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Hacia la perfección del techno bastardo: la eterna lucha entre evasión y experimentación, según Laurel Halo

La mujer con más solera de la música electrónica actual edita LP, “Chance of Rain”, en parámetros distintos a los de su exitoso “Quarantine”: más ritmo, más ruido, pero menos emoción. Recién editado, lo sometemos a un riguroso examen

Si con “Quarantine” Laurel Halo desafiaba el canon pop con un acercamiento premeditadamente feísta, en su nuevo trabajo re-interpreta la evasión techno como un proceso introspectivo en el que el creador busca la invisibilidad emocional. Por el camino, corrobora que la evolución del género debe pasar por la creación de universos personales que trasciendan los grilletes formales.

Desde que “Quarantine” se reveló como uno de los grandes discos de la pasada temporada, la vida de Laurel Halo ha dado el giro al que aspira cualquier productor electrónico: aviones, hoteles y actuaciones. Una rutina fatigante, pero que ningún artista desecharía. Significa que el público tiene hambre de ti. Nadie vive únicamente de vender discos, y mucho menos un productor de electrónica experimental. Para bien o para mal, el artista acaba siendo esclavo de su booker. “Y que dure”, pensarán la mayoría.

Es inevitable que este nuevo ritmo vital acabe dejando su huella en el proceso creativo. El tiempo en el estudio deja de acaparar la agenda y cualquier momento frente a las máquinas debe exprimirse al máximo. Para seguir alimentado la creatividad es necesario adaptarse y, puestos a ello, nada mejor que optimizar lo que ofrece tu nuevo entorno. Si el objetivo último de tus canciones es ser interpretadas en directo, parece lógico invertir el proceso y convertir tus exploraciones en vivo en la semilla de tus grabaciones en el estudio. Esta idea explica que “Chance Of Rain” sea un disco tan distinto, al menos en sus formas, a su predecesor. “El directo ha cambiado la manera en que hago música”, nos cuenta Laurel Halo desde su estudio de Brooklyn. “Ahora pienso más en lo que podría tocar en directo que en lo que debería grabar. Creo que esto es beneficioso para mi proceso creativo. Psicológicamente las ideas se mantienen frescas y evito encallarme con los mismos hábitos de grabación. Es bueno mantener interconectados el directo y la grabación, en vez de que sean procesos paralelos. Me va bien plantear la grabación partiendo de la idea de capturar un momento musical más allá del puro collage y la construcción. Es bueno mezclar ambos mundos”.

Menos concepto y más vísceras. Menos moldes y más improvisación. Su visión sigue siendo abstracta y asfixiante, pero nunca había resultado tan física. Es lo que tiene pasarse las noches intentando que la gente te siga con el cuerpo.

Lo primero que llama la atención de sus nuevas composiciones es la total ausencia de voces. Al fin y al cabo, esos tonos que buscaban la turbación por la vía de la deshumanización eran una de las grandes señas de identidad de “Quarantine”. Esta vez, lo único susceptible de haber salido de una laringe son los minúsculos recortes que se intuyen entre los detritos industriales de “Oneiroi”. No es, ni mucho menos, la primera vez en que Halo prioriza el armazón rítmico por encima de la definición melódica, ahí está su trabajo como King Felix o EPs recientes como “Behind The Green Door”. “No es que no vaya a cantar nunca más, pero la identidad de mi música siempre ha estado más basada en la música en sí misma (composición, producción y diseño de sonido) que no en las vocales o las letras. El tipo de vocales que usé en ese disco estaban muy orientadas a ese proyecto específico”.

"Su música es demasiado orgánica para considerarse maquinal, pero demasiada incómoda para resultar sensual"

A pesar de que se dio a conocer como dama del synth-pop marciano, Laurel Halo siempre ha sido una chica techno. Creció en Ann Arbor, una idílica ciudad universitaria a 40 minutos de la tumultuosa Detroit, pero su educación musical es indisociable a la eternamente vibrante escena de la ciudad del motor. Y eso, claro está, implica clubes, raves y techno. Era cuestión de tiempo que esta influencia se acabara filtrando en su discurso y es fácil percibir los códigos del Detroit techno en tracks como “Serendip” o “Chance Of Rain”. El gran mérito de la evolución de su sonido, sin embargo, es que ha seguido primando la individualidad por encima de los presupuestos genéricos. Además de techno, el disco funde ambient, acid, noise y ecos industriales, en ocasiones todo en una misma canción, pero, en realidad, nada de esto importa. La personalidad del disco recae en esas atmósferas inescrutables que se han convertido en su gran seña de identidad. Cuando uno escucha su música no sabe si está ante un tratado de angustia vital o una celebración del regocijo contemplativo. Es demasiado orgánica para considerarse maquinal, pero demasiada incómoda para resultar sensual.

Históricamente, el techno –y la electrónica en general– ha sido la música de la evasión por excelencia. Música para expandir la percepción espacial y evocar espacios artificiales que permitieran la elasticidad de los estados de ánimo. Tradicionalmente, la orientación de estas emociones estaba condicionada por la intención del creador. Ya fuera utópica o distópica, preciosista o tenebrosa, pesada o liviana, los tracks de techno clásico tenían sus coordenadas emocionales delimitadas de antemano. Actualmente, sin embargo, discos como “R.I.P” de Actress, “Colonial Patterns” de Huerco S. o ciertos trabajos de Terrence Dixon, parecen proponer una suerte de neutralidad sentimental para que sea el oyente quién decida si lo que está escuchando le pone triste o alegre, si excita su cerebro o sus entrañas, si le hace pensar en el espacio exterior o en cuevas claustrofóbicas. Esta sensación no es exactamente nueva, sin ir más lejos, gran parte del encanto de la música de Boards Of Canada reside en esta mística irresoluble, pero en un mundo tan sobre-estimulado como el actual parece cobrar más sentido que nunca.

“Chance Of Rain” apela directamente a esta zona gris. Todo en él, desde el cromatismo tonal a la estimulación sensorial, es un sutil juego de contrastes que obliga a que sea nuestro propio espacio mental privado el que decida qué debemos sentir. ¿Electrónica post-emocional? Podría ser. Esta aparente falta de implicación no significa que estemos ante un disco impersonal, ni mucho menos. Halo es muy consciente de que la trascendencia sólo se consigue a través de la singularidad. Si estamos ante un disco deshumanizado es porque, precisamente, su creadora ha convertido esta deshumanización en el eje central de su discurso. A las letras de “Quarantine” nos remitimos.

"Admiro la música impecablemente producida, pero eso no significa que algo que esté muy pulido sea mejor que algo mas crudo"

Como en cualquier disciplina artística, uno de los máximos anhelos de cualquier creador electrónico debería ser conseguir una voz propia con la que diferenciarse de la masa. Halo ya lo ha logrado y, corroborando que la personalidad debe trascender las formas, lo ha conseguido a través de dos caminos distintos. Si en su debut desafiaba el canon pop con un acercamiento premeditadamente feísta, en su nuevo trabajo re-interpreta la evasión techno como un proceso introspectivo en el que el creador busca la invisibilidad. Las propiedades atmosféricas se mantienen constantes a lo largo de los nueve cortes, y es al oyente a quién corresponde decidir cómo conectar con ellas.

Mientras en el plano anímico el disco se presta a las ambigüedades, a nivel estrictamente sonoro el acercamiento es mucho más directo. Todo traspira visceralidad. El sonido global es increíblemente vívido y las texturas reivindican la imperfección como fuente de energía sin domesticar. A ello contribuye el hecho de que muchos de los cortes del disco procedan de la improvisación y las tomas en directo. Algo que, sin embargo, no tiene por qué implicar un menor trabajo de estudio. De hecho, lograr que tus producciones desprendan esta naturalidad agreste suele ser más complicado que perseguir la extrema nitidez. “Creo que un poco de crudeza es importante para que no suene demasiado enlatado. Admiro mucho la música impecablemente producida, pero eso no significa que algo que esté muy pulido sea mejor, técnicamente hablando, que algo más crudo. He puesto mucho esfuerzo técnico para que este disco tuviera una producción ‘suelta’”.

Otra de las claves del dinamismo que desprende el álbum es la ausencia de peajes estructurales. “Creo que hay un componente orgánico que surge de forma natural con el tipo de composiciones de este disco, porque emergen y se desarrollan a su propio ritmo. Incluso cuando las composiciones tienen una cierta lógica interna no existe la noción de una estructura forzada que afecte al sonido”.

Volviendo a la conexión con Actress o Huerco S., las actuales composiciones de Halo se presentan como masas informes en las que los distintos elementos vienen y van a modo de signos de puntuación de un flujo de expresión continuo. En este sentido, tan importantes son las frecuencias que suenan como las que se difuminan, tanto aportan las formas en primer plano como las que sólo se dejan intuir en un núcleo en constante movimiento. Llama la atención, también, la anarquía con la que se resuelven ciertos cortes: cuando desaparecen los ritmos correosos y las secuencias distorsionadas de “Chance Of Rain”, lo único que escuchamos son calmosos acordes de influjo jazzy mientras que en esa exploración cósmica que es “Melt” también hay espacio para un solo de flauta que parece haberse extraviado de un ritual místico. A veces se hace complicado seguir esa lógica a la que se refiere Halo, pero si algo demanda este disco es que el receptor adquiera un papel pro-activo.

"El exceso de revivalismo es uno de los mayores lastres para la evolución del género"

Al ser un trabajo tan proclive a las interpretaciones abiertas, se hace difícil aplicar patrones analíticos clásicos a “Chance Of Rain” sin caer en un exceso de subjetividad. De lo que no hay duda es que es un disco que nos dice mucho sobre el estado actual de la música electrónica y del techno en particular. Aunque lanzamientos recientes como, por ejemplo, “The Body” de Prince Of Denmark demuestran que la pureza puede seguir siendo un activo interesante si se factura con competencia, el exceso de revivalismo es uno de los mayores lastres para la evolución del género. Con la noción de géneros clásicos totalmente superada, no tiene sentido seguir buscando valor en la literalidad de la música. La bastardización es necesaria. El problema es que si sólo se aplica en el plano estético suele desembocar en la vacuidad. El mérito de “Chance Of Rain” es trasladar el combate a un plano más elevado. Hace tiempo que el techno debería haberse dejado de percibir a partir de dimensiones emocionales clásicas. Si reproducir ciertos formalismos al pie de la letra se considera perezoso, ¿por qué no debería considerarse de la misma manera la adscripción a ciertas sensaciones o estados de ánimo? Este es el aspecto más revelador del disco y el que le permite trascender la tradición para buscar nuevas vías. La falta de implicación emocional nunca había resultado tan personal.

Nota final: 7.6

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