura

Supongo que soy uno de los muchos damnificados que se tragaron esta peli en su niñez y han tenido que sobrellevar los estragos de tan impactante follada el resto de sus vidas. Confieso que sentí una mezcla de asombro, perplejidad y pavor después de presenciar del desahogo entre Uther Pendragon e Igraine. Nunca había contemplado semejante derroche de fogosidad y urgencia masculina. Y no es precisamente la imaginación el elemento clave, de hecho la cópula que ejecutan los contendientes es un misionero clásico exento de florituras, variaciones experimentales o golpes de efectos sadomasoquistas. Aquí se folla a la vieja usanza, esto es: mujer espatarrada mirando a la Osa Menor, macho alfa tumbado sobre ella, pelvis arriba, pelvis abajo, pim, pam, pum y coyunda finiquitada.

La auténtica magia de la concepción del Rey Arturo está en el ansia febril de Uther por meterla en caliente. Al pobre diablo le palpitan los testículos con tanta insistencia y va tan espantosamente salido que prefiere no perder un segundo y trabajarse a su compañera con la armadura de combate puesta, una discreta pieza de acero macizo de apenas 30 kilos que convierte sus acometidas pulsátiles en trabajosos y robóticos movimientos pélvicos, más propios de una versión softporn de “Robocop” sin 3 en 1 que de una fantasía épica ambientada en las leyendas artúricas.

Hete aquí un barón superado por su incontenible necesidad de polinizar, un hijo de la gran puta que saca espumarajos por la boca, la tiene como el cuello de un cantaor y es incapaz de esperar cinco minutos para despojarse de las capas y capas de latón que le cubren el cuerpo para tener más maniobrabilidad, sentir el contacto piel con piel y, lo más importante, no dejar la nívea piel de su amante como un mapa de carreteras comarcales.

Más de treinta años después, el polvo enlatado de “Excalibur” sigue siendo una deliciosa rareza que no se ha vuelto a repetir en el cine comercial. Este mete-saca made in Camelot es una proeza descomunal de la que deberían tomar nota los que se consideran grandes folladores. Cuando se habla de manejar 30 kilos de acero macizo y satisfacer a tu amante, unos pocos suicidas dan un paso adelante, pues que yo sepa sólo Max Cortés y Galactus están bendecidos con la habilidad de percutir con una armadura artúrica puesta y no espicharla en el intento.

3. “El Corazón Del Ángel”: Cuando Mickey empotró a Lisa

No quisimos aceptar la sucia realidad hasta el mismo instante del empotramiento, hasta el momento en que Mickey Rourke la abre de patas y le trincha el pavo con embestidas lobunas. Ver a la dulce negrita de nuestros sueños profanada por un guarro de tamaña magnitud fue como sorprender a Gizmo en plena sesión de fist fucking con guantes de esparto en el sótano de Zed. Escalofríos.

Anonadados por la salva de acometidas, cortesía de un Rourke con el gatillo desbocado, descubrimos que el mundo podía ser un lugar jodidamente cruel. Casi manchamos las enaguas de tanto apretar los dientes y resistirnos a creer que la inocente Denise Huxtable, la adorable y virginal hija ficticia de Bill Cosby, iba a ser poseída violentamente por un homúnculo mantecoso. Nadie dudaba que aquello no sería precisamente un despliegue de ternura: Rourke ya había dado claras muestras de su vigor testicular en “Nueve Semanas Y Media”, pero se reservó lo mejor para graduarse cum louder en la masterpieza “El Corazón Del Ángel”, de Alan Parker.

No es difícil imaginar a Rourke preparado para rodar la escena, con el manubrio pétreo incluso antes de que chasqueara la claqueta. No es difícil imaginar el espanto que debió sentir Lisa Bonet cuando se vio metida en harina. La niña quería dejar atrás la imagen televisiva de mulatita modosa, seguramente odiaba a muerte al farsante de Bill Cosby, pero diablos, tampoco era necesario apostar todo al rojo y que fuera el salvaje de Rourke el encargado de meterla en el mundo de los adultos a pollazo limpio. Seguro que la ovejita se arrepintió en el último momento. Pero el lobo ya estaba hambriento. Denise tenía que morir en esa cama.

La escena tiene miga. Está impregnada del sabor sanguinolento del vudú, la atmosfera luciferina de la trama y el verano gelatinoso de la Louisiana más gutural. Hace un calor beduino. Lisa suda. Su piel está recubierta de una espesa película de secreciones corporales propias y babas de su partenaire. Y es que Rourke le repasa diligentemente las tetas antes de bajar al sótano a la caza de Pepita. Lisa se entrega totalmente e incluso se chupa sus propios dedos de forma antinatural. Cachonda perdida. Pero lo mejor está por llegar. Después de retozar un rato -ahora tú abajo y yo arriba, y tiro porque me la tocas- llega el misionero salvaje de un Rourke sin frenos. Su pandero carnoso y sudado culebrea con espasmos, Lisa se retuerce bajo su dermis de lacón, todo se acelera, joder, ¡¿qué es eso?! ¡Está cayendo sangre del techo! Mickey no tiene suficiente con desgarrar vaginas, Mickey desgarra el espacio tiempo con su pene y hace sangrar a la mismísima realidad. Superadlo.

lisa bonet sex scene in angel heart por madboy111

4. “Amenaza En La Sombra”: Qué bello es follar

La leyenda dice que la cópula entre Donald Sutherland y Julie Christie en la magnífica película “Amenaza En La Sombra” fue real. Vaya, que se dieron candela de la buena delante de las cámaras. A estas alturas, semejante noticia no debería sorprendernos, ya estamos curados de espantos, pero este inquietante largometraje se estrenó en 1973 y por aquel entonces un pasaje de cama de semejante lubricidad era un órdago al puritanismo de tres pares de cojones.

El tiki-taka tiene lugar en Venecia, emplazamiento romántico por antonomasia, y está tratado con una delicadeza ejemplar. Es un polvo vintage con todas las de la Ley. La ausencia de cerdadas, brusquedades y frases sucias se suple con una estética rayana en el ballet, un grácil entrelazamiento de cuerpos que se dan placer con suavidad aunque de forma tan convincente que parece que estén chingando de verdad. Amor puro, que de vez en cuando va bien sacar al romántico que llevamos dentro, pues al igual que Nick Curran todos tenemos corazón. Por cierto, acaso harto de que le preguntaran una y otra vez si había mojado el churro, Sutherland negó en una entrevista reciente que la escena incluyera sexo real. Pobre tipo, ahora ya es demasiado tarde. ¡Hubo penetración y punto!

5. “Antes De Que El Diablo Sepa Que Has Muerto”: Donde las dan las Tomei

Nadie daba un euro por Marisa Tomei, era una actriz olvidada hasta que decidió volver por la puerca grande y demostrarle al zorrerío hollywoodiense que no sólo estaba más buena que la mayoría de actrices operadas de moda, sino que encima estaba dispuesta a despelotarse y encamarse con quien fuera para firmar un comeback de los que dejan huella. Y nada mejor que una obra maestra sin paliativos como “Antes De Que El Diablo…” y un director que no estaba para gilipolleces como Sidney Lumet para conseguirlo.

Los que vieron la película desprevenidos seguramente tuvieron que hacer como yo y comprar una pala en Servicio Estación para recoger la mandíbula del suelo. Nadie me había dicho que Tomei se revelaba al espectador en toda su exuberancia –para mojar pan y rebañar el plato, amigos-, hincada de hinojos en la cama y recibiendo una inyección de carne en barra directa al espinazo cortesía de… ¡¡Philip Seymour Hoffman!! La pareja es realmente imposible, el kiki a lo perrito se antoja mecánico, introspectivo, p'adentro, pero los efectos del impacto son profundos y duraderos. Marisa es mucha Marisa.

Arf, arf, arf. Los resoplidos de Hoffman se funden con el oleaje culero de sus embates, se oye el sonido hueco de las cavidades chocando, se intuyen los lechosos testículos del actor cimbreándose frenéticamente mientras su concubina se aferra a la almohada esperando la tormenta de leche. No parece que la Tomei alcance el orgasmo, su amante no es precisamente Andrés Velencoso, no hay gemidos histéricos ni nada que se le parezca, no obstante la escena se me antoja de un morbo supino y me sigue poniendo cerdísimo por alguna razón que se me escapa. Dicen que la película se iba a llamar “Antes De Que Philip Seymour Hoffman Sepa Que No Te Has Corrido”, pero el título era demasiado largo y la reputación de fornicador del actor habría quedado más dañada de lo que ya estaba.

6. “Crash”: Más que coches

Soy un enfermo, lo admito. Pero no estoy solo, David Cronenberg me acompaña en este via crucis de turbadora perversión con un libro de J.G. Ballard bajo el brazo y me guía a través de un muestrario de personajes al límite que necesitan de accidentes de tráfico, prótesis, objetos de ortopedia, carrocerías abolladas y todo tipo de imaginería automovilística siniestra para ponerse cachondos. “Crash” es un tsunami de desviaciones sexuales e intercambios de fluidos que harían temblar a Gaspar Noé; el Valhalla de los sibaritas del sexo bizarro. El polvo entre Elias Koteas y Deborah Kara Unger en el túnel de lavado es maravilloso. La folladita de Holy Hunter y James Spader en el asiento del conductor del coche tampoco se queda corta. La morbosísima cópula en cucharita que se marcan Spader y Kara Unger es también de babero. Pero Cronenberg mete el dedo hasta el fondo de la llaga, nunca mejor dicho, en la repulsiva y a la vez fascinante escena en que Spader, quién si no, decide hacerle un cunilingus a una herida repulsiva con forma de vulva que Rosanna Arquette tiene en la parte posterior del muslo. Intento imaginar la cara de del pobre diablo al leer ese fragmento del guión.

7. “El Nombre De La Rosa”: La abadía del vicio

Entre tanto monje casto y tanta loca decrépita con sandalias, era normal que la metiera en caliente el más tonto. “El Nombre De La Rosa”, una de esas películas que cambiaron la adolescencia de los que nos criamos en los 80 y vamos camino de la disfunción eréctil y el exceso de vello nasal. Quién nos iba a decir que en un film infestado de señores célibes, momias chepudas e iconografía religiosa de la rama dura, nos toparíamos con uno de los apareamientos más realistas y sudorosos de la década.

El morbo de esta escena no reside tanto en lo prieto de las carnes de sus protagonistas como en el morbo que produce ver a un inexperto Christian Slater / Adso de Melk iniciándose en el mundo de la copulación de la mano de Valentina Vargas, bomba sexual donde las haya. El mentecato de Adso es un novicio franciscano al que la vida todavía no le ha enseñado lo que es bueno. El pobre chaval lleva más tiempo del prudencial pegado a la túnica de Guillermo de Baskerville. Seguramente está harto de vivir rodeado de viejales con la coronilla rasurada. Por eso, en cuanto entra en la calurosa cocina de la abadía y se topa con una morena capaz de fusionar átomos de hidrógeno con el toto, el mancebo enloquece y pone al servicio de la propagación de la especie su vigorosa manguera sin chistar.

Y vive Dios que el crío da la talla. Comienza familiarizándose con el terreno de juego. Las tetas parecen darle un poco de miedo y es normal, Virgina tiene unos misiles perfectos. No obstante, en cuanto Adso entra en calor se muestra mucho más suelto y consigue cuajar una actuación de notable alto en la primera estocada de su vida. Es un polvo sucio, recubierto de mugre. El tufo a pies, heces de gallina y chotuno llega hasta el sofá, pero es un polvo que parece real, hay morbo, lascivia, sexo sudoroso sin artificios, la chica está tremenda y Slater tiene un culillo de lo más juguetón. Obra maestra (la peli y el kiki).

8. “Instinto Básico”: “Nah, Nick tiene corazón”

“Instinto Básico” redefinió el concepto de thriller erótico y creó escuela en la década de los 90. Paul Verhoeven se lo llevó calentito extremando la estética sexual barroca y presentando a personajes esperpénticos mucho más cercanos al adicto al sexo que al penetrador romántico de los 80. Resulta muy complicado destacar un solo empalamiento. Todos los clavos que infestan la película son de Premio Nobel y Nick Curran es uno de esos hijos de la gran puta que marcan época. Es obligatorio comentar el legendario rebozado de Michael Douglas, que por cierto ya venía calentito de follarse a la chalada de Glenn Close en “Atracción Fatal”, y Sharon Stone en la cama; el primer polvo de la película con pica-hielos incluido; el aireamiento de chocho de la Stone ante la policía; los hits más reconocibles, en definitiva, de este huracán cinematográfico de flujos.

De todos modos, entre tanta genialidad encontramos una follada frenética que todavía hoy me pone los huevos de punta. La protagoniza un Michael Douglas que parece haber engullido 200 ostras y un gramo de cuerno de rinoceronte. Está febril. Quiere follar con las nalgas y los dientes muy apretados. Hace rato que ha dejado atrás su humanidad y se ha transformado en un bonobo atiborrado de Viagra. La polla recubierta de venas, prepucio pugnaz, Príapo en la mente y un objetivo suculento a morir; ni más ni menos que el delicioso cuerpo de la sexy Jeanne Tripplehorne a tiro.

La escena es una hipérbole delirante. Desconozco si Douglas ya era adicto al sexo en esa época, pero como si lo fuera. La forma en que le arranca la camisa a la pobre mujer y le muñe las domingas –apuesto mi iPhone a que la cara de terror de Triplehorne es real- es más propia de “En Busca Del Fuego” que de una película ambientada en la actualidad. Douglas es un primate que zarandea a su víctima como una muñeca de trapo y busca fortuna en cavidades prohibidas a lo brutísimo, sin preguntar. No puedo parar de reír cada vez que veo a Nick metérsela por el culo a traición a su amiguita. Me descojono como un niño cuando veo la cara de ella, una mezcla de horror, sorpresa y dolor, como pensando: “¡Este mamonazo me la ha metido por el ojal!”. Y es que Douglas procede a encularla sin miramientos, sin preliminares, sin escupitajo; gasto inútil lubricar la zona. La cara de vicio extremo del actor lo dice todo. Una de mis perforaciones favoritas de todos los tiempos.

9. “El Cuerpo Del Delito”: Madonna dando cerita

Madonna estaba en su fase de máximo puterío. La Ambición rubia quería follárselo absolutamente todo, y así nos lo hacía saber a través de sus videoclips, libros de fotos y declaraciones provocadoras. A principios de los 90 nos enfrentábamos al súcubo de “Erotica”, esa Madonna no sabía lo que era la cábala y no bebía batidos de césped con jengibre. Hasta ese momento todos habíamos fantaseado con cepillarnos a la reina del pop. la convertimos en la heroína de acción de infinitas manolas ejecutadas al ritmo de “Express Yourself”, pero todavía no habíamos visto a la bestia en acción delante de una cámara. Había ganas de ver a la Ciccone dale que te pego a lo cerdo y vive Dios que “El Cuerpo Del Delito”, pese a ser una basura influenciada por “Instinto Básico”, guarda en su interior un par de escenitas en las que la mujer se puso muy pero que muy traviesa.

En una de ellas, mi favorita, Madonna se hace un dedo de manual, ofreciendo su true blue a Willem Dafoe. Lo que no se espera la diva del pop es que Dafoe responda al reto con una llave de judo, unas esposas y un empalamiento por detrás de lo más cavernícola. La escena que ha quedado más impregnada en el recuerdo de los pajilleros amantes del thriller erótico de los 90 es la de la vela. En ella, Madonna inmoviliza a Dafoe con un cinto de cuero y le rocía el torso con un abundante chorro de cera de una vela candente. Seguidamente, Madonna cabalga y cabalga hacia Dios sabe dónde, hasta secar las pelotitas del viejo Willem y derrumbarse. El tipo que puso las cortinas, por cierto, es un mal nacido.

10. “El Cartero Siempre Llama Dos Veces”: Pesadilla en la cocina

Siempre que vuelves a casa me pillas en la cocina, embadurnada de harina, con las manos en la masa. ¿Soy yo o ya no se ruedan polvos como los de antes? El toma y daca que nos ocupa cuenta ya con más de treinta años en la chepa y como si nada: te sigue proporcionando una erección diamantina, es uno de los afrodisíacos más efectivos que conozco. Me pregunto cuántas pajas habrá propiciado esta escena, cuántos kilómetros de tresillo se habrán acortado por su culpa: resulta imposible no sentir los calambres sexuales de Jack Nicholson y Jessica Lange. Un frenesí salvaje impregna hasta los peladores de patatas de la cocina donde acontece el rito.

La gracia, por supuesto, de todo el tinglado es que se desarrolla en un entorno hostil para la procreación, una vetusta cocina, como he dicho, repleta de obstáculos, que le añade una cantidad importante de morbo a la situación. Jessica Lange está sobrada de facultades. No sólo arroja una nube de bizcochos, varios moldes de pastelería y un cuchillo al suelo, hasta tiene tiempo para abofetear un montículo de harina y espolvorearse los carrillos con el polvo blanco, como si Tony Montana le hubiera soplado un puñado de cocaína en la cara.

El coito es antológico, parece 100% real, Jack Nicholson está en su mejor momento y Jessica Lange es una apisonadora sexual. Las acciones son violentas, los movimientos bruscos, Jessica se hace la dura al principio, pero en cuanto Jack baja al entresuelo y le come el chichi el partido adquiere otro cariz y se traslada a la mesa. La química sexual entre ambos es devastadora, no te das cuenta y ya tienes la polla en la mano derecha y el paquete de Kleenex al lado. Previo frote vaginal cortesía de un Nicholson muy hábil con las manualidades, es ella quien decide tomar el mando de la situación y montar a lo bruto a su compañero hasta estallar en un orgasmo harinero de toma pan y moja. Karlos Arguiñano se la ha cascado millones de veces con esta película.

Bonus track: Pajas, juguetes, mamadas y cunnilingus

El dildo del tamaño de un brazo con un prepucio en cada extremo que Jennifer Connelly y una amiga se introducen a la vez en sendos chuminos en “Réquiem Por Un Sueño”. El traje de saliva que la cabeza cortada que el doctor Hill le hace al generoso cuerpo de la tetudísima Barbara Crompton en “Re-Animator”. La polla de Vincent Gallo -los rumores dicen que el nabo era una prótesis de plástico- en la boquita lasciva de Chloë Sevigny en “Brown Bunny”. La paja a dos manos que Stefania Casini le regala a Robert De Niro y Gerard Depardieu en “Novecento”. La mamada que el espectro de una rubia le hace a Dan Aykroyd en el cuartel de “Los Cazafantasmas”. La memorable comida de almeja que recibe Michelle Williams en la cama en “Blue Valentine”. El lésbico de Natalie Portman y Mila Kunis en “Cisne Negro”. Amigos, amigas, en el cine, como en la vida, no hace falta meterla para ser feliz. Besis.

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