Columnas

Ocho periodistas (o magnates) que dominan la información global

Asegurar que los medios no han sabido ajustarse a Internet sería erróneo. El problema, no obstante, es que son muy pocas las firmas que están haciéndose con toda la red.

Entre el estilo que caracteriza al New Yorker y la manera en que Rupert Murdoch concibe la información hay un abismo. Sin embargo, de lo que no cabe duda es que al final son muy pocos los nombres entre los que están repartidos la mayoría de medios de comunicación. Héctor Juanatey te presenta las firmas que tienes que seguir de cerca para entender a los intérpretes del mundo.

Todo está en crisis. El periodismo está en crisis. Los medios caminan descontrolados sin saber cómo regresar a casa. Por eso urge revolver bien en los bolsillos, dar con la llave adecuada –esa que encaje con una cerradura llamada Internet– y entrar. Papel y a Internet es la unión que muchos plantearon de forma errónea como duelo. Sin embargo, hay alternativas. A continuación te presentamos una lista con los nombres de las personas que hoy jugarán un papel importante en el presente del periodismo. Editores y también magnates –pese a no escribir, son los que ponen la pasta, y ya se sabe que quien pone la pasta al final tiene el control– que tienen distintas formas de ver el periodismo, y que seguramente son seguidos muy de cerca por quienes aún no han encontrado la forma de resolver la crisis (del periodismo).

1. Jill Abramson. Es la directora de The New York Times y solo esta primera afirmación sería motivo suficiente para no tener que argumentar su presencia en esta lista. La primera mujer en dirigir el periódico más influyente, ese que algunos llaman cuna del periodismo, solo tiene fe en su diario. En el lugar de la religión está el New York Times, aseguró al poco de ser nombrada en su nuevo cargo. La mejor definición del carácter de Abramson queda reflejada en su manera de llegar al Times en 1997. Según New York Magazine, Abramson conoció a la columnista del Times Maureen Dowd ese mismo año, y al ser preguntada por qué reportera debía contratar el diario, ella dijo: “Yo”. El periodista John Carlin le preguntó en otra ocasión si no estaba harta del periodismo. Ella advirtió: “¿Harta de la vida?” El mayor reto de Abramson frente al Times probablemente sea conseguir que el diario lleve su condición de emblema también a la sección digital. De hecho, se cuenta que el anterior director, Bill Keller, tuvo que abandonar el despacho justamente por su desconfianza ante Internet. El Times, con Abramson a cargo, vive un momento de transición, como ella misma afirmó en una entrevista a El País. Y lo afrontará gracias a los valores marca del diario: “Información rigurosa, edición inteligente y redacción elegante”.

2. Jeff Bezos. De vender todo tipo de material en Amazon a vender periódicos. El mediático fundador de Amazon recientemente se hizo con el control de The Washington Post. En su carta de presentación a la redacción del Post, Bezos dejó claras sus intenciones con la publicación: “ Habrá, por supuesto, que cambiar el Post en los próximos años. Es vital, habría pasado con o sin nuevo dueño”. ¿Cuál sería el cambio? Todavía se desconoce: “ Hay que inventar”. “ No hay ningún mapa y no será fácil dibujar el camino por delante. [...] Me siento emocionado y optimista con la posibilidad de inventar”. De Bezos asusta sobre todo que intente convertir el WaPo en un Amazon y que siga el mismo modelo. Fundamentalmente abruman estas declaraciones a Fortune: “ Pagamos salarios mucho más bajos en comparación a la mayoría de las compañías. Tampoco tenemos incentivos de ningún tipo. Y la razón es porque va en detrimento del trabajo en equipo”. Pese a todo, en una entrevista concedida al ahora su primer periódico, aseguró que no despediría a nadie, que el objetivo es claro: hay que crecer, rejuvenecer y ganar credibilidad y profesionalidad. Y ello en digital... y en papel.

3. Arianna Huffington. Ella es, según la revista Forbes, una de las personalidades más influyentes del mundo digital tras haber fundado The Huffington Post, que cuenta ya con varias ediciones en distintos países. El propósito fundacional del Huff es, como ella mismo escribió en la presentación de la edición española, “entrar en las conversaciones de la máquina de café y alrededor de la mesa –sobre política, arte, libros, comida, compromiso social– y llevarlas a la red”. Nacido en Internet para mantenerse en Internet, el Huff es uno de los medios más criticados, sobre todo por su condición de agregador de noticias. El ex director del New York Times, Bill Keller, dijo en el momento en que AOL compró el medio por 315 millones de dólares: “ Comprar un agregador de noticias producidas en otras partes y decir que se está creando contenidos es como que una compañía anuncie que va a mejorar su posición de liquidez contratando falsificadores”. Huffington se defiende ante críticas como éstas señalando que en el Huff escriben de lo que mejor saben y como mejor saben, y que a medida que aumenten los ingresos, podrán dedicarse a contratar mejores editores y articulistas que se encarguen de ciertos contenidos que ahora prefieren enlazar. Otra de las críticas hacia su trabajo es lo que se define como “ periodismo click”, esto es, publicar artículos que solo busquen aumentar las visitas del medio. En la serie “The Newsroom”, de Aaron Sorkin, aparece reflejado justamente este hecho. En una escena, una periodista le enseña a un colega de redacción las noticias que acompañan a las columnas feministas de otra articulista: todas sobre “ tetas”.

4. David Remnick: ¿Cómo es posible que, con la crisis que azota al periodismo, una revista como The New Yorker siga siendo una de las publicaciones más prestigiosas y –ojo– rentables? Cobrando por contenidos de calidad. Cobrando el papel y los textos en internet. Así lo asegura el que es actualmente su editor y premio Pulitzer, David Remnick: “ Si estoy dando el mejor periodismo de investigación del mundo, el más alto nivel de ficción, humor, bellas ilustraciones y portadas, esto requiere recursos y alguien tiene que pagar por ello. Pero esta es la parte en la que tenemos suerte: hacemos algo que la gente quiere y está dispuesta a pagar por ello”. The New Yorker es una de las pocas excepciones en el mundo del periodismo online: no se puede leer ningún texto completo sin tener que pagar por él. Y es, según Remnick, la mejor decisión que pudieron haber tomado: “ Sin una cultura realmente rigurosa de investigación, de explicación, de contar bien las historias, de presionar al poder, de mantener la independencia, no hay periodismo. Y sí, este tipo de periodismo es muy caro, pero hay algo más caro para la sociedad: no tenerlo”. Parece algo muy evidente, aunque cuesta recordarlo. Y olvidemos que todo es cuestión de épocas: “ Antes de nada, no seamos románticos: en el periodismo anterior a la era internet también había basura. Mucha basura, contenidos sensacionalistas, poco rigurosos, injustos, banales, estúpidos y complacientes. No seamos románticos y creamos que todo lo que se publicaba tenía la calidad del Watergate o de los papeles del Pentágono. O del mejor George Orwell. Sencillamente, no es cierto”.

5. Michael Bloomberg: Aunque hay quien lo conocía por ser alcalde de Nueva York, Bloomberg es antes que político empresario y fundador de una de las compañías de información financiera más relevante a nivel mundial, la cual lleva de nombre su apellido. Bloomberg estuvo en boca de todos los periódicos españoles hace unos días y no fue precisamente por alguna exclusiva financiera, sino por la entrevista que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, concedió a la cadena, a la que posteriormente se sabría que presionó para cortar –llamemos así a la censura– algunas preguntas y, lo que más preocupaba a la Moncloa, sus respuestas. Bloomberg también es muy de exclusivas. La última, que le supuso más de un rapapolvo, fue la del caso conocido como ballena de Londres, en la que está implicado un trader español que trabajaba en JP Morgan, Javier Martín Artajo, acusado de fraude por parte de Estados Unidos, aparentemente después de haber ocultado pérdidas millonarias. Bloomberg fue la cadena que destapó el chanchullo y lo hizo tras utilizar la información personal de uno de los clientes que contratan sus herramientas para conocer los movimientos del mercado, Bruno Iksil, compañero de Artajo en JP Morgan. Expansión comparó este “periodismo canalla” con el que realizó el periódico News of the World de Murdoch. Pese a este periodismo avispado, Bloomberg cuenta con una especie de guía para reporteros y editores que realizó el editor de Bloomberg News, Mattew Winkler. El libro, de varios cientos de páginas y titulado “The Bloomberg Way”, es entregado a cualquier persona que contrata la cadena y brinda los diez mandamientos de la información económica: ser los primeros en divulgar las noticias respecto a dinero, productos, mercados, compañías y economía; ser tan comprensivos como cualquier otra publicación que trata el mismo contenido; tener un estilo que pueda entender tanto un ignorante como un profesional en la materia; ser claros, exactos y convencer; persistir en la busqueda de información relacionada con accionistas, titulares y personas con depósitos en bancos; ser honestos y admitir errores; comprender que la suma es mayor que la parte; ser meticuloso con los detalles porque ellos dan autoridad a la materia; ser humildes y saber que todo puede hacerse mejor.

06. David Thomson: Es, como muchos magnates de los medios de comunicación, una de las grandes fortunas del mundo. David Thompson posee la compañía Thomson Reuters, resultado de la unión de una de las principales agencias de noticias, fotos y vídeos, Reuters; y Thompson Financial, la entonces división de noticias del grupo de Thompson Corporation, que adquirió la agencia. Por tanto, junto a Bloomberg controla la mayor parte del mercado de información financiera mundial. Al igual que la cadena del ex alcalde de Nueva York, Reuters –podríamos decir que la agencia de noticias de mayor relevancia y credibilidad– cuenta con un manual para sus reporteros, el Handbook of Reuters Journalism. Allí apuntan los diez principios que todo trabajador de la agencia debería tener en cuenta: exactitud; corregir siempre que se cometan errores; esforzarse por mantener el equilibrio y no tener prejuicios; revelar un conflicto de intereses cuando los hayan; respetar la información privilegiada; proteger las fuentes frente a las autoridades; ser cauteloso con la opinión en las noticias; no fabricar ni plagiar informaciones; no alterar jamás una imagen; no pagar por una historia ni aceptar sobornos. El manual está claro. Pero, ¿cómo mantener la credibilidad y eficiencia de la agencia con las últimas noticias? Reuters anunció este verano que iniciaría una fase de reestructuración y no hay quien no conozca el eufemismo: despidos. Hacer lo mismo con menos gente. Pérdida, por tanto, de calidad.

7. Rupert Murdoch: Si hay alguien que en algún momento aspiró a ser William Randolph Hearst (sí: el de Ciudadano Kane) tiene el nombre de Rupert y el apellido de Murdoch. Es uno de los grandes magnates de medios de comunicación. Principal accionista de News Corporation, posee periódicos como The Sun, The Times, The New York Post o The Wall Street Journal; y cadenas de televisión como Fox o Sky. Las noticias son, para Rupert Murdoch, su pasión, así como ofrecer a la gente la posibilidad de que lean más de un periódico y puedan ver más de una televisión. La mayor crítica al periodismo que hacen los periódicos de Rupert Murdoch ha sido siempre el sensacionalismo que desprenden. Sonado es el caso de las escuchas telefónicas por el que finalmente el magnate tuvo que cerrar News of The World. Todo valía para buscar algo que entretuviera a su público. Murdoch, no obstante, es alguien que ha investigado nuevos modelos en Internet. Por ejemplo, fue el primero en lanzar un diario únicamente para iPad, el malogrado The Daily. Pero si hay un buen modo de entender el periodismo de Murdoch son los “cinco mandamientos” del magnate que publicó Pablo Pardo en El Mundo tras la compra del The Wall Street Journal por News Corporation: “ No te pasarás editando los textos; escribirás noticias cortas; buscarás exclusivas; no buscarás el prestigio; asumirás riesgos”. Es decir, mandamientos para acercar un periódico prestigioso a uno peligrosamente habitual.

8. Silvio Berlusconi: ¿Hay algo que se escape al control de Berlusconi? Sí, hace unos días y por fin, el Gobierno. O eso parece. Pero para alguien que prácticamente ha controlado a la justicia que trataba de juzgarlo, controlar un conglomerado de medios de comunicación no debe ser algo difícil. Con Mediaset y Mondadori, Berlusconi puede presumir de ser otro magnate de los medios al tener bajo su control un buen número de televisiones y periódicos. ¿Pero podemos afirmar que Berlusconi tiene interés en controlar medios por el bien del periodismo? Rotundamente, no. ‘Il Cavaliere’ ha impulsado durante décadas este gran imperio mediático únicamente para ayudarle en su carrera política. Diferentes informes de Reporteros sin Fronteras han situado a Italia como uno de los países de Europa con menos libertad de prensa, y no solo por la mafia. En su momento, el Gobierno de Berlusconi sacó adelante una ley mordaza que limitaba las escuchas telefónicas en las investigaciones judiciales y amenazaba con penas de prisión para los periodistas que publicaran su contenido. La oposición italiana lo tachó entonces como el mayor ataque contra la libertad que se podía hacer. Esta acción precisa sin duda las relaciones tan poco positivas entre Berlusconi y el periodismo, y quizás esconda el por qué de querer controlar tantos medios de comunicación: no obstaculizar sus aspiraciones.

Ejemplos de otras fortunas mundiales presentes en medios de comunicaciónn, todas ellas listadas en Forbes, son Ann Cox Chambers –una de las personas más ricas, que controla el conglomerado de televisiones, periódicos, radios y cable Cox Enterprises– o Carlos Slim, la persona más rica del mundo, que ha querido ampliar su cartera de inversiones entrando, entre otros sitios, en el Grupo Televisa. Dado que muy seguramente ellos hayan producido gran parte de la información que consumes, nunca está de más prestar atención a sus movimientos.

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