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El traje nuevo del emperador: ¿cumple con las expectativas lo nuevo de Arcade Fire?

El cuarto álbum de la banda canadiense tiene mucha miga: desde su campaña de promoción hasta sus canciones con nuevo lavado de cara, pasando por su gestación tumultuosa.

Arcade Fire entregan un cuarto disco de 8.5, un peldaño por encima de “Neon Bible” (es decir, ni es el peor, pero tampoco el mejor de su carrera), y demuestran que pese al cambio de aires que supusieron sus repetidos viajes por el Caribe, siguen siendo la misma banda de siempre pero remozada gracias a un James Murphy que, con este trabajo, se convierte en un grandioso productor.

1. La campaña

Todo empezó a mediados de julio, cuando Arcade Fire respondieron por sorpresa a un fan en Twitter para confirmar que su cuarto álbum, “Reflektor”, llegaría a las tiendas el 29 de octubre. Sin duda, una estrategia discreta y curiosa de comunicación que nada hacía anticipar lo que estaba por venir. En los últimos meses se ha hablado de la banda canadiense casi a diario, gracias a una campaña de promoción tan potente que hace que estemos ante uno de los lanzamientos más relevantes del año. Esto, en el fondo, no es nada nuevo. Recientemente hemos tenido tres casos parecidos. Boards Of Canada nos generaron quebraderos de cabeza con su elaboradísimo marketing, quizá el más ingenioso desde “Year Zero” de Nine Inch Nails –que utilizaron camisetas de conciertos, webs, murales, números de teléfono, vídeos y MP3s en una campaña centrada en un videojuego de realidad alternativa–. Tampoco se quedaron cortos Daft Punk, que estrenaron un clip de su nuevo disco, “Random Access Memories”, en Coachella el pasado abril y que acabó llamando más la atención que los propios grupos que actuaban en el festival. También se pasaron tres pueblos cuando montaron una fiesta de escucha del disco en Wee Waa, una pequeña población en mitad de ninguna parte en Australia. Y qué decir de Kanye West, que proyectó el vídeo de “New Slaves” en 66 edificios de todo el mundo.

La campaña Reflektor se inició a principios de septiembre cuando empezaron a aparecer graffitis hechos con tiza en las paredes de grandes ciudades alrededor del mundo: Londres, Sydney y Chicago, por citar algunas. En ese momento era difícil adivinar qué significaba ese diamante recortado en otros nueve diamantes con la palabra “Reflektor” (una ilustración basada en los dibujos haitianos ‘veve’) hasta que Arcade Fire decidieron colgar un mural en el Lower Manhattan con el mismo diseño. Por aquel entonces también subieron a Spotify un clip musical de 15 segundos que poco o nada aportaba. Más tarde llegó un show secreto súper exclusivo en Montreal, al que sólo se podía entrar si ibas disfrazado o ataviado con traje formal. El 9 de septiembre a las 9 de la noche –una estrategia que, por cierto, no es nueva–, decidieron estrenar su nueva canción, sin siquiera mencionar que contenía coros de David Bowie. Ese mismo día revelaron no uno, sino dos videoclips de “Reflektor”. El primero, diseñado por Vincent Morriset era una virguería tecnológica que mucho debía al estilo escoge-tu-propia-aventura y que permitía sincronizar tu smartphone con tu webcam para cambiar la manera en la que el vídeo se desarrollaba. El segundo fue más convencional, pero estaba dirigido por ni más ni menos que el prestigioso fotógrafo y cineasta Anton Corbijn.

A finales de septiembre llegó otro de los puntos clave de esta campaña de promoción. Aparecieron en el programa “Saturday Night Live” para ofrecer un especial televisivo de 30 minutos dirigido por Roman Coppola, donde tocaron nuevas canciones, estuvieron presentados por Tina Fey, hubo viñetas entre tema y tema con Michael Cera hablando hasta en español y con otros cameos de gente como James Franco, Ben Stiller, Bono, Zach Galifianakis y Eric Wareheim. Que un actor como Cera, también canadiense, estuviese en este especial tampoco llama demasiado la atención porque siempre ha estado vinculado al cine filo-indie, pero hay otras presencias más sonadas como las de Franco y Stiller. En otras palabras, Arcade Fire confirmaron una vez más que ya no es un grupo para minorías, sino una de las grandes bandas de esta generación. Paralelamente, en una campaña de filosofía totalmente Do-It-Yourself, empezaron a aparecer en todos los rincones del planeta más diamantes con la palabra “Reflektor” hechos por los propios fans, de nuevo, una estrategia ésta del marketing de guerrilla que tampoco es novedosa, pero sí efectiva, ya que permite a los fans involucrarse de lleno en el proceso (y ya de paso ahorrarse unos euros). En las últimas semanas también ha habido un goteo de teasers, y hasta han compartido las letras de cuatro de sus canciones. Finalmente, todo culminó el pasado jueves por la noche, cuando compartieron en streaming “Reflektor” al completo (en un movimiento que se entendía lógico aunque en principio no había intención de hacerlo porque horas antes se había filtrado a la red el álbum).

2. La ¿revolución? en el sonido

Hasta ahora no hemos dicho ni una sola palabra de lo que “Reflektor” significa musicalmente. Muchos han hablado de un cambio de rumbo en la banda que ha chocado a unos más que a otros. Porque lo cierto es que este componente bailable de Arcade Fire se ha podido encontrar a lo largo de toda su carrera. Recordemos ahora los casos más evidentes. No es casualidad que en los últimos conciertos exclusivos que han ofrecido los canadienses se acordasen de tres canciones en concreto de su pasado: “Sprawl II: Mountains Beyond Mountains”, “Neighbourhood III: Power Out” y “Haiti”. Las tres son de lo más bailable, especialmente la primera, que ya en su momento se comparó con Blondie, con una Regine Chassagne asumiendo todo el protagonismo. “Haiti”, de su álbum de debut, “Funeral”, también es una pieza clave en su discografía porque contenía esas influencias caribeñas que tanto se aprecian en Arcade Fire. Además, la banda siempre ha admitido como influencia a Talking Heads, y, de hecho, David Byrne prestó su voz en un bonus track de “The Suburbs”, “Speaking In Tongues”. Y ya si nos vamos más lejos en el tiempo, en ese EP de demos que lanzaron antes de su ópera prima se encuentra “Headlights Look Like Diamonds”, que debe mucho a New Order, según Win Butler, otra de sus grandes influencias desde los inicios. Por tanto, que nadie se alarme al escuchar este cuarto LP, el baile y el jugueteo siempre ha estado presentes en el genoma de los canadienses. No hay mejor frase que la que dio el vocalista a Rolling Stone para describir este trabajo: “Simplemente queríamos hacer algo para que Regine bailase”.

Dejando a un lado que “Reflektor” fue grabado en parte en los estudios de James Murphy con el ex LCD Soundsystem a la producción, poco se ha hablado de su génesis e influencias. Mucho de este trabajo viene de sus viajes a Haití. Win Butler explica en la misma entrevista a Rolling Stone (la única en profundidad que han ofrecido en los últimos meses), que viajar al país caribeño con Regine le cambió para siempre. El carnaval y ver por primera vez la música rara, una especie de música callejera con vientos y percusión africana, tuvo parte de culpa en este cambio de rumbo. Todo ello le dio una nueva perspectiva a lo que estaba haciendo musicalmente hablando, y de alguna manera le iluminó sobre el camino a seguir. También lo hizo su estancia en el Trident Castle de Jamaica, que alquilaron por poco dinero antes de que el propietario lo transformase en un hotel. Ahí se llevaron unas camas, un piano y algo de equipo. “Había un rollo súper alucinante porque estabas en plan: ‘esto es un castillo antiguo de verdad”, recuerda. Además, Butler también habla de Kierkegaard y el filme “Orfeo Negro”, ambientado en el carnaval de Brasil y que han utilizado en alguno de sus vídeos, como otras de sus influencias para crear “Reflektor”.

El LP empieza con su pieza titular, que la mayoría de vosotros a estas alturas ya habréis oído. Se trata de un tema en la que sin duda se nota la mano de James Murphy y que Win Butler describió como una mezcla entre “Studio 54 y vudú haitiano”. Sus mejores atributos, un bajo punzante y esa asombrosa aparición de David Bowie que, con todo, no consigue ensombrecer la química que tienen vocalmente Win y Regine, aunque ella queda aquí relegada a un segundo plano. Con “We Exist” consiguen algo muy importante: aunque suenan a puro disco (pasan por la cabeza nombres como Michael Jackson y Bee Gees), lo cierto es que siguen sonando tan Arcade Fire como siempre, con esos coros y guitarras marca de la casa. Se notan sus viajes al Caribe en canciones como las dos siguientes. La primera, “Flashbulb Eyes” es algo cercano al reggae y el calypso. Es muy breve y, a estas alturas ya se agradece, después de dos piezas que superan los cinco minutos. Y el mantra “Hit me with your flashbulb eyes” se pega como la cola. La segunda, “Here Comes The Night Time”, es toda una sorpresa, pues hay unos beats de ligera inspiración reggaetonera, aunque aquí no se habla de perrear sino de misioneros. Parece como la banda sonora de un desfile callejero en alguna isla del Caribe. Muy colorida y variada con momentos especialmente dulces como esos pianos que parecen sacados de un disco de los primeros The Cure. Tiene, además, uno de los mejores versos de “Reflektor” ( “If there’s no music up in heaven / Then what’s it for?”) y una batucada tremendamente épica. Una de las canciones más Arcade Fire de este primer disco es “Normal Person”, muy guitarrera y con un cierto parecido al “White Wedding” de Billy Idol. Con todo, tiene el sentido del ritmo muy marcado, como el resto del LP. En “You Already Know”, presentada por Jonathan Ross, ofrecen un corte deliciosamente pop, de nuevo con The Cure en el punto de mira y con algunos rastros de dub. El primer disco se cierra con “Joan Of Arc”, una figura que ha inspirado a muchos grupos desde OMD a The Smiths, y que aquí se convierte en un número punk, especialmente en su sección inicial. También es la primera vez que Regine tiene un papel casi protagonista, cosa que algunos a estas alturas seguro que ya reclamaban.

"En “Porno” Win Butler parece convertirse en Jarvis Cocker"

El segundo CD empieza con un rollo completamente distinto. Lo abre “Here Comes The Night Time II”, que con sus cellos circulares se nota más aquí la mano de su productor habitual, Markus Dravs, que la de James Murphy. Es, sin duda, la pieza más meditabunda y reflexiva del lote. Vuelven los bongos en la cinematográfica “Awful Sound (Oh Eurydice)”, una canción de lo más ambiciosa, con un puente que parece hecho por los Beatles. Los que querían grandes coros, aquí los encontrarán. Cuando parecía que se habían amansado disparan “It’s Never Over (Oh Orpheus)”, una canción de lo más hedonista, siguiendo la tradición de baile de la factoría DFA. De nuevo, Regine toma la delantera, aunque aquí Win de nuevo se luce con una entonación de lo más sensual. Aunque si esto os parecía poco, multiplicadlo por dos y tendréis la línea vocal de “Porno”, una canción en la que Butler parece convertirse en Jarvis Cocker. Todo son sintes punzantes y una letra que habla sobre corazones rotos e inseguridades amorosas. Es quizá una de las piezas más discretas del conjunto, pese a sus vientos elegantes, pero a la vez una de las más atractivas gracias a su sencillez. Nos acercamos al final y llega otro de los highlights de “Reflektor”, “Afterlife”, otra de esas canciones que huelen por todos los costados a palmeras, cocoteros, arena y agua de mar. Tiene madera de single, al tiempo. Y quedaros con estos versos: “When love is gone / Where does it go?”. El álbum concluye con “Supersymmetry”una pieza de once minutos, de los cuales la mitad son ruido. Tiene un rollo galáctico hasta que todo se desvanece en un final muy anticlimático.

3. La importancia

"Siguen siendo Arcade Fire, pero ahora remozados. El rollo hímnico, grandilocuente y cinematográfico sigue ahí, pero rebajado"

Así bien, ¿estamos ante un “Achtung Baby” o un “Kid A” como se ha dicho en algunos sitios? La respuesta es clara: no. “Reflektor” es un gran disco que, como se habrá comprendido por el exhaustivo repaso que hemos hecho a cada una de sus canciones, contiene muchos matices y supone un cambio drástico en la dirección musical de Arcade Fire, pero dudamos que marque tanto como lo hicieron esos trabajos. Tampoco creemos que se vaya a convertir en una referencia para futuras bandas, aunque eso el tiempo lo dirá. Lo que sí es “Reflektor” es un álbum puramente ambicioso, en el que se muestra a una banda inconformista y a ratos hasta autoindulgente. Se nota mucho en los seis minutos que cierran el disco (puro feedback), una sobrada sin lugar a dudas, y en la duración de algunas canciones (se hace, en ocasiones, un poco largo). Sus letras se vuelven a veces demasiado repetitivas y se esperaba algo más de mimo por su parte en este aspecto, aunque también es justo decir que es algo intrínseco del género musical bailable. Sea como sea, todo esto es algo que tienen los buenos álbumes dobles: muchos aciertos y algún que otro desliz. Y, por si hasta este momento no quedaba del todo claro, siguen siendo Arcade Fire, pero ahora remozados. El rollo hímnico, grandilocuente y cinematográfico sigue ahí, pero rebajado. Ya no hay esa épica springsteeniana, pero sí un rollo juguetón más cercano a Talking Heads que a otra cosa. Algunos se asustarán de primeras con el tan cacareado cambio, pero con unas escuchas concienzudas acabarán subiéndose al barco.

“Reflektor” sí que marca un antes y un después para James Murphy. Hasta ahora el ex líder de LCD Soundsystem había brillado en todas las facetas en las que se había atrevido, pero le faltaba un reto pendiente: convertirse en un gran productor. Y vaya si lo ha conseguido. Los canadienses ya venían con las ideas muy claras de sus viajes del Caribe, pero el estadounidense ha sacado lo mejor que tenían dentro para dar con un álbum que será recordado por su osadía y por una producción de altos vuelos, aunque no les hará más grandes de lo que ya son. Así bien, este cuarto disco lo podríamos situar en algún punto entre “Neon Bible” y “The Suburbs”, si entendemos que este último es lo mejor que habían hecho desde su debut. No es ni mucho menos su gran obra, pero sí lo suficientemente brillante y compleja para considerarla un peldaño por encima de su oscuro segundo LP. Si ponemos en una balanza sus aciertos y sus errores, queda claro que ésta se inclinará hacia el primer lado. Bienvenidos sean The Reflektors. Bienvenidos sean de nuevo los emperadores del pop.

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