Columnas

El periodismo como #hashtag

Reflexiones sobre la deriva moral y económica que afecta al sector de la información escrita

La crisis que atraviesa el periodismo como profesión se agrava con el ERE en el diario El País que amenaza con dejar en la calle a un tercio de la plantilla. El problema, sin embargo, viene de lejos, desde que se decidió hacer periodismo barato en vez de periodismo bueno. Elena Cabrera reflexiona sobre esta cuestión.

[Elena Cabrera es periodista. Ha trabajado en ADN.es, Lainformacion.com y Eldiario.es]

Raro es el día que alguien no protesta en la calle Miguel Yuste de Madrid. Envuelta en un tejido industrial hace años emergente, y hoy decadente hábitat de lofts y edificios vacíos, está allí la redacción del periódico más importante de España. El País, también hace años emergente y hoy decadente.

En el mismo edificio de El País conviven ahora las redacciones de otras publicaciones de Prisa, que han sido sometidas también a EREs y despidos, como las de Prisa Revistas y el periódico de economía Cinco Días. Sus trabajadores vienen desayunando en la acera con pitos, pancartas y caretas de Cebrián, haciendo ruido cuando llega, sobre todo, algún coche oficial.

Juan Luis Cebrián quiere despedir a uno de cada tres empleados del periódico, a lo que el Comité de Empresa responde que “la causa no es la gravedad de la crisis ni la bajada de ingresos. El País no tiene pérdidas” y le exigen que “devuelva buena parte de los millones que se ha llevado estos años con el fin de ayudar a facilitar el futuro de esta empresa”. Para el presidente de El País y Prisa, sobran los mayores de 59 años, a los que quiere prejubilar. Esto supone prejubilar el talento y la experiencia de periodistas de los de antes pero también 21 sueldos de los de antes.

Ahora son los redactores los que se van a la calle, pero los despidos de trabajadores en la prensa vienen de muy atrás, desde que los anunciantes se dieron cuenta de que el público ya no está interesado en comprar unos papeles con las noticias de ayer. Al reducir los tirajes salieron por la puerta los señores y las señoras que imprimían esos papeles en las rotativas. Así sucedió en ABC y La Vanguardia. Despidos caros, pues estos técnicos llevaban muchos años al servicio de la empresa y, además, eran hombres y mujeres fuertes en la representación sindical.

No se visibilizaron, pero los ruteros, trabajadores autónomos que con sus furgonetas hacen llegar la prensa diaria a cada esquina, dejaron de tener tanto trabajo como antes. Muchos tuvieron que buscar otro tipo de carga.

"Las empresas periodísticas quieren periodismo barato, de ese que da muchos clics y cuesta poco"

La reconversión de un sector es comprensible si el sector hubiera sabido en qué convertirse. La publicidad estaba en crisis, luego la prensa entró en crisis, después el sistema financiero, luego el país, la vida, todo.

En 2007 todavía había capitalistas que confiaron en Gumersindo Lafuente, Nacho Escolar y Juan Varela cuando fundaron Soitu.es, Público y ADN.es, respectivamente. En ese año de prosperidad apostaron por la innovación, por el talante crítico y por el periodismo digital. Pero la confianza les duró poco más de un año en el caso de los digitales –cuando vieron que no habría ganancias rápidas y la crisis comenzaba a despuntar– y cinco para Público –cuando no quisieron seguir asumiendo pérdidas y no compensaban ya los réditos políticos. En 2009 recogieron velas, inauguraron la barra libre de despidos y cierres de medios y se escondieron en sus grutas, dejándonos a la intemperie, bajo la tormenta.

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"Los medios viven del periodismo del trending topic. Ahora los temas no son los que importan sino los que funcionan"

Y no ha parado de llover. Desde entonces, el periodismo se ha ido devaluando y, como ha dicho Gumersindo Lafuente al poco de abandonar la dirección de Elpais.com, “por primera vez en la historia, las audiencias controlan a los periodistas”. Se ha devaluado porque las empresas periodísticas quieren periodismo barato, de ese que da muchos clics y cuesta poco. Ahora los temas no son los que importan sino los que funcionan. Si quieres colar entre tus previsiones conflictos internacionales, cultura crítica, deportes minoritarios, África, América Latina o movimientos sociales que no pasen en Madrid, necesitas compensarlo con Europa, Obama, escándalos sexuales, Justin Bieber o un titular donde encajar la palabra sexo.

Muchas veces escribimos, o al menos titulamos, para Menéame, porque eso nos salva el tráfico del día. Sabemos que hay temas que, ahí, funcionan.

Ahora los medios viven del periodismo del trending topic y creen que si cualquier tontería devenida en hashtag es trending topic en Twitter es ya una noticia por sí misma. Cuando hablábamos de buscar nuevas fuentes con las herramientas 2.0 no creo que nos refiriéramos a eso. Todo esto es, como digo, barato. No hay que pagar un seguro de vida al corresponsal que se marcha a Afganistán. Ni un vuelo. Ni siquiera hay que salir a la calle. “Llevo casi tres años recorriendo las zonas más peligrosas del planeta. He invertido todos mis ahorros, he pedido un crédito... ¿Qué más tengo que hacer para poder trabajar?”, escribía el corresponsal de guerra Antonio Pampliega en un estremecedor artículo titulado “Pagar por ir a la guerra”.

Hacemos periodismo de Menéame, de Twitter y de Google porque publicamos sin editar ni contrastar todo lo que nos mandan las agencias para tener más páginas y aparecer mejor indexados en Google, pues es más fácil cazar lectores por búsquedas que por fidelidad al medio. Diseñamos landing pages y no páginas de noticias porque sabemos que el lector aterriza quién sabe desde dónde y cada minuto de más que permanezca atrapado en el sitio haciendo clic aquí o allá es un argumento extra para vender banners. “Señoras guapas en la columna de la derecha”, como dijo Marta Peirano, mi Jefa de Cultura en ADN.es, analizando las distracciones de la cultura digital.

No está clara que la experiencia de los robots indexadores de Lainforación.com, sobre los que tanto se habló, le sirvan a alguien que no sea también un robot. Los robots buscan noticias gratuitas y las injertan en el periódico, con un titular, una entradilla y un link a la noticia original. ¿Sustituye esto al periodismo? Tampoco lo pretendió Lainformacion.com, pero el medio de Dixi no invierte más en periodismo de lo que lo hace en tecnología, si por periodismo entendemos la búsqueda de historias. Como todos los demás, Lainformacion.com también recortó sus redactores y colaboradores.

"El periodismo solidario si es necesario pero no gratis si es al servicio del lucro"

Un fotógrafo con el que coincidí en otro medio me preguntaba si encajarían sus fotos en Eldiario.es, medio dirigido por Nacho Escolar en el que actualmente colaboro. Lo siento, pero en Eldiario.es no hay fotógrafos, le contesté. Y la redacción es pequeña y las colaboraciones se pagan modestamente y ni siquiera podemos publicar todo cuanto querríamos pues el presupuesto es el que es. ¿Periodismo barato? Por ahora yo lo llamaría periodismo de gastos controlados. Hacer menos, pero hacerlo bien. No escribir para los robots sino para los humanos. Lo que en la calle llamaríamos no fliparse y hacer periodismo del de antes con herramientas de las de ahora.

En estas condiciones, los periodistas freelance, desde un Antonio Pampliega a una Olga Rodríguez, por poner un ejemplo casi al azar de entre las firmas de Eldiario.es, no tenemos contrato, trabajamos sin horario, nos suben el IRPF al 21 por ciento, abonamos más de 200 euros de la Seguridad Social cuando hay meses que facturamos por debajo de esa cantidad y no sabemos en qué momento dejarán de encargarnos piezas o no nos las pagarán al entrar la empresa en concurso de acreedores.

Resistimos combinando el periodismo con el paro, el periodismo con la economía sumergida, el periodismo con la enseñanza, el periodismo con los trabajos de comunicación para empresas, el periodismo con los curros de verano, el periodismo con las ayudas familiares, el periodismo solidario si es necesario pero no gratis si es al servicio del lucro. Siempre escuché que el periodismo es una profesión vocacional pero es que hoy lo es más que nunca.

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