Columnas

Pezones y serpientes: 5 poetas que te harán daño

Quizá no aparezcan en nuestros libros de texto, pero sus nombres son algunos de los más importantes del s.XX

—Imágenes de Can Dagarslani

Cuando empecé a leer compulsivamente en mi adolescencia, apenas leía a mujeres.

Yo no lo había elegido así, simplemente no conocía las alternativas.

Decir literatura y decir mujer en aquel momento sólo me traía nombres como el de Virginia Woolf o como el de Safo.

En los libros de texto del instituto la ausencia femenina era impresionante.

Pero es que fuera de las aulas también costaba encontrar a alguien que recomendara mundos distintos.

Tuvieron que pasar algunos años hasta que empecé a descubrir la obra de novelistas, ensayistas y poetas que me obsesionaron.

Mujeres que hasta ese momento habían permanecido ocultas, pero que de pronto pude ver gritando: ellas nunca se callaron, todo lo contrario.

Envidiadas, escondidas, infravaloradas

Escribieron, narraron sus sentimientos, fueron voz de una época y un lugar determinados, y en ocasiones el simple hecho de haber nacido mujeres —o quién sabe, de ser grandes y envidiadas poetas— las dejó apartadas, y ahora toca recuperarlas.

En los últimos meses, grandes proyectos de recuperación y reivindicación han visto la luz.

Ahí están Guardar la casa y cerrar la boca, un ensayo de Clara Janés sobre la figura de la poeta a lo largo de la historia; Cien de cien, un tumblr en el que Elena Medel recupera a poetas españolas del s.XX; o Beat Attitude, la antología de poetas beat que coordinó Annalisa Marí.

Leer a todas estas poetas es nuestra responsabilidad

Atraer sus nombres a la luz de nuevo es, por el momento, una tarea necesaria.

Ahora que la adolescencia quedó muy atrás, no estoy segura de si en mi biblioteca hay una igualdad de género, y, la verdad, no creo que eso ahora importe.

Sin embargo, he querido traer aquí la obra de 5 poetas que saben gritar, que saben hacer daño, que saben hablar del mundo, aunque a veces el mundo no haya querido hablar de ellas:

1. Forugh Farrojzad

En la contraportada de Nuevo nacimiento, el libro de Forugh Farrojzad (Irán, 1935-1967) que podemos encontrar traducido al castellano, el también poeta iraní Mohsen Emadi habla de cuando compró un libro de la autora y su padre le regañó: ¡Por qué lees eso! ¡Es el libro de una puta!

Esa “puta” a la que Emadi leía y admiraba no era otra que una de las poetas contemporáneas más importantes del mundo persa, y es que todo alrededor de Farrojzad es polémico e impresionante.

En su corta vida — murió en un trágico accidente de coche cuando apenas tenía 32 años— tuvo que renunciar a su hijo único, tuvo que someterse a diario al machismo que rodeaba la escena literaria y tuvo que ver cómo los intelectuales de su tiempo la temían y la envidiaban, por llenar de feminidad y de frescura el mundo de las letras.

Desde entonces y hasta la fecha Farrojzad se ha convertido en un verdadero mito, en un icono no ya para el lector de poesía, sino también para una sociedad sumida en el miedo y en la desigualdad.

SÓLO QUEDARÁ LA VOZ

¿Por qué detenerme, por qué?

Los pájaros van en pos de la orilla del agua

El horizonte es vertical

El horizonte es vertical y el movimiento un surtidor

Y en los límites de la mirada

Giran planetas luminosos

En las alturas la tierra alcanza la repetición

Y los peces aéreos

Se tornan pasadizos comunicantes

Y el día es una superficie

Que no cabe en la estrecha mente del gusano del periódico

¿Por qué detenerme?

El camino cruza los vasos capilares de la vida

El valioso cultivo del útero de la luna

Matará las células podridas

Y en el espacio químico tras la aurora

Sólo hay la voz

La voz que absorberán las partículas del tiempo

¿Por qué detenerse?

¿Qué podría ser el charco?

¿Qué podría ser sino el lugar donde el insecto dañino pone sus huevos?

Los cadáveres hinchados generan el pensamiento del tanatorio

En la oscuridad, oculta el no hombre

Su falta de hombría

Y la cucaracha… ¡ay!

Cuando habla la cucaracha

¿Por qué detenerme?

El acuerdo entre las letras de plomo es vano

La complicidad entre las letras de plomo

No salvará el nimio pensamiento

Yo procedo de los árboles

No soporto respirar aires estancados

Un pájaro que murió me dio un consejo: ten siempre en la mente el vuelo

Todas las fuerzas apuntan a la unión, la unión

Con el claro principio del sol

Y verter luz en la conciencia

Es natural

Que se pudran los molinos de viento

¿Por qué detenerme?

Pongo las verdes espigas de trigo e

En mi pecho

Y las amamanto

Voz, voz, solamente voz

Voz transparente deseo de correr del agua

Voz de la caída de la luz estelar en la orilla de la matriz de la tierra

Voz de la fecundación del feto del sentido

Y la expansión de la común mente del amor

Voz, voz, voz, sólo quedará la voz

En tierra de enanos

Los criterios de valor

Han viajado siempre en la órbita cero

¿Por qué detenerme?

Y obedezco a los cuatro elementos

Y redactar las reglas de mi corazón

No compete al gobierno local de los ciegos

¿Qué tengo que ver yo con los prolongados aullidos salvajes del miembro sexual de la bestia?

¿Qué tengo que ver yo con el insignificante movimiento del gusano en el vacío de la carne?

A mí, ¿sabéis?, me compromete a vivir ser del linaje de las flores

Ser del linaje de las flores

(Traducción de Clara Janés)

2. Maria-Mercè Marçal

Al azar agradezco tres dones: haber nacido mujer, de clase baja y nación oprimida. Y el turbio azul de ser tres veces rebelde. Así se presentaba Maria-Merè Marçal (Cataluña, 1952-1998) en los reivindicativos versos de su primer libro.

Poeta, novelista y traductora, Marçal fue la culpable de que algunas obras esenciales de Marguerite Yourcenar, Anna Ajmátova, Marina Tsvetáieva, o Leonor Fini vieran la luz en catalán.

Murió joven, a los 45 años, a causa de un cáncer que en sus últimos años de vida no la detuvo para seguir escribiendo.

De hecho, Marçal pasó toda una vida enfrentándose con el poder de la palabra a las desgracias del cuerpo : el sexo, la maternidad, la lucha feminista y la muerte fueron temas que ocuparon buena parte de su obra.

Hace unos meses, de hecho, se publicó Cos en dins (Cuerpo hacia dentro) un ensayo en lengua catalana en el que la escritora Caterina Riba analiza la vida y la obra de Maria-Mercè Marçal.

En la portada del ensayo una foto de la poeta embarazada y sonriente lo inunda todo. Porque a pesar de todo el dolor vertido, siempre queda en sus letras ese poso de rebeldía que ya anunciaba.

Ese color azul que deslumbra, que acuna y que reconforta:

Porque te amo, amo tus cicatrices.

Mi carne las percibe, ahora que las renueva

la lluvia, y me hacen daño. Sobre todo,

amo a la que defiendes frente a mi amor, lacrada

por el orgullo antiguo de una tigresa herida

que arremetió, feroz,

no ya contra la bala del cazador nocturno

-una sombra emboscada en la jungla de las sombras-

sino contra el escudo tan débil de la piel,

contra el ojo que hendía en vano la negrura,

contra el diente encendido que sólo inflamó el aire,

contra el interrogante que no encontró respuesta,

contra el chorro de la sangre que la llamó vencida,

contra el espejo atónito que reflejó el estrago.

(Traducción de Clara Curell)

3. Eileen Myles

Si preguntas a un estudiante de literatura estadounidense, o a una joven feminista anglosajona, o a cualquier lector interesado mínimamente en la poesía actual, es probable que entre sus referentes te cite a la Eileen Myles (Estados Unidos, 1949), y tú deberás hacerle caso.

A pesar de ser un referente en el mundo de la poesía y la literatura LGTB, Myles no está traducida al castellano, como tampoco lo estuvieron hasta hace poco otros algunos poetas de su generación, especialmente las mujeres.

Pero eso a Eileen parece importarle poco, pues ella espera paciente mientras da sus clases de escritura creativa en una universidad de Nueva York, y creando cada año a un ejército de alumnos que la admiran profundamente.

Entre sus discípulos cuentan nombres tan importantes como el de Dorothea Lasky, una de las autoras jóvenes más valoradas en la actualidad.

Eileen hace una poesía breve, concisa, irónica.

Sus lecturas en público son verdaderos shows donde la autora comenta sus propios poemas y a veces, incluso, no le importa ridiculizarse.

Con casi 70 años, si preguntas a un estudiante, a una feminista, o a cualquier lector, te dirán que si algo caracteriza a Myles es su eterna juventud y vitalidad, dos características que la definen y que brillan dentro de ella para entregarnos poemas como este:

Cuando pienso

en quererte

pienso

en abrir

mi biblia y sacudirla

 

estoy cansada

de guardar

mi amor

en libros de oraciones

he sido

desgraciada

con avaricia

 

limpio

una ventana

contigo

me aferro

al presente

jadeo

 

esa miel

esa

luz

un desorden

tan

empalagoso

luces

parpadeantes

 

me siento transparente

lo intento otra vez

lanzando mi bebé

contra

el plástico

 

pienso en

desaparecer

en crema

 

esta tormenta

 

después de que un monstruo

destrozara

la ciudad

abandonada en el umbral

 

es nosotros

por qué

sonreír

el mundo

en nuestras

manos tintinea

como una broma

que sacudimos

sacudimos

sacudimos.

(Traducción de María Yuste)

4. Angela Marinescu

Su pañuelo en la cabeza, su piel arrugada, su mirada intensa. Angela Marinescu (Rumanía, 1941) siempre ha tenido aspecto de bruja, o de adivina, o quizá de sacerdotisa ancestral, y lo cierto es que su poesía es eso: una suerte de muñeco de vudú, un exorcismo de sentimientos que, según sus críticos, se parecen a cuchillos.

Marinescu no está presente en Internet, tampoco se puede leer su poesía más allá del idioma rumano en el que ella escribe, aunque poco a poco algunos jóvenes poetas de su país están intentando que su obra se haga más conocida, e incluso han traducido sus poemas al inglés o al francés, para que esta no quede en el olvido.

Sus libros, la mayoría muy íntimos, también son difíciles de encontrar en incluso en Rumanía. O descatalogados o perdidos en librerías de viejo, los lectores que quieren acceder a su obra se enfrentan cada vez más a una odisea.

A pesar de ser poco social o de haber preferido quedarse en la sombra Angela Marinescu se ha convertido en un referente underground para los nuevos poetas, quizá porque siempre ha escrito sin tapujos, porque siempre ha recitado sin pelos en la lengua, porque es una bruja, porque con cada palabra hace magia.

SORDA Y MUDA

estoy sorda y muda

porque escribo

estoy ciega y con la lengua rota

porque escribo

no puedo hacerte el amor

porque escribo

no puedo sentirte

porque escribo

me he quedado sin sangre

porque escribo

y sólo el diablo enseña

su rostro cincelado

en la noche oscura

porque escribo

sólo el diablo destruye

la poesía

que hay en mí

porque

escribo

(Traducción de Luna Miguel)

5. Sujata Bhatt

En un verso de Augatora, la poeta Sujata Bhatt (India, 1956) se hace esta pregunta: ¿Hablan los muertos entre sí?

Bhatt ha conocido la muerte, ha conocido la religión, ha conocido lo que significa cruzar los océanos una y otra vez en busca de literatura, en definitiva: ha conocido el mundo.

A pesar de haber nacido en la India, de adolescente desembarcó en los Estados Unidos, donde estudió escritura creativa y donde comenzó su carrera literaria escribiendo exclusivamente en inglés, su segunda lengua.

Su poesía es fruto de sus viajes, de sus obsesiones, y de su manera de mirar el mundo por un particular “agujero”.

Como dice Clara Janés, su editora y traductora, en el prólogo del libro que publicó en Ediciones del oriente y del mediterráneo, Bhatt tiene una peculiar manera de asomarse al mundo, haciendo que su obra sea más parecida a una danza que a un poema.

Su obra, traducida ya a más de 12 idiomas, es cada vez más popular y ha merecido importantes premios alrededor del mundo.

No sabemos si los muertos hablan entre sí, y tampoco sabemos en qué lengua lo hacen. Es posible, sin embargo, que desde el más allá poemas de Bhatt resuenen con fuerza.

DE SURUS A ANÍBAL

 

Estás casi ciego de un ojo-

 

puedo oír la fiebre corriendo

por tu sangre.

 

Puedo oír las células de tu cerebro llorando-

 

Mi propio cerebro pesa

y duerme-

duerme de un modo excesivo-

 

¿Qué hemos hecho?

 

Las células de tus ojos

hacen mucho ruido –puedo oírlas

zumbar –bullir de fiebre-

 

Y las células de tu cerebro me impiden

pensar-

 

Mis propias células están muriendo,

sencillamente muriendo, sin

ninguna enfermedad simbólica-

Pero todavía tengo el recuerdo

de Cartago.

 

Tú estás casi ciego

de un ojo- A veces te olvidas

de quién soy.

 

Mis oídos están enloqueciendo

debido a los mosquitos-

¿Qué hemos hecho?

(Traducción de Clara Janés)

Hablan del mundo, incluso si el mundo no ha querido hablar de ellas

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