Columnas

Las nuevas groupies: la adoración a los ídolos de la música más allá del sexo (parte 1)

La persecutora de rock stars de los 70 que sólo buscaba follar pasó a la historia: para las groupies actuales, es tan importante amanecer en una cama de hotel como conseguir una respuesta a través de las redes sociales

La groupie siempre se ha identificado con una fan que busca mantener relaciones sexuales con un músico, pero esa cultura ha evolucionado con las décadas. Ahora, con la omnipresencia de internet, la cultura groupie se ha diversificado y un retweet o una foto en Facebook sirven tanto como el sexo a la hora de cazar al ídolo. Profundizamos en el tema.

[Aviso: ésta es la primera parte de un artículo especialmente extenso que continuará mañana].

Ser groupie ya no es lo que era. Las noches de furgoneta de ayer son hoy conversaciones en redes sociales. Los besos se han convertido en retweets. Los haters se han convertido en otra forma de groupismo, y las selfies de morritos son las nuevas cartas de amor. La política del postureo ha llenado la red de fotos de personas anónimas que quieren aparecer con su artista favorito, pero ya no hay sexo: se ha pasado del “fóllate a tu ídolo”, base de la cultura groupie de los años 70, al “fóllate a ti mismo”. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí?

“Lo que hay ahora es un groupismo online” –explica Isabel F.-. “Ya no se ven imágenes de groupies, o sea, no hay groupies conocidas. Hay chicas que se dedican a subir fotos de artistas a las redes sociales, pero es un groupismo en red”. Isabel, que se autodefine como groupie de Sideral, explica que lo suyo es un groupismo de amor incondicional (apenas conocía a Aleix) y que ahora el papel de la groupie está, sobre todo, en la promoción. “Las nuevas groupies” -afirma-, “tienen una labor muy importante, que es darle bombo o difusión a sus artistas favoritos a través de internet”. Pero la red, como escenario principal de la cultura groupie actual, ha dado un giro tan radical al concepto que en muchos casos los artistas llegan a pasar a un segundo plano. Cristina A., fundadora del tumblr Yofollecontigo, ex groupie -de las de poca idolatría, eso sí- y gran entendedora de las políticas de la sexualidad, lo explica así: “En los 70 era otro rollo. Se movían bajo la idea del ‘fóllate a tu ídolo’, los Números Uno eran una especie de Dioses; eso se ha perdido, ‘Almost Famous’ no existe, son los padres. A las groupies de ahora les interesa más acceder al backstage y subir mil fotos a todas sus redes sociales antes que follarse a alguien en concreto. La idea de hoy en día es ‘fóllate a ti mismo’, la admiración ha evolucionado a exposición”.

¿Fin de la idolatría?

El concepto general que define el groupismo actual presenta dos síntomas principales: la idolatría al artista se diluye a la vez que se mantiene el sexo (aunque menos que antes). Fernando Arufe, el Chayanne del hip-house, lo asegura así: “Por ‘groupie’ yo entiendo la auténtica Salud, y por fan, a las incondicionales. O sea, todas esas chicas dispuestas a hacer de todo por ti. Ese es el rollo”. El Julio Iglesias de la farándula rap admite que sus fans suelen escribirle a través de las redes sociales, “pero poco”. “Me dicen cosas educadas, rollo ‘qué profundo estás hoy, qué simpático, cómo me gustaría mantener una charla culta contigo tomando té…’ No, que va. Me dicen guarradas terribles y me encanta. Porque yo también soy un poco cerdito… Entonces eso me da pie a mí para soltarme y ser tal y como soy”.

A pesar de las mutaciones y ramificaciones que haya podido experimentar el significado de la palabra ‘groupie’ a lo largo de estos años, el componente sexual -un punto clave que marca la diferencia entre el groupismo y el fenómeno fan- prevalece todavía. Agorazein -uno de los grupos de rap españoles con mayor número de seguidores (y perseguidores) de ambos sexos- afirman que la palabra ‘groupie’ alude a un tipo de admiración que supone cama de por medio. “Groupie sin duda connota un matiz sexual muy pronunciado” –explican C.Tangana y Jerv.AGZ-. “Fan es algo más neutro, no tienen una implicación coital con el artista, puedes compartir alguna sustancia tóxica con ellos sin sentirte incómodo”.

"Algunos científicos creen que las mujeres se sienten atraídas por los músicos por motivos evolutivos"

Manteniendo la idea de los chicos de Agorazein, aunque lo verbalice de manera más discreta que los madrileños, está Yung Beef (Kefta Boys), que se ha convertido en el nuevo objeto de deseo de las beliebers. “Fan es más serio… y groupie es más… yo qué sé…”, y se queda en silencio unos segundos y no hace falta ni que termine la frase porque la sonrisa y la cara de pillo que luce así de repente ya hablan de los pensamientos que le rondan; pero el rapero se incorpora dejando a un lado su gesto cheeky y continúa de la manera más prudente posible. “Se ve menos serio lo que hay detrás…”. O dicho de otra forma (más romántica), y en este caso por Bravo Fisher! (gran aglutinador de fans de género femenino en el terreno del indie pop actual), “fan es alguien al que le encanta la música de tal grupo o cantante y se queda ahí, mientras que el groupie o la groupie sigue más al artista por otras razones. Le interesa conocer su vida, intentar hablar con él personalmente, tocarlo, abrazarlo… y cosas más amorosas”.

Esas “cosas más amorosas” (es decir, ganas de meterse en jaleo con el que está subido en el escenario), es lo que Cristina A. denomina “erótica on stage” y que la ciencia explica de la siguiente manera. “Algunos científicos creen que las mujeres se sienten atraídas por los músicos por motivos evolutivos. Los músicos y los bailarines tribales exultan poderes físicos y creativos, dos ingredientes esenciales para la supervivencia hace 50 mil años. Y como algunas partes de nuestro cerebro moderno siguen conectadas a nuestro cerebro prehistórico, según la teoría, las mujeres siguen gravitando alrededor de los músicos”. Estas afirmaciones pertenecen al documental “Mi Cerebro Musical”, realizado por National Geographic, y que cuenta con la participación de Sting, que -en este sentido- alude a una teoría en concreto: “Creo que hay algo en la Teoría del Canto del Pájaro, que dice que las hembras se sienten atraídas por el pájaro que canta la mejor canción, más larga, más complicada”.

Neus Amer -que formó parte del equipo de producción de la sala Razzmatazz durante muchos años y que actualmente se dedica a la producción de eventos musicales desde diferentes promotoras-, conoce bien los rostros y las reacciones tanto del fenómeno groupie como del fenómeno fan. Para Neus, las “auténticas groupies” actuales serían “aquellas que buscan siempre algo más, independientemente del artista del que se trate. Aquellas que pierden la razón por cualquiera que se ponga con unos cascos detrás de unos platos o coja un micro”. María A. (que prefiere esconder su nombre real) sería una de ellas: “Entiendo por groupie ese tipo de fan un poco marranilla”. [ Y tú, ¿te consideras una groupie?] “Últimamente sí…”. El punto débil de María es la música electrónica, y ahí es precisamente donde encuentra sus romances. Además, su trabajo le mantiene en contacto con algunos artistas, así que el comienzo es más fácil. Cuando se le pregunta por lo que hace décadas hubieran sido muescas en sus cinturones (es decir, sus conquistas musicales, todos ellos artistas de la electrónica barcelonesa), María abre los ojos en pose exultante y afirma que les admira y que por eso se acerca a ellos, “es como una atracción creativa o intelectual en un primer momento… Me identifico mucho con su música”. El mamarracheo propio (y necesario) del mundo de la noche genera groupies. Es lógico. “Por la noche todo se mezcla más”, sostiene Neus Amer, “y la relación fan-Dj es mucho más directa”. En la música electrónica el groupismo se rige por otras pautas, aquí ya entrarían los códigos de la cultura de club.

"Si un tema me llega especialmente en seguida busco el contacto visual con el DJ"

Pau Roca -uno de los DJs barceloneses con más seguidores del panorama actual- arrastra a una importante tropa de fans a los garitos por los que se mueve, aunque lo reconozca con la boca pequeña y gesto humilde. Para el DJ, la palabra groupie se refiere a una persona que sigue a otra haga lo que haga esta otra, un poco a ultranza… que lo pone por delante de cualquier otra prioridad en su vida”, y fan tiene que ver con la admiración pero a un nivel menor. Al preguntarle si tiene fans o groupies [de género femenino] que acudan de manera asidua a sus sesiones, Pau contesta con una sonrisa y un simple “sí, sí…”, y pasa rápidamente a contar la anécdota de un colega (también DJ) al que una entregadísima fémina decidió mostrar sus pechos en primer plano mientras pinchaba. Dentro del groupismo propio de los devotos de la electrónica, también hay niveles. Irene Gento es groupie de club, de pista de baile y (sobre todo) de Baile sin pistas: “En ocasiones he podido estar bailando delante de una cabina y ver cómo un DJ ha aplaudido alguno de mis movimientos o gestos y, créeme, la chica que se fue con él aquella noche no tuvo la misma conexión con él, ni disfrutó tanto de ello”. Irene es una prueba de groupie fiel, más enamorada de la música que del artista en sí. “Si un tema me llega especialmente”, sostiene Irene, “en seguida busco el contacto visual con el DJ”. Siempre que ha tenido ocasión, Irene ha charlado con artistas de música electrónica y, por la manera eufórica en que comenta haber podido hablar con Solomun o H.O.S.H, se podría decir que para ella las conversaciones son lo que en el concepto de las groupies de antaño era tener un affaire con el artista. Adoración al sonido.

"Pedirse una noche con Jagger como primer deseo de Navidad, esa era la idea del groupismo real"

El contacto visual o de palabra es imprescindible para personas como Irene. También para Marta Rodríguez y Elena Benito (aunque trasladado al campo del indie-pop), quienes tras conocer la música de Bravo Fisher! quedaron cautivadas de la persona que se escondía detrás del artista. “Nosotras adoramos a Bravo Fisher!, además de por su música, porque es un cantante que cuando se sube al escenario es capaz de transmitir su amor por su trabajo, de inyectar energía, de interactuar con el público a través de miradas y sonrisas, y porque cuando acaba su concierto se interesa por la opinión de sus fans, se acerca a ellos para saber si han disfrutado y nos demuestra que no sólo es Bravo Fisher! sino que también es Guillermo Galguera”. El sentimiento groupie (el más parecido al que tuviera Pamela Des Barres), necesita contacto con el artista. La propia Pamela lo escribía en su diario de adolescente (publicado en su libro “I’m with the band. Confessions of a Groupie”): [refiriéndose a las amigas con quienes compartía su afición por los Beatles] “Nos envíabamos cartas sobre los Beatles constantemente, suspirando y murmurando y expresando nuestro profundoprofundoprofundo deseo conocer a nuestro Beatle preferido. Pero, ¿cómocómocómo?”. La que fuera una de las pioneras dentro del movimiento groupie de mediados de los 60 pasó de la obsesión naïf por Paul McCartney a los sueños sucios con Mick Jagger (noviembre, 1968): “Nos tomábamos turnos para para subir a la barra de Rodney y pedirle los tres regalos que queríamos por Navidad, y mi primer deseo era dormir con Mick Jagger”. Pedirse una noche con Jagger como primer deseo de Navidad, esa era la idea del groupismo real. Idolatría mezclada con deseo, guarreo y mucho amor.

La diferencia entre fan y groupie, precisamente, reside en la manera de adorar al artista, con mesura o sin ella. Aunque, generalizando, la idea que uno suele tener cuando pronuncia la palabra ‘groupie’ es de falta de todo, hasta de principios. Pamela Barquero (costarricense) se considera melómana y además posee las características propias de las primeras groupies. “Hace tres años, The Horrors tocaron en México y me fui para allá. Al terminar el concierto, tomé el auto y me fui detrás de la buseta, hasta un bar, logré hablarles, hacerme fotos y esas cosas de fan. Era la única persona con ellos y la que hizo algo así. Por cosas de la vida, he logrado conocer a varios artistas que han sido muy importantes para mí y estas cosas han marcado mucho mi vida”. Pamela reconoce que en los 70 era más especial porque las groupies eran musas, y afirma: “ahora creo que hasta se ve mal ser una groupie”.

En el panorama actual, con el fenómeno bien evolucionado durante estos años, podemos discernir entre diferentes post-groupismos, los niveles y las maneras de devoción por un artista son muchos. Tal y como explica Neus Amer, “ser una groupie es una fase más de nuestra adoración a nuestros ídolos, una fase que podemos pasar o no, y que puede manifestarse de diferentes formas”. Y especifica: “en cualquier sala de conciertos se ha visto de todo. Desde fans que duermen dos o tres noches en la calle para ser los primeros en acceder a la sala y asegurarse una plaza en la primera línea; chicas muy jóvenes que pasan horas y horas esperando a sus ídolos; fans que intentan colarse por donde sea para tirarse a los brazos de su artista favorito… Pasando por fans que vienen en grupo desde otra ciudad muy bien organizados y con un orden casi militar previamente establecido… Hasta fans movidos, simplemente, por un interés puramente musical y que no se pierden ni uno de los directos de ese artista”. Para C.Tangana y Jerv.AGZ, esta explicación se podría resumir en dos categorías básicas de admiración: por un lado estarían las “personas normales”, es decir, “la mayoría, que no asustan y respetan tu integridad física por encima de tu imagen pública”. Y por otro, “el resto: pocos pero locos”.

Misión: el retweet

"Los dioses musicales de nuestra época son alcanzables, dejan de tener ese ambiente casi místico alrededor, para convertirse en algo accesible, algo cercano. Tan cercano que pierde parte de encanto" (Irene)

Lo que a muchos les parece pura ciencia ficción, para otros es el fin de la magia. “El hecho de que los cantantes estén en las redes sociales y puedan interactuar con sus fans aviva este sentimiento de idolatría”, explican las fans de Bravo Fisher! “Por ejemplo, un simple retweet puede sacar a la fan una sonrisa enorme y hacer que aumente tu adoración por el cantante”. “Es rollo futurista”, afirma Fernando Fresco, Arufe, cuando reflexiona sobre la influencia de internet en las relaciones entre artistas y fans. “Es como… Es como una película de ciencia ficción... Hace 20 años decían: ‘en el año dosmilnosécuanto podrás ver…’ pues esa es la movida pero a nivel groupie”. El fin de las distancias entre following y followers, facilita -para personas como Irene Gento- la tarea groupie. “Es mucho más fácil ser fan y serlo de todos los artistas que quieras”, señala Irene. “Basta con darle al botón de ‘seguir’ en Soundcloud o en Twitter o un simple ‘me gusta’ en su página de Facebook y puedes disfrutar de una sesión en Hamburgo y estar en tu sofá o saber si tu ídolo ha perdido el avión o si ha cenado croquetas de jamón…” Angelica Morrison, actual pareja del que fuera miembro de una conocida banda indie española y del que no podemos dar el nombre, comparte la opinión de Irene: “Antes era complicado saber la vida real que tenían los artistas, ahora se hacen una foto y la ponen en Facebook. Todo el mundo puede verla y eso aumenta el número de groupies, pero su autenticidad no es tan visceral como las groupies de antaño”. En los 60, Des Barres y sus colegas se veían obligados a trabajar para ser groupies. No era cosa fácil. “Victor y yo vimos que necesitábamos trabajos para financiar nuestra adicción a los discos, así que empezamos a trabajar juntos en una pequeña fábrica en Van Nuys mojando botas de Batman y guantes de Robin en pequeños botes de pintura”. Ser groupie era sufrido, no todo iba a reducirse a drogas, guitarreo y mete-saca.

“Las redes sociales e internet, como facilitan muchas cosas, también le quitan encanto y hacen todo tan fácil que aburre”, admite Pamela Barquero. A pesar de esto, reconoce que internet ha tenido muchos efectos positivos en el groupismo sirviéndose de su propia experiencia como ejemplo. “Yo, como la gran entusiasta de la música que soy, paso tiempo en redes sociales buscando música y esto me ha llevado a conocer a varios artistas de los que soy muy fan. He tenido buena suerte, suerte que me ha dejado muy buenos amigos y también amantes. Pero tampoco soy de las que anda contando sus intimidades en blogs y guardo muchas cosas que hablo con ellos”. El carácter de los ídolos de masas ha pasado a ser más terrenal, como explica Irene: “Los dioses musicales de nuestra época son alcanzables, es decir, dejan de tener ese ambiente casi místico alrededor, para convertirse en algo accesible, algo cercano. Tan cercano que pierde parte de encanto. Sigue habiendo buena música, sigue habiendo drogas y sigue habiendo groupies, pero es como aprobar un examen copiando”.

“El hater es otro tipo de groupie, porque están a la que cae también para escuchar tu tema y hatear… es otro groupie, claro” (Khaled)

Internet ha potenciado la aparición de un tipo de groupismo que Fernando Arufe denomina “bloggers” (mujeres a quienes les interesa más la fama que ellas puedan obtener que el artista o la persona que hay detrás): “Una ‘blogger’, cuando se enrolla contigo, no busca amor, ni que la abraces… ni que la comprendas, ni que vayas a ver pelis malas con ella… Ni que comas helado en casa de Ben & Jerrys… Ellas lo que quieren es poder decir: ‘Sabes que es mi novio, ¿no?’. Ni siquiera te quieren. Ellas nunca te llegan a querer, pero pueden pillarte ideas para su blog…”.

La cantidad infinita de sonidos que alberga la red ha conseguido que todo se pueda escuchar y de forma gratuita, que cualquier etiqueta nueva nacida en el lugar más recóndito del mundo se pueda explorar desde casa. Y eso, además de proporcionar un gran bagaje y una gran cantidad de seguidores, ha dado lugar a una nueva clase de groupies: los haters. “Hay gente que nos conoce y nos odia”, cuenta Yung Beef, “el hater es otro tipo de groupie…”. Su compañero Khaled le da la razón: “Sí, es otro tipo de groupie, porque están a la que cae también para escuchar tu tema y hatear… es otro groupie, claro”. El amor une, pero el odio también. Lo que hace décadas Pamela Des Barres llamaba “Beatlefriend” ahora podrían ser Keftafriends o Antikeftafriends. Los haters, sin duda, son un producto de la red y su amplia carta de música gratuita, pero también son el resultado de las posibilidades de la red unidas al ego de cada uno (o el aburrimiento). Eso sí, en muchos casos -como explica Pau Roca- el haterismo (el que no es sólo de pose) puede ser instructivo: “Y también es verdad que los que se lanzan a escribirte y a criticarte pues también lo hacen con mucho conocimiento de causa… Entonces esto también es súper positivo y también te hace crecer. Eso también son groupies, y los hay…. Que te escriben diciéndote vaya mierda de sesión o al revés, qué bien estuviste…”. Los haters como nuevos groupies encuentran en YouTube un lugar de cobijo desde el cual actuar. Allí los comentarios de odiadores amateurs y profesionales se mezclan con los de otros tipos de groupies -que van de lo naïf a lo fanático- y la parte inferior a los vídeos musicales se convierte en un auténtico territorio comanche de indignación y ruina. Y si se trata de vídeos de rap, la cosa se puede llegar a ir de las manos. Dice Khaled [refiriéndose al rap] “es donde más críticas te ponen, donde más cosas se dicen… a lo mejor te pegan una vacilada, a lo mejor te están criticando o tienen groupies… a lo mejor si haces otro tipo de música ni opinas ni te hatean, dicen: ‘ahí está’”.

En el nuevo groupismo se dan muchos haters de pose pero también hay mucho postureo del crudo (porque Yo, porque Yo, porque Yo….). Makkah, fan cuasi obsesiva de Agorazein, cree que el groupismo actual tiene más que ver con la tendencia que con la realidad. “Las groupies… Yo las distinguiría porque van a los conciertos porque dicen: ‘¡Buah, esto está de moda! ¿A ti te gusta? Pues a mí también’. O sea, que van al rollo que le tira más a la gente. Las fans son quienes lo sienten de verdad”. Isabel F. comparte la opinión de Makkah, pero haciendo hincapié en un tipo de groupie actual que ella ha denominado “groupie de postureo”: “Las groupies de postureo son un poco como groupies de pacotilla. Van adonde va la masa. En plan… Este mes es súper famoso Menganito… Pues a por Menganito sí o sí. Y cuantas más fotos en Facebook tengas con Menganito, aunque sea empujándole, mejor. Tú has estado con Menganito. Y si me tengo que inventar la historia… en plan ‘Yo y Menganito en Razzmatazz, después me dio un beso’, pues me la invento…”. En el postureo de groupie todo gira en torno a lo que alude Cristina A., ese “follarse a uno mismo”.

Pero el groupismo de pose esconde, según Irene Gento, a los “groupies falsos”: “dícese del espécimen que tras comprarse las entradas de un festival, decide empollarse a la fuerza la discografía completa de varios de los artistas que aparecen en el cartel. Son gente fría y amigos del postureo”. En esta clasificación, aunque sin haber realizado los deberes de estudio de la discografía previos a los que se refiere Irene, estaría el caso del fake line-up de Coachella (vía Jimmy Kimmel Live).

Y como contrario al postureo y al haterismo encontraríamos lo que Angelica Morrison ha denominado ‘groupies in behind’: “son muy muy muy pero que muy fans de alguien, pero lo demuestran en su casa cantando en la ducha y dando la barrila a su madre o poniendo canciones en Facebook”. Bravo Fisher! (aquí como Guillermo Galguera) sería uno de ellos. “Me encantan artistas como James Blake o Grimes, pero nunca he ahondado en sus vidas, no los he idolatrado… No es algo que haga a propósito, simplemente no me interesa mucho saber de su vida, ni conocerlos, sólo dejarme llevar por su música y que me hablen desde sus canciones”. “Hay personas”, explica Neus Amer, “que se mueven simplemente por un interés estrictamente musical y que para nada pretenden otro acercamiento que el de disfrutar de un buen directo”. Este tipo de groupismo más recatado es del que habla Irene Gento cuando alude a su manera de hacer escuchar su música a quienes le rodean. Es ese valor promocional -al que Isabel F. hacía referencia al comienzo del reportaje- aunque, en esta ocasión, no sea una publicidad viral, sino a la vieja usanza, en un viaje en coche. “Yo siempre hago que los demás escuchen la música que me mola. A mis colegas, cuando vamos en mi coche a las ocho de la mañana, les pongo Dubfire en el coche. Y ellos cagándose en todo, pero me da igual. Además yo soy la típica que cada vez que hay subidón pido que se callen”. Persuadir al personal para que escuche la música es también carne de after: groupies de club en su extensión mañanera. Podríamos decir que es la esencia groupie: pasión acérrima por un determinado sonido o por un artista que te empuja a dar la chaqueta sobre ese artista o ese sonido continuamente. Y da igual el escenario: coche, club, casa, Twitter, Factbook, barra de bar…

Syds & Nancys

"Las muescas que Nancy Spungen lucía en su cinturón por cada una de sus aventuras con músicos hoy se miden en nuevos followers"

Desde los tiempos de Pamela Des Barres hasta hoy en día, el groupismo se ha descontrolado (en cuestión de variedades y significados evidentemente, porque el desparrame sexual era ya insuperable). Angelica Morrison cree que el groupismo salvaje ya no existe. “El de la época de antaño, al ser el ‘grupismo’ original, era mucho más guay, más real, les daba igual 8 que 80 y si tenían que trajinarse a todos los Rolling Stones en un avión lo hacían sin problemas. Molaban mucho más, eran Rock and Roll puro”. Según su propia experiencia, Morrison afirma que la admiración que se profesa a un artista antes de conocerle en persona influye de manera importante en la primera fase de enamoramiento: “Al principio influye mucho. Porque le conoces sólo por su música, y como te mola tanto lo que hace pues de entrada le conoces ya desde la admiración y lo idolatras… para que nos vamos a engañar. Luego ya con el tiempo esa admiración continúa pero te acostumbras y ya le ves como una persona corriente y moliente”.

La aparición de internet (y el mismo paso del tiempo, el cambio de contexto social y cultural), ha provocado una transformación total en las pautas que regían el groupismo, sobre todo en cuanto al acceso a la información sobre los artistas así como el contacto con la persona que se esconde detrás. Y ahí está Miss Hawai (un nombre clave en el panorama internacional de la nueva escuela y que tira más al guarreo groupil que a la idolatría), enseñando carne en sus fotos de Facebook y Twitter y hablando explícitamente sobre sus supuestos affaires con jugadores de la NBA y raperos como Drake y A$AP Rocky. Las muescas que Nancy Spungen lucía en su cinturón por cada una de sus aventuras con músicos hoy se miden en nuevos followers. Las nuevas relaciones entre groupies y artistas, o bien comienzan en la red o se sirven de la información en la red para dar pie al comienzo. Arufe lo sabe: “Una vez estaba en Madrid y me escribieron dos chicas en plan ‘sabemos que estás en Madrid y queremos follarte. ¿Qué haces?’ Pues nada… quedar con mis amigos para comprar vinilos, comer en hamburgueserías gourmet guays de Malasaña, acostarme con dos chicas cuando acabe de cenar… Sí, eso fue interesante. No como un libro de geografía, pero estuvo bastante bien”. Loverlatineo del bueno.

La perspectiva de Marta y Elena poco tiene que ver con lo que dice el rapero. La manera en que las groupies más acérrimas ven a los artistas es, para las fans de Bravo Fisher!, algo así como “el hombre de su vida”, es decir, “las canciones se convierten en parte de la banda sonora de tu vida e ir a los conciertos es una de tus prioridades. No te quedas con el hecho de verle tocar, quieres más”.

Las groupies con carácter old school como Marta y Elena, que buscan contacto físico (y que no tiene por qué ser sexual), sacan provecho a las redes sociales, pero también conservan viejas técnicas groupiles como la espera a la salida de los conciertos. Es el caso de Makkah y su amor por los AGZ: “Un día que tocaron en el Apolo con el Lechowski, les esperamos a la salida y estuvieron ahí de súper buen rollo con nosotras y se hicieron un montón de fotos… pero un montón de fotos, en plan colegas… Súper majos. Y luego, en el concierto de CALOR, estuvimos una hora antes o así, les vimos salir de ahí, se hicieron unas fotos con nosotros…”. Makkah confiesa buscar la foto con sus artistas favoritos casi siempre, “más que nada para que se acuerden también…”. Quizá la magia no esté del todo perdida. Eso sí, una vez terminados los conciertos, tira de tecnología, sube las fotos a Twitter y etiqueta a los artistas. El gesto de felicidad contagiosa que desprende cuando cuenta que Jerv.AGZ le contestó a un twit (en el que subió un vídeo de uno de sus conciertos) deja patente su nivel de idolatría al grupo madrileño.

"Yo soy de fans incondicionales, es decir, de gente que ha entendido mi mensaje en la música y aparte de eso mi mensaje en el sexo" (Arufe)

El afán por coleccionar recuerdos visibles (fotografías, autógrafos, vídeos…) estaba en el groupismo anterior y en éste. Y probablemente nunca se vaya. Makkah ha dejado su CD de “LOVES” firmado por C.Tangana encima de la mesa; cuando posa con él para la foto, le mira con ganas, como buscando una palabra nueva en la dedicatoria que probablemente haya leído cientos de veces. “Yo tengo un vinilo que Sideral tiró en una de sus últimas sesiones en la Paloma”, explica Isabel, “y es algo que ni siquiera me había salido decirle a mi mejor amiga hasta hace unos meses… y porque salió la conversación. No es algo para presumir, es algo que yo siento, es personal; lo veo y revivo ese momento en que lo cogí y miré a los lados y dije: ‘como alguna de estas cerdas se atreva a coger este disco… dios no sabe lo que pasará’”.

La puerta de atrás de los conciertos siempre ha sido un escenario idóneo para que las groupies puedan llevarse la foto, la firma o los besos. O para que los artistas conozcan al público que acude a sus actuaciones. “Estábamos Agorazein, el Judah y yo en el tour de Red Bull”, cuenta Arufe, “y aparecieron unos pives con el nombre de Agorazein tatuado y dije yo: ‘¡Hostia, chaval! La peña se lo toma muy en serio’. Y me metí dentro del backstage y de repente me dicen: ‘oye que hay unas chicas ahí que quieren hablar contigo’. Y digo: ‘conmigo no, será con Agorazein, ¿no?’ ‘No, no… contigo, contigo…’ Y de esto que salgo del autobús y llego allí y veo como cinco o seis chicas y una madre liderándolas. Me acerco hasta allí y me dice la madre: ‘mira, es que les gustaste mucho a las niñas y quieren hacerse fotos contigo’. Y mientras nos hacíamos las fotos, digo: oye, ¿y qué? ¿y os mola mi música y tal? ¿Os mola mi disco? Y me dicen: ‘No no, si no te conocemos. Si es que pasábamos por aquí, te hemos visto y nos has molao…’”. El hecho de que cada vez el rap se escuche desde edades más tempranas produce que la adoración a estos artistas cobre tintes más propios de la etapa teenager. “A veces nos escriben las madres para que vayamos a tocar a los cumpleaños de las niñas, rollo my sweet sixteen”m dice Yung Beef. Ramalazo infantil y, a veces -como les ocurre a los AGZ- surrealista. “Hemos recibido correos de todo tipo”, explican C.Tangana y Jerv-. “Desde gente que nos felicita elegantemente por nuestro trabajo, pasando por fiestas de cumpleaños, peticiones de temas concretos para gente enferma o con algún problema psicológico grave e incluso mails que aún no sabemos qué significan”. El hecho de tener fans que llevan tatuado el nombre de tu grupo seguramente requiera de este tipo de actos de vandalismo amoroso.

La relación entre fans y artistas ha evolucionado a velocidad exacerbada pero hay algo que no cambia y es el feedback entre los artistas y sus fans más fervientes. Dicen Marta y Elena que “en la música, como en el amor, todo depende tanto del que recibe desde abajo del escenario como del que da desde encima de él”. Groupismo como algo sumamente necesario.

El perfil actual de Nancys o Pamelas sería el que presentan las denominadas ‘incondicionales´, es decir, adoran al artista y de esa adoración se desprenden unos deseos sexuales incontenibles. “Yo siempre digo que las incondicionales son a las que les gusta tu música, tú… todo ese rollo… Yo soy de fans incondicionales, es decir, de gente que ha entendido mi mensaje en la música y aparte de eso mi mensaje en el sexo. Entonces… es como que quieren compartir todo… Y yo… pues… a mí me gusta compartir experiencias, aprender de la gente, conocer gente nueva (a poder ser que estén buenas) y es ese rollo…”. Las incondicionales mantendrían la filosofía base de las groupies de antaño: formar parte de la vida del artista y cuidarle.

[Esta es la primera parte de un artículo especialmente extenso que continuará mañana. Te esperamos]

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