Columnas

Las nuevas groupies: la adoración a los ídolos de la música más allá del sexo (parte 2)

La persecutora de rock stars de los 70 que sólo buscaba follar pasó a la historia: para las groupies actuales, es tan importante amanecer en una cama de hotel como conseguir una respuesta a través de las redes sociales

La groupie siempre se ha identificado con una fan que busca mantener relaciones sexuales con un músico, pero esa cultura ha evolucionado con las décadas. Ahora, con la omnipresencia de internet, la cultura groupie se ha diversificado y un retweet o una foto en Facebook sirven tanto como el sexo a la hora de cazar al ídolo. Profundizamos en el tema.

[Aviso: ésta es la segunda parte de un artículo especialmente extenso. Puedes leer la primera parte aquí]

Maneras del post-groupismo

Para el groupismo madre, pasar una noche con un artista era tal que así (extraído de las confesiones de Pammy Des Barres): “30 de Julio: el señor Zappa estaba de un humor inmejorable, por primera vez me abrazó muy fuerte, fuerte, fuerte, y me zarandeó en el aire. Amo al señor Zappa hasta el punto de idolatrarlo. Me hizo pensar mucho, las inhibiciones son el miedo a VIVIR, al amor, me enseño a llenarme de vida y tomarla en mis brazos”.

Para Cristina A., esa palabrería dulzona y cute se traduce a lo siguiente: “Cuando te despiertas tras follarte a una ‘estrella’ sueles estar sola en la habitación de un hotel que parece una zona cero, con una señora resaca y porque te están echando, así que la sensación que tienes es desear fuerte la teletransportación más que ‘¡qué guay, me he chuscado a X!’, la verdad”.

Diferentes maneras de vivirlo, como explicaba Neus. Lo de Pamela era amor estilo naïf, lo de Cristina, mamarracheo elegante. Lo que seguramente comparten ambas es ese sentimiento de “poder” al que alude Cristina cuando explica por qué le gustaba dormir con músicos. Cristina tenía una ventaja, al igual que María A., trabajaba con ellos. “Iba al aeropuerto, los recogía y (casi) siempre pensaba ‘¡hostia, qué feos!’; en el indie no hay tanto guapoguapo y lo sabemos. Ese pensamiento me duraba todo el día, viéndoles comer (¿cómo me va a atraer un tío que sólo come guisantes?, por ejemplo. Ejemplo real, ojo), en entrevistas (algunos aquí además de feos me parecían subnormales), en sesiones de fotos, etc… pero era verles en concierto y querer follármelos, incluso al que come guisantes... Supongo que poder follarte a alguien que todo el mundo se quiere follar te hace sentir ‘poderosa’. Esa es la verdadera ‘erótica on stage’, follarte al deseado”. Sin romanticismos. “Yo tenía mis preferencias”, señala Cristina haciendo referencia a su época “follaestrellas”. “Los batería nunca suelen ser los más guapers, pero a mí, atizar así me pone muy burra. Los guapers suelen ser los del bajo. Por supuesto me he tirado a más de uno y de dos feos (y de tres, cuatro…) sólo por ese sentimiento. Una vez dejé tirado a un cantante muy in porque en el vestíbulo del hotel me dio por mirarlo y me dije ‘¡madre de Dios, si es amorfo! Ten en cuenta que además todo esto pasa de noche, donde una lleva más alcohol en vena que en sangre, las salas son oscuras…”.

"Se puede buscar sexo, fama, un romance peliculero, una conversación twitteable, una foto,un baile o un roce esporádico"

A Pamela Barquero le ocurre algo que se acerca más a los sentimientos de Des Barres que a las experiencias de Cristina: “En el caso más fuerte que tuve, fue increíble porque ya habíamos pasado casi un año hablando por mensajes de Facebook, entonces ya existía un lazo más de amistad que sexual. Los dos habíamos esperado ese momento desde hacía mucho. Cuando se fue, me dejó atontado y con ese enamoramiento de chiquilla quinceañera que dura tres días, no más (o eso quiero creer…). Con las otras experiencias, he sentido que tengo una historia que contarle a mis nietos o la historia de viernes por la noche con mis amigos borrachos. Tampoco es que yo le dé mucha importancia, pero cuando lo recuerdo es inevitable sonreír”.

Sin sexo de por medio, la admiración también se vive de manera ferviente: “Nosotras vivimos y disfrutamos los conciertos y después nos gusta conocer personalmente a los artistas, pero sabemos que no es algo fácil. Por eso, cuando ellos tienen el detalle de acercarse a nosotras, lo valoramos un montón. Es un aliciente que cuando admiras a alguien, valoras su trabajo, sientes su música, te identificas con sus letras, te mueves para ir a todos los conciertos que puedes… el artista lo agradezca y te corresponda de alguna manera”, dicen Marta y Elena.

Los casi 50 años que han pasado desde que Cynthia Plaster Caster, Bebe Buell, Pamela Des Barres o (más tarde) Sable Starrr, Annita Pallenberg o Nancy Spungen se consolidaran como imagen de la palabra groupie, han dado lugar a derivados actuales (o recientes) con nombres propios como Kate Moss. Pero también a nombres anónimos que practican un tipo de adoración que podríamos llamar post-groupismo, que toman elementos de antaño y los mezclan con otros que definen la época actual como la hiper-aceleración de la sociedad (y obviamente, de todo lo relativo a la música) y el fin de las distancias. Estas subcategorías que presenta el groupismo actual están relacionadas en su mayoría con internet y van del odio a la obsesión enfermiza (ya sea con un tipo de música, con un artista, con varios, con el mundo de la noche o con uno mismo) pasando por la admiración de carácter más infantil. Entre los diferentes niveles, se puede buscar sexo, fama, un romance peliculero, una conversación twitteable, una foto, un baile o un roce esporádico.

En la clasificación de las Nuevas Groupies, hay una categoría en especial que desde el punto de vista de Fernando Fresco supone un nivel superior y de la que -dice- se habla muy poco: las MILFS, que se situarían por encima de todos los post-groupismos posibles e imaginables. Se trata -dice- de las madres de fans o de los propios colegas. “Las MILFS es otro nivel por encima de groupies, es otra movida, son más que profesionales… A veces ni siquiera saben que haces música. Te enseñan ellas a ti. Tú te haces groupie de ellas. Es la evolución natural, para eso están ahí, para que tú crezcas como individuo”.

I (still) want to take care of a rock star

"Ahora las bandas no suelen subir a sus fans en el autobús en el que van de gira. Sus medidas de seguridad son mucho más estrictas en eso"

Para las groupies más románticas, es muy importante crear lazos con el artista. “Para nosotras, ser una groupie”, explican Marta y Elena, “es vivir la música de una manera diferente, más intensa, es parte de tu vida. Ya no es el hecho de admirar a la persona por su rol de cantante, sino que buscan conocer a la persona que hay detrás de esta figura, su yo propio. Desean crear lazos de relación con los cantantes, ser alguien para ellos, no sólo una más de entre las fans”. “La groupie”, explica Pamela Barquero con conocimiento de causa, “es la que siente más allá de admiración musical con la banda o el artista, buscan intimidad emocional y sexual, pero no siempre es así, porque pueden llegar a ser bien la pareja o la amiga de su ídolo. Creo que las groupies tratan de ganarse un espacio en la vida de su ídolo”. Es la redefinición del término desde la perspectiva nostálgica. Hace décadas -comenta Neus- “una groupie tenía unas funciones muy establecidas para conseguir su objetivo de adorar y cuidar a su artista favorito, pero eso ahora se acabó. O al menos en la gran mayoría de los casos. Las bandas no suelen subir a sus fans en el autobús en el que van de gira. Sus medidas de seguridad son mucho más estrictas en eso”.

Pero en la actualidad a los artistas también se les puede cuidar acudiendo a sus conciertos en otra furgoneta independiente a la suya y moviéndose simplemente por el interés musical. Es el caso de Irene: “Siempre que puedo, me desplazo hasta donde haga falta para disfrutar de una sesión que me ilusione y el esfuerzo merece la pena. Sea en coche o en avión, si puedo allá que voy”. A Marta y Elena les ocurre algo parecido: “Nos solemos mover por España siguiendo a nuestros grupos. Nosotras somos de Zaragoza, pero viajamos muchas veces a Huesca porque hay un bar, El Veintiuno, que trae a artistas que nos encantan. Además, también hemos ido a Madrid, San Sebastián, Valencia, Barcelona y varios festivales nacionales”. Road Groupies.

“Quería cuidar a una estrella del rock”, confesaba Pammy en su “I’m with the band”. Y eso es también, en cierta media, lo que hacen las fans de carácter más ‘naïf’ como pueden ser las beliebers. Defender y mimar a sus ídolos de manera más apasionada posible, con ese amor exagerado y propio de las edades más jóvenes. Emma tiene 12 años y cuando ve la luz roja de la grabadora encendida, pregunta: “¿Vas a escribir ‘ji-ji-ji-ji-ji’ cuando me ría?”. Con dos años más que Emma (a la edad de 14), Sable Starr ya frecuentaba el Whiskey a Go Go (el local de Los Ángeles que fue punto de referencia en el fenómeno groupie de los 60 y 70). Cuando a Emma se le pide que explique quiénes son las beliebers, ella responde de la siguiente manera: “Pues son las fans de un chico muy guapo y que canta muy bien”. Es la admiración infantil en persona, la de verdad, la del club de fans de la carpeta y las lágrimas incontrolables al verlo el YouTube, la que pone cara de desconcierto cuando se le pregunta por el significado de la palabra ‘groupie’ y, con gesto de incrédula y las manos en posición de “obvio” dice: “¡Hmmm… grupo!”.

¿Y tú qué entiendes por fan?

Pues que le gusta mucho y que sabe cosas de él.

¿Una fanática?

No. Hay un tío que se operó para parecerse a él [a Justin Bieber], eso es un fanático.

Y si por ejemplo el tío que se operó para parecerse a él está en la escala 10 de fanatismo, ¿tú dónde estarías?

En el cinco.

¿Sólo?

Yo no me operaría para parecerme a él. Me tatuaría su nombre…

Eso es más de un cinco…

Vale, un siete…

Des Barres explica en su diario que su obsesión con los Beatles le llevó a poner en práctica una serie de rituales: “Los tenía que poner en práctica cada noche, si no nunca conocería a Paul: 1) Escribir 'amo a Paul' en mi diario con mi mejor letra; 2) Escuchar a los Beatles antes de ir a dormir; 3) Tomar una pastilla antes de dormir y apoyarme en la almohada, y dejarla que se deshiciera mientras me imaginaba en sus brazos”.

Evidentemente, las maneras de admiración dependen de la edad a la que se idolatra. “Todo depende de la accesibilidad a un artista”, comenta Neus, “y sobre todo depende de cómo vive cada uno ese fanatismo y el momento en el que lo vive. Con 20 años se vive diferente. Y si se trata de niñas de 14 años, el fenómeno ha llegado a unos límites realmente incontrolables, y poco tiene que ver con la música y mucho más con la ingenuidad de todo adolescente”. Evidentemente, hay quien tiene 35 años y lo vive como si tuviera 13. Al groupismo más naïf va unido el groupifanatismo (al que también hacía referencia Emma al hablar del hombre que se operó para tener un aspecto parecido a Justin Bieber) y que, en muchos casos, se ha ido de madre (caso de la pirada que mató a su perro porque One Direction no le seguía en Twitter). Artistas como Lady Gaga, One Direction, Selena Gómez o Justin Bieber aglutinan un mayor número de fans de corte más naïf. Angelica Morrison bautiza a este tipo de groupies (en su carácter más histérico) como las “grupiloquis”. Dice Bravo Fisher! que hay que ser cautos porque “si la mayoría de tus fans o groupies son gente muy muy joven, cuando crezcan un poco te abandonarán, o incluso peor, renegarán de ti”. Eso sí, el período de mayor ingenuidad de un fan es probablemente el más bonito, aunque luego se reniegue de ello.

“Hay gente que cree que se ha enamorado pero eso es imposible. No te puedes enamorar porque haga buena música, eso no es amor, eso es pasión o admiración” (María A.)

Yung Beef confiesa que en su época más teenager fue ‘groupie’ de las Spice Girls: “Es lo único que yo sentí así de admirar a alguien así rollo loco… y le quitaba a mi prima las revistas de esas… que eran unas guarras, eh? Que decían unas guarradas… pues por eso me gustaban… a mí me enseñaron cosas…”. “Vinieron a Granada y fuimos a verlas”, dice Khaled dejando a Yung Beef que continúe con la explicación. “Yo me acuerdo que salieron a un balcón…”, explica el rey del beefeo. “Que vinieron a nuestro barrio a presentar su disco”. “Ellas eligieron Granada, hermano”, dice Khaled a Yung Beef, asintiendo con la cabeza en señal de orgullo de la tierra.

En el documental “Mi Cerebro Musical”, afirma Michael Bublé: “El que está ahí arriba y se está mostrando como es, tiene algo. Es como si le vieras desnudo, con la ropa puesta, de un modo extraño. Y creo que a veces, los cantantes están más expuestos. (…) Entiendo que se enamoren, o piensen que se enamoran, o al menos se encaprichen”. María A. no cree que alguien se pueda enamorar de un artista sin conocer a la persona: “Hay gente que cree que se ha enamorado pero eso es imposible. Es imposible enamorarse de alguien que no conoces realmente y que tampoco sabes cómo va a actuar en determinadas situaciones. No te puedes enamorar porque haga buena música, eso no es amor, eso es pasión o admiración”. Lo que sí podemos es inventarnos personas una vez nos hemos enamorado de una determinada música. Para los Kefta Boys, eso es lo que les pasa tanto a las groupies como a las fans. “Es sentir amor por alguien sin conocerlo, sólo por su trabajo”, señala Yung Beef.

“Sideral tenía algo que brillaba, no te sabría explicar bien…”, dice Isabel F. mientras pone la mirada en un punto fijo-. “Pero era como algo interior que me, me… Me enganchaba a él y me arrastraba a él. Era como algo muy profundo, como muy íntimo. O sea, yo por ejemplo de Sideral nunca he tenido camisetas ni he tenido posters ni nada… Solo tuve una vez una foto de él de una entrada a Discoteque que la tuve siempre en mi cuarto hasta que me quité el corcho, pero solo he tenido eso… Como si fuera una foto… Al lado de las fotos de mis amigas, de mis padres… no como póster, no como artista, sino como persona importante en mi vida. O sea, lo hice parte de mis círculos, y apenas lo llegué a conocer; me lo presentaron una noche pero apenas hablé con él”. Dentro del groupismo más romántico, hay personas como Isabel que, según sus palabras-, “siempre será groupie de Sideral”.

El groupismo old school, así como el naïf, presentan una mezcla entre la admiración y la pasión o el enamoramiento (real o irreal). Las beliebers (y cualquier club de fans juvenil) irían ligadas al sentimiento naïf. Pero en algunos casos, ese amor incondicional más cercano a la ingenuidad de los pocos años ha madurado y se ha pasado al trap. Canta Yung Beef en su tema “Cute” (junto a Steve Lean): “Las beliebers me quieren, super sweet sixteen”. Dulzura Vs. Hard Macarrismo. Las jovencitas de 16, que cualquiera ubicaría en el belieberismo, se han pasado al rap y dividen su amor entre Justin y El Seko (aka Yung Beef). Sonya Eastwood es belieber y una kefta girl; para ella no es nada raro profesar el mismo amor por el icono del trap español que por Justin Bieber y en su manera de hablar se nota el ramalazo soñador de esos sweet sixteen. “Justin Bieber es todo para mí, me encanta, soy belieber desde hace cuatro años y no dejaré de serlo. Admiro sus canciones, todas tienen un sentido para mí, le quiero muchísimo”. Ternura, por un lado, y dinámica ghetto (por otro). Las fotos de Justin en sus perfiles de twitter se mezclan con referencias al fumeteo weed y lenguaje trapero. Sonya Eastwood y sus amigas (todas ellas devotas de Justin Bieber y Yung Beef) se hacen llamar LAG’S, eso sí, el significado es secreto: “Es una cosa privada, del grupo… Y no puedo decirlo. Las chicas me han pedido que no diga lo que significa para nosotras y tengo que respetarlo”. De ellas dice Yung Beef con una gran sonrisa: “las beliebers son las más seguidoras, a mí me han cambiado la vida”.

Groupie Love / Amor de Yoli

"Una chavala de 14 años no sabía lo que era Wu Tang Clan. Y de repente es como: ‘¡coño, si tengo groupies!" (Fernando Fresco)

Cantaban G-Unit en 2007: “When you see me in V.I.P with hoes around me / Man now give me that groupie love / Come gimme gimme gimme that groupie love”. Ojito, por un lado las ‘hoes’ y por otro las groupies. En el rap se conserva la alusión al concepto aunque las connotaciones de cada letra son dispares. Desde los Kefta, que la entonan haciendo alusión a los haters como ya se ha explicado) a otros significados más cercanos al ‘big love’ por las fans: “(…) y una sonrisa super high para esas groupies”, dicen Ill Bambinos y J. Calabria en Dopeboys.

A la hora de buscar motivos a la repetición del término en las canciones de rap, las argumentaciones resultan tan variadas como sus significados. “Porque las letras de rap son repetitivas y básicas: tetas, culos, petas, tal…”, dicen C. Tangana y Jerv.AGZ. Para los chicos de Agorazein, la palabra groupie dentro del rap alude a “chicas con la voluntad de acostarse con distintos artistas y grupos del rap patrio, incluso con varios de ellos al mismo tiempo. Suelen tener una gran actividad en las redes sociales y en la mayoría de los casos se trata de mujeres precoces y guapísimas”.

Fernando Fresco, en cambio, cree que el razonamiento tiene que ver con los traumas infantiles de los artistas. “Yo creo que los raperos nunca pensaron que fueran a ligar. Es decir, yo cuando iba al instituto ser rapero no era guay. Ser rapero era una putada. Porque claro, todos tus colegas llevaban mechas y el pelo a cenicero, les molaba UPA Dance y el rap no era guay, y patinar no era guay. Una chavala de 14 años no sabía lo que era Wu Tang Clan. Y de repente es como: ‘¡coño, si tengo groupies!’ Y entonces dicen ‘groupie, ‘groupie’ por aquí, ‘groupie’ por allá… y además como con mucha alegría… Es una muletilla de incrédulos, porque nunca imaginaron que fuesen a ligar con esta mierda”.

A los chicos de Kefta les parece una cuestión de pura lógica. “En el rap”, dice Yung Beef, “es donde más se habla, ¿no? Ya por estadística… En el pop sueles alargar más… ‘aaaaaaaaaaahhhhhh’ [entona], cabe menos [risas]”.

Las yolis –que podríamos describir como esas “mujeres precoces y guapísimas” con “gran actividad en las redes sociales” a las que hacen referencia los chicos de AGZ- son la verdadera revisión del movimiento groupie. Utilizan Twitter para enviar selfies de morritos y pose sexy a los raperos, y en la mayoría de ocasiones incluyen guiño a su música a través de camisetas, discos o determinada estética que va unida a sus gustos musicales. Así, si tuviéramos que hablar de un groupismo revisado y actualizado, las yolis serían las auténticas protagonistas. Jovencitas que siguen a sus artistas desde la obsesión naïf y la madurez precoz. Y que han aprovechado la tecnología de manera positiva para hacer saber a los artistas que no sólo están availables para el roce, si no que también controlan su actividad musical. A pesar de que el significado de LAG’S no sea público, su actividad en Twitter pone en evidencia que a las chicas les unen unos mismos gustos musicales (como le ocurría a Des Barres con las suyas). Dice Sonya refiriéndose a los Kefta: “Me encantan todos sus temas, son diferentes de todo lo que escucho y realmente han cambiado mi gusto. Me encantan los beats de Steve Lean, simplemente me encantan”.

"Estoy con la Yoli. Tengo widow, tengo Gucci, tengo money", canta El Seko en “Ratchet Luv/ Amor de Yoli”

El rap español está de moda y los propios grupos lo saben. “Hay muchas niñas que nos siguen”, confiesa Steve Lean. Y en ese grupo de jovencitas que les quieren, hay fans como Sonya cuyo día a día gira en torno a la propia música que escucha; su perfil en Ask.fm apenas tiene preguntas que no giren en torno a sus gustos musicales y su cuenta de Twitter (al igual que la de Makkah) deja patente que su gran obsesión reside en el rap y el trap. “Tenemos un grupo de chicas que siempre vamos juntas a los conciertos”, dice Makkah-. “Y nos hemos dado cuenta de que siempre que quedamos estamos hablando de los mismos temas, que son rap, raperos… y todo del mismo rollo”.

La inspiración callejera de los propios grupos de rap reside también en las personas que se han convertido en “leyendas” como dice Khaled. “Leyendas de barrio”, puntualiza Yung Beef. Ellos mismos serían groupies del ghetto.

En el panorama internacional, A$AP Rocky se ha consolidado como uno de los artistas con mayor fama de obseso del fenómeno groupie en la práctica. Y la palabra en cuestión aparece en muchas de sus canciones como “Peso”: “Rolling blunts rolling doobies up, smoking sections / Groupies rush hold they boobies up, in my direction”. El rap español ha adoptado y adaptado muchas de las muletillas de las letras de rap americano y ‘groupie(s)’ sería una de ellas. Cantaba Crema en su “Laisse Saigner”: (…) y yo solo buscaba una cara bonita a la que gritar / lo que esta soledad me da y me quita / y mitad necesidad, mitad tirita / esta noche te dejo ser mi groupie favorita”.

Si en los años 60 y 70 los artistas ponían nombres de mujeres a sus canciones, el spanish trap se monta su versión particular: las ‘shortys’ (las niñas) aparecen en las letras a modo de inspiración, aunque con nombres más generales (Jenni, Jessi, Yoli…). “Hablo de mujeres porque me obsesionan”, puntualiza Yung Beef. “Los nombres no son reales… Son nombres reales pero no uso nombres de amigas; son nombres del barrio pero no de mis amigas”. Las letras hablan de mujeres y en esa misma línea van las portadas de muchos de sus temas de Soundcloud, en las que pueden verse fotografías en pose sexy de algunas de sus ratches. “Estoy con la Yoli. Tengo widow, tengo Gucci, tengo money”, canta El Seko en “Ratchet Luv/Amor de Yoli”.

Y aplicando esa reinterpretación del groupismo que son las Yolis -con imaginación y salvando distancias- las LAG’S (el groupo de Sonya Eastwood del que desconocemos el significado) podrían ser una versión de aquellas GTO’S (el grupo de Pamela Des Barres y compañía: Girls Together Outrageously) si se diera el caso de que tuvieran una banda musical (lo cual desconocemos).

Mientras la distancia entre ídolos y fans es cada vez más escasa gracias a internet, grupos como Kefta Boys buscan la inspiración en las mujeres que contactan con ellos vía Twitter pero también en su entorno callejero, y ya comienzan a introducir voces de ratches en sus temas. “Queremos implicar a las niñas en el rap… que siempre han estado ahí apartadas… y hace falta porque es lo máximo… es lo único. Que canten sobre todo también”.

Vuelven las musas, y están en el ghetto.

[ Lee aquí la primera parte]

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