Columnas

15 obras que revolucionaron la frontera entre realidad y ficción

El sonado viral que aseguraba contener el “Worst Twerk Fail Ever” resultó ser un montaje, que en verdad contaba con numerosos antecedentes de obras audiovisuales cuyo fin último era hacer pasar como real aquello que no lo es.

Cuando en 1895 los hermanos Lumière proyectaron la llegada de un tren, el público salió disparado creyendo que el ferrocarril se les venía encima. Desde entonces, la superación de la frontera que limita realidad y ficción siempre ha sido un desafío para los creadores. Algunos fenómenos virales en YouTube se han elevado como la última vuelta de tuerca en este ejercicio de estilo.

1. El peor twerking del mundo

El pasado 3 de septiembre una tal Caitlin Heller colgaba un vídeo en YouTube en el que una joven acababa envuelta en llamas tras una desafortunada caída mientras practicaba twerking. Al poco se convirtió en un fenómeno viral. El lunes siguiente, el cómico Jimmy Kimmel mostraba la versión completa del vídeo en su programa, desvelando que todo había sido un montaje. La “confesión” incluía diversos ejemplos de los centenares de noticiarios que habían mostrado el clip y a Whoopi Goldberg afirmando que había “visto el pánico” en la cara de la chica. El mundo se lo había creído. A partir de ahí, el interés cayó en picado. En su primera semana el vídeo había acumulado 11 millones de visitas. Ha pasado más de un mes desde que destapó la farsa, y actualmente “sólo” cuenta con 13 millones de visionados. El desequilibro es evidente. Mientras existió la ilusión de que el accidente había ocurrido de verdad, su expansión fue endiablada. Desde que se desveló que era un fraude, el ritmo de visitas ha caído en picado.

"Kimmel corroboró que el apetito de la masa online por las pequeñas desgracias ajenas es insaciable"

La verdad vende, es indudable. No debería extrañarnos, pues, que los creadores hayan explorado decenas de estrategias para hacer pasar como real aquello que no lo es.

La acción de Kimmel dejó algunas evidencias. Corroboró que el apetito de la masa online por las pequeñas desgracias ajenas es insaciable (que se lo pregunten a Tori Locklear y sus pobres rizos quemados), confirmó que la sociedad le tenía muchas ganas al twerking y sacó los colores a unos medios de comunicación más interesados en la gratificación instantánea que en contrastar la veracidad de sus contenidos. Como meme prefabricado fue una obra maestra, aunque a decir verdad Kimmel no había inventado nada.

La historia de la narrativa audiovisual está plagada de creadores que han pervertido la frontera entre realidad y ficción. Ya sea presentado hechos inventados con pretensión documental, manipulando la realidad con técnicas cinematográficas o, como en el caso de Kimmel, utilizando una estética premeditadamente lo-fi para filmar situaciones que no tienen nada de amateur; la ilusión de veracidad ha sido la premisa de centenares de productos audiovisuales. De hecho, la fantasía de realidad está vinculada al cine desde su misma génesis. Al fin y al cabo, cuando en 1895 los hermanos Lumière proyectaron la llegada de un tren, el público salió corriendo creyendo que el ferrocarril se les venía encima. Desde falsos documentales al cine mondo pasando por telediarios ficticios, series de televisión o el primer reality de la historia, lo que sigue es una selección de obras que, por una razón u otra, han dejado su huella en esta peculiar historia de la farsa filmada.

2. La semilla del diablo. El primer reality.

An American Family (Public Broadcasting Service, 1973)

A pesar de que la actual omnipresencia de los realities suele achacarse al éxito de programas como Gran Hermano, las raíces del género son mucho más lejanas. La semilla fue “An American Family”, un programa que seguía las andanzas diarias de los Louds, una familia de clase alta de Santa Barbara. Revolucionario en su momento, el programa fue un éxito de audiencia y fuente de todo tipo de controversias, especialmente en relación a su supuesto valor documental. ¿Hasta que punto influía la presencia de la cámara en el comportamiento de los protagonistas? ¿Se manipulaban los hechos a través del montaje? ¿Estaban orquestados determinados acontecimientos? Han pasado cuarenta años pero los realities siguen generando las mismas preguntas. Fue la principal fuente de inspiración de la serie “The Real World” de MTV, considerado el primer reality moderno.

3. Un fraude sobre el fraude.

F is for Fake (Orson Welles, 1974)

La carrera de Orson Welles despegó cuando en 1939 hizo creer a la población que la tierra estaba siendo invadido por extraterrestres por medio de su adaptación radiofónica de “La Guerra de los Mundos”, en lo que se convirtió en uno de los primeros ejemplos de mockumentary. En un acto de coherencia, su último trabajo también fue una gran falacia. El espectador cree estar viendo un documental sobre falsificaciones articulado a partir de las figuras de Elmyr de Hory, probablemente el falsificador de cuadros más célebre de la historia, y Clifford Irving, autor de una falsa biografía autorizada de Howard Hugues pero, en realidad, lo que plantea Welles es un ensayo fílmico sobre la noción de autenticidad que es un fraude en sí mismo. Sin ir más lejos, los de Hory y Irving que vemos en la pantalla ni siquiera son los reales. La sombra de su influencia es tan alargada que alcanza a polos tan opuestos como los documentales de Godard o los montajes epilépticos de la MTV.

4. La película caníbal que a punto estuvo de comerse a su director.

Cannibal Holocaust (Ruggero Deodato, 1980)

El cine mondo fue un subgénero derivado de la película italiana “Mondo Cane” que, a grandes rasgos, consistía en presentar atrocidades, normalmente perpetradas por recónditas tribus indígenas, desde una óptica supuestamente documental. En realidad, la mayoría de situaciones estaban orquestadas. Pues bien, “Holocausto Caníbal” fue el equivalente mondo a lo que El Quijote representó para los novelas de caballerías. La película empieza siguiendo a un antropólogo que vieja a la jungla Amazónia en busca de tres reporteros desaparecidos mientras rodaban un documental sobre tribus caníbales. Lo único que encuentra son los restos de sus equipos de grabación y, a lo largo de la segunda parte del film, el espectador es testigo de como los periodistas son asesinados y devorados por la tribu. Las imágenes son tremendamente explícitas pero lo que realmente motivó el escándalo fue que la película se presentó como un documental real. La justicia italiana llevó a juicio a su director, Ruggero Deodatto, acusándole de obscenidad y de ser cómplice de los asesinatos. Todo habría acabado si los actores se hubieran personado en el juzgado pero en ese momento estaban fuera del país ya que el director les había hecho firmar un documento en el que se comprometían a no aparecer en público hasta un año después del estreno. Finalmente, Deodatto logró localizarlos y el montaje fue destapado.

5. Woody Allen juega a ser Dios (y anticipa los nuevos horizontes del falso documental por el camino).

Zelig (Woody Allen, 1983)

A todos nos hizo mucha gracia la escena de “Forest Gump” en que el protagonista le confiesa a Kennedy que se está meando, pero muchos años atrás –y sin necesidad de efectos digitales– Woody Allen ya había hecho interactuar a personajes ficticios con personalidades históricas con resultados tan o más convincentes. En “Zelig”, Allen explicaba la historia de un “camaleón humano” combinado metraje de noticiarios históricos (reales y manipulados), filmaciones caseras, fotografías y entrevistas “espontáneas” (a gente anónima o personajes reales como Susan Sontag) con resultados sorprendentemente verosímiles. Una de las mejores películas de Allen y una obra clave para entender la asimilación de la idea de falso documental en el imaginario popular.

6. El artificio rock nunca fue tan real.

This is Spinal Tap (Rob Reiner, 1984)

“This is Spinal Tap” no sólo es una de las mejores comedias de todos los tiempos sino que es la madre del falso documental moderno. De hecho, fue la primera obra que utilizó el término mockumentary como carta de presentación. Estrenada en 1984, una época especialmente proclive a los documentales mesiánicos sobre bandas de rock, la película seguía las andanzas de una banda de heavy-metal semi-olvidada en su gira de reunificación. A pesar de tratarse de una sátira, su impacto fue tal que ha acabado por influenciar el estilo de documentales musicales “reales”, siendo “Anvil! The Story of Anvil” el ejemplo más evidente (hay escenas prácticamente calcadas). En la misma línea, la banda que protagoniza el film dio el salto de la ficción a la realidad editando tres álbumes y actuando en directo. Años más tarde, Tom Hanks intentó algo parecido con The Wonders, con resultados mucho más discretos.

7. La viralización del miedo.

The Blair Witch Project (Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, 1999)

Más allá de sus méritos cinematográficos –una actualización del género “found footage” a partir del metraje rodado por tres estudiantes de cine que supuestamente desaparecieron en los bosques de Maryland cuando filmaban un documental sobre el mito de La Bruja de Blair–, el fenómeno alrededor de “The Blair Witch Project” fue producto de la considerada mejor campaña de marketing viral de todos los tiempos. En una época pre-redes sociales, una web rudimentaria a modo de cápsula del tiempo y el goteo de mensajes en foros (por parte del propio equipo de la película) para avivar el debate hicieron todo el trabajo. ¿Eran actores o gente real? ¿De verdad habían desaparecido? ¿Existió realmente la Bruja de Blair? Fueran cuales fueran las respuestas, el gran mérito fue generar la duda. Desde entonces incontables proyectos han intentado recrear el mismo efecto pero la mayoría han fracasado. La generación online ya había perdido la inocencia.

8. Kubrick y la conspiración espacial.

Opération Lune (William Karel, 2002)

Todos tenemos un amigo o familiar que afirma convencido que la llegada del hombre a la Luna fue una farsa. Para alimentar su tesis conspiranoica, la mayoría suele referirse a este documental producido por la cadena ARTE. En él, se explica que todo fue un montaje de la administración Nixon y que Stanley Kubrick fue el responsable de grabar las imágenes del acontecimiento –concretamente, en el mismo estudio en que filmó “2001: Una Odisea del Espacio”–. El argumento más recurrente para defender su veracidad es que incluye entrevistas con personalidades como el astronauta Buzz Aldrin, Henry Kissinger, Donald Rumsfeld y Christiane Kubrick –viuda del cineasta–, cuyas declaraciones parecen corroborar la tesis del documental. Al final de la cinta, sin embargo, se muestran los fragmentos de las entrevistas originales, destapando como sus palabras habían sido manipuladas.

9. Dime de qué te ríes y te diré de que careces.

Borat (Larry Charles, 2006)

En la mayoría de falsos documentales, el reparto es cómplice de la farsa. En “Borat”, en cambio, los protagonistas no son conscientes de ser partícipes de la broma. De hecho, no tienen ni idea de que ellos son la broma. Y esa es la clave. Sacha Baron Cohen se transforma en un periodista kazajo misógino, homófobo y antisemita que recorre los Estados Unidos en busca de “lecciones culturales”. A medida que se suceden sus interacciones con ciudadanos reales, su ignorancia y primitivismo moral se convierten en el espejo donde se reflejan los prejuicios de la sociedad americana. Inteligente, reveladora y, sobretodo, absolutamente hilarante.

10. La mentira como arma de concienciación política.

Bye Bye Belgium (Philippe Dutilleul, 2006)

El miércoles 13 de diciembre de 2006, la programación habitual del primer canal de la televisión nacional belga se interrumpe y aparece el presentador estrella del noticiario. Con tono solemne, el periodista anuncia que el Parlamento Flamenco ha declarado unilateralmente la independencia de Flandes, la parte norte del país. El programa especial incluye entrevistas con políticos destacados e incluso se muestran imágenes de la evacuación de la familia real. A los pocos minutos, la centralita telefónica de la cadena se colapsa de telespectadores consternados con lo que está sucediendo. Sin embargo, todo es mentira. “Bye Bye Belgium” es el paradigma de la docu-ficción aplicada a la actualidad política. El resultado era tan convincente que, tras media hora en antena, nueve de cada diez espectadores creían que era verdad, obligando a la dirección de la cadena a incluir un rótulo indicando que se trataba de una ficción. Más allá de la broma, el documental sirvió para sensibilizar a la población sobre el conflicto y provocó que los ciudadanos francófonos empezaran a tener en cuenta las opiniones de los flamencos. Si el periodismo debe concienciar, fue un ejercicio de periodismo de alto nivel.

11. La broma en tus narices.

I'm Still Here (Casey Aflleck, 2010)

A diferencia de lo que es habitual en estos casos, con “I'm Still Here” –el falso documental que recogía el supuesto intento de Joaquin Phoenix de convertirse en rapero–, el público fue testimonio directo de la concepción de la farsa. A finales de 2008, Phoenix anunció por sorpresa su retirada de la interpretación para centrarse en su carrera musical. Poco después, apareció en el programa de David Letterman con aspecto desaliñado y actitud abstraída. El mundo, Letterman incluido, pensó que realmente se le había ido la olla. En sucesivas entrevistas el actor hizo patente su enfado ante las especulaciones de que sus aspiraciones musicales eran una broma. La confirmación oficial de que todo había estado orquestado no llegó hasta después del estreno del film en 2010. La película, a medio camino entre la sátira de los realities y el estudio sobre la relación de las celebridades con los medios, es un tanto discreta, pero el proceso fue fascinante.

12. El arte es un timo, te lo dice un artista.

Exit Through The Gift Shop (Banksy, 2010)

Si hay un artista actual que ha convertido el enigma en uno de los ejes de su obra es Banksy. En “Exit Through The Gift Shop”, su debut como realizador, se inspira en el modelo de “F is For Fake” para firmar un brillante ¿documental? con diversas capas de discurso. En un principio, parece que el objetivo de la pieza es homenajear la cultura del street-art explicando su historia a través de Thierry Guetta, un francés establecido en Los Ángeles obsesionado con el movimiento. Al llegar a la mitad, sin embargo, la película cambia su enfoque y se centra en la conversión, de la noche a la mañana, del propio Guetta en una estrella del arte llamada Mr. Brainwash, lo que convierte al film en una feroz crítica a la mercantilización del arte callejero. Aunque hay toda clase de argumentos que permiten intuir que todo es una farsa, a día de hoy no hay confirmación oficial sobre la veracidad o no de la historia. Mr Brainwash existe, pero lo más probable es que sea una creación del propio Bansky para satirizar a la élite que controla el mercado del arte, a los creadores de hypes y, en última instancia, a él mismo. Magistral.

13. El terror frente al espejo.

The Act Of Killing (Joshua Oppenheimer, 2011)

En ciertos pasajes, cuesta creer que “The Act Of Killing” no sea un mockumentary. Pero tristemente no lo es. Tras pasar una temporada en Indonesia, el realizador Joshua Oppenheimer quiso grabar un documental sobre las masivas matanzas de comunistas perpetradas por el dictador Suharto en la década de los sesenta. En vez de aplicar los recursos habituales del género, optó por proponer a los autores de esas masacres que recrearan sus actos a modo de producción cinematográfica, grabando el proceso en clave making off. Este detalle meta-narrativo es la clave que permite al espectador tomar una cierta distancia y poder digerir el estupor con algo más de ligereza. Además de poner sobre la mesa unos hechos a menudo olvidados, la clave de la película es que obliga a sus protagonistas, a menudo considerados héroes en su entorno, a observar sus atrocidades desde una nueva perspectiva, lo que acaba derivando en una reflexión sobre las perversiones políticas, sociales y morales que motivan la violencia.

14. Documentando la risa.

The Office (2001-2003, BBC/ 2005-2013, NBC)

De “Arrested Development” a “Modern Family” y de “Come Fly With Me” a “Derek”, multitud de series han adoptado la estética mockumentary en los últimos años, pero “The Office” es el arquetipo de todas ellas. A diferencia de estas y otras series similares, “The Office” no solo utilizaba el formato como recurso estético sino que, paralelamente, reflexionaba sobre el mismo, especialmente en relación al modo en que las personas amoldan sus personalidades cuando saben que alguien está mirando. En un principio, esta auto-consciencia era más patente en la versión británica pero alcanzó su cenit en las temporadas finales de la versión americana, especialmente en escenas como la despedida de Michael (en la que entrega el micrófono al cámara) o en ese episodio final a modo de gran gala de reunificación. De hecho, muchos vieron en esos últimos episodios tanto una oda al mockumentary como una aceptación de que el formato, al menos en su encarnación televisiva, había quedado obsoleto.

15. La vida (2.0) en directo.

Noah (Walter Woodman & Patrick Cederberg, 2013)

Vídeo

Mantener una conversación por Facebook mientras seguimos otra en WhatsApp, charlar por Skype mientras jugamos al último videojuego viral, perdernos en Chatroulette o abrir pestañas de Wikipedia de forma obsesiva hasta acabar en YouPorn. Todos hemos estado ahí. El nuevo orden 2.0 ha transformado el modo en qué percibimos la vida y la narrativa audiovisual no ha tardado en reflejarlo. El cortometraje “Noah”, estrenado hace escasamente un mes en el Festival Internacional de Cine de Toronto, es quizá el acercamiento más radical a ello. Dirigido por Walter Woodman y Patrick Cederberg, el film relata la ruptura sentimental de una pareja de adolescentes. La particularidad reside en que toda la historia se desarrolla en las pantallas del ordenador y el iPhone del protagonista, convirtiendo al espectador en una suerte de voyeur de su vida digital. Filmada con software de capturas de pantalla, el resultado es extremadamente realista, captando con asombrosa precisión el modo en que la generación del déficit de atención y la hiperconectividad utiliza internet. Adolescente o no, imposible no sentirse identificado.

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